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lunes, 13 de junio de 2016

ALEJANDRO MAGNO: DEL HÉROE GRIEGO AL SÍNDROME DE FAUSTO


Los héroes de la Antigüedad son, en su sentido más técnico, semidioses, según lo que declara  Hesíodo en Trabajos y Días. O, por lo menos, los héroes son personajes de la épica y la leyenda.

Pero el héroe, ese hombre extraordinario que supera a los hombres y está por debajo de los dioses, era en Grecia, en un sentido más general, todo aquel que recibía un culto heroico.
  • Ese culto heroico lo recibieron los grandes héroes, los protagonistas de la épica.
  • Lo recibieron también, de manera local, figuras menores de la leyenda.
  • Lo interesante es que los griegos, y después los romanos, también tributaron culto a hombres históricos como el boxeador Eutimo de Locros.
  • A esta categoría de hombres reales convertidos en héroes pertenecen también algunos reyes y gobernantes y, en concreto, Alejandro Magno. Recuerdo que, en el Diccionario de mitos de García Gual (1997), Alejandro figura como un mito más. 
Del Alejandro hombre real, personaje decisivo en la historia de la Antigüedad, se han de recordar al menos estos datos básicos:
  • Fue rey de Macedonia entre el 356 y el 323 a. C.: sometió a su poder a todas las ciudades griegas cuando solo tenía veintiún años, continuando la obra de su padre Filipo.
  • Después le hizo la guerra al imperio persa, al que derrotó.
  • En su afán de conquistas llegó hasta la India y solo se detuvo cuando sus soldados se negaron a ir más allá.
  • Murió por culpa de unas fiebres en Babilonia con solo treinta y tres años.
Es evidente que en esta figura real e histórica había madera de héroe o de tragedia: parece que está pidiendo a gritos que se le convierta en tema de una epopeya, de una novela, de una película... A manera de ejemplo cabe destacar los siguientes rasgos:
  • Alejandro empieza a combatir cuando es casi un niño, con 18 años gana su primera batalla (338 a. C.: Queronea).
  • Es un guerrero que no conoce la derrota.
  • Conquista un imperio.
  • Muere muy joven, con treinta y tres años.
  • Muere además lejos de su patria después de vivir en el destierro voluntario de Oriente sus once últimos años: nunca volvió ni a Grecia ni a Macedonia.
Curiosamente todas estas características, o casi todas, las comparte con su héroe favorito, Aquiles, cuya tumba fue a venerar en Troya. Este es un motivo más por el que no extraña la transformación de Alejandro en leyenda o mito.

Alejandro fue, de hecho, una leyenda viva: en torno a su figura se debieron de forjar leyendas muy pronto, incluso en su propia vida.
En relación con ello es fundamental recordar lo insólito de su empresa: Alejandro trasciende el margen político de la ciudad-estado para crear en un tiempo breve un imperio universal.
Probablemente el mismo Alejandro fomentó el desarrollo de esa fama legendaria: se sabe por Plutarco que su libro de cabecera era la Ilíada; se debía de ver a sí mismo como un nuevo Aquiles a la búsqueda de otro Homero que cantara sus hazañas.

Además, a la formación de esa fama novelesca debía colaborar activamente en vida de Alejandro su historiador de cámara, Calístenes: no se conserva su obra; pero hay base para afirmar que presentaba a Alejandro como una figura sobrehumana cuando aún estaba vivo.

Los elementos legendarios surgidos en vida del rey los recogió, en la literatura de Grecia, una parte de la historiografía sobre el mismo: a este tipo de obras se las conoce como “la Vulgata”, la versión divulgada de la historia de Alejandro.

Los elementos fantasiosos llegan a su máximo desarrollo en una obra novelesca y pseudohistórica concreta: la Novela de Alejandro (comienzos del S. III d. C.) del ‘falso Calístenes’, el Pseudo-Calístenes. Las siguientes palabras proceden de su prefacio:
El más extraordinario y más valeroso de los hombres fue, al parecer, Alejandro, rey de los macedonios, que realizó todas sus obras de manera singular y halló siempre la colaboración de la Providencia con sus virtudes. Pues en guerrear y batallar contra cada uno de los pueblos gastó menos tiempo del que necesitarían quienes quisieran describir con exactitud las ciudades de aquellos países. Las hazañas de Alejandro, sus excelencias de cuerpo y de alma, el éxito de sus empresas y su valor ahora contaremos, comenzando por su linaje y por decir quién fue su padre (trad. C. García Gual). 
  • La obra supone que Alejandro no es realmente hijo de Filipo sino de Nectanebo, el último faraón de Egipto: este se había unido a su madre Olimpíade disfrazado como el dios Amón.
Luego se despide de la reina Nectanebo y recoge unas plantas de un lugar solitario, de las que conocía por su aplicación a la producción de sueños. Y, después de exprimirles el jugo, modeló una figurilla femenina de cera y le inscribió encima el nombre de Olimpíade. Luego encendió unas lamparillas, y, mientras derramaba sobre ellas el jugo de las plantas, invocaba con conjuros a los dioses dedicados a tal oficio, para que Olimpíade recibiera la aparición. Y en aquella noche ella contempla al dios Amón que la tiene abrazada y que, al ponerse en pie para retirarse, le dice:
-Mujer, en tu vientre guardas un hijo varón que ha de ser tu vengador (trad. C. García Gual).
Por tanto, en la base de la tradición que inaugura esta novela se halla la ficción de que Alejandro tiene origen divino.
  • La Novela de Alejandro lo presenta como un guerrero fabuloso: es el mejor de los guerreros, como Aquiles era el mejor de los aqueos.
  • Más aún, es un guerrero generoso, humanitario, un héroe ideal: por eso, cuando vence a Darío, este le confía la custodia de su hija.
  • Cuando Alejandro llega a la India, se enfrenta según este texto con monstruos de todo tipo. Además busca la Fuente de la Inmortalidad, viaja por el aire en un carro tirado por grifos y desciende al fondo del mar en una burbuja de vidrio:
Tras haber realizado todos los preparativos, me introdujeron en la tina de cristal con el deseo de intentar lo imposible. En cuanto estuve metido dentro, la entrada fue cerrada con una tapadera de plomo. Cuando me habían bajado ciento veinte codos, un pez que pasaba me golpeó con su cola mi jaula, y me izaron porque sintieron el zarandeo de la cadena. La segunda vez que bajé me sucedió lo mismo. A la tercera descendí alrededor de trescientos ocho codos [¡142,604 m.!] y observaba a los peces de muy variadas especies pasar volteando en torno mío. Y mira que se me acerca un pez grandísimo que me cogió junto con mi jaula en su boca y me llevó hacia la tierra desde más de una milla de distancia. En nuestras barcazas estaban los hombres que me sostenían, unos trescientos sesenta, y a todos los remolcó junto con las cuatro barcazas. Mientras nadaba velozmente quebró con sus dientes la jaula y luego me arrojó sobre la tierra firme. Yo arribé exánime y muerto de terror.
Allí me eché de rodillas y me postré en acción de gracias a la Providencia de lo alto que me había salvado con vida del terrible monstruo. Y me dije a mí mismo: “Desiste, Alejandro, de intentar imposibles, no sea que por rastrear el abismo te prives de la vida”. Y en seguida ordené al ejército partir de allí y seguir la marcha hacia delante (trad. C. García Gual).
El último párrafo de este texto indica que Alejandro también tiene límites que no puede sobrepasar, igual que el mayor de los héroes griegos, su modelo Aquiles: es imposible que se hagan realidad todos sus deseos, como vencer su condición mortal.
  • Así lo descubre en la India, cuando se reúne con los gimnosofistas, los “sabios desnudos”, unos brahmanes que le hacen ver que es imposible que el hombre sea inmortal según desea el rey.
  • Más aún, en la India Alejandro también se encuentra con unos árboles parlantes que le profetizan su muerte.
Hay que señalar que, hablando en términos griegos, el Alejandro que intenta ir siempre “más allá” comete un acto de hýbris o soberbia que, como todo acto de hýbris, altera el orden del mundo y amenaza con atraerle un castigo. Lo interesante es que esta es una idea en la que abundaron las fuentes cristianas medievales, que presentan directamente la muerte del rey como un castigo de Dios:
  • Así lo hace Gautier de Chatillon (S. XII) en latín en la Alexandreis: Alejandro es castigado por su desmesurada ambición, que lo lleva a lamentarse de que no haya más mundos para conquistar.
  • En francés se ha de citar el Roman de Alexandre (S. XII), heredero también de la Novela de Alejandro de Pseudo-Calístenes.
  • Y en castellano el Libro de Alexandre (S. XIII), en el que confluyen la tradición grecolatina y la medieval francesa. En esta obra Dios castiga a Alejandro a raíz de su viaje submarino, por su curiosidad pecaminosa:
En las cosas secretas quiso él entender,
que nunca home bivo las pudo ant saber;
quísolas Alexandre por fuerça conoçer,
nunca mayor sobervia comidió Luçifer.

Haviéle Dïos dado regnos en su poder,
non se le podié fuerça ninguna defender,
querié saber los mares, los infiernos veer,
lo que non podié home nunca acabeçer.

Pesó al Crïador que crió la Natura,
ovo de Alexandre saña e grant rencura,
dixo: «Este lunático que non cata mesura,
yo·l tornaré el gozo todo en amargura».

El texto citado (Libro de Alexandre 2163-2165) destaca el afán que tiene Alejandro por conocer lo que está escondido al hombre: “querié saber los mares, los infiernos veer”. Además se dice que su soberbia es mayor que la de Lucifer a causa de ese afán por conocer lo oculto. Por ello mismo Dios decide castigarlo, por esa falta de “mesura”.


Llegados a este punto cabe quizá relacionar a Alejandro con otro héroe de raigambre cristiana: Fausto. Desde mi punto de vista al menos, el Alejandro de la Tradición y Fausto  (tengo en mente el de Goethe más que el de Marlowe o Th. Mann) comparten
  • el ansia sin medida de llegar siempre más allá (en el saber, en el poder), sin reconocer la existencia de límites
(por ello el Doktor Faustus declara en la primera parte del Fausto de Goethe, v. 1237: “En el principio era la acción”);
  • la imposibilidad de saciar esa ansia que, por tanto, les conduce a la inevitable insatisfacción.
Planteo como reflexión personal y propongo al tienpo como cuestión abierta: ¿se podría decir que Alejandro, como otras figuras de la Antigüedad (p. ej., César en la Farsalia de Lucano), es un héroe fáustico, siglos antes de que existiera la figura literaria de Fausto?

¿Quiere decir esto que ese tipo de héroe responde a algún tipo de universal humano, a la existencia de lo que se podría llamar un “síndrome de Fausto”?

Exista o no el síndrome, estos dos héroes se pueden analizar como ejemplos de un mismo motivo literario. En cualquier caso, Alejandro / Fausto nos recuerdan dos rasgos recurrentes de héroes como Aquiles:
Su propia Excelencia puede implicar Peligro, para sí mismo y para los demás.




viernes, 19 de agosto de 2011

MI GRAN VIAJE GRIEGO


Hace unos meses publiqué una versión previa de esta entrada. Entonces anuncié que la entrada en cuestión era el texto provisional de una conferencia que debía exponer en un par de meses en Pamplona.

Lo cierto es que el 18 de agosto de 2011, cuando debía abrir el curso sobre el “Ayer y hoy de la literatura de viajes”, estaba ingresado en la Clínica de mi Universidad por culpa de una infección oportunista e inoportuna. Por ello tuvo que ser mi mujer quien leyera el texto en el palacio del Condestable de Pamplona, con éxito notable de ponentes y público.

A partir del trabajo que realicé con María Ángeles en los días previos, a partir de algunas sugerencias que se propusieron en esa exposición pública, presento ahora esta versión corregida del post. Ojalá preste un servicio a los interesados, conforme a la aspiración general de este blog.


MI GRAN VIAJE GRIEGO.
VIAJE Y AVENTURA EN LA ODISEA, JENOFONTE Y PSEUDO-CALÍSTENES


1. EL VIAJE Y EL MAPA.

Esta intervención pretende mostrar algunas de las formas en las que se plasmó en las literaturas de la Antigüedad el motivo del “viaje”.
Por supuesto, una historia completa del asunto también habría debido prestar atención a este motivo en la literatura latina. Pero me debo limitar a hacer una presentación sucinta del tema.
Por ello he optado por escoger tres hitos representativos que definen el mapa de este viaje. Son hitos tomados de la literatura de Grecia y proceden además de tres géneros narrativos distintos: la épica, la historia y la novela. Me voy a referir a
  • la Odisea de Homero,
  • la Anábasis de Jenofonte
  • y a una obra fantasiosa, popular y novelesca que conocemos con el nombre de Novela de Alejandro.

2. DE VIAJES Y MITOS.

Voy a hablar, en primer lugar, de una de las dos epopeyas homéricas, los poemas con los que nace la literatura de Europa hacia el año 700 a. C. o poco después. Hablaré de la Odisea, la obra que inaugura el motivo del happy end en la literatura de Occidente.

Que este poema posee un carácter distinto de la Ilíada lo indica su proemio: al leerlo queda claro que aquí no priman las batallas heroicas sino el viaje y la aventura, al menos hasta que Odiseo vuelve a Ítaca en el canto XIII (por tanto, aproximadamente la mitad de los libros de la Odisea tienen por tema el viaje de un personaje, Odiseo… y de otro del que hablaré más adelante):
Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos,
que anduvo errante muy mucho después de Troya sagrada asolar;
vio muchas ciudades de hombres y conoció su talante,
y dolores sufrió sin cuento en el mar tratando
de asegurar la vida y el retorno de sus compañeros (trad. J. L. Calvo).
La Odisea es el poema de Odiseo, de Ulises, el rey de Ítaca que combatió diez años en Troya y que luego invirtió otros diez en el viaje por mar de regreso a su tierra y a su casa. Es un héroe viajero: un héroe preocupado por conocer cosas nuevas.

Y un detalle importante, que hay que mencionar desde un principio, es que sus viajes no son narrados únicamente por el narrador épico.
  • Desde luego el narrador es, p. ej., quien nos presenta a Odiseo retenido por la ninfa Calipso en la isla de Ogigia (canto V).
  • Pero el narrador épico de la Odisea es él mismo un aventurero de la narrativa y por ello explora sistemas nuevos a la hora de presentar su relato.
Cuando Odiseo llega a la isla de los feacios, en el palacio del rey Alcínoo, se embarca en una larga narración en primera persona que ocupa cuatro cantos del poema (IX-XII). Son más de dos mil versos (2233) en los que refiere sus viajes más fabulosos, los que lo llevaron hasta los dominios de una serie de figuras, monstruos y colectivos míticos prodigiosos:


En este inmenso relato en primera persona la pasión por descubrir y experimentar cosas nuevas se plasma de forma paradigmática en el episodio de las sirenas:
  • Odiseo sabe que el canto de estas seduce y lleva a la perdición a los que lo escuchan.
  • Pero desea oírlo pese a todo y por ello idea un plan ingenioso: escuchar el canto atado al mástil de su barco, para no huir al lado de las sirenas y perder así la vida.
Nótese que el narrador escogió que Odiseo mismo contara todo esto en primera persona para darle mayor verosimilitud a un relato fantástico, como veremos que también hizo en algún momento de su obra Pseudo-Calístenes.
Lo que está aquí en juego es la pretensión de autopsia, el “ver con los propios ojos”, el ser testigo directo de lo narrado, que tiene una importancia capital dentro de la historiografía griega.
Muchas de las cosas que se digan sobre Odiseo como viajero prototípico pueden ser cosas ya sabidas. Por eso me parece más interesante que dejemos estar el periplo de Odiseo y prestemos mayor atención al otro gran viajero de la Odisea: el hijo de Ulises, Telémaco.

Este joven emprende, al final del canto II, aconsejado por la diosa Atenea, un viaje por mar que se plantea, desde el principio, como un viaje de descubrimiento, pues Telémaco parte de Ítaca para recabar noticias sobre su padre.
  • Telémaco deja en el palacio a Penélope, su madre, acosada por los pretendientes que se quieren casar con ella al suponer que Odiseo ya está muerto.
  • Mientras esto sucede en la isla, Telémaco emprende, en compañía de Atenea, un viaje del que volverá siendo alguien distinto del que era al principio de la Odisea.
  • Su primer destino es Pilos (en el canto III), donde reina un personaje conocido de la Ilíada, Néstor, el anciano locuaz que evocaba las hazañas de los hombres del pasado en el primero de los poemas.
  • En la corte de Pilos, Néstor informa a Telémaco de la suerte que corrieron los otros griegos tras caer Troya pero no le puede dar noticias sobre su padre. Aunque sí puede darle al menos un consejo: que vaya a preguntarle a Menelao.
Telémaco llega en un viaje por tierra hasta Esparta y la corte de Menelao, el marido de Helena (canto IV). Menelao le relatará a Telémaco
  • todas las aventuras por las que tuvo que pasar en el viaje de regreso a Esparta (su paso por Egipto, su encuentro con Proteo) 
  • y también las noticias de las que dispone sobre del viaje de los otros caudillos, sus propios nóstoi (regresos). Uno de estos es Odiseo, de quien le informa a Telémaco que está retenido por Calipso.
      En este punto la narración del viaje de Telémaco se detiene: el narrador lo deja “descansando” y aprovecha el reposo de Telémaco como recurso que le permite narrar algo que a nosotros nos parece totalmente natural aunque no lo era, de ninguna forma, en aquella época: la simultaneidad de dos acciones.

      Pero, para narrar la acción simultánea protagonizada por Odiseo, este narrador de hacia el año 700 a. C. tiene que dejar a Telémaco descansando en Esparta. En ese momento aprovecha para trasladarnos hasta la isla de Ogigia, donde nos encontramos por primera vez con Odiseo.

      Antes he comentado que Telémaco no es el mismo al principio y al final de su viaje. En relación con ello se puede llamar la atención sobre algunos pasajes donde toma cuerpo este tema:
      • Ante todo se observa que, a través del viaje, Telémaco se emancipa de la tutela de su madre. Ya había iniciado su emancipación en Ítaca. Es significativa, en 1.360-361, la reacción de Penélope, que se sorprende al oír las palabras maduras que pronuncia Telémaco delante de los pretendientes:
      Admirose ella y se encaminó de nuevo a su habitación, pues puso en su interior la palabra discreta de su hijo (trad. J. L. Calvo).
      • En los cantos de la llamada Telemaquia, Telémaco sale de la infancia. Atenea (bajo la figura de Mentes), se había referido a ello y había dicho que era algo que debía hacer (1.296-297):
      Es preciso que no juegues a cosas de niños, pues no eres de edad para hacerlo (trad. J. L. Calvo).
      • La idea del abandono de la infancia es central en estos cantos. El propio Telémaco la expresa en diversos momentos, como p. ej. en 2.313-316:
      ¿O es que no es bastante que me hayáis destruido hasta ahora muchas y buenas cosas de mi propiedad, pretendientes, mientras era todavía un niño? Mas ahora que ya soy grande y que, escuchando la palabra de los demás, comprendo todo y el arrojo me ha crecido en el pecho, intentaré enviaros las funestas Keres (trad. J. L. Calvo).
      • Lo que sucede es que salir de su patria y viajar se convierte en indicio de la nueva madurez de Telémaco. Fuera ya de Ítaca, conoce y trata a los grandes héroes compañeros de su padre: al héroe del pasado remoto (Néstor) y al héroe del pasado cercano (Menelao).
      • Al final encontrará y conocerá a su padre cuando vuelva a la patria, en la majada del porquerizo Eumeo. El encuentro entre Telémaco y Odiseo implica que el joven encuentra su sitio en su οἰκία, su casa, bien entendido que para los griegos la οἰκία, la “casa”, no es sólo la casa física sino la familia. Telémaco sí es ahora un hombre maduro.

      Por todo ello creo que cabe considerar que el viaje de Telémaco está presentado como un viaje de formación, y que esta parte de la Odisea, la llamada Telemaquia, es algo así como una “epopeya de formación”, un Bildungsepos, un antecedente del Bildungsroman que se desarrolla bastantes siglos después.


      3. DE SOLDADOS Y VIAJEROS.

      Nuestra siguiente etapa en este recorrido por el motivo del viaje en la literatura griega la representa Jenofonte de Atenas, que pasa por ser uno de los representantes más destacados de la literatura griega de viajes.
      La obra de Jenofonte de la que voy a hablar es la Anábasis, texto que algunos han traducido en castellano como La expedición de los diez mil o La retirada de los diez mil.

      Ante todo conviene comentar el significado del nombre griego Anábasis. El sentido del término es el de “ascensión”, “subida”; en este caso concreto se refiere a la subida desde la costa hasta el interior de un país.Y es cierto: la obra narra la ascensión de un contingente de mercenarios desde Sardes (en Asia Menor, actual Turquía) hasta el interior de Persia.
      Conviene recordar algunos datos de la biografía de Jenofonte, nuestro protagonista de este viaje:
      • Nació hacia el 430 a. C. en Atenas y debió de ser discípulo de Sócrates. Era de tendencias oligárquicas y ello tuvo trascendencia en su vida, pues lo acabó llevando al destierro.
      • En el 401 a. C., en torno a los treinta años, participó en la gran aventura de su vida: la “expedición de los diez mil”, en la que 13000 mercenarios auxiliaron a Ciro el Joven, en lucha con su hermano Artajerjes II por el trono de Persia.
      • Lo peculiar de este enfrentamiento entre hermanos es que Ciro murió muy pronto en combate, en la batalla de Cunaxa, que sus tropas ganaron en vano.
      • Después fueron asesinados a traición los cinco jefes de la expedición, y entonces Jenofonte se convirtió en uno de los líderes que condujeron en cinco meses a los mercenarios de vuelta a Bizancio.
      Aunque la Anábasis se llame así (“subida”) porque narra la ascensión de los mercenarios desde Sardes hasta Persia, lo cierto es que el relato de esa “subida” sólo ocupa los seis primeros capítulos de la obra (1.2-6).
      A la anábasis sigue el relato del enfrentamiento entre Ciro el Joven y Artajerjes II en Cunaxa, que ocupa sólo dos capítulos (1.7-8).
      Lo que ocupa la mayor parte de la obra es el relato de la retirada en condiciones durísimas de los mercenarios griegos, una retirada de 4000 Km. en la que atravesaron
      • las tierras de los carducos, los curdos de la actualidad,
      • y Armenia
      • hasta llegar al Mar Negro (a Trapezunte) y reunirse con las tropas del espartano Tibrón (7.6.1).
      Esa retirada es el “gran viaje” de la obra, el “gran viaje” en la vida de Jenofonte: un gran viaje que, además, fue para él, muy probablemente, un viaje sin retorno, pues es posible que Jenofonte no regresara nunca a Atenas tras ser desterrado de la ciudad.
      Se debe tener muy presente que el viaje del que hablamos en este caso, esta expedición militar, constituyó un acontecimiento singular para su época:
      • La retirada a pie de un contingente tan grande a través de 4000 Km. de territorio hostil fue una hazaña militar del momento, y ello ha convertido la Anábasis en un clásico de la literatura de aventuras.
      • Así lo refleja el hecho de que la Anábasis haya servido, también en el S. XX, como base argumental para novelas y películas de acción.
      • El ejemplo más curioso de ello es una película que se convirtió en película de culto entre cierto público a principios de los años ochenta: The Warriors: Los amos de la noche (1979). En esta película la acción de la Anábasis se traslada a barrios marginales de Nueva York.
      (Una pandilla hace una incursión fuera de su territorio y su cabecilla muere, muy al principio de la acción. La película cuenta las peripecias que corre la pandilla para regresar a su territorio, según lo que, como veremos, les sucede a los mercenarios griegos en la obra de Jenofonte.)
      He dicho que la expedición militar narrada en la Anábasis constituyó un acontecimiento singular. Y Jenofonte, que fue uno de los individuos que vivieron ese acontecimiento, decidió ponerlo por escrito en razón de su peculiaridad y, seguramente, para legar a la historia el recuerdo de su papel en la aventura.
      La Anábasis, relato histórico de un viaje peculiar, una expedición militar, presenta al tiempo las características comunes de la historiografía griega, que desde sus orígenes atiende al relato de curiosidades
      • físicas,
      • etnográficas
      • o culturales, en este caso las curiosidades con que los expedicionarios se van encontrando a lo largo de su marcha por las llanuras de Persia y las montañas de Kurdistán.
      Por ejemplo, Jenofonte habla de la llegada a la “muralla de Media” y de los sistemas de riego que vieron en la zona (2.4.12-13):
      Después de haber recorrido tres etapas, llegaron a la llamada muralla de Media y la atravesaron. Estaba construida con ladrillos cocidos asentados en asfalto; tenía veinte pies de ancho y cien de altura. Se decía que su extensión era de veinte parasangas, y no distaba mucho de Babilonia. Desde allí recorrieron en dos etapas ocho parasangas y cruzaron dos canales, uno sobre un puente fijo y el otro sobre un puente tendido con siete barcas unidas. Estos canales procedían del río Tigris. Y de éstos se habían abierto unas acequias horadando la tierra que se extendía sobre la llanura. Las primeras eran grandes, las siguientes más pequeñas, y al final había pequeñas acequias, como en Grecia, para el cultivo de la zahína (trad. R. Bach Pellicer).
      En otro momento Jenofonte deja también constancia de la forma como una tribu de “bárbaros” pelea con el arco (4.2.27-28):
      Sucedía también a veces que los bárbaros presentaban muchas dificultades al descenso de las tropas que habían subido. Eran ágiles hasta tal extremo, que incluso huyendo desde muy cerca conseguían escapar, pues no llevaban otra cosa sino arcos y hondas. Eran también excelentes arqueros; llevaban arcos de una medida aproximada de tres codos y flechas de más de dos codos. Tendían las cuerdas del arco, cuando disparaban, pisando en la parte inferior del arco con el pie izquierdo. Las flechas atravesaban los escudos y las corazas. Los griegos, cuando las cogían, las utilizaban como dardos, aplicando unas correas (trad. R. Bach Pellicer).
      Creo que este es el momento en que debemos leer el episodio de la obra que más ha cautivado a los lectores de todas las épocas: el momento en que los expedicionarios descubren el mar después de tantos padecimientos (4.7.20-25):
      Cuando aquél [el guía] llega, les dice que los conducirá, en cinco días, a un lugar desde donde verán el mar; si no, se muestra dispuesto a morir. Y mientras los guiaba, desde el momento que irrumpió en tierra enemiga, los animaba a quemar y destruir el territorio (…). Y llegan a la montaña al quinto día. El nombre de la montaña era Teques. Cuando los primeros alcanzaron la cima, se produjo un gran griterío. Al oírlo Jenofonte y los de retaguardia, imaginan que otros enemigos los atacaban de frente (…). Dado que el griterío se hacía mayor y más cercano, que los que avanzaban ininterrumpidamente se dirigían a la carrera al encuentro de los que gritaban sin parar y que el griterío se hacía mayor a medida que aumentaba el número de gente, pareció a Jenofonte que se trataba de algo más importante. Montó a caballo y (…) acudió en su ayuda. Y pronto oyen a los soldados que gritan: «¡El mar, el mar!,» y que lo transmiten de boca en boca. Entonces todos corrieron, incluso los de retaguardia (...). Cuando llegaron todos a la cima, entonces se abrazaban los unos a los otros, estrategos y capitanes, llorando. Y de repente, sin importar quién transmitió la orden, los soldados trajeron piedras y levantaron un gran túmulo (trad. R. Bach Pellicer).
      Hemos recorrido muchos kilómetros al lado de los diez mil por territorios hostiles. Ahora debo hacer explícita la pregunta que se puede haber formulado algún lector:
      ¿Por qué incluyo una obra historiográfica en un repaso del motivo del viaje en la literatura de Grecia?
      En relación con este punto pido que dejemos en suspenso, por ahora, el concepto que cada cual pueda tener de lo que es “lo literario”:
      • En las literaturas de la Antigüedad no existió hasta fecha tardía un término para “literatura”.
      • Y, más sorprendente aún, no existió durante mucho tiempo un concepto autónomo de literatura.
      Por eso hay que ser muy cauto a la hora de aplicar a la literatura de la Antigüedad el concepto actual. Se podrían hacer muchas consideraciones al respecto. Pero en el marco de este blog propongo, simplemente, que aceptemos que nuestro concepto de literatura no es aplicable sin más al mundo antiguo.
      Propongo que adoptemos la perspectiva de la propia Antigüedad y admitamos, de momento, que la Anábasis puede ser considerada como una obra literaria – al menos desde una perspectiva clásica.


      4. ENTRE LA REALIDAD Y LA FICCIÓN: VIAJES CON ALEJANDRO.

      La tercera y última jornada de este viaje por el motivo del viaje en Grecia nos lleva a hablar de una figura histórica, una figura de leyenda que también emprendió, como Jenofonte, un viaje sin retorno: Alejandro Magno.
      Odiseo y Jenofonte fueron, mutatis mutandis, hombres griegos de la polis. Alejandro trascendió la polis, se convirtió en emperador del mundo conocido, y por ello el viaje que él realizó superó todos los límites anteriores.
      Hablo aquí de esta figura histórica porque entre los griegos existe todo un cuerpo de literatura sobre Alejandro y sus expediciones. Son, básicamente, textos historiográficos, más o menos infiltrados de elementos ficticios.
      En el extremo más ajustado a la verdad histórica se halla Arriano y su Anábasis de Alejandro. Pero, en el otro polo, se halla un texto que tiene mucho de novela y muy poco de historia, el texto sobre Alejandro que más ha influido en la posteridad: la Novela de Alejandro del llamado Pseudo-Calístenes.

      La Novela de Alejandro fue escrita a comienzos del S. III d. C. aunque sus fuentes proceden del Helenismo. Se trata de un texto que tuvo una historia textual complejísima. De hecho la Novela de Alejandro se conserva:
      • en diversas versiones griegas, divergentes entre sí: y la existencia de esa pluralidad de recensiones testimonia el carácter popular del texto;
      • a través de la traducción latina de Julio Valerio, de finales del S. III d. C.;
      • hay, además, otras traducciones, de las cuales la más importante es la traducción al armenio.
      Por otro lado, los materiales que han convergido en la Novela de Alejandro son variados:
      • elementos puramente historiográficos;
      • elementos de cuento popular, sobre todo alguna leyenda egipcia (la leyenda de Nectanebo);
      • colecciones de cartas supuestamente escritas o intercambiadas por Alejandro...
      Se supone que el individuo que unificó todos estos materiales no debía de ser una persona especialmente inspirada: sería un “pobre hombre”, según dice la Historia de la Literatura Griega de Albin Lesky.
      Y, sin embargo, el juicio de Lesky no hace justicia al hecho de que este texto ha tenido un peso importantísimo dentro de la Tradición Occidental: es una obra de gran influencia en toda la tradición occidental, incluso en autores y épocas desconocedores del griego:
      • Influye en el Roman de Alexandre (S. XII), para el caso de la novela medieval francesa.
      • Dentro de la literatura en lengua castellana influe en el Libro de Alexandre (S. XIII), posiblemente a través del modelo intermedio del Roman de Alexandre.
      La obra es enormemente fantasiosa, según comprobaremos a través de la lectura de algunos pasajes. Voy a destacar ahora los hitos que nos pueden ofrecer una idea básica de la estructura del conjunto del texto:
      • Según la obra, Alejandro no es hijo de Filipo sino de Nectanebo, el último faraón de Egipto, quien lo engendró en Olimpíade haciéndose pasar por el dios Amón.
      • Alejandro, por tanto, no es macedonio ni griego sino… egipcio: con toda probabilidad, el texto de la Novela procede de Alejandría.
      • Alejandro vence a Darío, rey de Persia, quien le confía la custodia de su hija; en este episodio se muestra la generosidad y el humanitarismo del monarca: es que, en la Novela de Alejandro, Alejandro está caracterizado como el prototipo del héroe.
      • Y Alejandro llega en su campaña hasta la India.

      Ciertamente, el Alejandro histórico llegó en sus campañas hasta la India, donde se enfrentó con el rey Poro.
      Ahora bien, en la Novela el viaje hasta la India es algo más que el relato de un acontecimiento histórico porque simboliza el viaje hasta los confines del mundo.
      • Buena parte del viaje maravilloso a la India se relata en forma de carta, en las cartas que Alejandro les dirige a Aristóteles y a su madre Olimpíade.
      • Estas cartas son exponentes de la “literatura teratológica”, literatura de viajes prodigiosos representada en Grecia por Ctesias, Yambulo o Luciano (en clave paródica), y en la literatura de Oriente por el relato de Simbad el marino.
      • Véase un ejemplo del tono teratológico de la Novela de Alejandro en el episodio de los ictiófagos o “comedores de peces” (2.37):
      Al marchar de allí llegamos a otro lugar donde vivían unos hombres acéfalos (que no tenían cabeza ni siquiera cuello como nosotros, sino que tenían entre los hombros su cara, ojos, nariz, oídos y boca), que hablaban con voz humana en su lengua particular, velludos, recubiertos de pieles, comedores de pescado. Capturaban peces marinos y nos los traían desde el mar vecino, y otros traían de su tierra setas de un peso de veinticinco libras. Vimos allá muchísimas y grandes focas que se arrastraban por la costa. Repetidamente me aconsejaban volver los compañeros, pero yo no quise, porque deseaba ver el fin de la tierra (trad. C. García Gual).
      ¿Por qué hay aquí, como en la Odisea, narración en primera persona? Es que la literatura teratológica, a la que pertenece el viaje a la India, tiene que estar en primera persona para que resulte verosímil.
      Y, en el marco de la novela de Pseudo-Calístenes, la aparición de la primera persona se justifica con el artificio de la carta.
      En la India, como no podía ser menos en el relato de un viaje prodigioso, Alejandro experimenta aventuras increíbles:
      • se enfrenta con todo tipo de monstruos (un auténtico bestiario),
      • está a punto de alcanzar la Fuente de la Inmortalidad,
      • viaja por el aire en un carro tirado por grifos
      • y desciende a las profundidades marinas en una burbuja de vidrio:
      Tras haber realizado todos los preparativos, me introdujeron en la tina de cristal con el deseo de intentar lo imposible. En cuanto estuve metido dentro, la entrada fue cerrada con una tapadera de plomo. Cuando me habían bajado ciento veinte codos, un pez que pasaba me golpeó con su cola mi jaula, y me izaron porque sintieron el zarandeo de la cadena. La segunda vez que bajé me sucedió lo mismo. A la tercera descendí alrededor de trescientos ocho codos y observaba a los peces de muy variadas especies pasar volteando en torno mío. Y mira que se me acerca un pez grandísimo que me cogió junto con mi jaula en su boca y me llevó hacia la tierra desde más de una milla de distancia. En nuestras barcazas estaban los hombres que me sostenían, unos trescientos sesenta, y a todos los remolcó junto con las cuatro barcazas. Mientras nadaba velozmente quebró con sus dientes la jaula y luego me arrojó sobre la tierra firme. Yo arribé exánime y muerto de terror.
      Allí me eché de rodillas y me postré en acción de gracias a la Providencia de lo alto que me había salvado con vida del terrible monstruo. Y me dije a mí mismo: “Desiste, Alejandro, de intentar imposibles, no sea que por rastrear el abismo te prives de la vida”. Y en seguida ordené al ejército partir de allí y seguir la marcha hacia delante (trad. C. García Gual).
      En la India Alejandro se entrevista además con los gimnosofistas, brahmanes parecidos a los filósofos cínicos que le hacen ver lo inútil de sus esfuerzos y la imposibilidad de que el hombre alcance la inmortalidad.
      En la India Alejandro también se encuentra con los árboles parlantes, que le profetizarán su muerte.
      Cuando Alejandro abandonó Grecia para emprender sus expediciones, no sabía, probablemente, que emprendía un viaje sin retorno: nunca volvió a poner el pie ni en Grecia ni en Macedonia.
      Esto mismo le sucede, lógicamente, al Alejandro del Pseudo-Calístenes: tras su estancia en la India, en el extremo del mundo, Alejandro regresa a Babilonia y allí es asesinado por el camarlengo Julo.
      Importa indicar que lo que prima en esta obra es la imagen trágica de Alejandro, un nuevo Aquiles que, como él, muere en la juventud. El Alejandro de esta novela es el prototipo del héroe mítico, tal y como lo debió de ser en vida para sus propios soldados:
      • Alejandro está siempre obsesionado por la idea de ir más allá, de llegar plus ultra.
      • Pero llega a encontrarse con límites que no puede traspasar porque es imposible hallar la inmortalidad, según le declaran los gimnosofistas.
      • Muere, además, joven, como si estuviese dotado de un destino aciago.
      • El Alejandro que busca ir “más allá” (también en el espacio, en el viaje) comete un acto de hýbris, “soberbia”, que le atrae el castigo divino.


      5. ESTACIÓN FINAL.

      A manera de conclusión quiero resaltar el hecho de que en la literatura de Grecia ya se hallan presentes motivos que seguramente recurren en todas las literaturas de viajes. Me refiero a motivos como
      • la idea de que el viaje se convierte en ocasión de cambio;
      • el recurso a la primera persona, que confiere verosimilitud a la narración;
      • la insistencia en subrayar lo que es distinto y causa asombro;
      • el afán por ir siempre “más allá”;
      • y la posibilidad, que siempre queda abierta (y a la par aceptada), de que el viaje emprendido sea un viaje sin retorno.

      lunes, 3 de enero de 2011

      ALEJANDRO MAGNO: HOMBRE, REY, HÉROE (III)


      PSEUDO-CALÍSTENES, ENTRE LA HISTORIA Y LA NOVELA

      El texto sobre Alejandro que más ha influido en la posteridad es la llamada Novela de Alejandro. Es una obra de gran influencia en toda la tradición occidental, incluso en autores y épocas desconocedores del griego:
      • Influye en el Roman de Alexandre (S. XII), para el caso de la novela medieval francesa.
      • Dentro de la literatura en lengua castellana influe en el Libro de Alexandre (S. XIII),  posiblemente a través del modelo intermedio del Roman de Alexandre.
      La Novela de Alejandro “perfiló durante más de un milenio la imagen de Alejandro en Oriente y Occidente” (Elizabeth Frenzel, Diccionario de argumentos de la literatura universal, Madrid, Gredos, 1976, p. 20). Mira la traducción de C. García Gual (trad.), Pseudo Calístenes. Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, Madrid, Gredos, 1977 (Premio Nacional de Traducción 1978); éste es el Prefacio de la traducción de García Gual:

      El más extraordinario y más valeroso de los hombres fue, al parecer, Alejandro, rey de los macedonios, que realizó todas sus obras de manera singular y halló siempre la colaboración de la Providencia con sus virtudes. Pues en guerrear y batallar contra cada uno de los pueblos gastó menos tiempo del que necesitarían quienes quisieran describir con exactitud las ciudades de aquellos países. Las hazañas de Alejandro, sus excelencias de cuerpo y de alma, el éxito de sus empresas y su valor ahora contaremos, comenzando por su linaje y por decir quién fue su padre. Que se engañan los muchos que afirman que fue hijo del rey Filipo; pues eso no es verdad. No era hijo de aquél sino de Nectanebo, como dicen los más sabios de los egipcios, quien lo engendró después de haber perdido su dignidad regia.
      La Novela de Alejandro, escrita a comienzos del S. III d. C. aunque sus fuentes proceden del Helenismo, se conserva
      • en diversas versiones griegas, más o menos divergentes: la existencia de esa pluralidad de recensiones testimonia el carácter popular del texto;
      • a través de la traducción latina de Julio Valerio, de finales del S. III d. C.;
      • hay, además, otras traducciones, de las cuales la más importante es la traducción al armenio.
      Es obvio que la historia textual de esta obra (de la que además tenemos papiros) ha sido compleja.
      Por otro lado, los materiales que han convergido en la Novela de Alejandro son variados. Pero existen dos fuentes principales:
      • Un relato histórico helenístico, probablemente una biografía de Alejandro (¿del S. I a. C.?). Es importante tener presente que la historiografía helenística es una historiografía retórica, a la caza del efecto patético y del efectismo; estos rasgos fueron heredados por Pseudo-Calístenes.
      • Una colección de cartas o novela epistolar. La novela epistolar también es un género de origen retórico que busca la prosopopeya, el retrato de un carácter: en nuestro caso, el de Alejandro.
      Las colecciones de cartas eran un género floreciente entre la época de Cicerón y Adriano, el momento en el que se sitúan las fuentes del Pseudo-Calístenes. En efecto, se han conservado papiros con supuesta correspondencia entre Alejandro y Darío (¿ejercicios de escuela?).
      Junto a estas fuentes principales, han convergido también en la obra del Pseudo-Calístenes otros elementos, de cuatro tipos diferentes. Estas otras fuentes producen como resultado relatos independientes, integrados en el conjunto en forma de episodios:
      • Cartas de Alejandro dirigidas a Aristóteles y a su madre Olimpíade. Hablan sobre las maravillas del viaje de Alejandro a la India. No se sabe si estas cartas han sido agregadas directamente por Pseudo-Calístenes al conjunto, o si el material que él recibe ya las incluía.
        Estas cartas son exponentes de la “literatura teratológica”, literatura de prodigios, representada en Grecia por Ctesias, Yambulo o Luciano (en clave paródica), y en la literatura de Oriente por el relato de Simbad el marino.
        Nótese que la literatura teratológica tiene que estar en primera persona para que resulte verosímil; en el marco de la novela de Pseudo-Calístenes, el uso de la primera persona se justifica además con el artificio de la carta: es “literatura de prodigios” en forma de carta.
        • La leyenda de Nectanebo, según la cual se supone que Alejandro no es realmente hijo de Filipo sino de Nectanebo, el último faraón de Egipto:
          Luego se despide de la reina Nectanebo y recoge unas plantas de un lugar solitario, de las que conocía por su aplicación a la producción de sueños. Y, después de exprimirles el jugo, modeló una figurilla femenina de cera y le inscribió encima el nombre de Olimpíade. Luego encendió unas lamparillas, y, mientras derramaba sobre ellas el jugo de las plantas, invocaba con conjuros a los dioses dedicados a tal oficio, para que Olimpíade recibiera la aparición. Y en aquella noche ella contempla al dios Amón que la tiene abrazada y que, al ponerse en pie para retirarse, le dice:
          -Mujer, en tu vientre guardas un hijo varón que ha de ser tu vengador.
          La historia de Nectanebo procede de una leyenda popular egipcia y pretende explicar la relación especial de Alejandro con el dios Amón, al que Alejandro visita, en el curso de la obra, en su santuario del oasis de Siwa.
          Además, la leyenda de Nectanebo explica la rivalidad con Filipo, del que Alejandro no es realmente hijo, hecho que los dos acaban conociendo.
          • El coloquio con los gimnosofistas, “los sofistas desnudos”, brahmanes a los que Alejandro conoce en la India. Este episodio conecta la obra con la literatura sapiencial y maneja un tópico de larga tradición, el del enfrentamiento rey ↔ sabio:
          Solón-Creso (en Heródoto);
          Platón-Dioniso;
          Alejandro-Diógenes el cínico.
          • Pseudo-Calístenes también ha debido de manejar como fuente un relato histórico sobre los últimos días de Alejandro: en esta parte ofrece datos históricos concretos.
          Se supone que el individuo que unificó todos estos materiales no debía de ser una persona especialmente inspirada: sería un “pobre hombre”, según dice literalmente la Historia de la Literatura Griega de Albin Lesky. Es muy poco cuidadoso, p. ej., en todo lo que se refiere al itinerario geográfico.
          • Y, sin embargo, el juicio de Lesky no hace justicia al hecho de que este texto ha tenido un peso importantísimo dentro de la Tradición Occidental.
          • Por otro lado, la Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia o Novela de Alejandro, sin ser una obra clave de la narrativa universal, es una lectura amena que destaca, sobre todo, por su gran fantasía.
          La obra es enormemente fantasiosa, según acabo de decir y según comprobaremos a través de la lectura de algunos pasajes. Voy a destacar ahora los hitos que nos pueden ofrecer una idea básica de la estructura del conjunto del texto:
          • Empiezo recordando que, según la obra, Alejandro no es hijo de Filipo sino de Nectanebo, el último faraón de Egipto, quien lo engendró en Olimpíade bajo la figura del dios Amón.
          • Alejandro es, por tanto, egipcio: nótese que, muy posiblemente, el texto de la Novela procede de Alejandría.
          • Alejandro vence a Darío, quien le confía la custodia de su hija; en este episodio se muestra la generosidad y el humanitarismo del monarca: es que, en la Novela de Alejandro, Alejandro está caracterizado como un héroe ideal.
          • Alejandro llega en su campaña hasta la India, donde experimenta aventuras increíbles; se enfrenta con todo tipo de monstruos (un auténtico bestiario), busca la Fuente de la Inmortalidad, viaja por el aire en un carro tirado por grifos y desciende a las profundidades marinas en una burbuja de vidrio:
          Tras haber realizado todos los preparativos, me introdujeron en la tina de cristal con el deseo de intentar lo imposible. En cuanto estuve metido dentro, la entrada fue cerrada con una tapadera de plomo. Cuando me habían bajado ciento veinte codos, un pez que pasaba me golpeó con su cola mi jaula, y me izaron porque sintieron el zarandeo de la cadena. La segunda vez que bajé me sucedió lo mismo. A la tercera descendí alrededor de trescientos ocho codos y observaba a los peces de muy variadas especies pasar volteando en torno mío. Y mira que se me acerca un pez grandísimo que me cogió junto con mi jaula en su boca y me llevó hacia la tierra desde más de una milla de distancia. En nuestras barcazas estaban los hombres que me sostenían, unos trescientos sesenta, y a todos los remolcó junto con las cuatro barcazas. Mientras nadaba velozmente quebró con sus dientes la jaula y luego me arrojó sobre la tierra firme. Yo arribé exánime y muerto de terror.
          Allí me eché de rodillas y me postré en acción de gracias a la Providencia de lo alto que me había salvado con vida del terrible monstruo. Y me dije a mí mismo: “Desiste, Alejandro, de intentar imposibles, no sea que por rastrear el abismo te prives de la vida”. Y en seguida ordené al ejército partir de allí y seguir la marcha hacia delante.
          • En la India se entrevista además con los gimnosofistas, brahmanes parecidos a los filósofos cínicos que le hacen ver lo inútil de sus esfuerzos y la imposibilidad de que el hombre alcance la inmortalidad.
          • En la India Alejandro también se encuentra con los árboles parlantes, que le profetizarán su muerte.
          • Alejandro, a su regreso en Babilonia, es asesinado por el camarlengo Yolo.
          Se podría decir que lo que prima en esta obra es la imagen trágica de Alejandro, un nuevo Aquiles que, como él, muere en la juventud. El Alejandro de esta novela es el prototipo del héroe mítico, tal y como lo debió de ser en vida para sus propios soldados:
          • Alejandro está siempre obsesionado por la idea de ir más allá, de llegar plus ultra.
          • Pero llega a encontrarse con límites que no puede traspasar (es imposible hallar la inmortalidad, según le declaran los gimnosofistas) y muere.
          • Muere, además, joven, como si estuviese dotado de un destino aciago.
          • El Alejandro que busca ir “más allá” parece cometer un acto de hýbris que le atrae el castigo divino.
          Ésta es una idea en la que abundan las fuentes medievales, que presentan directamente la muerte del rey como un castigo:
          • Gautier de Chatillon, Alexandreis: se castiga a Alejandro por su desmesurada ambición, que le lleva a lamentarse de que no existan más mundos para conquistar.
          • Libro de Alexandre: se castiga a Alejandro por su curiosidad pecaminosa (a raíz de su viaje submarino); Dios le llama “ese lunático que non cata mesura”. Mira las estrofas 2161 y 2165.
          La Natura que cría todas las crïaturas,
          las que son paladinas e las que son escuras,
          tovo que Alexandre dixo palabras duras,
          que querié conquerir las secretas naturas.
          (...)
          Pesó al Crïador que crió la Natura,
          ovo de Alexandre saña e grant rencura,
          dixo: «Este lunático que non cata mesura,
          yo•l tornaré el gozo todo en amargura».

          Alejandro vivió obsesionado con la idea de tener un Homero que cantara sus hazañas; paradójicamente, el “Homero” al que Alejandro debe buena parte de su fama como mito es el Pseudo-Calístenes, un autor entretenido, pintoresco pero (reconozcámoslo con Lesky) no demasiado brillante.
          Aunque, con todo, quizá la imagen fabulosa de Alejandro que nos transmite se aproxime mucho a la imagen que los soldados de Alejandro tuvieron de su rey; en este sentido, Pseudo-Calístenes puede ser, paradójicamente, más veraz que los historiadores serios.



          sábado, 11 de diciembre de 2010

          ALEJANDRO MAGNO: HOMBRE, REY, HÉROE (II)


          TEXTOS ANTIGUOS EN GRIEGO SOBRE ALEJANDRO

          Nada más morir Alejandro surgió una especie de “historiografía de urgencia”, representada por los llamados “historiadores de Alejandro”, a los que sólo hemos conservado en forma de fragmentos; se trata de autores que escriben a caballo entre los SS. IV-III a. C.

          1. El primero de ellos es Tolomeo Lago, compañero directo de Alejandro (fue su escudero, su σωματοφύλαξ), el fundador de la dinastía Tolemaica o Lágida: fue faraón de Egipto con el nombre de Tolomeo I y escribió para corregir a otros autores anteriores, a partir de sus conocimientos, obtenidos de primera mano.
          • Podemos conocer algo de la obra de Tolomeo a través de Arriano. Éste, en el S. II d. C., lo utilizó como fuente principal para su Anábasis de Alejandro, contraponiendo lo dicho por Tolomeo con las informaciones de la llamada “Vulgata” (τὰ λεγόμενα).
          • A tenor de lo que dice Arriano, parece que Tolomeo se interesaba en su obra, sobre todo, por lo militar y político, y mucho menos por lo geográfico y etnográfico.
          • Además, Tolomeo utilizó el diario del cuartel de Alejandro, las Efemérides escritas bajo la dirección de Eumenes de Cardia y Diódoto de Eritras.

          2. Calístenes de Olinto es otra figura importante de este grupo de historiadores. Era sobrino-nieto de Aristóteles. Debió de nacer hacia el 370 a. C. Acompañó a su tío a la corte de Macedonia.
          • Trabajó como escritor al servicio de Macedonia; de este modo celebró las hazañas de Alejandro, al que acompañaba en sus expediciones, en sus Ἀλεξάνδρου πράξεις.
          • Pero cayó en desgracia por la cuestión de la proskýnesis, el ritual de adoración, prosternación ante el soberano, que Alejandro copió de los persas. Por ello, fue ejecutado en el 327 a. C.
          • De Calístenes debe retenerse ante todo que a él se le atribuyó la muy influyente Novela de Alejandro (cfr. infra). Y se le atribuyó porque los elementos fantasiosos presentes en esa obra ya debían de hallarse en sus escritos auténticos.
          • Es decir, en la obra auténtica de Calístenes ya se debía de presentar a Alejandro como algo más que un hombre.

          3. Clitarco escribió hacia el 310 a. C., rhetorice et tragice, según Cicerón.
          • Narraba la vida de Alejandro desde el ascenso al trono hasta su muerte.
          • Es una figura de importancia porque su obra (llena de rasgos novelescos) parece estar en la base de eso que hemos llamado antes “la Vulgata”, la versión divulgada de la historia de Alejandro, opuesta o distinta a los relatos de Tolomeo, Arriano y la “historiografía seria”.
          Se podría citar al menos a otros seis autores entre los llamados “historiadores de Alejandro”: Onesícrito,  Aristobulo de Casandrea, Cares de Mitilene..
          De todos ellos me refiero únicamente a Onesícrito por cuanto éste, que había participado en las expediciones de Alejandro, empezó a escribir a su muerte y lo convirtió en un héroe de un género peculiar:
          • Lo dotaba de rasgos filosóficos cínicos.
          • Por ello es de lamentar que su obra no se haya conservado.
          Con posterioridad a la “historiografía de urgencia”, compuesta al poco de la muerte de Alejandro, se escribirá sobre el rey de Macedonia desde perspectivas distintas:
          • unas veces serán más serias (Plutarco, Arriano);
          • mientras que, otras veces, serán más bien literatura popular.
          En relación con la “historiografía seria” podemos comentar algo a propósito de Arriano (no voy a hablar de Plutarco: en relación con él recuerdo que su Vida de Alejandro es una lectura altamente recomendable – está además editada en diversas colecciones populares):

          ARRIANO

          Puede leerse a Arriano en la traducción de A. Guzmán Guerra (trad.), Arriano. Anábasis de Alejandro Magno, Madrid, Gredos, 1982 (2 tomos).
          Nació entre el 85 y el 90 d. C. y murió hacia el 170. Era de Nicomedia (actual Turquía).
          Discípulo de Epicteto, en su época fue más reconocido como filósofo que como historiador. Pero sus obras filosóficas propias (no hablo de su edición de las Diatribas de Epicteto) se han perdido o se conservan fragmentariamente.
          Al parecer, cuando tenía unos cincuenta años abandonó Roma y la administración imperial (había sido cónsul en el 130); entonces se dirigió a Atenas, donde debió de dedicarse a la historiografía: se considera a sí mismo como “el nuevo Jenofonte”, y por ello
          • escribe Vidas perdidas, a imitación del modelo de Jenofonte (quien escribió un Agesilao);
          • escribe su Anábasis [de Alejandro Magno] que, como la de Jenofonte, consta de siete libros: imita el estilo de su modelo.
          • Arriano destaca, entre la mayoría de los historiadores de Alejandro, porque se esfuerza en escribir un relato que no sea fantasioso y se atenga a los hechos.
          • Por ello emplea como fuentes, ante todo, a Tolomeo y Aristobulo, contemporáneos de Alejandro y testigos de lo que narran.
          • Por otra parte, es discutible en Arriano su preferencia por la narración de los hechos militares y su menor atención a los aspectos políticos de su personaje.
          La introducción a la obra de Arriano es ésta:
          Considero y transcribo yo como verdaderos todos aquellos relatos en que coinciden Tolomeo, hijo de Lago, y Aristobulo, hijo de Aristobulo, historiadores ambos de Alejandro, hijo de Filipo; pero de aquellos en que divergen, he seleccionado los que me parecían, al tiempo, más fidedignos y más interesantes para ser narrados. Ya otros han escrito sobre Alejandro (no hay, en efecto, nadie sobre quien lo haya hecho mayor número de historiadores, o de manera más discordante entre sí), pero Tolomeo y Aristobulo, a mi parecer, son los más dignos de crédito; Aristobulo, por haber participado en la expedición junto con el rey Alejandro; Tolomeo, además de por eso mismo, porque falsificar los hechos habría sido para él, por ser rey, más vergonzoso que para ningún otro. Por otra parte, dado que Alejandro ya había muerto cuando uno y otro escribieron, ambos estaban por igual al margen de hacerlo de modo distinto a como los hechos ocurrieron, porno estar -cohibidos ni esperar de él recompensa alguna.


          miércoles, 8 de diciembre de 2010

          ALEJANDRO MAGNO: HOMBRE, REY, HÉROE (I)


          A finales de noviembre de este año pasé dos días en la UNED de Tudela hablando de héroes en el marco de esta actividad. 
          Por ello quiero dedicar cuatro entradas del blog al último héroe del que hablé, Alejandro Magno, uno de mis mitos de la infancia gracias a la biografía del personaje que había escrito un ficticio Joseph Lacier para la extinta editorial Bruguera.
          Hago observar que de lo que hablé en la Ribera no fue de historia sino de la recreación de Alejandro en las literaturas de la Antigüedad y de Oriente: de su conversión en carne y alma de leyenda.


          DE HÉROES Y HOMBRES

          Oímos hablar de héroes y pensamos en Aquiles, Ulises, Heracles, Edipo, Teseo... quizá hasta en Asclepio y Orfeo. Pero aquí la cosa va por otros derroteros porque ahora vamos a hablar, en tanto que héroe, de un personaje histórico del S. IV a. C., no de un semidiós, no de un hombre que vivió en la época de los semidioses...

          Vamos a hablar de Alejandro Magno, rey de Macedonia.

          Debo empezar recordando que la heroización de figuras reales e históricas es un fenómeno que se venía produciendo entre los griegos desde mucho antes.
          De hecho, “hombres reales” es la última categoría de héroes identificadas en la clasificación analítica de L. R. Farnell, Greek Hero Cults and Ideas of Inmortality, Oxford, 1921.
          • Entre los “hombres reales” heroizados se contaban entonces, como hoy, los atletas: no había futbolistas (aunque mira esto!!!) pero sí boxeadores, y entre éstos fue heroizado, p. ej., Eutimo de Locros, vencedor en el pugilato en Olimpia en tres Olimpiadas.
          • Recibió un culto heroico en vida, según estudia Bruno Currie en un artículo de 2002: “Euthymos of Locri: A Case Study in Heroization in the Classical Period”.
          • Pausanias (6.6.5) transmite la leyenda de que era hijo del dios-río Cecino: la adscripción de una genealogía divina es un procedimiento típico de heroización.
          • Según Pausanias Eutimo también realizó acciones auténticamente heroicas y se enfrentó en Temesa a un fantasma monstruoso (el Herón, “el héroe”) para salvar a una doncella que le iba a ser entregada a éste como tributo, cfr. Paus. 6.6.7-10:
          Cuando regresó a Italia [Eutimo] luchó contra el Héroe. Su historia es así: (…). Eutimo, que había llegado a Temesa cuando se cumplían los rituales del espíritu, se enteró de lo que sucedía y sintió deseos de entrar en el templo y ver a la muchacha. Cuando la vio, al principio sintió compasión, después amor por ella. La muchacha le juró que se casaría con él si la salvaba, y Eutimo se armó y esperó el ataque del dios. Venció en la lucha y el Héroe fue expulsado del país y desapareció sumergiéndose en el mar. Eutimo tuvo una gloriosa boda y los hombres de allí se vieron libres para siempre del espíritu.
          • Según el mismo autor (6.6.10), Eutimo vivió además hasta una edad propia de un patriarca del Antiguo Testamento.
          • Y Eutimo no fue un ejemplo aislado: es análogo el caso de Teógenes de Tasos, otro boxeador, de mediados del S. V a. C.
          Alejandro fue, obviamente, un personaje histórico, y sin embargo lo cierto es que en torno a su figura se debieron de forjar leyendas en época muy temprana, quizá incluso en su propia vida, por lo insólito de su empresa:
          Recuérdese que Alejandro trasciende el margen político de la pólis para crear un imperio universal de base griega. Vale la pena recordar algunos datos sobre su vida:
          • Alejandro, rey de Macedonia, llamado Alejandro Magno, debió de vivir entre el 356 y el 323 a. C.;
          • era hijo de Filipo II de Macedonia y de Olimpíade;
          • a partir de las victorias conseguidas por su padre Filipo II pudo someter a su poder a todas las ciudades griegas;
          • emprendió después la guerra contra el imperio persa, al que derrotó;
          • llegó, en su afán de conquistas, hasta el Océano Índico y la India;
          • ahora bien, unas fiebres lo hicieron morir en Babilonia a una edad muy temprana (¿treinta y tres años?), lo cual favoreció, por supuesto, la creación del “mito” en torno a su persona.
          En el Diccionario de mitos de García Gual figura por ello Alejandro como un “mito” más.

          En las cuatro entradas que dedicaré a Alejandro comenzaré por referirme a
          • las fuentes griegas antiguas sobre Alejandro, más históricas unas, más legendarias otras;
          • además, prestaré atención especial a Pseudo-Calístenes y la tradición que converge en él: quiero presentar así la base antigua sobre la que se desarrollará posteriormente toda la leyenda de Alejandro;
          • por ello, hablaré bastante menos de autores literariamente más importantes, como Plutarco o Arriano.
          Recuerdo, con todo, que la figura de Alejandro también interesó a los autores latinos. Es muy interesante, por ejemplo, la obra de Quinto Curcio Rufo: Historia de Alejandro Magno, según la traducción de Gredos (1986): su lectura no defrauda.
          • El autor es un misterio: no sabemos quién es y resulta muy complejo situarlo cronológicamente.
          • La obra se conserva de manera fragmentaria: tenemos cinco libros casi completos; llegan hasta la muerte de Alejandro pero carecemos del relato sobre sus primeros años.
          • Curcio testimonia la admiración por la figura grandiosa de Alejandro (valiente, generoso, magnánimo), aunque también destaca sus defectos: la ira, la tendencia a la embriaguez, la vanidad que le lleva a dejarse seducir por Oriente…: los defectos van in crescendo, como las disputas intestinas entre los macedonios (a muchos de los cuales eliminará Alejandro).