lunes, 30 de mayo de 2016

DEMÉTER, PERSÉFONE, ELEUSIS: MITO Y RITUAL


Esta entrada sobre Deméter y Perséfone en el mito y el ritual forma pareja con la dedicada al Himno Homérico a Deméter. Aunque las dos entradas se puedan leer de forma independiente, la una completa la otra; y viceversa.


Deméter y Perséfone, madre e hija, forman un par inseparable en la mitología griega. De hecho los atenienses se referían a ellas simplemente como “las dos diosas”.
La etimología del nombre de la madre es incierta. En la Antigüedad ya se interpretaba que Deméter significa “Tierra Madre”. O bien se pensaba que el nombre de la diosa quería decir “Madre del Grano”.
En un caso u otro, es obvia la interpretación del segundo término de este teónimo compuesto pues -meter es “madre”. De esta forma parece que Deméter ocupa su puesto en el panteón griego como diosa del amor materno. En función de ello entra en relación y oposición con las otras diosas griegas del amor, Afrodita (amor sexual) y Hera (amor conyugal).
Nótese que, si el segundo término del nombre de Deméter hace alusión a su carácter materno, el primero debe de destacar su carácter agrario, tanto si se interpreta el teónimo como “Tierra Madre” o como “Del grano Madre".
Este es el motivo por el que Deméter es una figura secundaria en la mitología aristocrática de Homero. En cambio, la diosa ocupa un lugar muy destacado en la religiosidad popular griega, en la que es adorada como diosa de la fertilidad.

Deméter es hija de Crono y Rea, según narra Hesíodo en la Teogonía (453-458). O lo que es lo mismo: pertenece a la segunda generación de dioses, la que derrocó a su padre Crono y elevó al poder de los cielos a su hermano Zeus.

La diosa Deméter mantuvo relaciones íntimas con dos de sus hermanos. Uno de ellos es, por supuesto, el dios clave del panteón olímpico, Zeus, del cual engendró a Perséfone según cuenta, por ejemplo, Hesíodo (Teogonía 912-914).

Otro mito cuenta que Deméter también tuvo relaciones sexuales con Posidón, que se le unió bajo apariencia de caballo para engendrar a Arión, que fue la montura de Adrasto en la expedición de los Siete contra Tebas.
Según narra Homero en la Odisea (5,125-128), Deméter también se unió con un mortal, Jasión. La unión del hombre y la diosa le resultó funesta a aquel pues Zeus se indignó y lo aniquiló. De todas formas, la unión de Jasión con Deméter produjo un fruto: Pluto, “Riqueza”, según Hesíodo (Teogonía 969-971).
El mito central protagonizado por Deméter es el del rapto de Perséfone, el paso de esta por el inframundo y su retorno junto a su madre. La versión por excelencia del mito es la que se encuentra en el Himno Homérico a Deméter.

Este texto cuenta que otro hermano de Deméter, Hades o Plutón, raptó a Perséfone porque quería unirse a ella. La madre de la Muchacha intentó encontrarla sin éxito, hasta que averiguó gracias al Sol que Hades había raptado a su hija con la aquiescencia de Zeus. En ese momento abandonó el puesto que le correspondía entre los inmortales y se trasladó junto a los hombres. A partir de aquí el mito se convierte en justificación mítica, en etiología de los Misterios de Eleusis.
Deméter llegó a esa localidad con aspecto de anciana. Allí se encargó de criar al pequeño Demofonte, hijo del rey local, e intentó convertirlo en inmortal. Pero, al fracasar por culpa de una indiscreción de la madre del niño, se dio a conocer en una escena de epifanía y exigió que se construyera en Eleusis un templo en su honor.
Al despreocuparse Deméter de sus funciones propias (del cuidado de la tierra) se desata entre los mortales una gran hambruna. Esta empuja a los dioses, que se han quedado sin sus sacrificios, a buscar un acuerdo entre Deméter y Plutón. Pero este dios, aunque parece acceder a lo que se le pide, tiende una trampa a Perséfone, pues no deja que se vaya del inframundo sin hacer que antes coma un grano de granada; esta fruta, por motivos que se discuten en esta entrada, vincula para siempre a la muchacha con el mundo de los muertos.
Después, para satisfacer por igual, en la medida de lo posible, a Deméter y Plutón, se llega a un acuerdo: Perséfone pasará cuatro meses al año en el Hades al lado de Plutón, su esposo; los ocho restantes podrá estar con su madre.
Este mito fue interpretado en clave alegórica desde la Antigüedad. Así pues, se entendió que el tiempo que Perséfone pasa junto a Plutón equivale al invierno, tiempo de muerte aparente de la naturaleza. En cambio, su regreso al mundo de los vivos coincide con la llegada de la primavera, según indica el propio Himno Homérico a Deméter (401-403):
Mas cuando de la tierra flores aromáticas, en el tiempo de la primavera,a porfía broten, entonces de la brumosa oscuridad de nuevo regresarás para inmenso asombro de los dioses y de los mortales hombres.
Este esquema general del mito es el del Himno Homérico a Deméter. Pero hay otras versiones. Aparte de las más elaboradas literariamente, como la de Ovidio (mira aquí), destacan las versiones locales, que son abundantes por la gran popularidad de que gozaba Deméter en la religiosidad griega.

Las versiones locales presentan variantes que pueden afectar a la interpretación global del mito. Por ejemplo, la versión ática confiere un papel importante a un hijo del rey Céleo distinto de Demofonte: Triptólemo.
Triptólemo aparece en el arte desde finales del S. VI a. C. En la versión ática Triptólemo recibe el encargo de extender por el mundo la agricultura, don que Deméter concede a los humanos. Esta versión la recoge, por ejemplo, Pseudo-Apolodoro (1,5,2).
A manera de síntesis se puede decir que, para el imaginario griego, Deméter era la Tierra maternal (“Madre Tierra”), fecunda y productora de fecundidad (“Madre del Grano”). Tanto Deméter como Perséfone presentan rasgos que las distinguen de las divinidades olímpicas y las asemejan a las divinidades de la tierra.

Pero la vinculación con el mundo de la muerte, habitual en este tipo de divinidades, es distinta en el caso de la madre y la hija. Esta, Perséfone, es una figura ambivalente porque reúne aspectos vitalistas y de ultratumba:
  • Perséfone es una joven en edad núbil;
  • pero Perséfone es también reina de los muertos.
Si la etimología de Deméter es incierta, como se dijo antes, todavía es más incierto buscar la etimología del nombre de Perséfone. Solo resulta evidente su apelativo característico, Core, “Muchacha”. Por supuesto, tal apelativo solo hace referencia a una de las dos caras de la diosa.

Los rituales y fiestas celebrados en honor de Deméter y su hija eran abundantes. Del conjunto se deben destacar las Tesmoforias, una fiesta de mujeres, prohibida a los hombres, en la que se propiciaba la fecundidad de los campos y la fertilidad femenina.
En Atenas la fiesta duraba tres días, del 11 al 13 de Pianopsión, el mes de la siembra, que se corresponde con el final de octubre y el principio de noviembre.
Pese a la importancia que alcanzaron las Tesmoforias en distintos lugares de Grecia, el ritual principal de Deméter eran los Misterios que se celebraron en su honor durante más de diez siglos en Eleusis. El Himno Homérico a Deméter relata en su parte central la institución mítica de estos Misterios por la propia diosa. Más aún, distintos lugares del texto reflejan momentos del ritual para el que se propone una justificación mítica.

De manera general conviene recordar que los cultos mistéricos de los griegos daban respuesta a las incógnitas sobre el Más Allá para las que la religión de la pólis no ofrecía soluciones. El Misterio prometía una existencia más favorable en la vida de ultratumba, no especialmente apetecible según la imagen que de ella nos da, por ejemplo, la Odisea homérica, cuando el protagonista habla con el difunto Aquiles en el Hades (11,488-91; trad. Luis Segalá):
No intentes consolarme de la muerte, esclarecido Odiseo: preferiría ser labrador y servir a otro, o un hombre indigente que tuviera poco caudal para mantenerse, a reinar sobre todos los muertos.
Para alcanzar la dicha después de la muerte solo hacía falta, según los Misterios, cumplir con el rito y unas ciertas prácticas. En cambio, a los iniciados no se les exigía una rectitud moral permanente de ningún tipo: no existía un código ético eleusinio que se debiera cumplir.

Los ritos poseían carácter secreto. Pero esto no quiere decir que se tratara de celebraciones clandestinas. El aspecto secreto de los Misterios radica en que las verdades reveladas en ellos no se debían divulgar, según dice el propio Himno Homérico a Deméter (476-479):
(…) solemnes misterios sacrosantos, que de ninguna forma es posible transgredir ni divulgar ni profanar: un inmenso respeto a las diosas contiene la voz.
Más aún, no es solo que los cultos mistéricos no fueran clandestinos: tampoco tenían carácter reservado o elitista. Se supone que prácticamente todos los atenienses debían de estar iniciados en los Misterios de Eleusis. Además, en su ritual no solo se admitía a los ciudadanos sino también a mujeres, esclavos y extranjeros.

Aunque en la Antigüedad se celebraban cultos mistéricos en honor de dioses distintos, los Misterios por excelencia en Grecia eran los de Eleusis. Nuestra fuente más antigua sobre ellos es el Himno Homérico a Deméter, que sin embargo nos deja en la duda sobre muchos asuntos.
La cuestión es que el pacto de silencio de los iniciados se respetó de manera constante, lo cual dificulta saber lo que sucedía realmente en el santuario eleusinio.
Si nos podemos formar una idea de lo que representó Eleusis para los griegos es gracias a cuatro fuentes fundamentales: la arqueología, las alusiones aisladas de algunos escritos paganos, el testimonio de los autores cristianos y el propio Himno Homérico a Deméter.

De esta forma sabemos quiénes eran los personajes que intervenían en el ritual: el hierofante (“el que muestra lo sagrado”), el daduco (“portador de la antorcha”), el hierokéryx (“heraldo sagrado”) y una sacerdotisa de Deméter.
El hierofante debía seleccionar en Atenas a los candidatos que podían participar en la iniciación.
También se sabe que había dos grados entre los iniciados: los mýstai (“iniciados”) se convertían, tras la iniciación, en epoptaí (“los que han visto”).

Los Misterios tenían lugar en el mes de Boedromión, entre finales de septiembre y principios de octubre. Comenzaban con la procesión que recorría el día 19 los treinta kilómetros que separan Eleusis de Atenas.

Pero antes, el 14, se habían trasladado de Eleusis a Atenas los “objetos sagrados” (no sabemos qué eran) que debían participar en la procesión. Además, el día 16 los mýstai acudían también a Falero para un rito de purificación y bañarse en el mar.

En la procesión del día 19, al llegar al límite entre Atenas y Eleusis se realizaba el gephyrismós o “paso del puente”. Durante el mismo se producía un intercambio de pullas, la aischrología que parece evocar el papel asignado en el mito a la figura femenina de Yambe, que hizo reír a Deméter con sus burlas a pesar de lo preocupada que estaba por la falta de su hija.

Los mýstai ayunaban hasta llegar a Eleusis. Allí rompían el ayuno bebiendo el ciceón, sobre cuya invención habla también el Himno a Deméter (206-11). El ciceón, una bebida de fuerte carácter rural, compuesta de harina de cebada, agua y menta, indica el origen agrario de las celebraciones.

La parte central del Misterio se celebraba entre el 20 y el 23 de Boedromión. Aunque es poco lo que se conoce con seguridad sobre ello, sí se sabe que el rito de iniciación se desarrollaba en el telestérion.
Este era un edificio singular dentro de la religión griega porque en ella los edificios sagrados estaban concebidos como morada del dios, no eran espacios pensados en función de los participantes en el rito como en el caso del telestérion.
A este no podían entrar quienes no eran iniciados en una u otra categoría, como mýstai o epoptaí. En cambio, a los iniciados se les reservaban dentro del telestérion experiencias a las que las fuentes sólo aluden de manera imprecisa y enigmática.

Por ejemplo, no se sabe a qué se refieren tres expresiones que aparecen en los textos: tà drómena (“lo que se hace”), tà legómena (“lo que se dice”) y tà deiknýmena (“lo que se muestra”).
También es enigmático el sýnthema o “contraseña” que copia Clemente de Alejandría en su Protréptico (2,21,2): “Ayuné, bebí el ciceón, tomé de la cesta, tras haberlo probado lo devolví al canasto y del canasto a la cesta”.
Sí se sabe que la cesta era el símbolo cultual más importante de Eleusis, aunque desconocemos lo que contenía dada la ambigüedad del sýnthema. En realidad no se puede descartar algo tan simple como que la cesta aludiera al plano agrario del ritual y contuviera tan solo los elementos necesarios para preparar el ciceón.

En el telestérion el iniciado debía, ante todo, “experimentar”, según indica un fragmento de Aristóteles (fr. 15 Rose). Pero se desconoce en qué consistían esas experiencias.
Se ha supuesto que debían provocar anticipadamente el terror de la muerte y luego la bienaventuranza del regreso a la vida. Esa bienaventuranza se simbolizaba quizá en el hecho de que el mýstes “veía”, de la forma que fuese, una manifestación o epifanía de Perséfone, la diosa que también vuelve cíclicamente del Más Allá a este mundo.
Además hay indicios de que en los Misterios se anunciaba el nacimiento de un “niño divino” y de que el hierofante exponía ante los participantes una espiga de trigo. Esta acción ritual debía de recordar la unión entre vida y muerte simbolizada en la espiga, pues esta, tras ser cortada, ha de producir nueva vida.

Eleusis no les prometía a los iniciados la inmortalidad pero sí un destino más esperanzador después de la muerte. Después de una larga evolución, el culto de Eleusis combinó los ritos de paso e iniciación con el festival agrario y las creencias sobre el destino del hombre tras la muerte. Lo que en principio se debía referir al ciclo de la naturaleza se acabó extendiendo al ciclo de la vida humana, para la que Eleusis prometía también un nuevo renacer según sucede en la naturaleza.





lunes, 23 de mayo de 2016

ARISTÓTELES: POÉTICA 9


Después del capítulo ocho viene el nueve, y este tiene, sin duda, una importancia clave. Trata de la necesidad de que el poeta de tragedia (o el escritor, en general) hable de lo verosímil que tiene valor universal y no de los sucesos individuales que (según Aristóteles) se agotan en sí mismos. Para la polémica: aquí se dice aquello de que la poesía es más filosófica que la historia. 

Y pronto vendrá el capítulo diez.


Resulta evidente a partir de lo dicho también que esto, el decir lo sucedido, no es tarea del poeta sino el decir aquellas cosas que podrían suceder y las cosas posibles según lo verosímil o lo necesario. Es que el historiador y el poeta no se distinguen por hablar en verso o no [1451b], pues la obra de Heródoto se podría poner en verso y de ninguna forma dejaría de ser una historia con métrica o sin ella. No, sino que la diferencia radica en esto, en que el uno dice lo sucedido y el otro el tipo de cosas que podrían suceder. Por esto también la poesía es más filosófica y seria que la historia. Ocurre que la poesía habla más bien de lo universal y la historia de lo individual. Lo universal es lo de a qué tipo de individuo le acontece hacer o decir qué tipo de cosas según lo verosímil o lo necesario, a lo cual tiende la poesía otorgándoles nombres; en cambio, lo individual es qué hizo Alcibíades o qué le sucedió.

En el caso de la comedia esto está ya claro, pues, tras componer la historia por medio de elementos verosímiles, les ponen sin más los nombres al azar y no escriben acerca del caso individual tal y como los yambógrafos. En el caso de la tragedia se atienen a los nombres dados. Y la causa es que lo posible es convincente; así pues, las cosas que no han sucedido aún no creemos que sean posibles, mientras que las sucedidas es evidente que son posibles, pues no habrían sucedido si fueran imposibles. No solo eso sino que, además, en algunas de las tragedias uno o dos nombres son de los conocidos y los demás inventados, mientras que en otras ningún nombre es tradicional, como en el Anteo de Agatón; sucede que en esta obra están inventados igualmente los hechos y los nombres, sin agradar menos en absoluto. De modo que no hay que buscar de manera absoluta el atenerse a las historias tradicionales acerca de las cuales tratan las tragedias. Es que también es risible empeñarse en esto cuando también lo conocido les es conocido a pocos, a pesar de lo cual les agrada a todos.
Así pues, resulta claro a partir de esto que el poeta debe ser más poeta de las historias que de los metros en cuanto que es poeta según la imitación e imita las acciones. Y, en el caso de que suceda que compone sobre cosas sucedidas, de ninguna manera es menos poeta, pues nada impide que algunas de las cosas acontecidas sean tales como era verosímil que fueran y resultaran posibles, según lo cual él es poeta de ellas.
Entre las historias y acciones simples las episódicas son las peores; llamo episódica a una historia en la que ni es verosímil ni necesario que los episodios vayan unos después de otros. Las historias de este tipo las hacen los malos poetas por sí mismos, mientras que en el caso de los buenos se dan por culpa de los actores. Es que, por querer rivalizar y extender la historia más allá de sus posibilidades, muchas veces se ven forzados a distorsionar la secuencia.

[1452a] Dado que la imitación no lo es solo de una acción completa sino también de lo que es pavoroso y despierta compasión; y estas cosas suceden también sobre todo [y tanto más] siempre que suceden contra lo que parecía, las unas por causa de las otras. Es que así provocarán asombro en mayor medida que si se producen por accidente y azar, pues también parecen los más asombrosos entre los acontecimientos que suceden por azar cuantos da la impresión de que han acontecido como si fuera adrede, como por ejemplo que la estatua de Mitis matara en Argos al culpable de la muerte de Mitis cayéndole encima mientras la contemplaba. Es que parece que los sucesos de este tipo no ocurren por las buenas. De modo que por fuerza tales historias son más hermosas.





lunes, 16 de mayo de 2016

HIMNO HOMÉRICO A DEMÉTER


El segundo de los Himnos Homéricos es un himno largo, el Himno a Deméter (495 versos). En él se narra cómo Hades / Plutón raptó a la hija de Deméter, Perséfone, con el beneplácito de Zeus, la fundación de los misterios de Eleusis dedicados a Deméter y cómo Deméter recuperó a su hija. 

Pero esta era ya la esposa de Hades y por ello debía regresar un tercio del año al inframundo para estar junto a su marido.


La fecha más probable de composición del Himno Homérico a Deméter es la segunda mitad del S. VII a. C. según los datos del análisis de R. Janko (Homer, Hesiod and the Hymns: Diachronic Development in Epic Diction, Cambridge, 1982, 181-183).
En relación con la cuestión de la cronología otros autores (cf. T. W. Allen, W. R. Halliday y E. E Sikes, The Homeric Hymns, Oxford, 1936, 112-4) ya habían señalado que el Himno a Deméter supone que Eleusis es independiente de Atenas, situación histórica que se dio antes del S. VI a. C.
Por otra parte, el poema también había sido datado en la misma cronología a partir de datos arqueológicos: por ejemplo, no menciona el telestérion, un edificio fundamental en los ritos de Eleusis cuya institución narra el Himno (cf. F. Noack, Eleusis: die baugeschichtliche Entwicklung des Heiligtums, Berlín, 1927, 45 ss.).
Aquí se defiende que el Himno a Deméter se debió de componer en la segunda mitad del S. VII a. C. en función de los argumentos de estadística lingüística propuestos por Janko, no en función de los otros dos argumentos que se han mencionado porque se basan en arcaísmos o son argumentos ex silentio y no tienen, por tanto, valor de prueba.

Por otro lado no se sabe con seguridad cuál es el origen de este texto, pues sus relaciones con Eleusis pueden no ser tan estrechas como parece al principio.
  • Es evidente que el autor conoce los Misterios y que pretende encontrar para ellos un fundamento en el mito.
  • Pero el supuesto carácter local del poema ha sido muy discutido en los últimos años.
  • De un lado, muchos críticos han entendido que el Himno a Deméter es una especie de historia sagrada del santuario de Eleusis; N. J. Richardson (The Homeric Hymn to Demeter, Oxford, 5-12), por ejemplo, acepta incluso que el texto se pudo utilizado como parte de la liturgia del santuario.
  • En cambio otros han argumentado que el autor del poema debía de ser una persona ajena a Eleusis. Es que la religiosidad del Himno, con su reconocimiento de la primacía de Zeus, posee un fuerte tono panhelénico, libre de localismos, del tipo que J. S. Clay (The Politics of Olympus: Form and Meaning in the Major Homeric Hymns, Princeton, 1989) reconoce en todos los Himnos Homéricos largos.

Al leer el Himno a Deméter se debe recordar que este no es un mito en estado puro ni un texto que fuese el programa del rito representado anualmente en Eleusis. El Himno a Deméter es una versión literaria del mito y del ritual de Deméter y Perséfone.
Como se indica al principio de la entrada tiene por tema el mito de las dos diosas, Deméter y su hija Perséfone, más lo dicho sobre cómo se instituyó el culto en Eleusis.
No se debe olvidar que esta materia ha sufrido una clara reelaboración literaria. En los Himnos Homéricos estamos ante textos literarios y, en el caso de los himnos largos, ante un tipo literario caracterizado por presentar una serie de rasgos de género. Aunque aquí no se pueden analizar todas las cuestiones que plantea el Himno con detalle
  • se plantearán algunas consideraciones sobre la estructura del poema y sobre un aspecto concreto de la narración
  • y se comentará además la función especulativa del mito en la versión de este Himno y se propondrán algunas observaciones sobre la granada que emplea Hades para retener a Perséfone a su lado.

El Himno a Deméter posee la estructura típica de los Himnos Homéricos míticos: introducción breve (dos versos, 1-2); una sección media narrativa (la más extensa del corpus después de la del Himno a Hermes: 2-489); una conclusión (490-5) en la que no aparece el saludo característico (“salud”, o “sé propicio”).
En su lugar se incluye una invocación en vocativo a Deméter y Perséfone; a esta invocación sigue una pequeña petición (“a cambio de mi canto riqueza que el ánimo agrade concededme”) y la referencia a otro canto.
En síntesis se puede proponer esta estructura tripartita para el Himno a Deméter:

I. Introducción: 1-2.

II. Sección media: 2-489.

1. Rapto y búsqueda de Perséfone: 2-89.

- El rapto: 2-39.
- La búsqueda: 40-89.

2. Deméter en Eleusis; la casa de Céleo: 90-304.

- Irritación de Deméter con los dioses: 90-7.
- Encuentro de Deméter con las hijas de Céleo: 98-168.
- Deméter llega a casa de Céleo: 169-211.
- Deméter cría a Demofoonte: 212-54.
- Intromisión de Metanira; Deméter condena a los mortales: 255-291.
- Construcción del templo en Eleusis: 292-304.

3. La carestía y el regreso de Perséfone: 305-489.

- La hambruna; intentos de conciliación de Zeus ante Deméter y Hades: 305-45.
- Hades parece someterse; el grano de granada: 346-74.
- Reencuentro de Deméter y Perséfone; la nueva situación de Perséfone: 375-433.
- Reunión de Deméter y Perséfone con Hécate y Rea: 434-70.
- Vuelta de la vegetación e institución de los Misterios; regreso al Olimpo: 471-89.

III. Conclusión: 490-5.
- Prolongación hasta el presente: 490-1.
- Saludo: 492-3.
- Petición: v. 494.
- Referencia a otro canto: v. 495.


Una cuestión que sorprende al lector es que no resulta evidente por qué desencadena Deméter en el Himno la hambruna que amenaza a los hombres. Parece que la causa del desinterés de Deméter por sus funciones (las cosechas) es la ausencia de su hija, y de hecho la normalidad no regresa hasta que Perséfone vuelve con ella.
Pero por otro lado desconcierta que, pese a su indignación, la diosa tarde tanto en desatar la carestía.
Se podría pensar también que Deméter provoca la hambruna porque está ofendida por lo ocurrido en casa de Céleo (la intrusión de Metanira, el intento frustrado de volver inmortal a Demofoonte).
Es cierto que la narración del Himno, tal y como nosotros lo conocemos, parece dar un salto lógico.
En el pasado se ha explicado la aparente falta de lógica interna del relato como resultado de la intercalación de una narración alternativa: el episodio de Demofoonte, que se aparta del mito de las dos diosas para explicar la institución de los Misterios de Eleusis.
Es cierto que parece que la lógica interna del Himno a Deméter gana si se suprime ese episodio. Además, es cierto que otras versiones de la historia lo suprimen.

En opinión de Càssola (Inni Omerici, Roma, 1975, 34), la combinación de los dos mitos (el rapto de Perséfone y su retorno, la estancia de Deméter en Eleusis y la inauguración de los Misterios) es poco experta. Esa combinación delata la intervención de un poeta ajeno a Eleusis que intentó acumular en el Himno todo lo que sabía sobre el mito y el ritual.
Por tanto, buena parte de la crítica piensa que las anomalías del texto son auténticos defectos imputables al proceso de composición o a una técnica narrativa deficiente.
Yo pienso que la opinión según la cual el episodio de Demofoonte es un cuerpo extraño en el conjunto del texto resulta excesiva.
Para empezar, el episodio se halla motivado por todo lo que ha acontecido antes: la pérdida de confianza de Deméter en los demás dioses produce su abandono de la sociedad divina, y la falta de Perséfone, “la Muchacha”, le hace buscar en Demofoonte el sucedáneo de un nuevo hijo, un hijo al que intentará convertir (sin lograrlo) en inmortal.
La segunda frustración de Deméter actúa entonces por acumulación: no es que la dejación de funciones esté provocada por el rapto de Perséfone o por el fracaso a la hora de volver inmortal a Demofoonte; la pérdida de la hija biológica y la del hijo adoptivo provocan por vía doble (divina y humana) que Deméter se recluya en su templo y se desentienda del cultivo y de los frutos de los campos.
  • Importa indicar que, en algunas versiones, la función especulativa del mito consiste en explicar el origen de la agricultura (cf., p. ej., Pseudo-Apolodoro I 5, 2). Pero éste no es el caso en la versión literaria concreta que estamos presentando, el Himno Homérico. 
  • En éste la agricultura existía de antes (cfr. 450-1); la cólera de Deméter la hace desaparecer pero, de la misma forma, regresará a la tierra cuando la diosa deponga su enojo, según indican los versos 453-6 del Himno. 
La función especulativa del mito en la versión del Himno a Deméter es, en mi opinión, otra: el texto encierra la explicación de las estaciones. Según se dice en un pasaje del himno (401 ss.), el momento en que Perséfone volverá junto a su madre será la primavera.
Es decir, el ciclo anual de Perséfone se convierte en explicación del ciclo anual de la tierra. La Muchacha debe permanecer bajo tierra, junto a Hades, un tercio del año, durante lo que desde nuestra perspectiva es un estado de muerte, al menos aparente: así también la tierra se halla en estado de muerte aparente en otoño e invierno (cuatro meses, según el cómputo del himno) para renacer con la llegada de la primavera. 
Pese a lo que a veces se ha dicho, no habla en contra de esta hipótesis el que a Deméter se le aplique el apelativo horephóros, “que trae las estaciones” (54, 192, 492), antes de que se haya establecido el acuerdo con Hades que conlleva el establecimiento del ciclo estacional; ese epíteto es anticipatorio, al igual que lo es “rica en incienso” aplicado a Eleusis en v. 97, cuando Eleusis no es aún sede del santuario de Deméter.


Perséfone, en el Hades, acepta una granada que le ofrece Hades y queda así ligada para siempre a ese inframundo. El porqué de esta ligazón inquebrantable no es evidente; o al menos no parece evidente a ojos de los lectores de la actualidad.

En relación con ello se debe comentar ante todo que los iniciados en los misterios de Eleusis tenían prohibido comer granada; lo mismo sucedía, por cierto, en otros rituales de Deméter, como por ejemplo en las Tesmoforias de Atenas, según Clemente de Alejandría (Protréptico II 19, 3).
El tabú al que están sometidos los iniciados encuentra su explicación, por tanto, en esta secuencia del mito. 
Nos podemos preguntar si habría variado algo el desarrollo de la historia si lo que le ofrece Hades a la joven hubiera sido otro alimento. Posiblemente no. Aunque lo cierto es que las connotaciones de la granada la hacen especialmente idónea para cumplir la función que desempeña en este mito. Intentaré explicar estas afirmaciones.

Habría cambiado poco en la historia que Hades le hubiese ofrecido otro alimento a Perséfone porque lo que parece presente en este pasaje del mito es la creencia (no necesariamente universal, pero tampoco exclusiva de los griegos) de que comer junto a los muertos vincula al mundo de éstos: así lo comenta Frazer en su edición de la Biblioteca mitológica de Apolodoro (J. G. Frazer, Apollodorus. The Library, Cambridge Mass., 1921, I 39-41).
Esta creencia aparece, de forma suavizada, en la Odisea. Allí se cuenta que comer o beber ciertas cosas puede atar a un lugar e impedir el regreso al hogar: así sucede en el episodio de los lotófagos (IX 90-7) o en la isla de Circe (X 235-40). 
Por otro lado, no es indiferente que lo que come Perséfone sea una granada si pensamos que lo que simboliza su acción es en realidad el matrimonio con Hades: al aceptar la granada, Perséfone rompe su ayuno, y esta acción no está exenta de consecuencias, pues parece equipararla a la novia griega; esta, cuando aceptaba la comida en casa del novio, aceptaba también su tránsito a una vida nueva, la vida de la mujer casada (cfr. Helene Foley, The Homeric Hymn to Demeter, Princeton, 1994, 108).

Por otra parte, tanto si la fruta vincula a la joven con el mundo de los muertos como si la vincula específicamente con Hades, su flamante esposo, la granada es el alimento idóneo para cumplir las dos funciones en virtud del juego de asociaciones que entrañaba dentro del imaginario griego: mira Richardson, The Homeric Hymn to Demeter, 276.
  • Por el color de su jugo, la granada evoca la sangre y, por ende, la muerte.
  • Sólo que, al tiempo, la granada era también, para los griegos, símbolo de fecundidad por la abundancia de sus pepitas: se trata, por tanto, de un alimento nupcial idóneo. 
En este momento, cuando estamos hablando del doble valor de la granada, parece oportuno recordar el doble sentido que poseen los Misterios de Eleusis. Su ritual promete, por una parte, la prosperidad en esta vida. Al tiempo, los Misterios prometen la bienaventuranza en el Más Allá. 
Prosperidad en esta vida y bienaventuranza posterior parecen estar simbolizadas en la granada, modelo de fecundidad y de muerte: de una muerte que, gracias al potencial de la semilla, no excluye la fecundidad futura.