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miércoles, 31 de diciembre de 2014

SCIENTIA


Este blog que nació como un temario de Literatura Griega ha variado en seis años de manera obvia sus aspiraciones. Por eso hoy propongo, para terminar el año 2014, las dos preguntas finales de una entrevista publicada el pasado domingo (28 de diciembre) en un periódico español: Luis Quevedo habla con Neil deGrasse Tyson. La cosa va de ciencia, de ahí el título de esta entrada.

De la voz latina scientia deriva el término español 'ciencia'. Pero es obvio que, cuando hoy se habla en castellano de 'ciencia', a pesar de lo que dice el DRAE, no suele ser con el sentido amplio de 'sabiduría' que tenía scientia

La idea básica del post es reivindicar que las Humanidades también pueden y deben ser ciencia, como bien saben en alemán cuando hablan de 'Geisteswisenschaftler'; si se me permite: 'científicos de lo humano'.

Entiendo que no está de más reflexionar sobre lo dicho por Tyson en este texto y sobre su aplicación en el estudio de la Antigüedad, el campo por el que nos interesamos quienes visitamos este blog.


P. España no ha tenido tantos éxitos en la ciencia como la cultura anglosajona. ¿Por qué ustedes sí y nosotros no? 

R. Mi escuela secundaria -The Bronx High School for Science- cuenta con ocho premios Nobel entre sus graduados. Tantos como tu país entero (…). Yo pensaba que ir tras un problema sin solución y trabajar en él aunque no lo consigas era algo normal. Pero resulta que no. Esa es una comparación interesante entre las mentalidades de EEUU y España. 

P. ¿De modo que no se puede aprender si el motivo percibido del fracaso es la incompetencia? 

R. Hay un dicho en mi campo: «El día que dejas de cometer errores es el día que abandonaste la frontera». La frontera debe ser el lugar donde se cometen los errores porque nunca nadie ha estado allí antes.



domingo, 17 de agosto de 2014

EL ARTE DE BIEN LEER


Curioso que algunas personas aún sientan prevención ante el autor de esta reflexión sobre la Filología. 

Quien escribió estas líneas pudo haber sido solo un gran filólogo clásico. Prefirió escribir sobre otros temas. 


La Filología es ese nobilísimo arte que exige de sus prosélitos una cosa ante todo: salirse de lo habitual, tomarse tiempo, guardar la calma, volverse pausado; la Filología no es sino el arte y la maestría de un orfebre de la Palabra, que sólo se preocupa por cumplir un trabajo cuidadoso y esmerado y que no logra nada si no lo logra con lentitud.

Precisamente por ello la necesitamos hoy más que nunca, precisamente gracias a ello nos atrae y nos encanta con todas sus fuerzas, en medio de una época de “trabajo”: de precipitación, de afán enojoso y agobiante por “despacharlo” todo, libros antiguos y nuevos incluidos.

Ella no despacha nada con tanta facilidad, porque ella nos enseña a leer bien, esto es, a leer despacio, profundizando, con respeto y con cuidado, reflexionando, dejando abiertas todas las puertas: la Filología nos enseña a leer con dedos y ojos delicados.

F. Nietzsche, Aurora


Philologie nämlich ist jene ehrwürdige Kunst, welche von ihrem Verehrer vor Allem Eins heischt, bei Seite gehn, sich Zeit lassen, still werden, langsam werden -, als eine Goldschmiedekunst und -kennerschaft des Wortes, die lauter feine Vorsichtige Arbeit abzuthun hat und Nichts erreicht, wenn sie es nicht lento erreicht.


Gerade damit aber ist sie heute nöthiger als je, gerade dadurch zieht sie und bezaubert sie uns am stärksten, mitten in einem Zeitalter der "Arbeit", will sagen: der Hast, der unanständigen und schwitzenden Eilfertigkeit, das mit Allem gleich "fertig werden" will, auch mit jedem alten und neuen Buche:

Sie selbst wird nicht so leicht irgend womit fertig, sie lehrt gut lesen, das heisst langsam, tief, rück- und vorsichtig, mit Hintergedanken, mit offen gelassenen Thüren, mit zarten Fingern und Augen lesen.

F. Nietzsche, Morgenröthe



sábado, 23 de junio de 2012

EL SEÑOR CASAUBON, ACADÉMICO FRACASADO


Para Rubén y Teresa, a quienes una joven navarra de 20 años les dijo en una cena en su casa (la de ellos) que los consideraba "unos fracasados". Creo que esa infeliz hará carrera en la diplomacia mundial. Y, mientras a ella le llega su día, 
Rubén y Teresa hacen carrera con su familia y amigos. ¡Va por vosotros!


Quien lea este título ("Casaubon, académico fracasado"), si le va la Filología, se acordará seguro de Isaac Casaubon, importante filólogo, editor de autores clásicos (griegos y latinos) que vivió entre los siglos XVI y XVII, entre Suiza, Francia e Inglaterra.

Pero no es a este erudito al que se refiere la entrada sino a un Casaubon ficticio, uno de los personajes principales de Middlemarch, la novela clave de Mary Anne Evans, George Eliot para el público de su época.

Edward Casaubon, pese a su erudición, no es realmente un académico sino un clérigo anglicano que compagina sus obligaciones profesionales con sus estudios sobre el sincretismo religioso y la supuesta composición de un opus magnum que ha de titularse La llave de todas las mitologías. 

Pero Casaubon muere sin publicar nada de su trabajo; 
fracasa en su intento y ello sucede, según entiendo, por cuatro o cinco razones que conviene revisar por la cuenta que nos puede traer a los profesores universitarios de hoy en día, que no somos entes de ficción ni llevamos camino de serlo.Hay un error obvio en el planteamiento de este estudioso que Ladislaw, el primo incómodo de Casaubon, le señala a Dorothea, la mujer del mismo. Es un error por parte del clérigo no estar informado de lo que se está publicando sobre el tema en lenguas distintas del inglés y, muy en concreto, en la que por aquel entonces era la lengua científica por excelencia, el alemán.

Casaubon también se equivoca cuando prefiere no publicar resultados parciales de su trabajo y reservar su pozo de ciencia para la obra magistral que prepara y ha de dejar una impronta imborrable en tantos campos del saber.
Aquí, por cierto, Casaubon comete el mismo error que otro personaje de novela, el tío Petros de Apostolos Doxiadis, tan obsesionado por desentrañar la conjetura de Goldbach desde su cátedra de Múnich que rompe todo contacto con el mundo científico: cuando quiere publicar algunos resultados preliminares de la investigación, sus antiguos profesores han de decirle que aquello ya ha sido descubierto y divulgado dentro del mundo universitario dos o tres años atrás.
El tercer error de Casaubon es hermano del segundo: el opus magnum se ha de publicar íntegro, no en pequeñas dosis. Lo que entra aquí en juego es la aspiración a una obra definitiva que eclipse todo lo escrito con anterioridad sobre el asunto. No sé si es verdad que aquello de "lo mejor es enemigo de lo bueno" es un refrán alemán. De lo que no tengo ninguna duda es de que el perfeccionismo ha llevado a muchos a la destrucción, πολλοὺς εἰς ὄλεθρον ἤγαγεν.

Seguramente la cuarta equivocación de Casaubon es la más dolorosa y la que él habría estado menos dispuesto a confesar: el clérigo de Middlemarch había emprendido un trabajo que superaba su capacidad. 
Por mucho que le sacrificara todo su esfuerzo, su salud, la vida de la joven Dorothea a la que obnubiló y condujo a un matrimonio infeliz, Casaubon no era James G. Frazer ni su Llave de todas las mitologías podría ser nunca La rama dorada.
He mencionado al personaje de Dorothea Brooke, la joven hermosa e inteligente que quiere consagrar toda su existencia a esa gran obra que ha de representar un antes y un después en la historia de la Inteligencia humana. Mientras leía el principio de la novela de George Eliot, Dorothea me parecía una figura casi cómica, un personaje de Molière extraído de Las mujeres sabias. Puede ser así al principio de la novela; pero la situación varía según se avanza en la lectura.

Durante su viaje de novios, Edward Casaubon y Dorothea marchan a Italia... para que el reverendo de mediana edad avance en sus investigaciones. Y allí está Dorothea, sola entre las bellezas de la Antigüedad y el Renacimiento, abandonada por su galán.

Mejor les habría ido a Casaubon, a Dorothea y a tantos si no se les hubiera ido de la cabeza aquella máxima sabia que le oí una vez en la radio a Miguel Ángel Lotina, glorioso entrenador del Osasuna, entrenador después del bienaventurado Depor: que el descanso forma parte del trabajo. 

Buscando en Google veo que la máxima se la atribuyen a Rabindranath Tagore. A lo mejor es que esto también viene de la sabiduría tradicional indoeuropea. Se lo tengo que preguntar al profesor y amigo que me enseñó griego, José Luis García Ramón, otro grande del fútbol.