sábado, 28 de febrero de 2015

LA TRANSMISIÓN DE LA LITERATURA GRIEGA


Para Cristina Iturralde Mauleón, papiróloga y navarra.

En tres semanas defiende su tesis Cristina, a la que he tenido la oportunidad de dirigir junto a José Antonio Fernández Delgado. El tema de su trabajo son los papiros, pieza clave en la transmisión de las literaturas de la Antigüedad. Por ello le dedico a Cristina la remodelación de esta entrada que ha recibido tantas visitas en los últimos meses. 

Frente a la versión de 2008 añado información sobre descubrimientos recientes en bibliotecas, papiros, palimpsestos, las tablillas de Vindolanda... En la Antigüedad hay que estar al día.


1. PLANTEAMIENTO.

Una cuestión general que se ha de tratar al hablar de la Literatura Griega es el problema de la transmisión de esa literatura.

Se podría pensar que es una cuestión accesoria (que a lo mejor no nos planteamos, p. ej., hablando de literatura española).

Pero lo cierto es que los canales a través de los que se ha transmitido la Literatura Griega condicionan nuestra visión de la misma: sólo tenemos una imagen parcial de la Literatura Griega, fragmentaria, porque es mucho lo que hemos perdido de ella en el proceso de transmisión.
P. ej., no conservamos íntegro ningún libro de los poetas líricos anteriores a Píndaro (SS. VII-VI a. C.): Arquíloco, Safo o Estesícoro nos son conocidos sólo por fragmentos.
P. ej., sólo conservamos 7 tragedias de Esquilo, de las 79 que se conocían en Alejandría:
  • se podrían dar datos similares para Sófocles o Eurípides (aunque con éste hemos tenido más suerte);
  • téngase además en cuenta que en Atenas, en el S. V, cada año se representaban nueve tragedias más tres dramas satíricos;
  • en cambio, sólo se conservan treinta y una tragedias más un drama (¿un 2 / 3 % de la tragedia del S. V a. C.?).
¿Por qué hemos perdido tanta Literatura Griega? ¿Por qué se ha estrechado la transmisión? Éste es un proceso que no se dio de una vez por todas sino que se produjo por fases.


2. FASES EN LA TRANSMISIÓN DE LA LITERATURA GRIEGA: DE “HOMERO” A LA INVENCIÓN DE LA IMPRENTA.

1) En sus primeros estadios (época arcaica: SS. VIII-VI a. C.), la Literatura Griega es una literatura fuertemente oral, en el sentido de que su ejecución, su transmisión y, según muchos críticos, también su composición es oral.
Ésta es la época dorada de la épica, y si hemos perdido buena parte de esa épica arcaica es porque, posiblemente, nunca se puso por escrito.
De la misma forma, una enorme masa de literatura oral arcaica se debió de perder porque nunca se puso por escrito y, al desaparecer de la memoria del pueblo, se acabó extinguiendo.
Éste pudo ser p. ej. el caso del cuento griego, del que lo ignoramos prácticamente todo (mira la entrada 57. El cuento popular y la fábula en Grecia).
2) En un segundo estadio, la transmisión de la Literatura Griega se realiza por escrito.
La idea de fijar por escrito las obras literarias debe de partir del modelo de lo que sucede con las leyes, que se ponen por escrito porque han de sobrevivir a su legislador.
Análogamente, se empiezan a escribir las obras literarias, al objeto de asegurar su pervivencia: y que así sobrevivan a su compositor, quien empieza a cobrar conciencia de autor. Primeramente, la fijación por escrito se realizaba a través de copias únicas, habitualmente consagradas en un templo:
  • p. ej. tenemos noticias de que éste pudo ser el caso del Himno Homérico a Apolo (conservado en el templo de Apolo en Delos);
  • lo mismo sucede con el libro de Heráclito (conservado en el templo de Ártemis en Éfeso).
El hecho de que sólo se hicieran copias únicas indica que, para la época de que hablamos (S. VI a. C.), no existía un comercio editorial; este comercio no podía existir aún en ese tiempo por la ausencia de un público lector:
  • el grado de alfabetización era bajo;
  • las condiciones materiales de la lectura eran complejas;
  • el material para copiar libros (el papiro) era escaso y, por tanto, caro.
La “industria del libro” no surge hasta más o menos el 450 en Atenas. En el S. IV aparecen ya las primeras bibliotecas (la de la Academia, la del Liceo).

Los libros que acogerán esas bibliotecas, y que existen ya desde el S. V a. C., son “volúmenes”, uolumina, rollos de papiro que se han de desenvolver para su lectura y que después se tienen que envolver otra vez. El procedimiento es muy engorroso, especialmente si el papiro es largo: p. ej., conservamos un papiro del Banquete platónico con una extensión de diez metros.

En la época helenística surgen las grandes bibliotecas como la del Museo de Alejandría (mira la entrada 34. El mundo del Helenismo y el desarrollo de la Filología).

Esas bibliotecas son creadas y apoyadas por los monarcas helenísticos por una motivación política: les interesa conservar la literatura antigua porque ven en ella una seña de identidad por medio de la que se pueden afirmar frente a otras culturas.

La Biblioteca del Museo se afanó en buscar copias fidedignas de los autores antiguos, recurriendo a veces a procedimientos turbios:
  • sucede en el caso de Tolomeo Evérgetes;
  • pide a Atenas en préstamo el texto canónico de los trágicos;
  • debe dejar como fianza en Atenas la cantidad astronómica de quince talentos de oro;
  • al final, prefiere perder ese dinero y quedarse con los textos oficiales atenienses;
  • eso sí, a Atenas se remitió una copia esmerada del texto retenido en Alejandría.
Es obvio que las bibliotecas cumplen un papel importante en la transmisión de la Literatura Griega: en esta época, y como resultado de la labor de los filólogos que trabajan en las bibliotecas, surgen los “prearquetipos” alejandrinos, que darán después paso a los arquetipos romanos.

Téngase en cuenta, de todas maneras, que las bibliotecas pueden ayudar a conservar la literatura antigua, y que en el caso de los autores más raros su función es insustituible. Ahora bien, por eso mismo, los daños en las bibliotecas también producen pérdidas irreparables.

De esta forma, el incendio de la Biblioteca de Alejandría en el S. I a. C. (durante la estancia de César: 48-47 a. C.) determinó la pérdida de muchos autores.

3) Los autores que se salvan pese a los incendios son obviamente los autores que se leen y se copian fuera de las bibliotecas. Ahora bien, ¿quiénes son los autores que tienen esta suerte?

Éstos son los autores que integran el primero de los “cánones” en sentido estricto, el canon alejandrino, un canon pensado en función de las necesidades escolares. Canon reducido, que permite salvar hasta el día de hoy a unos autores pero que lleva (con su exclusión) a la pérdida de otros.

Podemos verlo con la claridad incuestionable de los números si nos fijamos en el caso de los autores de tragedia:
  • El canon alejandrino establece que sólo se copiarán las tragedias de los tres grandes trágicos, y sólo siete de cada uno de éstos.
  • De esta forma se han perdido (o sólo se conservan en fragmentos escasos) las obras de los otros trágicos; es idéntica la situación de las tragedias de Esquilo, Sófocles o Eurípides que no entraron en el canon.
  • Por esta razón sólo conservamos siete tragedias de Esquilo, de las 79 que se conocían en Alejandría (conservamos algo menos de un 9 % de la obra de Esquilo).
  • Se podrían dar datos similares para Sófocles o Eurípides, aunque con éste (por un azar de la transmisión) hemos tenido más suerte y conservamos dieciocho tragedias más un drama satírico.
  • Téngase además en cuenta que en Atenas, en el S. V a. C., cada año se representaban nueve tragedias más tres dramas satíricos: en cambio, nosotros sólo conservamos treinta y una tragedias más un drama satírico, es decir, un 2 ó un 3 % del drama del S. V a. C.
El canon alejandrino se convirtió por tanto, pese a su bondad intrínseca, en otro cuello de botella en la transmisión de la Literatura Griega.

4) El empobrecimiento cultural de finales del mundo antiguo determina otro estrechamiento en la transmisión de la Cultura Clásica, pues se deja de copiar lo que no se entiende:
  • Así se dejan de copiar los escritores técnicos: p. ej., los autores de astronomía o geografía científica.
  • También se dejan de copiar los autores de obras largas: la trivialización de la cultura hace que sólo se conserven en forma de extractos y epítomes.
  • Se dejan de copiar los escritores en dialecto: esto afecta a autores de tanto interés literario como los líricos, p. ej. Safo: el dialecto lesbio en que ésta escribe debía de presentar dificultades objetivas para un griego de época tardía.
Podemos ejemplificar el fenómeno de la trivialización de la cultura previa en el caso de un autor de mitografía (Paléfato).
  • La obra de Paléfato (Historias increíbles), tal y como la conservamos, consta de 52 narraciones breves de mitos y de su exégesis racionalista; en la apariencia es un texto bastante simplista.
  • Ahora bien, según la Suda la obra de Paléfato constaba de 5 libros: por tanto, lo que tenemos es un epítome, que para algunos críticos lo sería de toda la obra y para otros sólo del libro primero.
  • Nótese, además, que una obra como la de Paléfato se prestaba especialmente para ser compendiada, y no sólo por su presumible extensión: el asunto de la obra (la colección de mitos y su interpretación) la hacía especialmente útil para su uso en la escuela, y por tanto para su abreviación y simplificación.
  • Lo que pueda quedar de la obra original es mínimo y difícil de interpretar: acaso haya alguna impronta personal en los comentarios irónicos o despreciativos (entre otros aspectos).
5) Otro estrechamiento de la Tradición Clásica del que también se habla (o se hablaba) con cierto apasionamiento es el de la “censura cristiana”. Pero:
  • Más que de “censura” habría que hablar de “desinterés” (indiferencia, desprecio...): los autores paganos se dejan de copiar porque no interesan.
  • La quema sistemática fue obra de sectas heréticas.
  • Diversos padres de la Iglesia escriben indicando cómo se puede sacar partido espiritual de los autores paganos, en un claro proceso de “inculturación” (cfr. San Basilio, Homilía 22).
  • Para justificar la lectura de los autores paganos se recurrió con frecuencia a la lectura alegórica: un caso famoso es el de la interpretación mesiánica de Virgilio, Égloga IV.
  • Se debe tener además presente que la censura no es, en ningún caso, un invento cristiano: en la Grecia clásica Platón ya abogaba por el control sobre los poetas y la poesía.
6) En la Edad Media (los llamados “Siglos Oscuros”) aumenta la porción de Literatura Griega perdida:
  • En Occidente desaparece casi por completo la Literatura Griega al perderse la lengua.
  • Aunque también aquí se siguen copiando obras, sobre todo en los monasterios benedictinos.
  • En Oriente la situación fue distinta gracias a la lenta evolución de la lengua griega, que permitía seguir entendiendo y copiando a los autores antiguos.
  • El sistema educativo de Oriente se basaba además en los clásicos, que siguieron siendo copiados en los monasterios.
  • La copia de libros fue muy impulsada en la época del Renacimiento del patriarca Focio (S. IX): vale la pena recordar, por cierto, que lo que nosotros conocemos como Renacimiento no ha sido el único “Renacimiento” de la Historia, que el fenómeno se dio incluso en los “Siglos Oscuros”.
Ahora bien, Focio intentó restringir aún más el canon de los trágicos, aunque por fortuna no lo consiguió.
Éste habría sido su nuevo canon, la “tríada bizantina”, que escoge de cada uno de los trágicos tres obras un tanto “excéntricas”:
  • Esquilo: Persas, Siete contra Tebas, Prometeo.
  • Sófocles: Áyax, Electra, Edipo Rey.
  • Eurípides: Hécuba, Orestes, Fenicias.
De haberse impuesto este canon habríamos perdido obras fundamentales de los tres trágicos: ¿las habremos perdido también por efecto del canon alejandrino?
A pesar de la labor desarrollada por Focio y el Renacimiento bizantino siguieron perdiéndose libros:
  • el factor azar puede ser decisivo en una transmisión tan estrecha;
  • incendios fortuitos, pérdidas accidentales, guerras (p. ej., el saqueo de Constantinopla por los Cruzados en 1204) estrecharon más y más el cuerpo de literatura antigua conservada.


3. LA IMPRENTA Y LA PRESERVACIÓN DE LA LITERATURA GRIEGA ANTIGUA.

Una literatura tan seleccionada por la Historia está, posiblemente, predestinada a ser una literatura de calidad... si es que sobrevive al proceso paulatino de estrechamiento de la tradición.

Ahora bien, a partir de cierta fecha se introducen factores nuevos que garantizan la preservación y el salvamento de la Literatura Griega.

En ese sentido es fundamental la invención de la imprenta, el llamado Renacimiento y el interés por la impresión indiscriminada de libros. De hecho, desde el S. XVI no se han vuelto a perder autores ni obras (aunque sí, ocasionalmente, se hayan perdido manuscritos).

Debe tenerse en cuenta, de todas formas, que la impresión de libros en griego no fue al principio una tarea fácil.
  • Resultaba dificultoso por la necesidad de crear tipos de letra muy especiales, que además iban a tener escaso uso (eran muy pocas las personas que leerían griego).
  • Pero los libros en griego se empezaron a imprimir, y en este sentido fue fundamental la actividad de Aldo Manuzio, a quien debemos un total de 27 editiones principes (las ediciones Aldinas).
Análogamente, fue fundamental la labor que desarrolló en España Cisneros, a quien debemos la publicación de la Biblia Políglota Complutense (editada entre 1502-1517).

Para la impresión de libros en el Renacimiento no se parte de una labor filológica:
  • Se parte de códices de los conocidos como deteriores.
  • Una vez impresos, esos códices se desechan muchas veces por considerar que ya son inservibles.


4. LOS ENSANCHAMIENTOS DE LA TRADICIÓN: PALIMPSESTOS Y PAPIROS.

El “final feliz” de toda la historia puede ser que en los dos últimos siglos se han producido ensanchamientos de la tradición; hemos recuperado textos que parecían perdidos:

* Se han recuperado textos gracias a los palimpsestos, pergaminos raspados para volver a escribir en ellos; esa labor de raspado se produjo
  • al pasarse de la escritura en mayúsculas (unciales) a la escritura en minúsculas;
  • o bien cuando se consideraba que determinados textos ya no poseían interés.
De esta manera hemos recuperado, p. ej., el Faetonte de Eurípides, o la República de Cicerón. Muy recientemente se han recuperado a través del llamado 'palimpsesto de Arquímedes' distintas obras de este autor.

* Pero, sobre todo, se han recuperado textos a través de los papiros, el material básico de escritura en la Antigüedad, que sólo se han conservado
  • en climas muy secos como el de Egipto (en basureros como el de Oxirrinco, en embalajes de momias);
  • ocasionalmente por contacto con temperaturas muy altas (así sucedió en el caso del papiro de Derveni, caído de una pira funeraria, o en el caso de los papiros de Herculano, en Pompeya).
A través de los papiros hemos recuperado textos significativos de autores que antes sólo eran nombres; a manera de ejemplo:

De los autores líricos hemos recuperado a Baquílides: hemos redescubierto sus epinicios y ditirambos a través de un papiro descubierto en 1896 y publicado a finales de 1897. Ahora, el texto de Baquílides ocupa 121 páginas en la edición de Teubner.
Una parte esencial de la obra del poeta helenístico Posidipo de Pela fue recuperada en 2001 a través de un papiro de Milán, el P.Mil.Vogl. VIII 309. Cf. la edición reciente de Seidensticker, B., Stähli, A., y Wessels, A. (eds.), Der Neue Poseidipp. Text, Übersetzung, Kommentar, Darmstadt, 2015.
De los autores de comedia hemos recuperado a Menandro:
  • anteriormente, de este autor sólo poseíamos colecciones de sentencias;
  • ahora hemos recuperado completas o casi completas algunas de sus comedias (El díscolo, ante todo);
  • hoy en día, el texto de Menandro ocupa 356 páginas en la edición de los Oxford Classical Texts.
Un autor galo de la Segunda Sofística, Favorino de Arelate (ca. 80-150/160), era conocido solo por fragmentos y dos declamaciones incluidas en el corpus de Dión de Prusa hasta que en 1930 se descubrió en un papiro (Pap. Vat. gr. 11) su escrito Sobre el exilio. Cf. E. Amato, y M.H. Marganne (eds.), Le traité sur l’exil de Favorinos d’Arles, Rennes, 2015.
Junto a los papiros cabe mencionar las llamadas 'tablillas de Vindolanda', tabulae Vindolandenses, tablillas de madera halladas en Vindolanda, antiguo campamento militar de Gran Bretaña que en ocasiones transmiten citas de textos literarios latinos.
Se debe indicar, por último, que, en fecha tan reciente como el año 2012, se produjo un nuevo descubrimiento textual a través de una vía que se daba por agotada: las bibliotecas. En ese año se descubrió en Múnich, en el Codex Monacensis Graecus 314, un corpus de veintinueve homilías de Orígenes dedicadas a los Salmos; veinticinco de ellas son inéditas en griego y ocupan en total trescientos setenta y un folios del códice.
Aunque la autoría origeniana pueda seguir siendo objeto de debate, la atribución es casi segura dadas las coincidencias con los textos de Orígenes transmitidos bajo su nombre y con otros recogidos en recopilaciones (las llamadas Catenae).



ALGUNAS REFERENCIAS:

BERNABÉ, A., “Transmisión de la literatura griega”, en J. A. López Férez (ed.), H
istoria de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 1189-1207.
BRAVO, A., “Las fuentes escritas de la cultura griega y su transmisión hasta nosotros”, EClás 22 (1978), pp. 11-40.
GIL, L., La censura en el mundo antiguo, Madrid, 1961.

IGLESIAS ZOIDO, J. C., El libro en Grecia. Soportes y formatos, Cáceres, 2010.
PFEIFFER, R., Historia de la Filología Clásica. I. Desde los comienzos hasta el final de la época helenística, Madrid, 1968 (History of the Classical Scholarship. From the Beginnings to the End of the Hellenistic Age, Oxford, 1968).
PFEIFFER, R., Historia de la Filología Clásica. II. De 1300 a 1850, Madrid, 1981 (History of the Classical Scholarship. From 1300 to 1800, Oxford, 1976).
REYNOLDS, L.D. y WILSON, N.G., Copistas y filólogos. Las vías de transmisión de las literaturas griega y latina, Madrid, 1986 (Scribes and Scholars: A Guide to the Transmission of Greek and Latin Literature, Oxford, 1974, 2ª ed.).


* Sobre textos literarios en papiro (acceso parcial al Mertens-Pack 3):

http://promethee.philo.ulg.ac.be/cedopal/index.htm

* Sobre copistas:

http://www.ucm.es/info/copistas

Cfr. además la página web de la Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik:

http://www.uni-koeln.de/phil-fak/ifa/zpe



sábado, 14 de febrero de 2015

LA FILOSOFÍA DEL IMPERIO


No es una de las entradas más visitadas del blog. Pero es una entrada importante. Y una de las que llevan más tiempo esperando a ser remozadas. Aprovecho para hacerlo este día de febrero, día de lluvia fina en Pamplona. Y restos de nieve en los montes, cada vez más lejana.


1. LA FILOSOFÍA EN EL PERÍODO IMPERIAL: LÍNEAS GENERALES.

La cultura griega, desde finales del Helenismo, es una cultura de las síntesis. Por ello, en toda la época imperial, en el ámbito de la filosofía como en los demás ámbitos, nos encontramos con una proliferación de autores que recopilan los saberes filosóficos anteriores sirviéndose de formas literarias tipificadas. Nos referimos a continuación a tres categorías.

1) En lo que hoy conocemos como “doxografía” (cfr. Diels 1879) entran las siguientes formas:
  • Recopilaciones de doctrinas de los filósofos previos en relación con temas concretos.
Representativa de esta forma de “escribir sobre filosofía” (que no de hacer filosofía) fue la obra de Aecio, Compendio de doctrinas (S. I): cfr. Mansfeld-Runia 1997. Aunque la obra se perdió, es posible reconstruir su contenido general a través de obras posteriores que la utilizaron. Así sabemos que la obra constaba de cinco libros, que trataban los siguientes temas:
  1. Principios básicos.
  2. Cosmología.
  3. Meteorología.
  4. Psicología (2 libros).
  • Recopilaciones sistemáticas de las opiniones de las escuelas filosóficas.
Este tipo lo representaba un compendio perdido de Ario Dídimo (SS. I / II): cfr. Göransson 1995. La obra resumía la lógica / física / ética de Platonismo / Aristotelismo / Estoicismo.
  • Historias de las escuelas filosóficas. 
Es el tipo representado por las Vidas de los filósofos de Diógenes Laercio (SS. II / III). La obra consta de 10 libros que hablan de
  1. los sabios antiguos, de Tales a Ferécides,
  2. la filosofía jonia, Sócrates y los socráticos,
  3. Platón,
  4. los seguidores de Platón,
  5. Aristóteles y sus discípulos,
  6. Antístenes y los cínicos,
  7. los estoicos,
  8. los pitagóricos,
  9. filósofos no adscritos a las categorías anteriores,
  10. Epicuro.
La obra proporciona información importante por lo que se refiere a listas de obras, aunque por lo demás tiende a quedarse en lo anecdótico. Es interesante y significativa su renuncia a hablar de los autores del final del Helenismo y de su propia época.
Una obra análoga a la de Diógenes Laercio es la de Porfirio (234 – ca. 304), Historia filosófica (Philosophos historia), de la que sólo conservamos la Vida de Pitágoras (cfr. Periago Lorente 1987, Gredos).
2) En época imperial se produce además una abundante literatura de introducciones o eisagogaí, tratados introductorios sobre temas diversos (no exclusivamente sobre filosofía). Estos tratados estaban escritos con intención pedagógica y estilo sencillo. En general procuraban tocar los puntos capitales de un tema en un espacio breve. Las Eisagogaí filosóficas que conservamos son obras introductorias sobre filosofía platónica, como las compuestas por Alción y Albino (representantes del platonismo medio: 50 – 250 d. C.). Carácter de Eisagogé poseen también los anónimos Prolegómenos a la filosofía de Platón (S. VI).

Por su parte, Porfirio, desde el platonismo, escribió también una eisagogé, que en su caso es una introducción específica a las Categorías de Aristóteles.
  • Sucede que, en esa época y en esa fase del platonismo, esta obra de Aristóteles era considerada como un clásico básico y una lectura necesaria para todos.
  • Es llamativo que, en adición a ello, Porfirio también escribiese un comentario o libro de aclaraciones a las Categorías de Aristóteles (esto es: se trata de dos obras distintas, que persiguen objetivos diferentes).
3) Acabamos de hablar de un comentario o libro de aclaraciones de Porfirio. La época imperial, por ese mismo empeño de síntesis, es la época de los comentarios (ha de decirse de nuevo que no se trata sólo comentarios sobre filosofía).

Esta posibilidad de “escribir sobre filosofía” fue poco practicada por el aristotelismo, con excepciones: p. ej., Alejandro de Afrodisias (principios S. III) realizó comentarios a obras del maestro, comentarios considerados como definitivos por seguidores posteriores. En cambio, los platónicos fueron comentadores incansables. Además, no sólo comentaron las obras de Platón, sino también las de Aristóteles, lo cual no parece tener parangón en las escuelas filosóficas del momento. A esta corriente de platónicos comentadores de Aristóteles pertenecieron
  • Porfirio.
  • Jámblico.
  • Proclo.
  • Y, además: Plutarco de Atenas / Damascio / Siriano / Amonio / Juan Filópono / Olimpiodoro / Simplicio …
Es decir, en el curso de la historia se tendió a armonizar los pensamientos de Platón y Aristóteles: así sucedió también en el Oeste, en el caso de Boecio.


2. LA SUERTE DE LAS ESCUELAS HELENÍSTICAS.

Al hablar de la actividad como comentadores de los platónicos parece que deberíamos abrir paso al comentario del Neoplatonismo y Plotino, el filósofo creativo de mayor importancia en época imperial. Pero antes de llegar a ello conviene que recordemos con mayor o menor brevedad en qué situación se encontraban las escuelas filosóficas del Helenismo y quiénes eran sus representantes. Hablaremos, por este orden, de
  • cinismo,
  • epicureismo
  • y estoicismo.
Los cínicos de época imperial fueron filósofos ambulantes que iban de ciudad en ciudad pronunciando lo que hoy llamaríamos conferencias sobre temas filosófico-morales: diatribaí.

Éste es el género del que el representante más destacado fue el estoico Epicteto (cfr. infra). Con todo, el género de la diatriba ya era cultivado desde el S. III a. C. por los cínicos, que a través de este género, se ha dicho, intentaban poner la filosofía al alcance del gran público.
No en vano los “pensamientos” de Epicteto también han conocido cierta divulgación en nuestros días en colecciones populares, pseudosapienciales.
Esta forma de filosofía popular cínica la representan, desde nuestra perspectiva, dos figuras distintas y de cierta importancia literaria:
  • Dión de Prusa (del que hablamos en el contexto de la Segunda Sofística)
  • y, por otro lado, Máximo de Tiro (ca. 120 – 190), del que conservamos 41 discursos-conferencias: o Disertaciones filosóficas, según el título de la traducción de Gredos (López Cruces y Campos Daroca 2005).
En relación con las dos corrientes filosóficas fundamentales del Helenismo, estoicismo y epicureísmo, empezamos reconociendo que es muy poco lo que se puede decir sobre este último.
Todo lo más indicaremos que está atestiguada la actividad del epicúreo Diógenes, de cronología incierta (¿S. I a. C. – SS. II, III d. C.?). Este autor es conocido como Diógenes de Enoanda, ciudad donde hizo inscribir un texto que resumía las doctrinas de Epicuro: se conserva en 212 fragmentos (cfr. Chilton 1971, Smith 1992 y 2003).
La situación es mucho más favorable en el caso del estoicismo, cuya historia se puede rastrear hasta mediados del S. III. Entre los estoicos de la época fue habitual que la difusión de las enseñanzas corriera cargo de particulares, no como una actividad promovida desde la escuela estoica de Atenas. Las dos figuras fundamentales del estoicismo en época imperial son Epicteto y Marco Aurelio, de los que poseemos obras que no son precisamente de altos vuelos filosóficos pero que han encontrado mucho eco en toda la tradición de Occidente.

Hablamos primero de Epicteto (55 d.C. – ca. 120 d.C.), quien procedía de Hierápolis, Frigia: hay traducción en Gredos de Ortiz García 1993. Vivió como esclavo en Roma, donde su amo le dejó escuchar las enseñanzas del estoico Musonio Rufo (cfr. Laurenti 1989), quien también fue maestro de Dión de Prusa. Al obtener la libertad, enseñó en Roma en su propia escuela, hasta que la expulsión de los filósofos bajo Domiciano (89) le obligó a trasladarse a Nicópolis (Epiro). Allí enseñó, sin publicar nada (igual que su maestro Musonio).
Tuvo entre sus alumnos a griegos de clase alta como Arriano, gracias al cual nos ha llegado el texto con las enseñanzas de Epicteto.
Obviamente, no sabemos en qué medida sus Diatribas (95 conferencias cortas o sermones) son las ipsissima uerba de Epicteto o hasta qué punto ha podido añadir Arriano cosas de su cosecha, aunque tal extremo lo niegue éste en la introducción (sobre la cuestión cfr. Wirth 1967). De la colección original de ocho libros de Diatribas han llegado hasta nosotros cuatro, más el Enquirídion que presenta, en 53 extractos, lo esencial del pensamiento de Epicteto.
El elemento esencial en lo que conocemos de Epicteto es la ética, la recomendación de la renuncia y de la aceptación de las circunstancias: fata sequi.
El otro gran estoico de época imperial, Marco Aurelio, coincide con Epicteto en el hecho de no haber sido un escritor profesional. El futuro emperador nació en Roma en el año 121 y murió en el 180 en Viena. Su caso es peculiar por diversos motivos.
  1. Lo primero que puede sorprender a un profano es que un emperador de Roma redactara en griego las reflexiones personales que constituyen la materia de sus Meditaciones. A un filólogo le sorprenderá menos esto. Pero sí le sorprenderá que un texto de carácter privado y tan íntimo, no concebido para ser publicado, haya entrado en los canales de transmisión medievales. La obra, en doce libros, se escribió entre los años 168 y 180, en los campamentos militares desde los que el emperador hacía la guerra contra los bárbaros. Así lo indica el propio texto (al final del libro I y principios del III, cfr. edición de Dalfen, Leipzig 1987). La vinculación conceptual de las Meditaciones con la doctrina estoica es evidente. Además, al escribir una obra estoica en griego, Marco Aurelio actúa según la pauta habitual de todos los estoicos romanos, a excepción de Séneca. Las Meditaciones también están relacionadas con el género de la diatriba, género que, como ya se ha indicado, fue cultivado de manera primordial por los cínicos y estoicos. Del representante más eminente de la diatriba, Epicteto, hace mención expresa el emperador en el libro primero de las Meditaciones (7). 
  2. Además es llamativo el hecho de que conservemos obra bilingüe de Marco Aurelio. Este fenómeno se aprecia en pocos escritores de la Antigüedad (la otra gran excepción es Claudiano). Gracias a un descubrimiento accidental del S. XIX ha llegado hasta nosotros parte de la correspondencia intercambiada en latín entre el retórico Frontón y diversos personajes, entre ellos Marco Aurelio. 


3. EL NEOPLATONISMO.

Como hemos dicho antes, la aportación más importante de época imperial a la producción filosófica es la del Platonismo del momento: el Neoplatonismo.
  • El platonismo medio, que buscó combinar a Platón y Aristóteles, podía darse por superado en el S. III.
  • Los iniciadores de la nueva fase de la filosofía platónica fueron Amonio Sacas (175 – 240) y su discípulo Plotino (204 – 269).
Nuestra primera fuente sobre la actividad de éste es la biografía escrita por su discípulo Porfirio. Por esta fuente sabemos que Plotino escribió, partiendo de su actividad docente, obras en relación con distintos puntos de la filosofía, y que estas obras circulaban en ambientes especializados (alumnos e interesados en el tema).

Unos 30 años después de la muerte de Plotino publicó Porfirio una edición conjunta de sus escritos, en seis libros, cada uno de los cuales contiene nueve secciones: son las Enéadas de Plotino.
Cfr. la traducción de Gredos: Igal 1982 (I-II), 1985 (III-IV), 1998 (V-VI).
Hay una disposición sistemática en las Enéadas, que no tiene nada que ver con la cronología de los escritos: por otro lado, esa cronología la conocemos a partir de las informaciones que ofrece el propio Porfirio en su Vida de Plotino (cfr. Igal 1982).

Es habitual que Plotino trate los distintos temas de cada uno de sus escritos a partir de un problema o aporía, a la manera de lo que también hacía Aristóteles. O bien a partir de la confrontación con las opiniones de filósofos previos, especialmente de Platón. La filosofía de Plotino es, en lo fundamental, continuación e interpretación de la de Platón. Pero este componente central aparece en él combinado con ideas tomadas de los estoicos y peripatéticos.
En este sentido se ha podido decir que el pensamiento de Plotino es o pretende ser una “síntesis comprensiva”.
En esencia, Plotino trasciende la doctrina platónica de las Ideas al concebir que la idea del Bien se halla completamente por encima de todas las demás Ideas y de todo lo concebible. De esa Idea del Bien, que es al tiempo Idea de la Unidad o del Uno, son producto las restantes Ideas, y de éstas las almas. El último escalón de la realidad lo representa lo sensible.

El Uno es, para Plotino, la perfección. En él no hay diferencia entre el ser, el pensar y el moverse. Está más allá de toda percepción y, por ello, es in-comprehen-sible. Del Uno, dice la filosofía de Plotino, surge como emanación la Razón (noûs), que representa el conjunto de las Ideas; de ésta surge a su vez, y de la misma manera, el Alma (del mundo), de la que a su vez surge luego el mundo sensible. Plotino entiende además que el hombre tiene como tarea elevarse hacia el Uno, aunque su entendimiento y razón no le permiten llegar hasta Él. Ese paso sólo se puede dar a través de una unión mística (un éxtasis filosófico) de la que, según Porfirio (Vida... XXIII 15), Plotino gozó en diversas ocasiones.
La obra de Plotino es difícil de aprehender, en buena medida a causa de su estilo condensado y alusivo, que es reflejo del origen oral de sus enseñanzas: Plotino no escribió sus obras para que fueran leídas por un público amplio.
El mayor seguidor de Plotino dentro del Neoplatonismo fue su discípulo Porfirio, al que ya nos hemos referido. Porfirio (234 – ca. 304) nació en Tiro y debía de ser de origen sirio. Tras estudiar en Atenas con Casio Longino, fue en el 263 a Roma para escuchar a Plotino. A la muerte de éste, se hizo cargo de su escuela.

De su abundante producción filosófica ya han sido mencionados su Philosophos historia y su Eisagogé a las Categorías de Aristóteles. Gracias a Plotino, Porfirio no sólo adquirió competencias filosóficas sino también filológicas. Fue comentador de Homero, por ejemplo en La gruta de las Ninfas (trad. en Gredos: Periago Lorente 1992), donde interpreta alegóricamente el episodio de Odisea VIII 102 – 112 (cfr. Alt 1998).

En otro orden de cosas, tomó posición contra el Cristianismo, al que atacó en una obra perdida, Contra los cristianos (15 tomos, según las fuentes).

Con posterioridad a Plotino y Porfirio, el Neoplatonismo se dividió en distintas escuelas:

1) La “escuela siria” se inicia con Jámblico (ca. 245 – 325), discípulo directo de Porfirio: cfr. Dillon 1987. Con Jámblico el Neoplatonismo se abrió al pitagorismo. Por ello, junto a comentarios a las obras de Platón y Aristóteles, escribió también, en 10 libros, una Exposición de las doctrinas pitagóricas.
Sólo conservamos partes de ella: la Vida de Pitágoras (trad. en Gredos: Periago Lorente 1987), un Protréptico y tres libros sobre cuestiones matemáticas.
En él, como también sucedía (pero en menor medida) en Porfirio, posee gran importancia la “teúrgia”, “especie de magia de los antiguos gentiles, mediante la cual pretendían tener comunicación con sus divinidades y operar prodigios” (según el DRAE). Por ello, en el De mysteriis, afirma, frente a Porfirio, que lo que lleva hasta los dioses no es el pensamiento sino la teúrgia.

2) La “escuela ateniense” dimana también de Jámblico, pero adquiere carácter propio con Proclo (410 – 485), el último filósofo griego de cierta importancia. Estableció más distinciones en las escalas del ser, escribió 6 libros Sobre la teología de Platón y era también un convencido de la eficacia de la teúrgia.
Proclo murió en el 485. La Academia de Atenas continuó existiendo hasta ser clausurada por Justiniano en el 529. El último director de la Academia, Simplicio, emigró a Persia.

ALGUNAS REFERENCIAS:

* Sobre la filosofía del final de la Antigüedad:
ACOSTA, E., “Filosofía de la época imperial”, en J. A. López Férez (ed.), Historia de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 1109-1132.
SMITH, A., Philosophy in Late Antiquity, Londres-Nueva York, 2004.

* Sobre Doxografía:
DIELS, H. (ed.), Doxographi Graeci, Berlín, 1879.
GÖRANSSON, T., Albinus, Alcinous, Arius Didymus, Göteborg, 1995.
MANSFELD, J. y RUNIA, D. T., Aetiana. I. The Methods and Intellectual Context of a Doxographer, Leiden, 1997.

* Sobre Epicureismo:
CHILTON, C.W., Diogenes of Oenoanda. The Fragments: A Translation and Commentary, Londres-Nueva York-Toronto, 1971.
SMITH, M. F. (ed.), Diogenes of Oinoanda. The Epicurean Inscription, Nápoles, 1992. SMITH, M. F. (ed.), Supplement to Diogenes of Oinoanda The Epicurean Inscription, Nápoles, 2003.

* Sobre Estoicismo:
BIRLEY, A., Marcus Aurelius, a Biography, Londres, 2000.
BRUNT, P.A., “Marcus Aurelius in his Meditations”, JRS 64 (1974), pp. 1-20.
DALFEN, J., “Autobiographie und Biographie. Der Fall Marc Aurel”, GB 23 (2000), pp. 187-211.
FARQUHARSON, A.S.L. (ed.), The Meditations of the Emperor Marcus Antoninus, Oxford, 1944 [comentario].
HORST, C., Marc Aurel: Philosophie und politische Macht zur Zeit der Zweiten Sophistik, Stuttgart, 2013.
KASULKE, C. T., Fronto, Marc Aurel und kein Konflikt zwischen Rhetorik und Philosophie im 2. Jh. n. Chr., Munich, 2005.
KLEIN, R. (ed.), Marc Aurel, Darmstadt, 1971.
LAURENTI, R., “Musonio, maestro di Epitteto”, ANRW II 36.3 (1989), pp. 2105-2146.
LONG, A.A., “Epictetus and Marcus Aurelius”, en J. Luce (ed.), Ancient Writers, Nueva York, 1982, pp. 985-1002.
LONG, A.A., Epictetus: A Stoic and Socratic Guide to Life, Oxford-Nueva York, 2002.
ORTIZ GARCÍA, P. (trad.), Epicteto. Disertaciones por Arriano, Madrid, 1993.
RUTHERFORD, R.B., The Meditations of Marcus Aurelius. A Study, Oxford, 1989.
WIRTH, T., “Arrians Erinnerungen an Epiktet”, MH 24 (1967), pp. 149-189, 197-216.

* Sobre el Neoplatonismo:
ALT, K., “Homers Nymphengrotte in der Deutung des Porphyrios”, Hermes 126 (1998), pp. 466-487.
BLUMENTHAL, H.J., Plotinus' Psychology: His Doctrines of the embodied Soul, La Haya, 1971.
DI PASQUALE BARBANTI, N., La metafora in Plotino, Catania, 1981.
DILLON, J., “Jamblichus of Chalcis”, en ANRW II 36.2 (1987), pp. 862-909.
DODDS, E.R., “Tradition and personal Achievement in the Philosophy of Plotinus”, JRS 50 (1960), pp. 1-7.
DODDS, E.R., “Teúrgia”, en Los griegos y lo irracional, Madrid, 1983, pp. 265-292 (The Greeks and the Irrational, Berkeley, 1959).
IGAL, J. (trad.), Porfirio. Vida de Plotino. Plotino. Enéadas, Madrid, 1982 (Enéadas I-II); Madrid, 1985 (Enéadas III-IV); Madrid, 1998 (Enéadas V-VI).
LISI, F.L., “El fin del paganismo y de la filosofía: Proclo”, Debats 90 (2005), pp. 63-69
POCHOSHAJEW, I., Die Seele bei Plato, Plotin, Porphyr und Gregor von Nyssa : Erörterung des Verhältnisses von Platonismus und Christentum am Gegenstand der menschlichen Seele bei Gregor von Nyssa, Frankfurt a. M., 2004.
RIST, J.M., Plotinus: The Road to Reality, Cambridge, 1967.
WALLIS, R., Neoplatonism, Londres, 1972.



sábado, 24 de enero de 2015

SAN JUAN (O LA BIBLIA) EN VERSO


Por caminos distintos, sin conocerse, dos amigos (filólogos clásicos, claro) decidieron traducir la Paráfrasis del Evangelio de san Juan de Nono de Panópolis. Esto sí que es la Biblia en verso, y además en hexámetros dactílicos y tono homerizante (¿habrá aquí huellas de los Himnos Homéricos?). 

Hace dos días estuve hablando con uno de estos amigos, que me enseñó su trabajo y, la verdad, me picó. Así salió esta traducción provisional de los trece primeros versos, hasta la cesura trocaica del trece; se corresponden con los cinco primeros versículos de Juan. 

La versión es provisional y discutible en la traducción de algunos epítetos. Por eso todos los comentarios (o el feedback, que se dice ahora) serán muy bien recibidos. Presento primero mi versión y después el texto de Nono. Luego, una traducción del texto original de Juan, intencionadamente discutible en algunos puntos; bueno, su texto griego también lo incluyo para que se pueda discutir mejor. 


Intemporal, inaccesible, era el Logos en un inefable principio, 
de igual naturaleza que el Padre, Hijo de su misma edad, sin madre, 
y Logos retoño de Dios por sí mismo nacido, luz de luz. 
Del Padre no se distinguía, trono compartiendo en sede infinita; 
y Dios era el Logos de sublime linaje. Este desde un principio 
brillaba, más anciano que el mundo, junto al eterno Dios, 
artesano del mundo; y todo existía por Él, 
lo inanimado y lo animado; y, sin la laboriosa palabra, 
nada nació de lo que hay. También connatural era en Él 
la vida, que a todos interesa, y de los varones de fugaz destino luz 
era la vida que todo cría. En un mundo oscuro 
brillaba por celeste voluntad un esplendor que la tierra llenaba, 
y la oscuridad de él no se apoderó. 


Ἄχρονος ἦν, ἀκίχητος, ἐν ἀρρήτῳ λόγος ἀρχῇ, 
ἰσοφυὴς γενετῆρος ὁμήλικος υἱὸς ἀμήτωρ, 
καὶ λόγος αὐτοφύτοιο θεοῦ γόνος, ἐκ φάεος φῶς• 
πατρὸς ἔην ἀμέριστος, ἀτέρμονι σύνθρονος ἕδρῃ• 
καὶ θεὸς ὑψιγένεθλος ἔην λόγος. οὗτος ἀπ’ ἀρχῆς 
ἀενάῳ συνέλαμπε θεῷ, τεχνήμονι κόσμου, 
πρεσβύτερος κόσμοιο• καὶ ἔπλετο πάντα δι’ αὐτοῦ, 
 ἄπνοα καὶ πνείοντα• καὶ ἐργοπόνου δίχα μύθου 
οὐδὲν ἔφυ, τόπερ ἔσκε• καὶ ἔμφυτος ἦεν ἐν αὐτῷ 
ζωὴ πασιμέλουσα, καὶ ὠκυμόρων φάος ἀνδρῶν 
ζωὴ πάντροφος ἦεν. ἐν ἀχλυόεντι δὲ κόσμῳ 
οὐρανίαις σελάγιζε βολαῖς γαιήοχος αἴγλη, 
καὶ ζόφος οὔ μιν ἔμαρψε. 



En un principio estaba el Verbo y el Verbo estaba ante Dios y Dios era el Verbo. Este estaba en un principio ante Dios. Todo llegó a ser a través de Él, y sin él no surgió nada de lo que ha llegado a ser. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz en la oscuridad brilla y la oscuridad no la dominó. 


Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ λόγος, καὶ ὁ λόγος ἦν πρὸς τὸν θεόν, καὶ θεὸς ἦν ὁ λόγος. οὗτος ἦν ἐν ἀρχῇ πρὸς τὸν θεόν. πάντα δι’ αὐτοῦ ἐγένετο, καὶ χωρὶς αὐτοῦ ἐγένετο οὐδὲ ἕν. ὃ γέγονεν ἐν αὐτῷ ζωὴ ἦν, καὶ ἡ ζωὴ ἦν τὸ φῶς τῶν ἀνθρώπων· καὶ τὸ φῶς ἐν τῇ σκοτίᾳ φαίνει, καὶ ἡ σκοτία αὐτὸ οὐ κατέλαβεν.