domingo, 22 de marzo de 2015

LA CONSTITUCIÓN DE LA ORATORIA COMO GÉNERO LITERARIO EN EL S. V A. C.


Dentro de unos meses hablaré en Cáceres de un tema para el que la retórica tiene una importancia primordial. Por ello pienso que es buen momento para refrescar y renovar lo que escribí sobre el tema hará ya nueve años; esta entrada se publicó después en su primera versión el 12 de febrero de 2009.


El género de la oratoria se constituyó como tal en la Atenas del siglo V a. C., al amparo del ambiente político y social introducido por la democracia. Sobre este asunto propongo de entrada tres referencias básicas:

CANFORA, L., “Los oradores áticos”, en R. Bianchi Bandinelli (ed.), Historia y civilización de los griegos. V. La crisis de la polis. Historia, literatura, filosofía, Barcelona, 1981, pp. 317-341.

CORTÉS GABAUDÁN, F., “La oratoria griega como género literario”, en D. Estefanía et alii (eds.), Géneros grecolatinos en prosa, Alcalá de Henares – Santiago, 2005, pp. 205-232.

LÓPEZ EIRE, A., “La oratoria”, en J.A. López Férez (ed.), Historia de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 737-779.


1. NUEVAS CIRCUNSTANCIAS, NUEVAS NECESIDADES.

Abro la exposición comentando ese ambiente novedoso que introducen las estructuras democráticas del período clásico. Hablaré de los nuevos ámbitos públicos que surgen en la Atenas del S. V, ante todo la asamblea política y los tribunales de justicia: dos ámbitos nuevos para destacar en los cuales no bastaba con las estrategias que podía ofrecer la tradición.

I. Nótese que, en la sociedad aristocrática, las grandes decisiones “políticas” no se tomaban de manera pública sino entre bastidores. No se contaban votos, se llegaba a decisiones a través de la conversación “entre iguales”. Por ello, en esos ambientes, para llevar la negociación al punto apetecido podía bastar con la autoridad del individuo.

Es significativo, en este sentido, recordar la situación en Ilíada II y lo extemporánea que resulta la intervención en la asamblea de Tersites, quien
  • ni tiene autoridad para tomar la palabra ante Agamenón
  • ni domina las pautas de expresión tradicionales (oratoria avant la lettre: cfr. Torres 1998; y, más en general, Havelock 1963 = 1994) que desempeñaban también un papel en la cultura oral.
Nótese que en la nueva situación de la democracia ateniense ya no basta con el prestigio individual. Aunque éste pudiera tener un valor determinante en algunos casos como el de Pericles.

Para atraer mayorías en las asambleas populares y “llevarse el gato al agua”, lo habitual es que otro elemento tuviera más peso que la autoridad del personaje.

Ese elemento era la capacidad de hablar en público, el dominio de la técnica de la palabra.

II. Es equiparable la situación que se vivía en los tribunales de justicia de la democracia.
Nótese que el sistema judicial en Atenas era claramente distinto del actual:
  • No había un acusador público.
  • Cualquier ciudadano podía presentar la acusación cuando creía que se había transgredido la ley.
  • Ante una acusación, el estado constituía un jurado compuesto de ciudadanos de a pie, personas sin vinculo profesional con la justicia.
  • Como sabemos por la comedia de Aristófanes (p. ej., Avispas), estos individuos cobraban de la pólis una indemnización por los servicios prestados.
El conseguir que la causa de uno triunfara o fracasase dependía de la propia habilidad en defenderse y atacar. Por ello, también en este ámbito se imponía como necesidad tener un dominio técnico de la palabra.
  • Tanto más si recordamos que, en la oratoria judicial griega, el peso de la argumentación descansaba en los razonamientos de verosimilitud.
  • En cambio, el testimonio de los testigos (los mártyres) tenía sólo importancia subsidiaria.
  • Contra esta situación (que parece primar lo que se presente como verosímil por encima de la verdad) se pronunció Platón: mira Fedro 267 a, en referencia a Tisias y Gorgias.
III. A los dos foros antes mencionados (asamblea política y tribunales de justicia) han de añadirse, como tercer ámbito potencial de ejercicio de la retórica, ciertas celebraciones públicas.

Con ocasión de las fiestas de la pólis, también se pronunciaban discursos con carácter oficial.
P. ej., con motivo de la conmemoración anual de los caídos en combate comenzó a pronunciarse, a partir de algún momento del S. V, un epitáphios lógos.
El más famoso de estos discursos es el que Tucídides pone en boca de Pericles dentro de su Historia.
Para satisfacer precisamente todas estas nuevas necesidades surge en este momento, en Atenas, el género literario de la retórica: con este género, alcanza su madurez la prosa literaria ática.
Como bibliografía de urgencia sobre los orígenes de la retórica, cf. LÓPEZ EIRE, A., “Sobre los orígenes de la oratoria”, Minerva 1 (1987), pp. 13-31.

2. LA RETÓRICA COMO GÉNERO.

Con cada uno de los tres ámbitos definidos en la sección previa de esta entrada (asamblea política, tribunales de justicia, celebraciones públicas) se corresponde uno de los tres géneros de la retórica:
  • génos symbouleutikón (género deliberativo),
  • génos dikanikón (género judicial),
  • génos epideiktikón (género demostrativo).
Esta tripartición de la oratoria recibe fundamento teórico en la obra de Aristóteles (Retórica I 3, 1358 a 36 ss.), quien se expresa así sobre los tres genera dicendi clásicos:
Los géneros de la retórica son tres, pues éste es el número de los tipos posibles de oyentes de los discursos. En efecto, en el discurso hay que distinguir tres elementos: quién habla, sobre qué habla y a quién habla; pero el fin del discurso está en éste, o sea en el oyente. Y es necesario que el oyente sea o espectador o árbitro, y de ser árbitro lo será de acontecimientos pasados o futuros. El que dictamina sobre los acontecimientos futuros es el miembro de una asamblea, el que dictamina sobre los pasados es el juez y el que lo hace sobre la habilidad es el espectador. Así pues, necesariamente debe haber tres géneros de discursos retóricos: el deliberativo, el judicial y el demostrativo (trad. J. B. Torres).
Los tres géneros del discurso retórico parecen tener un carácter efímero: su objetivo no es permanecer en la posteridad sino convencer al auditorio en un momento concreto. No obstante, lo cierto es que se ha conservado un corpus importante de discursos de finales del S. V y, sobre todo, del IV.
Ello se puede contemplar como un índice de la alta elaboración formal que alcanzaron estos discursos: su forma no es algo secundario sino esencial, que les hacía merecedores de permanecer en el tiempo.
Como sucedió habitualmente con los otros géneros literarios de Grecia, la constitución del género retórico llevó al establecimiento de pautas y convenciones:
  • La experiencia enseñó que éstas constituían la mejor estrategia si se quería tener éxito en la ejecución pública del discurso.
  • Por ello, las convenciones del género habían de ser conocidas por quienes desearan tener éxito en sus intervenciones.
Como un ejemplo simple y bien conocido de las convenciones del género retórico puede mencionarse la típica estructura cuatripartita de los discursos judiciales:
  • Prooímion, diégesis, pístis, epílogos.
  • Introducción, narración, argumentación (prueba), conclusión.
Esta es la estructura que solemos encontrar en los discursos judiciales clásicos. Es, por cierto, una división del discurso distinta de la identificada por Aristóteles en la Retórica (III 13, 1414 a 31 ss.); según dice el filósofo en ese lugar, el discurso debe constar de sólo dos partes:
  1. Proposición (próthesis).
  2. Argumentación (pístis).
El discurso consta de dos partes, pues es necesario decir de qué trata el asunto y demostrarlo. Por ello es imposible decir algo y no demostrarlo, o demostrarlo sin haberlo anunciado: el que demuestra, demuestra algo, y, el que anuncia, anuncia en función de su demostración. De estas dos partes del discurso, la una es la proposición (próthesis) y la otra la argumentación (pístis); daría lo mismo distinguir entre problema (próblema) y demostración (apódeixis).

Sin embargo, las divisiones al uso son risibles. En efecto, la narración sólo se da en el discurso judicial; mas en el demostrativo y en la arenga, ¿cómo va a haber una narración del tipo que dicen?; ¿o cómo habrá una refutación del contrario o un epílogo en los discursos demostrativos?
(trad. J. B. Torres).


3. LOS SOFISTAS Y LA RETÓRICA.

Un estudio de la oratoria en el S. V a. C. debe referirse necesariamente a la labor de los sofistas. Mira la entrada n ese lugar se habla suficientemente del papel que ocupan los sofistas en la historia de las ideas y la filosofía griega.

En esta nueva entrada se habla de los sofistas en tanto que teóricos y maestros de la palabra. Sucede que uno de los saberes que ofrecían era precisamente la habilidad en el manejo de la palabra, gracias a la cual lograrían triunfar sus jóvenes alumnos.

Empiezo por Protágoras y recuerdo su papel como maestro de retórica, concretamente de erística.
  • La erística es el arte de disputar sobre el que escribió una obra con ese título.
  • En ella debía de defenderse la idea de que sobre todo asunto hay dos lógoi contrapuestos.
  • Y que el orador ha de esforzarse por "convertir en superior el lógos [o argumento] inferior", τὸν ἥττω λόγον κρείττω ποιεῖν.
En relación con Gorgias de Leontinos (en torno a 485 – 390) destaco que fue, fundamentalmente, un maestro de retórica. Por ello creo que es ilustrativo recordar lo que dice Gorgias, en su Elogio de Helena, a propósito de la palabra,
poderoso soberano que, con un pequeñísimo y muy invisible cuerpo, realiza empresas absolutamente divinas. En efecto, puede eliminar el temor, suprimir la tristeza, infundir alegría, aumentar la compasión.
Se han de destacar los supuestos vínculos de Gorgias con la retórica siciliana.
Nótese que Sicilia y Siracusa vivieron también un largo período de democracia (desde 466, tras la muerte de Hierón, hasta 405) en el que pudo desarrollarse el arte de la palabra. En el período democrático, tras la caída de las tiranías sicilianas, quienes antes habían sido desprovistos de sus bienes tuvieron que pleitear para poder recuperarlos.
Los representantes principales de la retórica siciliana de la época debieron de ser Córax y Tisias, aunque de su trabajo no queda apenas nada. Todo lo más se puede decir, partiendo del testimonio de Platón (Fedro 273 a), que Tisias desarrolló el método de la argumentación y confirió al eikós (el argumento de verosimilitud) el puesto que ocupa dentro de la oratoria griega.
Un ejemplo clásico del argumento de verosimilitud puede ser éste: un hombre pequeño es acusado de haber iniciado una pelea contra un hombre grande / el hombre pequeño se defenderá diciendo que es improbable que él hubiera empezado una pelea contra otro más grande y más fuerte.
Gorgias de Leontinos (Sicilia) pasa por haber sido discípulo de Córax y Tisias. En el año 427 llegó a Atenas como embajador de su patria: obtuvo rápidamente el éxito popular por el llamativo estilo de su oratoria, rica en efectos rítmicos.
Mira lo que se dice en la obra de K.J. Dover, The Evolution of Greek Prose Style, Oxford, 1997.
De la producción retórica de Gorgias se conservan dos ejemplos, dos discursos epidícticos: el Elogio de Helena y la Defensa de Palamedes. Estos dos discursos son verdaderos tours de force en los que la retórica se aplica a defender dos causas imposibles tomadas de la leyenda.

En el Elogio de Helena, Gorgias argumenta a favor de que Helena (la adúltera por excelencia en la mitología clásica) no es culpable porque cometió adulterio bajo coacción, no por decisión voluntaria sino obligada
  • o por disposición del destino,
  • o por la fuerza,
  • o persuadida por la palabra
  • o por amor.
En la Defensa de Palamedes, Gorgias asumió la defensa de Palamedes: en la leyenda, fue condenado a muerte por culpa de una acusación falsa de Odiseo.

Para defender a Palamedes, Gorgias recurría al método de la reducción al absurdo, que había sido desarrollado por la escuela de Elea.
Así pues, su defensa de Palamedes consiste en hacer ver que carece de sentido suponer que el héroe hubiera sido sobornado por los troyanos.
El mismo tipo de argumentación lo aplicó también en su obra de carácter filosófico: en el escrito Sobre el no ser (hay resumen en Sexto Empírico), toma postura contra las tesis de Parménides intentando reducirlas al absurdo: mira la entrada .


4. RETÓRICA EN LA ATENAS DEL S. V A. C.: ANTIFONTE; ANDÓCIDES.

Como representantes fundamentales de la oratoria ática del S. V a. C. se ha de destacar, tras lo dicho sobre Gorgias, a Antifonte y Andócides, de los cuales se conservan discursos. Hay traducción de los dos en Redondo Sánchez, J. (trad.), Antifonte, Andócides. Discursos y fragmentos, Madrid, 1991.

No son, obviamente, los únicos oradores áticos del S. V; a su número se podrían agregar otros que conocemos, al menos, por sus nombres: Trasímaco de Calcedón, Teodoro de Bizancio, Eveno de Paros o Critias.

En el caso de Antifonte (supuestamente, 480-411) ha de indicarse, ante todo, que no sabemos con certeza si Antifonte, el orador oriundo de Ramnunte, ha de ser identificado con Antifonte, el sofista.
Cfr. Wiesner, J., “Antiphon, der Sophist und Antiphon der Redner – ein oder zwei Autoren?”, WS 107-108 (1994-1995), pp. 225-243.
De ser idénticos, este único Antifonte, sofista y orador, habría sido el oligarca que murió ejecutado en 411, tras el paréntesis oligárquico de ese año (gobierno de los Cuatrocientos). Según Tucídides (VIII 68), este Antifonte fue, además, el ideólogo del golpe del 411. Algunos creen en una evolución de Antifonte:
  • primero, orador;
  • después, con más edad, sofista y filósofo.
De tratarse de personas distintas (en la Antigüedad, era ya la opinión de Dídimo; también lo dice López Eire 1988), al primero se le deberían atribuir los tratados que circularon bajo el nombre de Antifonte.

Éstos trataban de temas como la verdad y la concordia (Sobre la verdad, Sobre la concordia): vuelve a mirar la entrada .

Por otro lado, el orador Antifonte, del que Tucídides habla en términos claramente elogiosos, es el rétor ático más antiguo del que conservamos textos.

Este Antifonte fue un logógraphos, un escritor de discursos judiciales por cuenta ajena. Redactó modelos de discurso en los que presentaba, para un mismo caso (relacionados todos con homicidios), tanto el escrito de la defensa como el de la acusación.
  • Han de destacarse, por cierto, las concomitancias que tal modo de proceder presenta con la Sofística, con los tratados anónimos conocidos como Dissoì lógoi.
  • Las concomitancias con la Sofística se advierten además en aspectos de estilo: cfr. lo que comenta López Eire (1988, 749-750).
Los modelos de discursos de Antifonte se agrupan en tres tetralogías, que nosotros conservamos. Cada tetralogía consta de un escrito de la acusación, otro de la defensa, otro de réplica de la acusación y otro de réplica de la defensa.

Estos doce discursos presentan introducción, argumentación y conclusión pero apenas se detienen en la narración. Se da por sobreentendida, pues era algo así como el enunciado del problema retórico al que intentaba responder el discurso de muestra.

Dada la consideración del homicidio en estos “discursos de muestra” como una mancha que contamina a toda la ciudad, dada la relación que en ellos se advierte todavía entre religión y derecho, suelen ser atribuidos a una fecha de composición temprana: 440 aproximadamente.

En la Antigüedad se le atribuían a Antifonte, en total, 35 discursos. Nosotros, aparte de las Tetralogías, conservamos otros tres discursos, sus únicos discursos reales, todos obras de encargo, todos sobre casos de homicidio:
  • Sobre el coreuta (419 / 418).
  • Acusación de envenenamiento contra la madrastra (416 aproximadamente).
  • Sobre el asesinato de Herodes (414 aproximadamente).
Además, tenemos fragmentos de su Autodefensa (pronunciada en el proceso del 411): es el único discurso en el que Antifonte habla en nombre propio.

Es notable la habilidad con que Antifonte maneja el argumento del eikós, por ejemplo en el discurso I: Acusación de envenenamiento contra la madrastra (presenta la demanda el hijastro de la madrastra, pues piensa que ésta ha envenenado a su padre):
  • la defensa de la madrastra no accedía a que los esclavos fueran sometidos al básanos;
  • por tanto, el orador deduce que los acusados basaban la salvación de la madrastra en que los esclavos no fueran interrogados bajo tortura;
  • de ahí se llegaba a deducir, como lo más verosímil, la culpabilidad de la madrastra.
Antifonte es el primero de los diez oradores áticos canónicos a los que se refieren las Vidas incluidas en el corpus de Plutarco: Antifonte / Andócides / Lisias / Iseo / Isócrates / Demóstenes / Esquines / Hiperides / Licurgo / Dinarco.

Cerraré esta entrada sobre la oratoria del S. V con algunas observaciones acerca de Andócides (en torno a 440-390).

A este le corresponde el dudoso honor de haber sido considerado el peor de los diez oradores áticos canónicos. En realidad, no fue un orador profesional sino un aficionado del que, por suerte para él, conservamos discursos. Mira lo que dicen

KENNEDY, G., “The Oratory of Andocides”, AJPh 79 (1958), pp. 32-43.
LÓPEZ EIRE, A., “El orador Andócides”, SPhS 5 (1981), pp. 233-253.

Su vida y su obra se vieron marcadas por el episodio de la mutilación de los Hermes en el 415 a. C., con la que estuvo relacionado.

Era un joven aristócrata que, al verse implicado en el proceso por la mutilación, hubo de exiliarse de Atenas. En el 408 a. C. intentó regresar a Atenas pero argumentó de forma tan torpe ante la asamblea que sus aspiraciones fueron rechazadas: cfr. oratio 2, Sobre su regreso.
Nótese, por cierto, que Andócides es nuestro primer ejemplo de oratoria deliberativa, dirigida a convencer a la asamblea.
En el 403 regresa a Atenas y, en el 399, debe defenderse otra vez de la acusación de haber mutilado los Hermes: cfr. oratio 1, Sobre los misterios. En el 392 / 391 formó parte de una embajada a Lacedemonia: el fracaso de la embajada lo condujo a un nuevo destierro.
Al resultado de estas negociaciones fracasadas se refería en el discurso Sobre la paz, que pasa por ser el mejor de los que escribió.
Bajo el nombre de Andócides conservamos otro discurso, Contra Alcibíades, de autenticidad dudosa.

Andócides ejemplifica bien a las claras que, en las nuevas circunstancias, para ganarse apoyos no bastaba con el prestigio personal. Sobre todo era imprescindible dominar la técnica de la oratoria. Andócides, sin embargo, tenía un dominio incompleto de esa técnica. Aunque algo debía de haber aprendido a través de los sofistas, según evidencia, p. ej., su imitación tosca de algunas de las figuras de Gorgias.



ALGUNAS REFERENCIAS

* Trabajos de carácter general e introductorio:
ANDERSEN, O., Im Garten der Rhetorik. Die Kunst der Reden in der Antike, Darmstadt, 2001.
CANFORA, L., “Los oradores áticos”, en R. Bianchi Bandinelli (ed.), Historia y civilización de los griegos. V. La crisis de la polis. Historia, literatura, filosofía, Barcelona, 1981, pp. 317-341 (Storia e Civilitá dei Greci, Milán, 1979).
CORTÉS GABAUDÁN, F., “La oratoria griega como género literario”, en D. Estefanía et alii (eds.), Géneros grecolatinos en prosa, Alcalá de Henares – Santiago, 2005, pp. 205-232.
DOVER, K.J., The Evolution of Greek Prose Style, Oxford, 1997.
EISENHUT, W., Einführung in die antike Rhetorik und ihre Geschichte, Darmstadt, 1974.
FUHRMANN, M., Die antike Rhetorik, Múnich, 1984.
KENNEDY, G., The Art of Persuasion in Greece, Princeton, 1963.
KENNEDY, G., A New History of Classical Rhetoric, Princeton, 1995.
LÓPEZ EIRE, A., “La oratoria”, en J.A. López Férez (ed.), Historia de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 737-779.
NORDEN, E., La prosa d'arte antica: del VI secolo a.C. all' età della Rinascenza, Roma, 1986 (Die antike Kunstprosa, Darmstadt, 1974 = Berlín, 1898).

* Sobre la constitución del género (de la oratoria política e intelectual a la oratoria literaria):
CORTES GABAUDAN, F., Fórmulas retóricas de la oratoria judicial ática, Salamanca, 1987.
IGLESIAS ZOIDO, J.C., “Oratoria, retórica y escritura en Grecia”, CFC (egi) 10 (2000), pp. 39-70.
LAVENCY, M., Aspects de la logographie judiciaire attique, Lovaina, 1964.
LÓPEZ EIRE, A., “Sobre los orígenes de la oratoria”, Minerva 1 (1987), pp. 13-31.
LÓPEZ EIRE, A., y SCHRADER, C., Los orígenes de la oratoria y la historiografía en la Grecia clásica, Zaragoza, 1994.
SCHIAPPA, E., The Beginnings of Rhetorical Theory in Classical Greece, New Haven, 1999.
TORRES, J.B., “El héroe como orador”, en A. López Eire (ed.), Retórica, política e ideología: desde la Antigüedad hasta nuestros días, Salamanca, 1998. Tomo I, pp. 39-43.

* Sobre la oratoria en el S. V a.C. (Gorgias; Antifonte; Andócides):
DUE, B., Antiphon, a Study in Argumentation, Copenhague, 1980.
FURLEY, W.D., Andokides and the Herms, Londres, 1996.
GARIN, M. (ed.), Antiphon. The Speeches, Cambridge, 1997.
HEITSCH, E., Antiphon aus Rhamnus, Wiesbaden, 1984.
IGLESIAS ZOIDO, J.C., “Aproximación a la oratoria deliberativa en el paso del siglo V al IV a.C: el discurso de Andócides Sobre la paz con los lacedemonios”, Minerva 8 (1994), pp. 115-134.
KENNEDY, G., “The Oratory of Andocides”, AJPh 79 (1958), pp. 32-43.
LÓPEZ EIRE, A., “El orador Andócides”, SPhS 5 (1981), pp. 233-253.
LÓPEZ EIRE, A., “Estilo y vida en el orador Andócides”, Faventia 3 (1981), pp. 59-81.
MACDOWELL, D., Andocides. On the Mysteries, Oxford, 1962.
MELERO, A. (trad.), Sofistas, testimonios y fragmentos, Madrid, 1996.
MISSIOU, A., The Subversive Oratory of Andokides. Politics, Ideology and Decision-Making in Democratic Athens, Cambridge, 1992.
REDONDO SÁNCHEZ, J. (trad.), Antifonte, Andócides. Discursos y fragmentos, Madrid, 1991.
SOLMSEN, F., Antiphonstudien. Untersuchungen zur Entstehung der attischen Gerichtsrede, Berlín, 1931.
VITALI, R., Gorgia. Retorica e Filosofia, Urbino, 1971.
WIESNER, J., “Antiphon, der Sophist und Antiphon der Redner – ein oder zwei Autoren?”, WS 107-108 (1994-1995), pp. 225-243.



jueves, 19 de marzo de 2015

PRIMERA FILOSOFÍA GRIEGA


Para Alejandro Vigo. Con estima. Con afecto.

La última entrada dedicada a la literatura griega de la época arcaica tiene por objeto presentar un panorama de la primera filosofía griega, es decir, de aquellos autores a los que tradicionalmente conocemos como filósofos presocráticos. Lo primero que se ha de aclarar es por qué renuncio a hablar de “filósofos presocráticos”:
  • Ante todo, algunos de los autores incluidos bajo la etiqueta no son en realidad “presocráticos” sino contemporáneos de Sócrates: es el caso de los atomistas, y en especial de Demócrito.
  • Por otra parte, el término “filósofos presocráticos” lleva a no valorar por sí mismos a estos autores: de entrada damos ya a entender que su interés se halla en el hecho de ser los precursores de Sócrates.

1. LA TRANSICIÓN DE LA SABIDURÍA TRADICIONAL A LA FILOSOFÍA.

Es habitual considerar que el tránsito de la sabiduría tradicional a la filosofía es el resultado de un proceso de reflexión y autocrítica propiciado por las nuevas circunstancias a que se enfrentaron los griegos en las tierras de frontera de Asia Menor y Magna Grecia.

No parece indiferente que el paso “del mito al lógos” del que hablaba un conocido libro de W. Nestle (1942, 2ª ed.) comenzara a producirse en los territorios de las colonias, donde los griegos entraron en contacto con otras culturas.

Esta toma de contacto con culturas ajenas debió de llevar a los griegos a cuestionarse muchas de sus creencias y sentir el asombro (thaûma) que, para Aristóteles, constituía el principio de la filosofía.

Sin negar la validez de estas consideraciones tradicionales, considero necesario tomar también en consideración el enfoque de la cuestión que ofreció Eric Havelock, por la luz que puede arrojarnos sobre el contexto cultural y literario en que empiezan a trabajar los primeros filósofos de Grecia.

Nótese que la Grecia arcaica, en la que surge la filosofía, vive en un estadio cultural de oralidad orgánica, según parecen indicarnos los datos arqueológicos y las fuentes.

Por cierto, importa tener presente que la oralidad orgánica es algo distinto de la oralidad absoluta: es posible saber leer y escribir y vivir, sin embargo, en la oralidad más orgánica.

La cuestión es que la presencia o ausencia de escritura determina las características de una cultura y que, curiosamente, es en un mundo oral donde nace la filosofía de Occidente. Un intento pionero de dar cuenta de los rasgos culturales de la oralidad arcaica griega y de los condicionantes que impuso en el nacimiento de la filosofía es el de E. Havelock (Preface to Plato, Oxford, 1963).

Este trabajo es considerado como la extensión al ámbito de la cultura arcaica de las apreciaciones de Milman Parry sobre la oralidad literaria.

El título del libro parece indicar que Havelock escribe una introducción a Platón, pero no es así: Preface to Plato ha de ser entendido como “presupuestos de Platón”.

Con todo, es verdad que Havelock inicia su argumentación planteándose una pregunta relativa al filósofo de Atenas: ¿por qué ataca Platón a la poesía en República (libros III y X)?.

Havelock constata dos hechos que pueden parecer llamativos:
  1. Platón atribuye a la poesía una función que a nosotros nos resulta ajena, la función educativa (Platón no plantea el problema de la poesía en términos de cuestión estética).
  2. Platón critica la condición mimética que impone la poesía en la cadena creación-ejecución-recepción.
Platón dice que el acto de creación (que efectúa el poeta) es un acto de imitación, mímesis, y que también lo son los de ejecución (efectuado por el performer, quizá el propio poeta) y el de recepción (ámbito del auditorio).
Pero este último punto resulta extraño: ¿en qué sentido adopta una actitud mimética el receptor?
Havelock explica este hecho a través de la hipótesis según la cual la poesía arcaica griega habría sido una “enciclopedia tribal”.

En este punto Havelock recuerda que la escritura no se introdujo en Grecia hasta bien avanzado el S. VIII, y que pese a ello, la Grecia arcaica siguió siendo orgánicamente oral. En esa tradición oral preplatónica (afirma Havelock) el contacto con la poesía comportaba la educación en una “enciclopedia tribal”, entendiendo por tal el conjunto de saberes tradicionales que constituyen el patrimonio cultural de la comunidad y se intercalan en la narración poética.

Ahora podemos entender la dificultad del texto de Platón referida a la actitud mimética del receptor: para que la poesía cumpla esta función educativa en una cultura oral es necesario que el receptor se identifique con el canto de forma acrítica, lo interiorice y lo memorice. Por ello reconoce Platón un tipo de mímesis en los oyentes de esta poesía.

Parte de la tesis de Havelock es que el ataque platónico al saber tradicional había sido iniciado ya en los presocráticos, cuya consideración como pensadores sobre física o metafísica sería, por tanto, un anacronismo.

Al contrario, el interés de los presocráticos por el tema del ser y el devenir no indica preocupación sobre física o metafísica sino que es, en realidad, una reacción al esquema mental de la educación tribal.

¿Por qué se inicia con los Presocráticos la superación de la educación tribal?: porque (sigue Havelock) con ellos se produce históricamente el descubrimiento del Yo.
Descubrir el Yo (dice) equivale a separar el sujeto del objeto de conocimiento (el conocedor de lo conocido), que en la cultura oral estaban imbricados.
De esta forma se hace posible la re-flexión sobre el canto y la crítica a la tradición: se rompe el “encanto”, la actitud acrítica ante los saberes tradicionales: se produce, en definitiva, el paso del mito al lógos.
El planteamiento de Havelock es sugerente y entiendo que acertado, en líneas generales, en su análisis del estadio cultural previo a Platón. Ahora bien, es innegable que ciertos puntos de su exposición pueden resultar controvertidos.
Ante todo: ¿es verdad que los presocráticos no se preocuparon por cuestiones físicas ni metafísicas sino por crear un nuevo lenguaje?
Pero, pese a todas las objeciones que se puedan hacer a Havelock (y ésta es, obviamente, una de peso), parece que de su trabajo han de extraerse corolarios de gran relevancia para cualquier estudio sobre la primera filosofía griega:
  1. Se hace preciso situar a los presocráticos en su contexto cultural y literario.
  2. El ataque a la poesía no es un aspecto periférico del pensamiento presocrático, sino una faceta central que manifiesta su actitud polémica frente a la paideía precedente.
  3. Pese a su actitud polémica, los poetas presocráticos surgen de la tradición que atacan y son aún parte de esa tradición: han de ser leídos tomando en cuenta esa tradición y, por tanto, desde una perspectiva filológica.
Ésa es la orientación con la que está planteada toda esta exposición: es una exposición filológica, no de historia de la filosofía.


2. LOS FISIÓLOGOS: TALES, ANAXIMANDRO Y ANAXÍMENES.

Las primeras explicaciones filosóficas del origen de la phýsis, de su diversidad y unidad, son las que ofrecieron los pensadores de Jonia, según indica Aristóteles (Metafísica, A 3, 983 b).

Estos pensadores de Jonia son conocidos, significativamente, como los fisiólogos:
  • Tales (floruit 585/84 a.C.),
  • Anaximandro (hacia 610/09 – hacia 547/46)
  • y Anaxímenes (floruit 546/45).
El pensamiento y la obra de los fisiólogos nos son conocidos a través de los testimonios y fragmentos transmitidos por los doxógrafos (mira Diels 1879, Diels-Kranz 1951, 6ª ed.: es discutido si conservamos o no algún fragmento literal.

Más aún, el problema con el que nos encontramos al intentar acercarnos al pensamiento de los primeros filósofos griegos es que quienes nos lo han transmitido han actuado como filtro, pues han intentado adaptar sus ideas a sus propios sistemas; así sucede p. ej. con el propio Aristóteles.

En el caso de los fisiólogos no está totalmente clara su relación con la escritura y la oralidad; pero parece que, en el mejor de los casos, debieron de componer sendos tratados en prosa, los clásicos perì phýseos.

Ahora bien, este título fue asignado por la posteridad (los peripatéticos) y no puede proceder de los propios autores, pues la palabra phýsis no ha debido de aplicarse con el sentido colectivo de “naturaleza” hasta el S. V a. C.

Gracias a la doxografía sabemos que Tales y Anaxímenes intentaron explicar el Ser suponiendo que su principio (arché) era un ser concreto, el agua para Tales y el aire para Anaxímenes.

TALES, el primero cronológicamente, debió de transmitir su pensamiento en forma de máximas (que después se habrían transmitido oralmente). Es p. ej. la opinión de Bernabé (1979):
  • a la forma de la máxima parece corresponder este fragmento: πάντα πλήρη θεῶν (Arist., de An. 411 a 7);
  • otro indicio de que Tales seguía la tradición del apotegma podría verse en su inclusión en el canon de los Siete Sabios.
No tenemos certeza, ni siquiera constancia, de que compusiera una obra. En relación con la forma de difusión de su pensamiento parece lo más probable que él, como los otros pensadores milesios, hubiera sido un maestro con discípulos y relevancia pública, y que por ello hubiera ocupado un puesto destacado como consejero de la ciudad (mira lo que dice Heródoto I 74 y 170).

ANAXIMANDRO adopta un punto de vista diferente del de Tales (y del de Anaxímenes) y supone que el principio y origen de la naturaleza ha de buscarse en una entidad indefinida, el ápeiron.
Lo cual puede entenderse y valorarse como un avance en la abstracción.
Es también novedoso el hecho de que, al parecer, Anaximandro fuese el primer autor griego que recurrió a la prosa como canal de expresión de sus ideas (cfr. DK 12 A 9, B 1).

Ahora bien, la obra en prosa de Anaximandro debió de ser un texto breve, según el testimonio de Diógenes Laercio II 2:
τῶν δ᾿ ἀρεσκόντων αὐτῷ πεποίηται κεφαλαιώδη τὴν ἔκθεσιν, “la exposición de sus puntos de vista la hizo ateniéndose a las cuestiones capitales”.
En lo que se refiere al contenido, es de suponer que la obra de Anaximandro era un “discurso sobre la naturaleza de las cosas en general” (Bernabé 1979, 367). En lo que se refiere al estilo también podemos decir algo: debía de ser un estilo poético a juzgar por los fragmentos, que en algún caso parecen ser fragmentos literales:
  • Según Simplicio, Teofrasto (cfr. D-K 12 A 9) comentaba un fragmento de Anaximandro (διδόναι γὰρ αὐτὰ δίκην καὶ τίσιν ἀλλήλοις τῆς ἀδικίας κατὰ τὴν τοῦ χρόνου τάξιν: “se dan recíprocamente satisfacción y pago por su injusticia según la disposición del tiempo”) diciendo ποιητικωτέροις οὕτως ὀνόμασιν αὐτὰ λέγων (“lo describe con términos muy poéticos”).
  • El propio término de ἄπειρον, lo indefinido, es un término tradicional en la poesía.
ANAXÍMENES, por su parte, parece dar un paso atrás al volver a conceptos análogos a los de Tales, aunque sustituyendo ahora el agua por el aire. Pero, desde un punto de vista más positivo, puede entenderse también que la renuncia de Anaxímenes al ápeiron implica una mayor atención a la experiencia sensible.

También en el caso de Anaxímenes es posible un cierto comentario filológico de sus fragmentos; Bernabé (“Los filósofos presocráticos como autores literarios”) lo hace basándose en Diógenes Laercio II 3 (13 A 1):
κέχρηταί τε λέξει Ἰάδι ἁπλῇ καὶ ἀπερίττῳ (“usa la lengua jónica simple y ordinaria”).
Es decir, Anaxímenes escribe en prosa, en una prosa que, además, debe de haber sido poco poética: atiende a su empleo de un término sin tradición poética como χαλαρός (“suelto”; 13 B 1). Sin embargo, es notable que también recurra, dándole un uso nuevo, al procedimiento épico del símil, como en este caso:
οἷον ἡ ψυχὴ ἡ ἡμετέρα ἀὴρ οὖσα συγκρατεῖ ἡμᾶς, καὶ ὅλον τὸν κόσμον πνεῦμα καὶ ἀὴρ περιέχει (“como nuestra alma, que es aire, ejerce control sobre nosotros, también al universo entero lo abarcan el aliento y el aire”; 13 B 2).

3. LA FILOSOFÍA EN EL EXTREMO OCCIDENTAL: PITÁGORAS.

En el extremo occidental del mundo griego, en la Magna Grecia (Crotona, Metaponto), desarrolló su actividad PITÁGORAS (floruit 532/31), oriundo de Samos, de donde debió de expulsarlo el tirano Polícrates.
Debía de ser, por tanto, otro aristócrata exiliado por los tiranos, como Alceo, Mimnermo, Safo...
De hecho, hay mucho de aristocrático en su actitud hacia el saber y la transmisión de ese saber.

Al parecer, Pitágoras no puso por escrito sus ideas, y en este sentido es significativo que el nombre que reciben los preceptos o máximas que se le atribuyen sea ἀκούσματα: parece que Pitágoras sólo transmitía su sabiduría de manera oral dentro de su círculo.

Más aún, la divulgación de las ideas del maestro fuera de su círculo estaba vetada por un pacto de silencio.

Parece que hemos de entender que el círculo del filósofo poseía carácter aristocrático (estaba constituido a la manera de las hetairías aristocráticas), según refleja también la actuación política de algunos de sus miembros.

A través de los escritos de pitagóricos posteriores (a partir del 450 comienzan las indiscreciones: Filolao de Crotona, Arquitas de Tarento) podemos saber que, para Pitágoras, el cosmos debe explicarse como orden matemático.
Lo cual representa, por cierto, un grado mayor de abstracción en la búsqueda de los fundamentos del Ser, que ahora no es ya un ser concreto ni una entidad indefinida: es una abstracción.
Con todo, Pitágoras también asumió la teoría del ápeiron recibida de Anaximandro. Éste es el principio ilimitado del cosmos, que él contrapone a un principio limitado, el Uno.

Al aplicar al microcosmos del hombre la teoría cosmológica de los dos principios contrapuestos, se deduce además la creencia en la contraposición de alma y cuerpo. A esta teoría superpuso ideas de posible origen chamanístico, según Burkert (1972). Esta combinación de lo filosófico y lo religioso da cuenta de la creencia pitagórica en la transmigración de las almas.

Tal creencia establece además vínculos entre Pitágoras, la tradición órfica y Platón, de quien además sabemos que mantuvo relaciones personales con los círculos pitagóricos de la Magna Grecia.


4. DE JENÓFANES A ANAXÁGORAS.

El paso siguiente de nuestra exposición consistirá en tratar de Jenófanes, Heráclito, Parménides, Empédocles y Anaxágoras. Plantearé algunas cuestiones básicas en relación con estos autores e incidiré especialmente en el aspecto filológico de la cuestión.

JENÓFANES DE COLOFÓN (hacia 580 a. C. – hacia 475) emigró de su patria por culpa de la invasión persa: es, otra vez, el tipo del poeta aristócrata emigrado. Fue autor de elegías, de sátiras hexamétricas (σίλλοι) y de un περὶ φύσεως en hexámetros. En su caso ha sido especialmente discutido si nos hallamos ante un filósofo o un poeta.
Entiendo que la cuestión es en realidad anacrónica, y que lo mejor es caracterizar a Jenófanes como “filósofo de simposio”, con lo que vengo a reconocer que, por la temática filosófica de parte al menos de sus fragmentos, se distingue de otros poetas que escriben para el banquete.
Por ejemplo, esto se advierte incluso en sus elegías, aquellos textos que parecen más continuadores de la tradición “literaria” y más ajenos a la incipiente tradición filosófica.

HERÁCLITO DE ÉFESO (floruit 504/01), de origen aristocrático: lo que conservamos de él es una serie de máximas, de oscuridad característica (¿es su oscuridad indicio de una arrogancia de clase, como se supuso en la Antigüedad?).

Según parece, estas máximas debían de ser el contenido del “libro de Heráclito”, conservado en una copia única en el templo de Ártemis en Éfeso. Ahora bien, no sabemos si fue el mismo autor quien reunió las máximas en forma de libro, o si fueron recopiladas tras su muerte.

En cuanto al contenido de su pensamiento, Heráclito consideraba como fundamento de la naturaleza el Lógos, la “razón común” que regula, a través de la armonía recurrente (παλίντροπος ἁρμονίη), el contraste de contrarios.

Con PARMÉNIDES DE ELEA (floruit 1ª mitad S. V) regresamos a la parte occidental del mundo griego. Desde un punto de vista filológico se observará que su poema, compuesto en hexámetros (154 vv.), renunciaba a formas previas de expresión filosófica (la prosa de Anaximandro). La obra constaba de tres partes:
  1. Proemio.
  2. La vía de la verdad.
  3. La vía de la opinión.
Por lo que a los contenidos se refiere se ha de indicar que Parménides construía una metafísica del Ser, la cual relativizaba (y disminuía) el valor de la experiencia sensible: Parménides ya no explica ese Ser a partir de seres o substancias como Tales o Anaximandro. Por otro lado, suponía el carácter inalterable y la ausencia de cambio de ese mismo Ser.

EMPÉDOCLES (hacia 483/82 – hacia 423), oriundo de Sicilia (Acragante), tomó postura contra el monismo de los eléaticos.

Regresó a la doctrina de los principios, que para él son cuatro: fuego, aire, agua y tierra. Y supuso que estos cuatro principios están regidos por las fuerzas contrapuestas de la philótes y la éris, el Amor y la Rencilla.
(Nótese la impronta poética de esta concepción).
Sabemos que compuso dos poemas didácticos en hexámetros, los Katharmoí y un escrito Sobre la naturaleza. 

De éste recuperamos partes extensas en los años noventa del S. XX gracias a un importante hallazgo papiráceo (editado en Martin-Primavesi 1999; mira la exposición actualizada del pensamiento de Empédocles en Trépanier 2004).

En su momento se supuso que este hallazgo demostraba que en realidad Empédocles había escrito una única obra, porque los cinco primeros versos del papiro coincidían con el final del περὶ φύσεως y, en los versos siguientes, podían leerse términos atribuidos al Purificaciones.

Pero esta teoría parece ahora falsa: la cuestión debe de ser más bien que las atribuciones hechas a una y otra obra eran erróneas, se habían basado en criterios de contenido y eran apriorísticas.

Se había supuesto, sin base suficiente, que lo que sonaba a “filosófico” debía ser asignado al Sobre la naturaleza, y que lo que sonaba a “religioso” debía ser asignado al Purificaciones.

Cerraré las referencias a este grupo de filósofos hablando de ANAXÁGORAS DE CLAZOMENE (500/496 – 428), quien pasa por ser el introductor de la filosofía en Atenas, donde se vio expuesto a grandes controversias.

Escribió un tratado en prosa; por la Apología platónica (26 d) sabemos que el libro de Anaxágoras podía adquirirse en aquella época por una pequeña cantidad de dinero (una dracma); por tanto, debía de tratarse de un libro de extensión breve.

El punto básico de la doctrina de Anaxágoras que debe ser recordado es que, según él, el cosmos se halla regido por una Noûs trascendente, idea que puede contemplarse como precursora de la teleología aristotélica (mira lo que dice Schofield 1980).


5. LOS FILÓSOFOS ATOMISTAS DEL S. V A. C.

Por los temas que abordaron parece que han de estudiarse a renglón seguido los filósofos atomistas del S. V a. C.: dando, por cierto un salto en el tiempo, y obviando a los sofistas y a Sócrates. Nótese que su preocupación preferente por el mundo físico parece conectarlos con los pensadores anteriores y diferenciarlos de los sofistas o de Sócrates, sus contemporáneos.

Recordaremos a Leucipo (nacido hacia 475):
  • oriundo quizá de Mileto;
  • se instaló en Abdera;
  • parece que debió de ser otro de los filósofos de una sola obra.
Pero el atomista más importante es el discípulo de Leucipo, Demócrito de Abdera (468/60 - 380/70). Su obra (notablemente extensa) consistía en tratados en prosa que se agruparon en tetralogías, como la obra de Platón. Lo único que conservamos de él son fragmentos, máximas éticas.

Según Diógenes Laercio, trató gran variedad de temas: física / ética / matemáticas / “cultura general” / arte...: Sobre el buen humor, Sobre los planetas, Sobre los colores, Fundamentos de los sonidos, Sobre líneas irracionales y sólidos, Sobre poesía, Sobre la pintura...
De ahí que en la Antigüedad se le comparase con un atleta del pentatlón.
Por sus fechas es contemporáneo de Platón y Jenofonte. Y, como ellos, es representante de una cultura puramente libresca, punto en el cual se manifiesta una diferencia clara con los filósofos previos.
Nótese, por cierto, que Demócrito ya no escribe un libro (como era el caso de los περὶ φύσεως, como debió de ser el caso de su maestro Leucipo): Demócrito es autor de muchos libros.
Tanto él como su maestro Leucipo son continuadores de la tesis de Parménides según la cual nada surge de la nada.

Ahora bien, para escapar a las aporías a las que podía llevar la tesis (negación del movimiento), asumieron la existencias de una multiplicidad de elementos a los que llamaron átomos. El átomo implica, por su propio nombre, que no se trata de elementos indivisibles ad infinitum, lo cual habría llevado a aporías de tipo distinto.

En la concepción de los atomistas, todo (todos) nos componemos de átomos, también nuestras almas y los dioses. Tal concepto fue heredado por Epicuro, quien hereda también conceptos atomistas en el campo de la ética.



ALGUNAS REFERENCIAS:

* Trabajos de carácter general e introductorio:
BERNABÉ, A., “Los filósofos presocráticos como autores literarios”, Emerita 47 (1979), pp. 357-394.
CORNFORD, F.M., Principium Sapientiae: Los orígenes del pensamiento filosófico griego, Madrid, 1987 (Principium Sapientiae: The origins of the Greek philosophical thought, Cambridge, 1952).
DÍAZ DE CERIO, M., “Filosofía griega antigua”, en D. Estefanía et alii (eds.), Géneros grecolatinos en prosa, Alcalá de Henares – Santiago, 2005, pp. 9-84.
DIELS, H. (ed.), Doxographi Graeci, Berlín, 1879.
DIELS, H., y KRANZ, W. (eds.), Die Fragmente der Vorsokratiker, Berlín, 1951, 6ª ed..
GARCÍA TEIJEIRO, M., “Filosofía arcaica”, en J. A. López Férez (ed.), Historia de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 243-257.
GIGON, O., Los orígenes de la filosofía griega (de Hesíodo a Parménides), Madrid, 1985 (Der Ursprung der griechischen Philosophie, Basilea-Stuttgart, 1968, 2ª ed.).
GUTHRIE, W.K.C., Historia de la filosofía griega. I. Los primeros Presocráticos y los Pitagóricos, Madrid, 1984 (A History of Greek Philosophy. I. The earlier Presocratics and the Pythagoreans, Cambridge, 1962).
GUTHRIE, W.K.C., Historia de la filosofía griega. II. La tradición presocrática desde Parménides a Demócrito, Madrid, 1986 (A History of Greek Philosophy. II. The Presocratic tradition from Parmenides to Democritus, Cambridge, 1965).
HAVELOCK, E., “Preliteracy and the Presocratics”, BICS 13 (1966), pp. 44-67.
KIRK, G.S.; RAVEN, J.E. y SCHOFIELD, M., Los filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos, Madrid, 1987, 2ª ed. (The Presocratic Philosophers. A critical History with a Selection of Texts, Cambridge, 1983, 2ª ed. ).
NESTLE, W., Vom Mythos zum Logos, Stuttgart, 1942, 2ª ed.

* Sobre los fisiólogos jonios:
KAHN, C.H., Anaximander and the Origins of Greek Cosmology, Nueva York, 1960.
COUPRIE, D.L.; HAHN, R., y NADDAF, G., Anaximander in Context: New Studies in the Origins of Greek Philosophy, Albany, 2003.

* Sobre Pitágoras:
http://www.csun.edu/~hcfll004/pythag.html
BURKERT, W., Lore and Science in Ancient Pythagoreism, Cambridge, Mass., 1972.
HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, D., Vidas de Pitágoras, Girona, 2011.
RIEDWEG, CHR., Pythagoras: His Life, Teaching, and Influence, Ithaca, 2005.

* Sobre Jenófanes, Heráclito, Parménides, Anaxágoras y Empédocles:
CURD, P., The Legacy of Parmenides: Eleatic Monism and Later Presocratic Thought, Princeton, 2004.
DEICHGRÄBER, K., Rhythmische Elemente im Logos des Heraklits, Maguncia, 1962.
DILCHER, R., Studies in Heraclitus, Hildesheim-Zúrich-Nueva York, 1995.
KAHN, C.H., The Art and Thought of Heraclitus, Cambridge, 1979.
LESHER, J.H., Xenophanes of Colophon, Toronto, 1992.
MARCOVICH, M., Heraclitus: Greek Text with a Short Commentary, Sankt Augustin, 2001, 2ª ed.
MARTIN, O., y PRIMAVESI, O., L’Empédocle de Strasbourg (P. Strasb. gr. Inv. 1665-1666), Berlín-Nueva York, 1999.
SCHAFER, CHR., Xenophanes von Kolophon: ein Vorsokratiker zwischen Mythos und Philisophie, Stuttgart, 1996.
SCHOFIELD, M., An essay on Anaxagoras, Cambridge, 1980.
TRÉPANIER, S., Empedocles: An Interpretation, Nueva York, 2004.

* Sobre los atomistas:
COLE, T., Democritus and the Sources of Greek Anthropology, Cleveland (Ohio), 1967.
FRITZ, K. VON, Philosophie und sprachlicher Ausdruck bei Demokrit, Plato und Aristoteles, Nueva York, 1938.
FURLEY, D.J., Two Studies in the Greek Atomists, Princeton, 1967.
JAMES, W., Epicurus and Democritean Ethics: An Archaeology of Ataraxia, Nueva York, 2002.
LEE, M.-K., Epistemology after Protagoras: Responses to Relativism in Plato, Aristotle and Democritus, Oxford-Nueva York, 2005.
LÖBL, R., Demokrits Atomphysik, Darmstadt, 1987.





sábado, 28 de febrero de 2015

LA TRANSMISIÓN DE LA LITERATURA GRIEGA


Para Cristina Iturralde Mauleón, papiróloga y navarra.

En tres semanas defiende su tesis Cristina, a la que he tenido la oportunidad de dirigir junto a José Antonio Fernández Delgado. El tema de su trabajo son los papiros, pieza clave en la transmisión de las literaturas de la Antigüedad. Por ello le dedico a Cristina la remodelación de esta entrada que ha recibido tantas visitas en los últimos meses. 

Frente a la versión de 2008 añado información sobre descubrimientos recientes en bibliotecas, papiros, palimpsestos, las tablillas de Vindolanda... En la Antigüedad hay que estar al día.


1. PLANTEAMIENTO.

Una cuestión general que se ha de tratar al hablar de la Literatura Griega es el problema de la transmisión de esa literatura.

Se podría pensar que es una cuestión accesoria (que a lo mejor no nos planteamos, p. ej., hablando de literatura española).

Pero lo cierto es que los canales a través de los que se ha transmitido la Literatura Griega condicionan nuestra visión de la misma: sólo tenemos una imagen parcial de la Literatura Griega, fragmentaria, porque es mucho lo que hemos perdido de ella en el proceso de transmisión.
P. ej., no conservamos íntegro ningún libro de los poetas líricos anteriores a Píndaro (SS. VII-VI a. C.): Arquíloco, Safo o Estesícoro nos son conocidos sólo por fragmentos.
P. ej., sólo conservamos 7 tragedias de Esquilo, de las 79 que se conocían en Alejandría:
  • se podrían dar datos similares para Sófocles o Eurípides (aunque con éste hemos tenido más suerte);
  • téngase además en cuenta que en Atenas, en el S. V, cada año se representaban nueve tragedias más tres dramas satíricos;
  • en cambio, sólo se conservan treinta y una tragedias más un drama (¿un 2 / 3 % de la tragedia del S. V a. C.?).
¿Por qué hemos perdido tanta Literatura Griega? ¿Por qué se ha estrechado la transmisión? Éste es un proceso que no se dio de una vez por todas sino que se produjo por fases.


2. FASES EN LA TRANSMISIÓN DE LA LITERATURA GRIEGA: DE “HOMERO” A LA INVENCIÓN DE LA IMPRENTA.

1) En sus primeros estadios (época arcaica: SS. VIII-VI a. C.), la Literatura Griega es una literatura fuertemente oral, en el sentido de que su ejecución, su transmisión y, según muchos críticos, también su composición es oral.
Ésta es la época dorada de la épica, y si hemos perdido buena parte de esa épica arcaica es porque, posiblemente, nunca se puso por escrito.
De la misma forma, una enorme masa de literatura oral arcaica se debió de perder porque nunca se puso por escrito y, al desaparecer de la memoria del pueblo, se acabó extinguiendo.
Éste pudo ser p. ej. el caso del cuento griego, del que lo ignoramos prácticamente todo (mira la entrada 57. El cuento popular y la fábula en Grecia).
2) En un segundo estadio, la transmisión de la Literatura Griega se realiza por escrito.
La idea de fijar por escrito las obras literarias debe de partir del modelo de lo que sucede con las leyes, que se ponen por escrito porque han de sobrevivir a su legislador.
Análogamente, se empiezan a escribir las obras literarias, al objeto de asegurar su pervivencia: y que así sobrevivan a su compositor, quien empieza a cobrar conciencia de autor. Primeramente, la fijación por escrito se realizaba a través de copias únicas, habitualmente consagradas en un templo:
  • p. ej. tenemos noticias de que éste pudo ser el caso del Himno Homérico a Apolo (conservado en el templo de Apolo en Delos);
  • lo mismo sucede con el libro de Heráclito (conservado en el templo de Ártemis en Éfeso).
El hecho de que sólo se hicieran copias únicas indica que, para la época de que hablamos (S. VI a. C.), no existía un comercio editorial; este comercio no podía existir aún en ese tiempo por la ausencia de un público lector:
  • el grado de alfabetización era bajo;
  • las condiciones materiales de la lectura eran complejas;
  • el material para copiar libros (el papiro) era escaso y, por tanto, caro.
La “industria del libro” no surge hasta más o menos el 450 en Atenas. En el S. IV aparecen ya las primeras bibliotecas (la de la Academia, la del Liceo).

Los libros que acogerán esas bibliotecas, y que existen ya desde el S. V a. C., son “volúmenes”, uolumina, rollos de papiro que se han de desenvolver para su lectura y que después se tienen que envolver otra vez. El procedimiento es muy engorroso, especialmente si el papiro es largo: p. ej., conservamos un papiro del Banquete platónico con una extensión de diez metros.

En la época helenística surgen las grandes bibliotecas como la del Museo de Alejandría (mira la entrada 34. El mundo del Helenismo y el desarrollo de la Filología).

Esas bibliotecas son creadas y apoyadas por los monarcas helenísticos por una motivación política: les interesa conservar la literatura antigua porque ven en ella una seña de identidad por medio de la que se pueden afirmar frente a otras culturas.

La Biblioteca del Museo se afanó en buscar copias fidedignas de los autores antiguos, recurriendo a veces a procedimientos turbios:
  • sucede en el caso de Tolomeo Evérgetes;
  • pide a Atenas en préstamo el texto canónico de los trágicos;
  • debe dejar como fianza en Atenas la cantidad astronómica de quince talentos de oro;
  • al final, prefiere perder ese dinero y quedarse con los textos oficiales atenienses;
  • eso sí, a Atenas se remitió una copia esmerada del texto retenido en Alejandría.
Es obvio que las bibliotecas cumplen un papel importante en la transmisión de la Literatura Griega: en esta época, y como resultado de la labor de los filólogos que trabajan en las bibliotecas, surgen los “prearquetipos” alejandrinos, que darán después paso a los arquetipos romanos.

Téngase en cuenta, de todas maneras, que las bibliotecas pueden ayudar a conservar la literatura antigua, y que en el caso de los autores más raros su función es insustituible. Ahora bien, por eso mismo, los daños en las bibliotecas también producen pérdidas irreparables.

De esta forma, el incendio de la Biblioteca de Alejandría en el S. I a. C. (durante la estancia de César: 48-47 a. C.) determinó la pérdida de muchos autores.

3) Los autores que se salvan pese a los incendios son obviamente los autores que se leen y se copian fuera de las bibliotecas. Ahora bien, ¿quiénes son los autores que tienen esta suerte?

Éstos son los autores que integran el primero de los “cánones” en sentido estricto, el canon alejandrino, un canon pensado en función de las necesidades escolares. Canon reducido, que permite salvar hasta el día de hoy a unos autores pero que lleva (con su exclusión) a la pérdida de otros.

Podemos verlo con la claridad incuestionable de los números si nos fijamos en el caso de los autores de tragedia:
  • El canon alejandrino establece que sólo se copiarán las tragedias de los tres grandes trágicos, y sólo siete de cada uno de éstos.
  • De esta forma se han perdido (o sólo se conservan en fragmentos escasos) las obras de los otros trágicos; es idéntica la situación de las tragedias de Esquilo, Sófocles o Eurípides que no entraron en el canon.
  • Por esta razón sólo conservamos siete tragedias de Esquilo, de las 79 que se conocían en Alejandría (conservamos algo menos de un 9 % de la obra de Esquilo).
  • Se podrían dar datos similares para Sófocles o Eurípides, aunque con éste (por un azar de la transmisión) hemos tenido más suerte y conservamos dieciocho tragedias más un drama satírico.
  • Téngase además en cuenta que en Atenas, en el S. V a. C., cada año se representaban nueve tragedias más tres dramas satíricos: en cambio, nosotros sólo conservamos treinta y una tragedias más un drama satírico, es decir, un 2 ó un 3 % del drama del S. V a. C.
El canon alejandrino se convirtió por tanto, pese a su bondad intrínseca, en otro cuello de botella en la transmisión de la Literatura Griega.

4) El empobrecimiento cultural de finales del mundo antiguo determina otro estrechamiento en la transmisión de la Cultura Clásica, pues se deja de copiar lo que no se entiende:
  • Así se dejan de copiar los escritores técnicos: p. ej., los autores de astronomía o geografía científica.
  • También se dejan de copiar los autores de obras largas: la trivialización de la cultura hace que sólo se conserven en forma de extractos y epítomes.
  • Se dejan de copiar los escritores en dialecto: esto afecta a autores de tanto interés literario como los líricos, p. ej. Safo: el dialecto lesbio en que ésta escribe debía de presentar dificultades objetivas para un griego de época tardía.
Podemos ejemplificar el fenómeno de la trivialización de la cultura previa en el caso de un autor de mitografía (Paléfato).
  • La obra de Paléfato (Historias increíbles), tal y como la conservamos, consta de 52 narraciones breves de mitos y de su exégesis racionalista; en la apariencia es un texto bastante simplista.
  • Ahora bien, según la Suda la obra de Paléfato constaba de 5 libros: por tanto, lo que tenemos es un epítome, que para algunos críticos lo sería de toda la obra y para otros sólo del libro primero.
  • Nótese, además, que una obra como la de Paléfato se prestaba especialmente para ser compendiada, y no sólo por su presumible extensión: el asunto de la obra (la colección de mitos y su interpretación) la hacía especialmente útil para su uso en la escuela, y por tanto para su abreviación y simplificación.
  • Lo que pueda quedar de la obra original es mínimo y difícil de interpretar: acaso haya alguna impronta personal en los comentarios irónicos o despreciativos (entre otros aspectos).
5) Otro estrechamiento de la Tradición Clásica del que también se habla (o se hablaba) con cierto apasionamiento es el de la “censura cristiana”. Pero:
  • Más que de “censura” habría que hablar de “desinterés” (indiferencia, desprecio...): los autores paganos se dejan de copiar porque no interesan.
  • La quema sistemática fue obra de sectas heréticas.
  • Diversos padres de la Iglesia escriben indicando cómo se puede sacar partido espiritual de los autores paganos, en un claro proceso de “inculturación” (cfr. San Basilio, Homilía 22).
  • Para justificar la lectura de los autores paganos se recurrió con frecuencia a la lectura alegórica: un caso famoso es el de la interpretación mesiánica de Virgilio, Égloga IV.
  • Se debe tener además presente que la censura no es, en ningún caso, un invento cristiano: en la Grecia clásica Platón ya abogaba por el control sobre los poetas y la poesía.
6) En la Edad Media (los llamados “Siglos Oscuros”) aumenta la porción de Literatura Griega perdida:
  • En Occidente desaparece casi por completo la Literatura Griega al perderse la lengua.
  • Aunque también aquí se siguen copiando obras, sobre todo en los monasterios benedictinos.
  • En Oriente la situación fue distinta gracias a la lenta evolución de la lengua griega, que permitía seguir entendiendo y copiando a los autores antiguos.
  • El sistema educativo de Oriente se basaba además en los clásicos, que siguieron siendo copiados en los monasterios.
  • La copia de libros fue muy impulsada en la época del Renacimiento del patriarca Focio (S. IX): vale la pena recordar, por cierto, que lo que nosotros conocemos como Renacimiento no ha sido el único “Renacimiento” de la Historia, que el fenómeno se dio incluso en los “Siglos Oscuros”.
Ahora bien, Focio intentó restringir aún más el canon de los trágicos, aunque por fortuna no lo consiguió.
Éste habría sido su nuevo canon, la “tríada bizantina”, que escoge de cada uno de los trágicos tres obras un tanto “excéntricas”:
  • Esquilo: Persas, Siete contra Tebas, Prometeo.
  • Sófocles: Áyax, Electra, Edipo Rey.
  • Eurípides: Hécuba, Orestes, Fenicias.
De haberse impuesto este canon habríamos perdido obras fundamentales de los tres trágicos: ¿las habremos perdido también por efecto del canon alejandrino?
A pesar de la labor desarrollada por Focio y el Renacimiento bizantino siguieron perdiéndose libros:
  • el factor azar puede ser decisivo en una transmisión tan estrecha;
  • incendios fortuitos, pérdidas accidentales, guerras (p. ej., el saqueo de Constantinopla por los Cruzados en 1204) estrecharon más y más el cuerpo de literatura antigua conservada.


3. LA IMPRENTA Y LA PRESERVACIÓN DE LA LITERATURA GRIEGA ANTIGUA.

Una literatura tan seleccionada por la Historia está, posiblemente, predestinada a ser una literatura de calidad... si es que sobrevive al proceso paulatino de estrechamiento de la tradición.

Ahora bien, a partir de cierta fecha se introducen factores nuevos que garantizan la preservación y el salvamento de la Literatura Griega.

En ese sentido es fundamental la invención de la imprenta, el llamado Renacimiento y el interés por la impresión indiscriminada de libros. De hecho, desde el S. XVI no se han vuelto a perder autores ni obras (aunque sí, ocasionalmente, se hayan perdido manuscritos).

Debe tenerse en cuenta, de todas formas, que la impresión de libros en griego no fue al principio una tarea fácil.
  • Resultaba dificultoso por la necesidad de crear tipos de letra muy especiales, que además iban a tener escaso uso (eran muy pocas las personas que leerían griego).
  • Pero los libros en griego se empezaron a imprimir, y en este sentido fue fundamental la actividad de Aldo Manuzio, a quien debemos un total de 27 editiones principes (las ediciones Aldinas).
Análogamente, fue fundamental la labor que desarrolló en España Cisneros, a quien debemos la publicación de la Biblia Políglota Complutense (editada entre 1502-1517).

Para la impresión de libros en el Renacimiento no se parte de una labor filológica:
  • Se parte de códices de los conocidos como deteriores.
  • Una vez impresos, esos códices se desechan muchas veces por considerar que ya son inservibles.


4. LOS ENSANCHAMIENTOS DE LA TRADICIÓN: PALIMPSESTOS Y PAPIROS.

El “final feliz” de toda la historia puede ser que en los dos últimos siglos se han producido ensanchamientos de la tradición; hemos recuperado textos que parecían perdidos:

* Se han recuperado textos gracias a los palimpsestos, pergaminos raspados para volver a escribir en ellos; esa labor de raspado se produjo
  • al pasarse de la escritura en mayúsculas (unciales) a la escritura en minúsculas;
  • o bien cuando se consideraba que determinados textos ya no poseían interés.
De esta manera hemos recuperado, p. ej., el Faetonte de Eurípides, o la República de Cicerón. Muy recientemente se han recuperado a través del llamado 'palimpsesto de Arquímedes' distintas obras de este autor.

* Pero, sobre todo, se han recuperado textos a través de los papiros, el material básico de escritura en la Antigüedad, que sólo se han conservado
  • en climas muy secos como el de Egipto (en basureros como el de Oxirrinco, en embalajes de momias);
  • ocasionalmente por contacto con temperaturas muy altas (así sucedió en el caso del papiro de Derveni, caído de una pira funeraria, o en el caso de los papiros de Herculano, en Pompeya).
A través de los papiros hemos recuperado textos significativos de autores que antes sólo eran nombres; a manera de ejemplo:

De los autores líricos hemos recuperado a Baquílides: hemos redescubierto sus epinicios y ditirambos a través de un papiro descubierto en 1896 y publicado a finales de 1897. Ahora, el texto de Baquílides ocupa 121 páginas en la edición de Teubner.
Una parte esencial de la obra del poeta helenístico Posidipo de Pela fue recuperada en 2001 a través de un papiro de Milán, el P.Mil.Vogl. VIII 309. Cf. la edición reciente de Seidensticker, B., Stähli, A., y Wessels, A. (eds.), Der Neue Poseidipp. Text, Übersetzung, Kommentar, Darmstadt, 2015.
De los autores de comedia hemos recuperado a Menandro:
  • anteriormente, de este autor sólo poseíamos colecciones de sentencias;
  • ahora hemos recuperado completas o casi completas algunas de sus comedias (El díscolo, ante todo);
  • hoy en día, el texto de Menandro ocupa 356 páginas en la edición de los Oxford Classical Texts.
Un autor galo de la Segunda Sofística, Favorino de Arelate (ca. 80-150/160), era conocido solo por fragmentos y dos declamaciones incluidas en el corpus de Dión de Prusa hasta que en 1930 se descubrió en un papiro (Pap. Vat. gr. 11) su escrito Sobre el exilio. Cf. E. Amato, y M.H. Marganne (eds.), Le traité sur l’exil de Favorinos d’Arles, Rennes, 2015.
Junto a los papiros cabe mencionar las llamadas 'tablillas de Vindolanda', tabulae Vindolandenses, tablillas de madera halladas en Vindolanda, antiguo campamento militar de Gran Bretaña que en ocasiones transmiten citas de textos literarios latinos.
Se debe indicar, por último, que, en fecha tan reciente como el año 2012, se produjo un nuevo descubrimiento textual a través de una vía que se daba por agotada: las bibliotecas. En ese año se descubrió en Múnich, en el Codex Monacensis Graecus 314, un corpus de veintinueve homilías de Orígenes dedicadas a los Salmos; veinticinco de ellas son inéditas en griego y ocupan en total trescientos setenta y un folios del códice.
Aunque la autoría origeniana pueda seguir siendo objeto de debate, la atribución es casi segura dadas las coincidencias con los textos de Orígenes transmitidos bajo su nombre y con otros recogidos en recopilaciones (las llamadas Catenae).



ALGUNAS REFERENCIAS:

BERNABÉ, A., “Transmisión de la literatura griega”, en J. A. López Férez (ed.), H
istoria de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 1189-1207.
BRAVO, A., “Las fuentes escritas de la cultura griega y su transmisión hasta nosotros”, EClás 22 (1978), pp. 11-40.
GIL, L., La censura en el mundo antiguo, Madrid, 1961.

IGLESIAS ZOIDO, J. C., El libro en Grecia. Soportes y formatos, Cáceres, 2010.
PFEIFFER, R., Historia de la Filología Clásica. I. Desde los comienzos hasta el final de la época helenística, Madrid, 1968 (History of the Classical Scholarship. From the Beginnings to the End of the Hellenistic Age, Oxford, 1968).
PFEIFFER, R., Historia de la Filología Clásica. II. De 1300 a 1850, Madrid, 1981 (History of the Classical Scholarship. From 1300 to 1800, Oxford, 1976).
REYNOLDS, L.D. y WILSON, N.G., Copistas y filólogos. Las vías de transmisión de las literaturas griega y latina, Madrid, 1986 (Scribes and Scholars: A Guide to the Transmission of Greek and Latin Literature, Oxford, 1974, 2ª ed.).


* Sobre textos literarios en papiro (acceso parcial al Mertens-Pack 3):

http://promethee.philo.ulg.ac.be/cedopal/index.htm

* Sobre copistas:

http://www.ucm.es/info/copistas

Cfr. además la página web de la Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik:

http://www.uni-koeln.de/phil-fak/ifa/zpe