jueves, 2 de abril de 2015

LA ORATORIA DEL S. IV A. C. COMO FENÓMENO LITERARIO


Remozo esta entrada de febrero de 2009 y se la dedico a una amiga, acreditada catedrática, que sufrió con Demóstenes en 1989; y, desde luego, no porque ella no supiese griego. ¡Ojalá la Týche nos dé siempre a todos buenos profesores!


Finalizado el “Siglo de Pericles”, la oratoria continuó representada en Atenas, a lo largo de todo el S. IV a. C., por figuras de primera o primerísima línea; de ellas se hablará en esta entrada.


1. AMBIENTE POLÍTICO EN EL S. IV. LA ORATORIA DE LISIAS.

Se han de plantear primeramente las características del ambiente político del S. IV a. C.:

El final de la guerra del Peloponeso, el año 404 a. C., constituye una fecha fundamental:
  • Desaparece de Atenas por un tiempo el sistema democrático y se implanta el gobierno de los Treinta Tiranos.
  • La democracia se reintrodujo en 401 / 400: continuará existiendo hasta 322, pero en forma rebajada, por contraste con la situación en el S. V.
  • Tras la victoria de 404, Esparta alcanza la hegemonía, si bien ésta no podrá mantenerse por mucho tiempo.
  • En el extremo oriental, las póleis griegas de Asia Menor caerán bajo el poder de Persia.
  • En Grecia continental, Esparta perdió su hegemonía ante Tebas en la batalla de Leuctra (371): el hundimiento de Esparta fue definitivo.
  • La hegemonía de Tebas tampoco pudo mantenerse, pues se basaba únicamente en la genialidad de una sola persona, Epaminondas.
  • Y la batalla de Mantinea (362) puso punto final a la hegemonía tebana al producirse en ella la muerte de Epaminondas.
  • En la situación de “vacío de poder” que se produjo entre las ciudades griegas aparece, venido de fuera, un nuevo poder que tendrá influencia decisiva: Macedonia.
  • Filipo II se enfrentó a sus oponentes, personificados en Demóstenes. La victoria en Queronea (338) llevó a Grecia una unidad política impuesta desde fuera (aunque, en principio, se trataba de formar una coalición contra el persa).
  • Filipo II muere en el 336 y le sucede Alejandro, creador de un imperio universal: mira la entrada 34. El mundo del Helenismo y el desarrollo de la Filología.
Tras repasar el nuevo contexto histórico de la literatura ateniense del S. IV, es oportuno comenzar el repaso a la oratoria de este período recordando el caso de Andócides (mira la entrada ), quien es un ejemplo a contrario.
La inadecuada formación retórica de Andócides le había privado de los éxitos que había esperado obtener fiado de su ascendiente y prestigio social. Que las características personales no bastaban para lograr el éxito como orador quedaba suficientemente probado.
Los oradores del nuevo siglo debían optar por el tipo de oratoria de Antifonte y desarrollarla, desestimando el ejemplo de Andócides.

Como primer representante de los oradores que, en el nuevo siglo, conjurarán los errores de éste mediante el dominio de las técnicas retóricas, ha de citarse al meteco Lisias (en torno a 440 – después de 380).

Lisias es, en el S. IV, el representante principal de la logografía (la redacción de discursos por cuenta ajena) que, en la generación anterior, había cultivado Antifonte.

Es conveniente comentar algunos datos importantes de la biografía de Lisias; en alguna ocasión (en el discurso XII, Contra Eratóstenes), estos datos han dejado sus huellas en los discursos:
  • Su padre, Céfalo, había llegado a Atenas procedente de Siracusa: por tanto, Lisias no era ciudadano ateniense sino meteco.
  • Era de profesión fabricante de escudos (con éxito): su casa es el escenario de la República de Platón.
  • En 430 emigró con su hermano Polemarco a la nueva fundación de Turios: allí debió de entrar en contacto con la retórica siciliana y se familiarizó con sus métodos.
  • Regresó a Atenas en 412.
  • En 404 / 403, el régimen de los Treinta Tiranos confiscó la fortuna de la familia y ejecutó a Polemarco; Lisias debió de escapar a Mégara.
  • A la caída del régimen, Lisias procedió contra el máximo responsable de lo sucedido con su familia, Eratóstenes.
  • Ésta es la situación tratada en el discurso XII, el único del corpus que trata de un proceso protagonizado por Lisias: posiblemente, fue pronunciado por él mismo.
El corpus Lysiacum está integrado por 35 discursos; sobre él, y en general sobre Lisias, cfr. Dover 1968:
Dover, K.J., Lysias and the Corpus Lysiacum, Berkeley, 1968.
En la Antigüedad circularon más de 400 discursos con su nombre, de los que pasaban por ser auténticos 233. De esos 35 discursos que conservamos hoy en día, son de autoría dudosa o claramente falsa algunos, especialmente el VI (Contra Andócides) y el XX (En defensa de Polístrato).

Han de resaltarse los aspectos que hicieron famoso a Lisias como logógrafo:
  • Su forma hábil de argumentar.
  • Su capacidad de hallar el tono adecuado para cada uno de los clientes que le encargaban discursos, el retrato de caracteres o ἠθοποιία.
En este sentido es ejemplar el caso del inválido al que se refiere el discurso XXIV (Sobre la suspensión de ayuda monetaria al inválido): el inválido refiere su propia historia y la razón de ser de su invalidez en términos dignos de un verdadero autor dramático.


2. ISÓCRATES

Isócrates de Atenas es prácticamente contemporáneo de Platón. Sin embargo, se le puede considerar en varios aspectos como su polo opuesto.

Sobre su vida recuerdo que vivió entre 436 – 338 (Platón, entre 428/427 – 348/347). Según una tradición poco fiable, se dejó morir de hambre tras la derrota ateniense en Queronea.

Se instruyó con figuras como los sofistas Gorgias (al que sigue en el estilo), Pródico y el propio Sócrates.

Descendía de una familia acaudalada pero no aristocrática, a diferencia de Platón. Perdió la fortuna de su padre en la guerra del Peloponeso, según cuenta en Sobre el cambio de fortunas 161 – 162.

Entre 403 y 390, hubo de dedicarse a escribir discursos judiciales para otros, a fin de poder sobrevivir: esto es, también él, como Lisias (cfr. supra) trabajó como “logógrafo”.

Más adelante (p. ej. en Sobre el cambio de fortunas) negará haber desempeñado esta actividad, que era considerada como propia de artesanos; mira Sobre el cambio de fortunas 36, 38:
Ni aunque pudiera hablar así sobre mí, no se verá que me haya dedicado a discursos semejantes [de tipo forense].
A mí nadie me ha visto en los consejos ni en las investigaciones de un proceso, ni en los tribunales ni con los árbitros, sino que estoy tan alejado de todo esto como ningún otro ciudadano (trad. de J. M. Guzmán Hermida).
En 390 instituyó una escuela en la que Isócrates intentaba enseñar a la juventud lo que él llamaba “filosofía”, el tipo de educación y cultura práctica que necesitarían los jóvenes para su vida pública. Pero, desde el punto de vista de su contemporáneo Platón, aquello no era una escuela de filosofía sino de retórica.

A este respecto es importante, dentro de la obra platónica, el Gorgias y el final del Fedro, 278 e ss., donde se habla de Isócrates en términos evidentemente irónicos:
No sería nada extraño que, al avanzar su edad [la de Isócrates], en ese tipo de discursos que ahora intenta sobrepasara a todos los que anteriormente escribieron más que si fueran niños; y mucho más aún, si no le contentaran estos discursos, y a cosas mayores le condujese un impulso más divino. Pues por natural disposición, amigo mío, hay en la mente de este hombre cierta filosofía (trad. L. Gil).
Sobre la escuela de Isócrates como escuela de retórica habla también, p. ej., Cicerón (De or. V 27: rhetoris officina). De esa escuela salieron, entre los oradores, figuras como Iseo, Licurgo e Hiperides (cfr. infra).
También formó a políticos e historiadores, desde presupuestos claramente distintos de los observados en la Academia de Platón.
Con todo, hago observar que Isócrates parece haber sentido la mayor hostilidad no hacia Platón sino hacia Aristóteles: el sentimiento, a tenor de lo que sabemos y leemos en las obras, era mutuo.

En lo político (ámbito en el que también intentó influir) defendía posturas conservadoras, se oponía a la democracia radical y era favorable al panhelenismo. En función de este panhelenismo llegó, por cierto, a ver con buenos ojos la actuación de Filipo (cfr. discurso 5).

Sin embargo, él no pronunciaba de manera pública los discursos que escribía para celebraciones oficiales: su voz no era buena. Por ello,
  • encargaba a otros que los leyeran,
  • los divulgaba por escrito,
  • los pronunciaba sólo en círculos pequeños.
En época helenística se conservaban 60 discursos bajo su nombre, aunque ya entonces se dudaba de la autenticidad de bastantes: hoy tenemos 21. En los discursos de Isócrates hay
  • Oratoria judicial (escrita para sus clientes antes de la fundación de la escuela: discursos 16 – 21).
  • Oratoria epidíctica (demostrativa): mira el Panegírico (discurso 4), con el que, en 380, propuso a los griegos reunidos en Olimpia una expedición conjunta contra Persia; o mira Sobre la paz (8) y el Areopagítico (7): son muy representativos de su ideario político.
  • Ejercicios retóricos (Helena, discurso 10, y Busiris, discurso 11).
  • Debemos destacar además dos textos que podemos considerar como manifiestos y defensas de su método intelectual: Contra los sofistas (discurso 13) y Sobre el cambio de fortunas (discurso 15).
I. Contra los sofistas (discurso 13) tiene carácter programático y debió de ser compuesto poco después de la apertura de la escuela de Isócrates. En la obra, el orador intenta marcar distancias con respecto al relativismo de la Sofística. Acusa a los sofistas de transmitir una educación superficial, opuesta en este sentido a la que él ofrece a los jóvenes.

II. El Sobre el cambio de fortunas se escribió en el año 354, desarrollando las ideas incluidas en la obra anterior, a la que cita: cfr. § 194:
Para evitar estas acusaciones [de ser un sofista], cuando comencé a dedicarme a esta actividad divulgué un discurso escrito en el que dejaba claro que criticaba a quienes hacen promesas excesivas [a los sofistas en cuanto educadores] y exponía mi propia opinión. (...) Intentaré explicaros lo que declaraba. Empezaba desde aquí [cita].
El Sobre el cambio de fortunas es el texto que la crítica considera como la “autobiografía de Isócrates”. Las circunstancias del discurso eran éstas:
El ciudadano Megaclides, que debía sufragar una trierarquía, propuso contra Isócrates, hacia el año 355, un pleito de cambio de fortunas (antídosis), que implicaba la obligación de que Isócrates se encargara de esa leitourgía (si es que se juzgaba que era más rico que Megaclides) o bien intercambiara con él su fortuna (con lo que saldría perdiendo en términos económicos).
Isócrates perdió el proceso y hubo de cargar con los gastos de la leitourgía. Esto debió de hacerle comprender la opinión que tenían de él los ciudadanos atenienses, quienes pensaban que se estaba enriqueciendo a través de las actividades de su escuela.
III. Dentro del corpus ocupa también un lugar importante el Panatenaico (discurso 12), la última obra de Isócrates.
  • Contiene una alabanza de Atenas.
  • En el discurso hay también largas partes en las que Isócrates reflexiona sobre cómo escribió el discurso: se aproxima a lo que para nosotros es un ensayo.
Es oportuno comentar que existe acuerdo en considerar que el estilo de Isócrates no es especialmente memorable. P. ej., es uno de los autores más criticados por distintos vicios de estilo en el Tratado de lo sublime de Pseudo-Longino (mira la entrada ).
  • De él se habla allí en XXI, a propósito del asíndeton, del error en que se puede caer por no usarlo y recurrir al polisíndeton, que destruye la intensidad del estilo: se lo considera como un vicio de la escuela de Isócrátes.
  • También se habla de él en XXXVIII, dentro del estudio de la hipérbole y de los vicios a los que puede dar ocasión. En este sentido se proponen ejemplos incorrectos de Isócrátes junto a otros correctos de Tucídides y Heródoto.


3. ISEO, HIPERIDES, LICURGO Y DINARCO

En la escuela de Isócrates se formaron políticos e historiadores. Pero de aquella rhetoris officina (Cic., De or. V 27) salieron, ante todo, oradores, como por ejemplo éstos que pertenecen a la lista canónica:
  • Iseo (en torno a 420 – después de 343),
  • Hiperides (389 – 322),
  • Licurgo (en torno a 390 – 324)
  • Dinarco (en torno a 360 – después de 292).
En relación con ellos recordaremos:

I. Iseo (en torno al 420 – después del 343) estuvo activo en la primera mitad del S. IV como maestro de retórica y logógrafo. Nótese que Iseo ya no unía en su persona (como Isócrates) los aspectos de
  • El profesor.
  • El ciudadano implicado en la política.
Era, simplemente, un profesional de la logografía. Conservamos doce de sus discursos: once a través de los códices, más uno conservado sólo en parte gracias a Dionisio de Halicarnaso.

Iseo demuestra una competencia especial en los procesos relativos a herencias: es una fuente fundamental para conocer los entresijos del derecho de sucesión ateniense. De él se dice que fue maestro de Demóstenes.

II. Hiperides (389 – 322), por su parte, representa una manera diferente de entender la labor del rétor:
  • renuncia a la enseñanza
  • y se implica activamente en la vida política.
Así lo hizo también Demóstenes, con quien coincide Hiperides, además, por haber abrazado, como él, el bando antimacedónico. A través de los papiros se conserva de él un discurso completo (En defensa de Euxenipo) y fragmentos de otros cinco. Como Lisias, pasa por haber sido maestro de la ἠθοποιία.

III. Licurgo (en torno a 390 – 324) pertenece también al canon de los 10 oradores áticos, aun siendo, con Dinarco, uno de los menos famosos. Pertenecía a la facción antimacedónica. No era logógrafo pero pronunció discursos contra rivales corruptos (conservamos una demanda contra Leócrates por traición).

IV. Dinarco (en torno a 360 – después de 292), el más joven de estos oradores del S. IV, era un meteco procedente de Corinto. Fue un logógrafo de segunda fila que alcanzó importancia política por escribir discursos para procesos políticos. También él pertenece al canon de los diez oradores áticos.
Conservamos tres discursos de Dinarco; entre éstos, un discurso contra Demóstenes (discurso 1).


4. DEMÓSTENES. ESQUINES

El orador más importante del S. IV a. C. (y, en realidad, de toda la historia de Grecia) es Demóstenes (384 – 322); al hablar de él deberemos recordar además a su rival Esquines (390 – ca. 315).

Demóstenes (384 – 322) era hijo de un fabricante de armas que murió siendo él un niño. En el año 364 / 363 se enfrentó en el tribunal con sus tutores legales por causa de la herencia, que había sido malversada.

Trabajó hasta aproximadamente 355 a. C. exclusivamente como logógrafo, ocupación que parece que no abandonó nunca.
Parece incluso que, en una ocasión, redactó los discursos para las dos partes enfrentadas: mira los discursos 36 y 45, y el testimonio de Plutarco en su Vida de Demóstenes.
En torno a esa fecha (355) emprendió una nueva senda como orador político, enfrentado al poder en expansión de Filipo.

Como tránsito entre una fase y otra pueden contemplarse los discursos, escritos todavía como logógrafo (para otros), en los que denuncia a personajes públicos de su época.
P. ej., Discursos 22, 24, 20: Contra Androción, Contra Timócrates, Contra Leptines.
Estos discursos son de los años 355 y siguientes. El paso siguiente fue entrar directamente en la vida pública y atacar la política de Filipo: del año 351 a. C. es la primera de sus cuatro Filípicas (or. 4).
Fracasó en este intento, como también con las Olintíacas (or. 1, 2, 3), relativas a la ciudad de Olinto, que Filipo había aniquilado. Las cuatro Filípicas, que fracasaron, son los discursos 6, 9, 10, más el 4, ya mencionado.
En vista de ello y del fracaso en Queronea (338) de la coalición (Tebas y Atenas) que él había apoyado, se esforzó por que se mantuvieran intactos y se mejoraran los muros de Atenas.

Estos esfuerzos le granjearon una enorme estima pública entre sus conciudadanos y le hicieron merecedor del encargo del epitáphios lógos que ocupa el número 60 dentro de su corpus.

El año del asesinato de Filipo (336), un particular, Ctesifonte, solicitó que los esfuerzos desarrollados por Demóstenes en relación con la defensa de Atenas fueran premiados con una corona. Esquines se manifestó en contra de ello y acusó a Demóstenes.

En el proceso del 330 (se retrasó hasta esa fecha por diversos acontecimientos) Esquines pronunció un discurso contrario a Demóstenes (Contra Ctesifonte), que se conserva.

Asimismo se conserva el discurso contrario de Demóstenes: Sobre la corona (or. 18), discurso de defensa que el orador pronunció en persona. Este discurso fundamental contiene una justificación de toda su actividad política.
En este sentido, el discurso puede compararse con la Antídosis de Isócrates, también una autojustificación.
La derrota de Esquines en el proceso fue completa: al no conseguir un quinto de los votos y no poder pagar la multa consiguiente, abandonó Atenas para dedicarse a la enseñanza de la retórica en Rodas.

Con todo, la fase siguiente de la vida de Demóstenes no fue exactamente dorada. Las muertes de Filipo y Alejandro no devolvieron a Atenas a su situación previa. Y Demóstenes se vio implicado en un escándalo en relación con Hárpalo, tesorero de Alejandro que huyó a Atenas: supuestamente, este Hárpalo le habría sobornado.
  • En el 323, Demóstenes fue condenado (Dinarco elaboró el escrito de acusación): tuvo que abandonar Atenas.
  • Regresó cuando Hiperides emprendió una guerra contra los macedonios (guerra lamíaca): de Hiperides conservamos a través de papiros su discurso en honor de los caídos en la guerra en el 322.
  • Demades presentó un requerimiento, Demóstenes fue condenado a muerte y se suicidó (322). Después, los macedonios ejecutaron a Hiperides (también en el 322).
Para ofrecer una visión de conjunto de la obra del orador recordamos que se conservan 61 discursos de Demóstenes. Los cuatro grupos en los que suelen dividirse sus obras son:
  • Discursos pronunciados ante la asamblea: or. 1-17 (pero 11 y 12 no son auténticos) – aquí se encuentran las Olintíacas y las Filípicas.
  • Discursos pronunciados con ocasión de procesos políticos: or. 18-26 (25 y 26 no son auténticos).
  • Discursos pronunciados con ocasión de procesos privados: or. 27-59 – en este grupo hay bastantes discursos de autenticidad incierta.
  • Los dos discursos epidícticos que aparecen al final del corpus: or. 60 y 61.
Or. 60 es el Epitafio. Or. 61 es el Erótico, un discurso falso con el que se intenta que un joven conceda sus favores a otro joven.

Demóstenes, el mejor orador de Grecia, se convirtió en referencia para los oradores de la posteridad. Entre ellos, para el mejor orador de Roma, Cicerón, quien compuso sus propias Filípicas contra Marco Antonio.
Pseudo-Longino puso en relación a Demóstenes y Cicerón, considerando a los dos como las cimas de, respectivamente, la oratoria griega y la latina.
A manera de broche de la entrada debemos hablar de Esquines (390 – en torno al 315); en relación con su vida comentaremos su oposición a Demóstenes y que adoptó una postura favorable a Macedonia. De su obra se conservan tan sólo tres discursos:
  • Contra Timarco (345).
  • Sobre la embajada (343).
  • Contra Ctesifonte (330): relativo a la cuestión de la corona que Ctesifonte pidió para Demóstenes.
En varios momentos de los discursos, hay oposición abierta a Demóstenes y sus ideas. Su caso es, en cierto modo, comparable con el de Andócides: parece que, antes que orador profesional, era un aficionado con talento. Filóstrato lo consideraba como fundador de la Segunda Sofística precisamente por su capacidad de improvisación.



ALGUNAS REFERENCIAS:

* Sobre aspectos generales:
BUCKLER, J., The Theban Hegemony (371-362 b.C.), Cambridge-Massachusetts-Boston, 1980.
CARGILL, J., The Second Athenian Empire. Empire or Free Alliance?, California, 1981.
DAVID, E., Sparta between Empire and Revolution (404-243 b.C.). Internal Problems and their Impact on Contemporary Greek Consciousness, Salem-New Hampshire, 1981.
KENNEDY, G., “La oratoria en el siglo IV”, en P.E. Easterling y B.M.W. Knox (eds.), Historia de la Literatura Clásica. I. Literatura Griega, Madrid, 1990, pp. 548-570 (The Cambridge History of Classical Literature I. Greek Literature, Cambridge, 1985).

* Sobre Lisias:
DOVER, K.J., Lysias and the Corpus Lysiacum, Berkeley, 1968.
CALVO MARTÍNEZ, J.L. (trad.), Lisias. Discursos, Madrid, 1988-1995.
FLORISTÁN IMÍZCOZ, J.M. (ed. y trad.), Lisias. Discursos. III, XXVI-XXXV. Fragmentos, Madrid, 2000.
GALIANO, M.F. (ed. y trad.), Lisias. Discursos. I, I-XII, Madrid, 1953.
GIL, L. (ed. y trad.), Lisias. Discursos. II, XIII-XXV, Madrid, 1963.

* Sobre Isócrates:
CLOCHE, P., Isocrate et son temps, París, 1963.
EUCKEN, C., Isokrates. Seine Positionen in den Auseinandersetzungen mit den zeitgenössischen Philosophen, Berlín-Nueva York, 1983.
FORD, L.C., The Sophistic Trichotomy of Natural Ability, Practice and Knowledge in the Educational Philosophy of Isocrates, Princeton, 1984.
LOMBARD, J., Isocrate: rhétorique et éducation, París, 1990.
MASARACCHIA, A., Isocrate: retorica e politica, Roma, 1995.
POULAKOS, T., Speaking for the Polis: Isocrates' Rhetorical Education, Columbia S. C., 1997.
POULAKOS, T., y DEPEW, D., Isocrates and Civic Education, Austin, 2004.
ROTH, P., Der Panathenaikos des Isokrates: Übersetzung und Kommentar, Múnich, 2003.
SIGNES CODOÑER, J., “El Panatenaico de Isócrates. 1. El excursus de Agamenón”, Emerita 64 (1996), pp.137-156.
SIGNES CODOÑER, J., “El Panatenaico de Isócrates: Tema y finalidad del discurso”, Emerita 66 (1998), pp. 67-94.
TOO, Y. L., The Rhethoric of Identity in Isocrates: Text, Power, Pedagogy, Cambridge, 1995.
USHER, S., “The Style of Isocrates”, BICS 20 (1973), pp. 39-67.

* Sobre Iseo, Hiperides, Licurgo y Dinarco:
CURTIS, T.B., The Judicial Oratory of Hyperides, Chapel Hill, 1970.
DENOMME, J.M., Recherches sur la langue et le style d'Isée, Hildesheim-Nueva York, 1974.
ENGELS, J., Studien zur politischen Biographie des Hypereides, Múnich, 1993 (2ª ed.).
MALCOVATI, E., Licurgo, Roma, 1966.
MARENGLI, G., De Dinarcho, Florencia, 1970.
WEVERS, R.F., Isaeus. Chronology, Prosopography and Social History, La Haya, 1969.
WORTHINGTON, I., A Historical Commentary on Dinarchus: Rhetoric and Conspiracy in Later Fourth-Century Athens, Ann Arbor, 1992.

* Sobre Demóstenes:
COLUBÍ, J.M. (trad.), Demóstenes. Discursos privados, Madrid, 1983 (2 tomos).
HERNÁNDEZ MUÑOZ, F., La expresión del conocimiento y la voluntad en los discursos políticos de Demóstenes, Madrid, 1988.
HERNÁNDEZ MUÑOZ, F., “Demóstenes 1965-1997: repertorio bibliográfico”, Tempus 21 (1999), pp. 37-74.
HERNÁNDEZ MUÑOZ, F., “Demóstenes, Esquines y el teatro”, en E. Calderón Dorda et alii (eds.), KOINÒS LÓGOS. Homenaje al profesor José García López, Murcia, 2006, pp. 425-430.
JAEGER, W., Demóstenes, México, 1976 (Demosthenes. The Origin and Growth of his Policy, Berkeley, 1938).
LÓPEZ EIRE, A., “Demóstenes: estado de la cuestión”, EClás 20 (1976), pp. 37-63.
LÓPEZ EIRE, A., “Introducción general”, en Demóstenes. Discursos políticos. I, Madrid, 1980, pp. 7-37.
LÓPEZ EIRE, A. (trad.), Demóstenes. Discursos políticos, Madrid, 1980-1985 (3 tomos).
MATHIEU, G., Démosthène. L'homme et l'oeuvre, París, 1948.
NAVARRO GONZÁLEZ, J.L. (trad.), Demóstenes. Discursos, Madrid, 1990.
PEARSON, L., The Art of Demosthenes, Meisenheim am Glan, 1976.
RONNET, G., Étude sur le style de Démosthène dans les discours politiques, París, 1951.
SEALEY, R., Demosthenes and His Time. A Study in Defeat, Oxford, 1993.

* Sobre Esquines:
KINDSTRAND, J.F., The Stylistic Evaluation of Aeschines in Antiquity, Upsala, 1982.
SCHINDEL, U., “Doppeltes Recht oder Prozeßtaktik? Zu Aischines'erster und dritter Rede”, Hermes 76 (1978), pp. 100-116.






domingo, 22 de marzo de 2015

LA CONSTITUCIÓN DE LA ORATORIA COMO GÉNERO LITERARIO EN EL S. V A. C.


Dentro de unos meses hablaré en Cáceres de un tema para el que la retórica tiene una importancia primordial. Por ello pienso que es buen momento para refrescar y renovar lo que escribí sobre el tema hará ya nueve años; esta entrada se publicó después en su primera versión el 12 de febrero de 2009.


El género de la oratoria se constituyó como tal en la Atenas del siglo V a. C., al amparo del ambiente político y social introducido por la democracia. Sobre este asunto propongo de entrada tres referencias básicas:

CANFORA, L., “Los oradores áticos”, en R. Bianchi Bandinelli (ed.), Historia y civilización de los griegos. V. La crisis de la polis. Historia, literatura, filosofía, Barcelona, 1981, pp. 317-341.

CORTÉS GABAUDÁN, F., “La oratoria griega como género literario”, en D. Estefanía et alii (eds.), Géneros grecolatinos en prosa, Alcalá de Henares – Santiago, 2005, pp. 205-232.

LÓPEZ EIRE, A., “La oratoria”, en J.A. López Férez (ed.), Historia de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 737-779.


1. NUEVAS CIRCUNSTANCIAS, NUEVAS NECESIDADES.

Abro la exposición comentando ese ambiente novedoso que introducen las estructuras democráticas del período clásico. Hablaré de los nuevos ámbitos públicos que surgen en la Atenas del S. V, ante todo la asamblea política y los tribunales de justicia: dos ámbitos nuevos para destacar en los cuales no bastaba con las estrategias que podía ofrecer la tradición.

I. Nótese que, en la sociedad aristocrática, las grandes decisiones “políticas” no se tomaban de manera pública sino entre bastidores. No se contaban votos, se llegaba a decisiones a través de la conversación “entre iguales”. Por ello, en esos ambientes, para llevar la negociación al punto apetecido podía bastar con la autoridad del individuo.

Es significativo, en este sentido, recordar la situación en Ilíada II y lo extemporánea que resulta la intervención en la asamblea de Tersites, quien
  • ni tiene autoridad para tomar la palabra ante Agamenón
  • ni domina las pautas de expresión tradicionales (oratoria avant la lettre: cfr. Torres 1998; y, más en general, Havelock 1963 = 1994) que desempeñaban también un papel en la cultura oral.
Nótese que en la nueva situación de la democracia ateniense ya no basta con el prestigio individual. Aunque éste pudiera tener un valor determinante en algunos casos como el de Pericles.

Para atraer mayorías en las asambleas populares y “llevarse el gato al agua”, lo habitual es que otro elemento tuviera más peso que la autoridad del personaje.

Ese elemento era la capacidad de hablar en público, el dominio de la técnica de la palabra.

II. Es equiparable la situación que se vivía en los tribunales de justicia de la democracia.
Nótese que el sistema judicial en Atenas era claramente distinto del actual:
  • No había un acusador público.
  • Cualquier ciudadano podía presentar la acusación cuando creía que se había transgredido la ley.
  • Ante una acusación, el estado constituía un jurado compuesto de ciudadanos de a pie, personas sin vinculo profesional con la justicia.
  • Como sabemos por la comedia de Aristófanes (p. ej., Avispas), estos individuos cobraban de la pólis una indemnización por los servicios prestados.
El conseguir que la causa de uno triunfara o fracasase dependía de la propia habilidad en defenderse y atacar. Por ello, también en este ámbito se imponía como necesidad tener un dominio técnico de la palabra.
  • Tanto más si recordamos que, en la oratoria judicial griega, el peso de la argumentación descansaba en los razonamientos de verosimilitud.
  • En cambio, el testimonio de los testigos (los mártyres) tenía sólo importancia subsidiaria.
  • Contra esta situación (que parece primar lo que se presente como verosímil por encima de la verdad) se pronunció Platón: mira Fedro 267 a, en referencia a Tisias y Gorgias.
III. A los dos foros antes mencionados (asamblea política y tribunales de justicia) han de añadirse, como tercer ámbito potencial de ejercicio de la retórica, ciertas celebraciones públicas.

Con ocasión de las fiestas de la pólis, también se pronunciaban discursos con carácter oficial.
P. ej., con motivo de la conmemoración anual de los caídos en combate comenzó a pronunciarse, a partir de algún momento del S. V, un epitáphios lógos.
El más famoso de estos discursos es el que Tucídides pone en boca de Pericles dentro de su Historia.
Para satisfacer precisamente todas estas nuevas necesidades surge en este momento, en Atenas, el género literario de la retórica: con este género, alcanza su madurez la prosa literaria ática.
Como bibliografía de urgencia sobre los orígenes de la retórica, cf. LÓPEZ EIRE, A., “Sobre los orígenes de la oratoria”, Minerva 1 (1987), pp. 13-31.

2. LA RETÓRICA COMO GÉNERO.

Con cada uno de los tres ámbitos definidos en la sección previa de esta entrada (asamblea política, tribunales de justicia, celebraciones públicas) se corresponde uno de los tres géneros de la retórica:
  • génos symbouleutikón (género deliberativo),
  • génos dikanikón (género judicial),
  • génos epideiktikón (género demostrativo).
Esta tripartición de la oratoria recibe fundamento teórico en la obra de Aristóteles (Retórica I 3, 1358 a 36 ss.), quien se expresa así sobre los tres genera dicendi clásicos:
Los géneros de la retórica son tres, pues éste es el número de los tipos posibles de oyentes de los discursos. En efecto, en el discurso hay que distinguir tres elementos: quién habla, sobre qué habla y a quién habla; pero el fin del discurso está en éste, o sea en el oyente. Y es necesario que el oyente sea o espectador o árbitro, y de ser árbitro lo será de acontecimientos pasados o futuros. El que dictamina sobre los acontecimientos futuros es el miembro de una asamblea, el que dictamina sobre los pasados es el juez y el que lo hace sobre la habilidad es el espectador. Así pues, necesariamente debe haber tres géneros de discursos retóricos: el deliberativo, el judicial y el demostrativo (trad. J. B. Torres).
Los tres géneros del discurso retórico parecen tener un carácter efímero: su objetivo no es permanecer en la posteridad sino convencer al auditorio en un momento concreto. No obstante, lo cierto es que se ha conservado un corpus importante de discursos de finales del S. V y, sobre todo, del IV.
Ello se puede contemplar como un índice de la alta elaboración formal que alcanzaron estos discursos: su forma no es algo secundario sino esencial, que les hacía merecedores de permanecer en el tiempo.
Como sucedió habitualmente con los otros géneros literarios de Grecia, la constitución del género retórico llevó al establecimiento de pautas y convenciones:
  • La experiencia enseñó que éstas constituían la mejor estrategia si se quería tener éxito en la ejecución pública del discurso.
  • Por ello, las convenciones del género habían de ser conocidas por quienes desearan tener éxito en sus intervenciones.
Como un ejemplo simple y bien conocido de las convenciones del género retórico puede mencionarse la típica estructura cuatripartita de los discursos judiciales:
  • Prooímion, diégesis, pístis, epílogos.
  • Introducción, narración, argumentación (prueba), conclusión.
Esta es la estructura que solemos encontrar en los discursos judiciales clásicos. Es, por cierto, una división del discurso distinta de la identificada por Aristóteles en la Retórica (III 13, 1414 a 31 ss.); según dice el filósofo en ese lugar, el discurso debe constar de sólo dos partes:
  1. Proposición (próthesis).
  2. Argumentación (pístis).
El discurso consta de dos partes, pues es necesario decir de qué trata el asunto y demostrarlo. Por ello es imposible decir algo y no demostrarlo, o demostrarlo sin haberlo anunciado: el que demuestra, demuestra algo, y, el que anuncia, anuncia en función de su demostración. De estas dos partes del discurso, la una es la proposición (próthesis) y la otra la argumentación (pístis); daría lo mismo distinguir entre problema (próblema) y demostración (apódeixis).

Sin embargo, las divisiones al uso son risibles. En efecto, la narración sólo se da en el discurso judicial; mas en el demostrativo y en la arenga, ¿cómo va a haber una narración del tipo que dicen?; ¿o cómo habrá una refutación del contrario o un epílogo en los discursos demostrativos?
(trad. J. B. Torres).


3. LOS SOFISTAS Y LA RETÓRICA.

Un estudio de la oratoria en el S. V a. C. debe referirse necesariamente a la labor de los sofistas. Mira la entrada n ese lugar se habla suficientemente del papel que ocupan los sofistas en la historia de las ideas y la filosofía griega.

En esta nueva entrada se habla de los sofistas en tanto que teóricos y maestros de la palabra. Sucede que uno de los saberes que ofrecían era precisamente la habilidad en el manejo de la palabra, gracias a la cual lograrían triunfar sus jóvenes alumnos.

Empiezo por Protágoras y recuerdo su papel como maestro de retórica, concretamente de erística.
  • La erística es el arte de disputar sobre el que escribió una obra con ese título.
  • En ella debía de defenderse la idea de que sobre todo asunto hay dos lógoi contrapuestos.
  • Y que el orador ha de esforzarse por "convertir en superior el lógos [o argumento] inferior", τὸν ἥττω λόγον κρείττω ποιεῖν.
En relación con Gorgias de Leontinos (en torno a 485 – 390) destaco que fue, fundamentalmente, un maestro de retórica. Por ello creo que es ilustrativo recordar lo que dice Gorgias, en su Elogio de Helena, a propósito de la palabra,
poderoso soberano que, con un pequeñísimo y muy invisible cuerpo, realiza empresas absolutamente divinas. En efecto, puede eliminar el temor, suprimir la tristeza, infundir alegría, aumentar la compasión.
Se han de destacar los supuestos vínculos de Gorgias con la retórica siciliana.
Nótese que Sicilia y Siracusa vivieron también un largo período de democracia (desde 466, tras la muerte de Hierón, hasta 405) en el que pudo desarrollarse el arte de la palabra. En el período democrático, tras la caída de las tiranías sicilianas, quienes antes habían sido desprovistos de sus bienes tuvieron que pleitear para poder recuperarlos.
Los representantes principales de la retórica siciliana de la época debieron de ser Córax y Tisias, aunque de su trabajo no queda apenas nada. Todo lo más se puede decir, partiendo del testimonio de Platón (Fedro 273 a), que Tisias desarrolló el método de la argumentación y confirió al eikós (el argumento de verosimilitud) el puesto que ocupa dentro de la oratoria griega.
Un ejemplo clásico del argumento de verosimilitud puede ser éste: un hombre pequeño es acusado de haber iniciado una pelea contra un hombre grande / el hombre pequeño se defenderá diciendo que es improbable que él hubiera empezado una pelea contra otro más grande y más fuerte.
Gorgias de Leontinos (Sicilia) pasa por haber sido discípulo de Córax y Tisias. En el año 427 llegó a Atenas como embajador de su patria: obtuvo rápidamente el éxito popular por el llamativo estilo de su oratoria, rica en efectos rítmicos.
Mira lo que se dice en la obra de K.J. Dover, The Evolution of Greek Prose Style, Oxford, 1997.
De la producción retórica de Gorgias se conservan dos ejemplos, dos discursos epidícticos: el Elogio de Helena y la Defensa de Palamedes. Estos dos discursos son verdaderos tours de force en los que la retórica se aplica a defender dos causas imposibles tomadas de la leyenda.

En el Elogio de Helena, Gorgias argumenta a favor de que Helena (la adúltera por excelencia en la mitología clásica) no es culpable porque cometió adulterio bajo coacción, no por decisión voluntaria sino obligada
  • o por disposición del destino,
  • o por la fuerza,
  • o persuadida por la palabra
  • o por amor.
En la Defensa de Palamedes, Gorgias asumió la defensa de Palamedes: en la leyenda, fue condenado a muerte por culpa de una acusación falsa de Odiseo.

Para defender a Palamedes, Gorgias recurría al método de la reducción al absurdo, que había sido desarrollado por la escuela de Elea.
Así pues, su defensa de Palamedes consiste en hacer ver que carece de sentido suponer que el héroe hubiera sido sobornado por los troyanos.
El mismo tipo de argumentación lo aplicó también en su obra de carácter filosófico: en el escrito Sobre el no ser (hay resumen en Sexto Empírico), toma postura contra las tesis de Parménides intentando reducirlas al absurdo: mira la entrada .


4. RETÓRICA EN LA ATENAS DEL S. V A. C.: ANTIFONTE; ANDÓCIDES.

Como representantes fundamentales de la oratoria ática del S. V a. C. se ha de destacar, tras lo dicho sobre Gorgias, a Antifonte y Andócides, de los cuales se conservan discursos. Hay traducción de los dos en Redondo Sánchez, J. (trad.), Antifonte, Andócides. Discursos y fragmentos, Madrid, 1991.

No son, obviamente, los únicos oradores áticos del S. V; a su número se podrían agregar otros que conocemos, al menos, por sus nombres: Trasímaco de Calcedón, Teodoro de Bizancio, Eveno de Paros o Critias.

En el caso de Antifonte (supuestamente, 480-411) ha de indicarse, ante todo, que no sabemos con certeza si Antifonte, el orador oriundo de Ramnunte, ha de ser identificado con Antifonte, el sofista.
Cfr. Wiesner, J., “Antiphon, der Sophist und Antiphon der Redner – ein oder zwei Autoren?”, WS 107-108 (1994-1995), pp. 225-243.
De ser idénticos, este único Antifonte, sofista y orador, habría sido el oligarca que murió ejecutado en 411, tras el paréntesis oligárquico de ese año (gobierno de los Cuatrocientos). Según Tucídides (VIII 68), este Antifonte fue, además, el ideólogo del golpe del 411. Algunos creen en una evolución de Antifonte:
  • primero, orador;
  • después, con más edad, sofista y filósofo.
De tratarse de personas distintas (en la Antigüedad, era ya la opinión de Dídimo; también lo dice López Eire 1988), al primero se le deberían atribuir los tratados que circularon bajo el nombre de Antifonte.

Éstos trataban de temas como la verdad y la concordia (Sobre la verdad, Sobre la concordia): vuelve a mirar la entrada .

Por otro lado, el orador Antifonte, del que Tucídides habla en términos claramente elogiosos, es el rétor ático más antiguo del que conservamos textos.

Este Antifonte fue un logógraphos, un escritor de discursos judiciales por cuenta ajena. Redactó modelos de discurso en los que presentaba, para un mismo caso (relacionados todos con homicidios), tanto el escrito de la defensa como el de la acusación.
  • Han de destacarse, por cierto, las concomitancias que tal modo de proceder presenta con la Sofística, con los tratados anónimos conocidos como Dissoì lógoi.
  • Las concomitancias con la Sofística se advierten además en aspectos de estilo: cfr. lo que comenta López Eire (1988, 749-750).
Los modelos de discursos de Antifonte se agrupan en tres tetralogías, que nosotros conservamos. Cada tetralogía consta de un escrito de la acusación, otro de la defensa, otro de réplica de la acusación y otro de réplica de la defensa.

Estos doce discursos presentan introducción, argumentación y conclusión pero apenas se detienen en la narración. Se da por sobreentendida, pues era algo así como el enunciado del problema retórico al que intentaba responder el discurso de muestra.

Dada la consideración del homicidio en estos “discursos de muestra” como una mancha que contamina a toda la ciudad, dada la relación que en ellos se advierte todavía entre religión y derecho, suelen ser atribuidos a una fecha de composición temprana: 440 aproximadamente.

En la Antigüedad se le atribuían a Antifonte, en total, 35 discursos. Nosotros, aparte de las Tetralogías, conservamos otros tres discursos, sus únicos discursos reales, todos obras de encargo, todos sobre casos de homicidio:
  • Sobre el coreuta (419 / 418).
  • Acusación de envenenamiento contra la madrastra (416 aproximadamente).
  • Sobre el asesinato de Herodes (414 aproximadamente).
Además, tenemos fragmentos de su Autodefensa (pronunciada en el proceso del 411): es el único discurso en el que Antifonte habla en nombre propio.

Es notable la habilidad con que Antifonte maneja el argumento del eikós, por ejemplo en el discurso I: Acusación de envenenamiento contra la madrastra (presenta la demanda el hijastro de la madrastra, pues piensa que ésta ha envenenado a su padre):
  • la defensa de la madrastra no accedía a que los esclavos fueran sometidos al básanos;
  • por tanto, el orador deduce que los acusados basaban la salvación de la madrastra en que los esclavos no fueran interrogados bajo tortura;
  • de ahí se llegaba a deducir, como lo más verosímil, la culpabilidad de la madrastra.
Antifonte es el primero de los diez oradores áticos canónicos a los que se refieren las Vidas incluidas en el corpus de Plutarco: Antifonte / Andócides / Lisias / Iseo / Isócrates / Demóstenes / Esquines / Hiperides / Licurgo / Dinarco.

Cerraré esta entrada sobre la oratoria del S. V con algunas observaciones acerca de Andócides (en torno a 440-390).

A este le corresponde el dudoso honor de haber sido considerado el peor de los diez oradores áticos canónicos. En realidad, no fue un orador profesional sino un aficionado del que, por suerte para él, conservamos discursos. Mira lo que dicen

KENNEDY, G., “The Oratory of Andocides”, AJPh 79 (1958), pp. 32-43.
LÓPEZ EIRE, A., “El orador Andócides”, SPhS 5 (1981), pp. 233-253.

Su vida y su obra se vieron marcadas por el episodio de la mutilación de los Hermes en el 415 a. C., con la que estuvo relacionado.

Era un joven aristócrata que, al verse implicado en el proceso por la mutilación, hubo de exiliarse de Atenas. En el 408 a. C. intentó regresar a Atenas pero argumentó de forma tan torpe ante la asamblea que sus aspiraciones fueron rechazadas: cfr. oratio 2, Sobre su regreso.
Nótese, por cierto, que Andócides es nuestro primer ejemplo de oratoria deliberativa, dirigida a convencer a la asamblea.
En el 403 regresa a Atenas y, en el 399, debe defenderse otra vez de la acusación de haber mutilado los Hermes: cfr. oratio 1, Sobre los misterios. En el 392 / 391 formó parte de una embajada a Lacedemonia: el fracaso de la embajada lo condujo a un nuevo destierro.
Al resultado de estas negociaciones fracasadas se refería en el discurso Sobre la paz, que pasa por ser el mejor de los que escribió.
Bajo el nombre de Andócides conservamos otro discurso, Contra Alcibíades, de autenticidad dudosa.

Andócides ejemplifica bien a las claras que, en las nuevas circunstancias, para ganarse apoyos no bastaba con el prestigio personal. Sobre todo era imprescindible dominar la técnica de la oratoria. Andócides, sin embargo, tenía un dominio incompleto de esa técnica. Aunque algo debía de haber aprendido a través de los sofistas, según evidencia, p. ej., su imitación tosca de algunas de las figuras de Gorgias.



ALGUNAS REFERENCIAS

* Trabajos de carácter general e introductorio:
ANDERSEN, O., Im Garten der Rhetorik. Die Kunst der Reden in der Antike, Darmstadt, 2001.
CANFORA, L., “Los oradores áticos”, en R. Bianchi Bandinelli (ed.), Historia y civilización de los griegos. V. La crisis de la polis. Historia, literatura, filosofía, Barcelona, 1981, pp. 317-341 (Storia e Civilitá dei Greci, Milán, 1979).
CORTÉS GABAUDÁN, F., “La oratoria griega como género literario”, en D. Estefanía et alii (eds.), Géneros grecolatinos en prosa, Alcalá de Henares – Santiago, 2005, pp. 205-232.
DOVER, K.J., The Evolution of Greek Prose Style, Oxford, 1997.
EISENHUT, W., Einführung in die antike Rhetorik und ihre Geschichte, Darmstadt, 1974.
FUHRMANN, M., Die antike Rhetorik, Múnich, 1984.
KENNEDY, G., The Art of Persuasion in Greece, Princeton, 1963.
KENNEDY, G., A New History of Classical Rhetoric, Princeton, 1995.
LÓPEZ EIRE, A., “La oratoria”, en J.A. López Férez (ed.), Historia de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 737-779.
NORDEN, E., La prosa d'arte antica: del VI secolo a.C. all' età della Rinascenza, Roma, 1986 (Die antike Kunstprosa, Darmstadt, 1974 = Berlín, 1898).

* Sobre la constitución del género (de la oratoria política e intelectual a la oratoria literaria):
CORTES GABAUDAN, F., Fórmulas retóricas de la oratoria judicial ática, Salamanca, 1987.
IGLESIAS ZOIDO, J.C., “Oratoria, retórica y escritura en Grecia”, CFC (egi) 10 (2000), pp. 39-70.
LAVENCY, M., Aspects de la logographie judiciaire attique, Lovaina, 1964.
LÓPEZ EIRE, A., “Sobre los orígenes de la oratoria”, Minerva 1 (1987), pp. 13-31.
LÓPEZ EIRE, A., y SCHRADER, C., Los orígenes de la oratoria y la historiografía en la Grecia clásica, Zaragoza, 1994.
SCHIAPPA, E., The Beginnings of Rhetorical Theory in Classical Greece, New Haven, 1999.
TORRES, J.B., “El héroe como orador”, en A. López Eire (ed.), Retórica, política e ideología: desde la Antigüedad hasta nuestros días, Salamanca, 1998. Tomo I, pp. 39-43.

* Sobre la oratoria en el S. V a.C. (Gorgias; Antifonte; Andócides):
DUE, B., Antiphon, a Study in Argumentation, Copenhague, 1980.
FURLEY, W.D., Andokides and the Herms, Londres, 1996.
GARIN, M. (ed.), Antiphon. The Speeches, Cambridge, 1997.
HEITSCH, E., Antiphon aus Rhamnus, Wiesbaden, 1984.
IGLESIAS ZOIDO, J.C., “Aproximación a la oratoria deliberativa en el paso del siglo V al IV a.C: el discurso de Andócides Sobre la paz con los lacedemonios”, Minerva 8 (1994), pp. 115-134.
KENNEDY, G., “The Oratory of Andocides”, AJPh 79 (1958), pp. 32-43.
LÓPEZ EIRE, A., “El orador Andócides”, SPhS 5 (1981), pp. 233-253.
LÓPEZ EIRE, A., “Estilo y vida en el orador Andócides”, Faventia 3 (1981), pp. 59-81.
MACDOWELL, D., Andocides. On the Mysteries, Oxford, 1962.
MELERO, A. (trad.), Sofistas, testimonios y fragmentos, Madrid, 1996.
MISSIOU, A., The Subversive Oratory of Andokides. Politics, Ideology and Decision-Making in Democratic Athens, Cambridge, 1992.
REDONDO SÁNCHEZ, J. (trad.), Antifonte, Andócides. Discursos y fragmentos, Madrid, 1991.
SOLMSEN, F., Antiphonstudien. Untersuchungen zur Entstehung der attischen Gerichtsrede, Berlín, 1931.
VITALI, R., Gorgia. Retorica e Filosofia, Urbino, 1971.
WIESNER, J., “Antiphon, der Sophist und Antiphon der Redner – ein oder zwei Autoren?”, WS 107-108 (1994-1995), pp. 225-243.



jueves, 19 de marzo de 2015

PRIMERA FILOSOFÍA GRIEGA


Para Alejandro Vigo. Con estima. Con afecto.

La última entrada dedicada a la literatura griega de la época arcaica tiene por objeto presentar un panorama de la primera filosofía griega, es decir, de aquellos autores a los que tradicionalmente conocemos como filósofos presocráticos. Lo primero que se ha de aclarar es por qué renuncio a hablar de “filósofos presocráticos”:
  • Ante todo, algunos de los autores incluidos bajo la etiqueta no son en realidad “presocráticos” sino contemporáneos de Sócrates: es el caso de los atomistas, y en especial de Demócrito.
  • Por otra parte, el término “filósofos presocráticos” lleva a no valorar por sí mismos a estos autores: de entrada damos ya a entender que su interés se halla en el hecho de ser los precursores de Sócrates.

1. LA TRANSICIÓN DE LA SABIDURÍA TRADICIONAL A LA FILOSOFÍA.

Es habitual considerar que el tránsito de la sabiduría tradicional a la filosofía es el resultado de un proceso de reflexión y autocrítica propiciado por las nuevas circunstancias a que se enfrentaron los griegos en las tierras de frontera de Asia Menor y Magna Grecia.

No parece indiferente que el paso “del mito al lógos” del que hablaba un conocido libro de W. Nestle (1942, 2ª ed.) comenzara a producirse en los territorios de las colonias, donde los griegos entraron en contacto con otras culturas.

Esta toma de contacto con culturas ajenas debió de llevar a los griegos a cuestionarse muchas de sus creencias y sentir el asombro (thaûma) que, para Aristóteles, constituía el principio de la filosofía.

Sin negar la validez de estas consideraciones tradicionales, considero necesario tomar también en consideración el enfoque de la cuestión que ofreció Eric Havelock, por la luz que puede arrojarnos sobre el contexto cultural y literario en que empiezan a trabajar los primeros filósofos de Grecia.

Nótese que la Grecia arcaica, en la que surge la filosofía, vive en un estadio cultural de oralidad orgánica, según parecen indicarnos los datos arqueológicos y las fuentes.

Por cierto, importa tener presente que la oralidad orgánica es algo distinto de la oralidad absoluta: es posible saber leer y escribir y vivir, sin embargo, en la oralidad más orgánica.

La cuestión es que la presencia o ausencia de escritura determina las características de una cultura y que, curiosamente, es en un mundo oral donde nace la filosofía de Occidente. Un intento pionero de dar cuenta de los rasgos culturales de la oralidad arcaica griega y de los condicionantes que impuso en el nacimiento de la filosofía es el de E. Havelock (Preface to Plato, Oxford, 1963).

Este trabajo es considerado como la extensión al ámbito de la cultura arcaica de las apreciaciones de Milman Parry sobre la oralidad literaria.

El título del libro parece indicar que Havelock escribe una introducción a Platón, pero no es así: Preface to Plato ha de ser entendido como “presupuestos de Platón”.

Con todo, es verdad que Havelock inicia su argumentación planteándose una pregunta relativa al filósofo de Atenas: ¿por qué ataca Platón a la poesía en República (libros III y X)?.

Havelock constata dos hechos que pueden parecer llamativos:
  1. Platón atribuye a la poesía una función que a nosotros nos resulta ajena, la función educativa (Platón no plantea el problema de la poesía en términos de cuestión estética).
  2. Platón critica la condición mimética que impone la poesía en la cadena creación-ejecución-recepción.
Platón dice que el acto de creación (que efectúa el poeta) es un acto de imitación, mímesis, y que también lo son los de ejecución (efectuado por el performer, quizá el propio poeta) y el de recepción (ámbito del auditorio).
Pero este último punto resulta extraño: ¿en qué sentido adopta una actitud mimética el receptor?
Havelock explica este hecho a través de la hipótesis según la cual la poesía arcaica griega habría sido una “enciclopedia tribal”.

En este punto Havelock recuerda que la escritura no se introdujo en Grecia hasta bien avanzado el S. VIII, y que pese a ello, la Grecia arcaica siguió siendo orgánicamente oral. En esa tradición oral preplatónica (afirma Havelock) el contacto con la poesía comportaba la educación en una “enciclopedia tribal”, entendiendo por tal el conjunto de saberes tradicionales que constituyen el patrimonio cultural de la comunidad y se intercalan en la narración poética.

Ahora podemos entender la dificultad del texto de Platón referida a la actitud mimética del receptor: para que la poesía cumpla esta función educativa en una cultura oral es necesario que el receptor se identifique con el canto de forma acrítica, lo interiorice y lo memorice. Por ello reconoce Platón un tipo de mímesis en los oyentes de esta poesía.

Parte de la tesis de Havelock es que el ataque platónico al saber tradicional había sido iniciado ya en los presocráticos, cuya consideración como pensadores sobre física o metafísica sería, por tanto, un anacronismo.

Al contrario, el interés de los presocráticos por el tema del ser y el devenir no indica preocupación sobre física o metafísica sino que es, en realidad, una reacción al esquema mental de la educación tribal.

¿Por qué se inicia con los Presocráticos la superación de la educación tribal?: porque (sigue Havelock) con ellos se produce históricamente el descubrimiento del Yo.
Descubrir el Yo (dice) equivale a separar el sujeto del objeto de conocimiento (el conocedor de lo conocido), que en la cultura oral estaban imbricados.
De esta forma se hace posible la re-flexión sobre el canto y la crítica a la tradición: se rompe el “encanto”, la actitud acrítica ante los saberes tradicionales: se produce, en definitiva, el paso del mito al lógos.
El planteamiento de Havelock es sugerente y entiendo que acertado, en líneas generales, en su análisis del estadio cultural previo a Platón. Ahora bien, es innegable que ciertos puntos de su exposición pueden resultar controvertidos.
Ante todo: ¿es verdad que los presocráticos no se preocuparon por cuestiones físicas ni metafísicas sino por crear un nuevo lenguaje?
Pero, pese a todas las objeciones que se puedan hacer a Havelock (y ésta es, obviamente, una de peso), parece que de su trabajo han de extraerse corolarios de gran relevancia para cualquier estudio sobre la primera filosofía griega:
  1. Se hace preciso situar a los presocráticos en su contexto cultural y literario.
  2. El ataque a la poesía no es un aspecto periférico del pensamiento presocrático, sino una faceta central que manifiesta su actitud polémica frente a la paideía precedente.
  3. Pese a su actitud polémica, los poetas presocráticos surgen de la tradición que atacan y son aún parte de esa tradición: han de ser leídos tomando en cuenta esa tradición y, por tanto, desde una perspectiva filológica.
Ésa es la orientación con la que está planteada toda esta exposición: es una exposición filológica, no de historia de la filosofía.


2. LOS FISIÓLOGOS: TALES, ANAXIMANDRO Y ANAXÍMENES.

Las primeras explicaciones filosóficas del origen de la phýsis, de su diversidad y unidad, son las que ofrecieron los pensadores de Jonia, según indica Aristóteles (Metafísica, A 3, 983 b).

Estos pensadores de Jonia son conocidos, significativamente, como los fisiólogos:
  • Tales (floruit 585/84 a.C.),
  • Anaximandro (hacia 610/09 – hacia 547/46)
  • y Anaxímenes (floruit 546/45).
El pensamiento y la obra de los fisiólogos nos son conocidos a través de los testimonios y fragmentos transmitidos por los doxógrafos (mira Diels 1879, Diels-Kranz 1951, 6ª ed.: es discutido si conservamos o no algún fragmento literal.

Más aún, el problema con el que nos encontramos al intentar acercarnos al pensamiento de los primeros filósofos griegos es que quienes nos lo han transmitido han actuado como filtro, pues han intentado adaptar sus ideas a sus propios sistemas; así sucede p. ej. con el propio Aristóteles.

En el caso de los fisiólogos no está totalmente clara su relación con la escritura y la oralidad; pero parece que, en el mejor de los casos, debieron de componer sendos tratados en prosa, los clásicos perì phýseos.

Ahora bien, este título fue asignado por la posteridad (los peripatéticos) y no puede proceder de los propios autores, pues la palabra phýsis no ha debido de aplicarse con el sentido colectivo de “naturaleza” hasta el S. V a. C.

Gracias a la doxografía sabemos que Tales y Anaxímenes intentaron explicar el Ser suponiendo que su principio (arché) era un ser concreto, el agua para Tales y el aire para Anaxímenes.

TALES, el primero cronológicamente, debió de transmitir su pensamiento en forma de máximas (que después se habrían transmitido oralmente). Es p. ej. la opinión de Bernabé (1979):
  • a la forma de la máxima parece corresponder este fragmento: πάντα πλήρη θεῶν (Arist., de An. 411 a 7);
  • otro indicio de que Tales seguía la tradición del apotegma podría verse en su inclusión en el canon de los Siete Sabios.
No tenemos certeza, ni siquiera constancia, de que compusiera una obra. En relación con la forma de difusión de su pensamiento parece lo más probable que él, como los otros pensadores milesios, hubiera sido un maestro con discípulos y relevancia pública, y que por ello hubiera ocupado un puesto destacado como consejero de la ciudad (mira lo que dice Heródoto I 74 y 170).

ANAXIMANDRO adopta un punto de vista diferente del de Tales (y del de Anaxímenes) y supone que el principio y origen de la naturaleza ha de buscarse en una entidad indefinida, el ápeiron.
Lo cual puede entenderse y valorarse como un avance en la abstracción.
Es también novedoso el hecho de que, al parecer, Anaximandro fuese el primer autor griego que recurrió a la prosa como canal de expresión de sus ideas (cfr. DK 12 A 9, B 1).

Ahora bien, la obra en prosa de Anaximandro debió de ser un texto breve, según el testimonio de Diógenes Laercio II 2:
τῶν δ᾿ ἀρεσκόντων αὐτῷ πεποίηται κεφαλαιώδη τὴν ἔκθεσιν, “la exposición de sus puntos de vista la hizo ateniéndose a las cuestiones capitales”.
En lo que se refiere al contenido, es de suponer que la obra de Anaximandro era un “discurso sobre la naturaleza de las cosas en general” (Bernabé 1979, 367). En lo que se refiere al estilo también podemos decir algo: debía de ser un estilo poético a juzgar por los fragmentos, que en algún caso parecen ser fragmentos literales:
  • Según Simplicio, Teofrasto (cfr. D-K 12 A 9) comentaba un fragmento de Anaximandro (διδόναι γὰρ αὐτὰ δίκην καὶ τίσιν ἀλλήλοις τῆς ἀδικίας κατὰ τὴν τοῦ χρόνου τάξιν: “se dan recíprocamente satisfacción y pago por su injusticia según la disposición del tiempo”) diciendo ποιητικωτέροις οὕτως ὀνόμασιν αὐτὰ λέγων (“lo describe con términos muy poéticos”).
  • El propio término de ἄπειρον, lo indefinido, es un término tradicional en la poesía.
ANAXÍMENES, por su parte, parece dar un paso atrás al volver a conceptos análogos a los de Tales, aunque sustituyendo ahora el agua por el aire. Pero, desde un punto de vista más positivo, puede entenderse también que la renuncia de Anaxímenes al ápeiron implica una mayor atención a la experiencia sensible.

También en el caso de Anaxímenes es posible un cierto comentario filológico de sus fragmentos; Bernabé (“Los filósofos presocráticos como autores literarios”) lo hace basándose en Diógenes Laercio II 3 (13 A 1):
κέχρηταί τε λέξει Ἰάδι ἁπλῇ καὶ ἀπερίττῳ (“usa la lengua jónica simple y ordinaria”).
Es decir, Anaxímenes escribe en prosa, en una prosa que, además, debe de haber sido poco poética: atiende a su empleo de un término sin tradición poética como χαλαρός (“suelto”; 13 B 1). Sin embargo, es notable que también recurra, dándole un uso nuevo, al procedimiento épico del símil, como en este caso:
οἷον ἡ ψυχὴ ἡ ἡμετέρα ἀὴρ οὖσα συγκρατεῖ ἡμᾶς, καὶ ὅλον τὸν κόσμον πνεῦμα καὶ ἀὴρ περιέχει (“como nuestra alma, que es aire, ejerce control sobre nosotros, también al universo entero lo abarcan el aliento y el aire”; 13 B 2).

3. LA FILOSOFÍA EN EL EXTREMO OCCIDENTAL: PITÁGORAS.

En el extremo occidental del mundo griego, en la Magna Grecia (Crotona, Metaponto), desarrolló su actividad PITÁGORAS (floruit 532/31), oriundo de Samos, de donde debió de expulsarlo el tirano Polícrates.
Debía de ser, por tanto, otro aristócrata exiliado por los tiranos, como Alceo, Mimnermo, Safo...
De hecho, hay mucho de aristocrático en su actitud hacia el saber y la transmisión de ese saber.

Al parecer, Pitágoras no puso por escrito sus ideas, y en este sentido es significativo que el nombre que reciben los preceptos o máximas que se le atribuyen sea ἀκούσματα: parece que Pitágoras sólo transmitía su sabiduría de manera oral dentro de su círculo.

Más aún, la divulgación de las ideas del maestro fuera de su círculo estaba vetada por un pacto de silencio.

Parece que hemos de entender que el círculo del filósofo poseía carácter aristocrático (estaba constituido a la manera de las hetairías aristocráticas), según refleja también la actuación política de algunos de sus miembros.

A través de los escritos de pitagóricos posteriores (a partir del 450 comienzan las indiscreciones: Filolao de Crotona, Arquitas de Tarento) podemos saber que, para Pitágoras, el cosmos debe explicarse como orden matemático.
Lo cual representa, por cierto, un grado mayor de abstracción en la búsqueda de los fundamentos del Ser, que ahora no es ya un ser concreto ni una entidad indefinida: es una abstracción.
Con todo, Pitágoras también asumió la teoría del ápeiron recibida de Anaximandro. Éste es el principio ilimitado del cosmos, que él contrapone a un principio limitado, el Uno.

Al aplicar al microcosmos del hombre la teoría cosmológica de los dos principios contrapuestos, se deduce además la creencia en la contraposición de alma y cuerpo. A esta teoría superpuso ideas de posible origen chamanístico, según Burkert (1972). Esta combinación de lo filosófico y lo religioso da cuenta de la creencia pitagórica en la transmigración de las almas.

Tal creencia establece además vínculos entre Pitágoras, la tradición órfica y Platón, de quien además sabemos que mantuvo relaciones personales con los círculos pitagóricos de la Magna Grecia.


4. DE JENÓFANES A ANAXÁGORAS.

El paso siguiente de nuestra exposición consistirá en tratar de Jenófanes, Heráclito, Parménides, Empédocles y Anaxágoras. Plantearé algunas cuestiones básicas en relación con estos autores e incidiré especialmente en el aspecto filológico de la cuestión.

JENÓFANES DE COLOFÓN (hacia 580 a. C. – hacia 475) emigró de su patria por culpa de la invasión persa: es, otra vez, el tipo del poeta aristócrata emigrado. Fue autor de elegías, de sátiras hexamétricas (σίλλοι) y de un περὶ φύσεως en hexámetros. En su caso ha sido especialmente discutido si nos hallamos ante un filósofo o un poeta.
Entiendo que la cuestión es en realidad anacrónica, y que lo mejor es caracterizar a Jenófanes como “filósofo de simposio”, con lo que vengo a reconocer que, por la temática filosófica de parte al menos de sus fragmentos, se distingue de otros poetas que escriben para el banquete.
Por ejemplo, esto se advierte incluso en sus elegías, aquellos textos que parecen más continuadores de la tradición “literaria” y más ajenos a la incipiente tradición filosófica.

HERÁCLITO DE ÉFESO (floruit 504/01), de origen aristocrático: lo que conservamos de él es una serie de máximas, de oscuridad característica (¿es su oscuridad indicio de una arrogancia de clase, como se supuso en la Antigüedad?).

Según parece, estas máximas debían de ser el contenido del “libro de Heráclito”, conservado en una copia única en el templo de Ártemis en Éfeso. Ahora bien, no sabemos si fue el mismo autor quien reunió las máximas en forma de libro, o si fueron recopiladas tras su muerte.

En cuanto al contenido de su pensamiento, Heráclito consideraba como fundamento de la naturaleza el Lógos, la “razón común” que regula, a través de la armonía recurrente (παλίντροπος ἁρμονίη), el contraste de contrarios.

Con PARMÉNIDES DE ELEA (floruit 1ª mitad S. V) regresamos a la parte occidental del mundo griego. Desde un punto de vista filológico se observará que su poema, compuesto en hexámetros (154 vv.), renunciaba a formas previas de expresión filosófica (la prosa de Anaximandro). La obra constaba de tres partes:
  1. Proemio.
  2. La vía de la verdad.
  3. La vía de la opinión.
Por lo que a los contenidos se refiere se ha de indicar que Parménides construía una metafísica del Ser, la cual relativizaba (y disminuía) el valor de la experiencia sensible: Parménides ya no explica ese Ser a partir de seres o substancias como Tales o Anaximandro. Por otro lado, suponía el carácter inalterable y la ausencia de cambio de ese mismo Ser.

EMPÉDOCLES (hacia 483/82 – hacia 423), oriundo de Sicilia (Acragante), tomó postura contra el monismo de los eléaticos.

Regresó a la doctrina de los principios, que para él son cuatro: fuego, aire, agua y tierra. Y supuso que estos cuatro principios están regidos por las fuerzas contrapuestas de la philótes y la éris, el Amor y la Rencilla.
(Nótese la impronta poética de esta concepción).
Sabemos que compuso dos poemas didácticos en hexámetros, los Katharmoí y un escrito Sobre la naturaleza. 

De éste recuperamos partes extensas en los años noventa del S. XX gracias a un importante hallazgo papiráceo (editado en Martin-Primavesi 1999; mira la exposición actualizada del pensamiento de Empédocles en Trépanier 2004).

En su momento se supuso que este hallazgo demostraba que en realidad Empédocles había escrito una única obra, porque los cinco primeros versos del papiro coincidían con el final del περὶ φύσεως y, en los versos siguientes, podían leerse términos atribuidos al Purificaciones.

Pero esta teoría parece ahora falsa: la cuestión debe de ser más bien que las atribuciones hechas a una y otra obra eran erróneas, se habían basado en criterios de contenido y eran apriorísticas.

Se había supuesto, sin base suficiente, que lo que sonaba a “filosófico” debía ser asignado al Sobre la naturaleza, y que lo que sonaba a “religioso” debía ser asignado al Purificaciones.

Cerraré las referencias a este grupo de filósofos hablando de ANAXÁGORAS DE CLAZOMENE (500/496 – 428), quien pasa por ser el introductor de la filosofía en Atenas, donde se vio expuesto a grandes controversias.

Escribió un tratado en prosa; por la Apología platónica (26 d) sabemos que el libro de Anaxágoras podía adquirirse en aquella época por una pequeña cantidad de dinero (una dracma); por tanto, debía de tratarse de un libro de extensión breve.

El punto básico de la doctrina de Anaxágoras que debe ser recordado es que, según él, el cosmos se halla regido por una Noûs trascendente, idea que puede contemplarse como precursora de la teleología aristotélica (mira lo que dice Schofield 1980).


5. LOS FILÓSOFOS ATOMISTAS DEL S. V A. C.

Por los temas que abordaron parece que han de estudiarse a renglón seguido los filósofos atomistas del S. V a. C.: dando, por cierto un salto en el tiempo, y obviando a los sofistas y a Sócrates. Nótese que su preocupación preferente por el mundo físico parece conectarlos con los pensadores anteriores y diferenciarlos de los sofistas o de Sócrates, sus contemporáneos.

Recordaremos a Leucipo (nacido hacia 475):
  • oriundo quizá de Mileto;
  • se instaló en Abdera;
  • parece que debió de ser otro de los filósofos de una sola obra.
Pero el atomista más importante es el discípulo de Leucipo, Demócrito de Abdera (468/60 - 380/70). Su obra (notablemente extensa) consistía en tratados en prosa que se agruparon en tetralogías, como la obra de Platón. Lo único que conservamos de él son fragmentos, máximas éticas.

Según Diógenes Laercio, trató gran variedad de temas: física / ética / matemáticas / “cultura general” / arte...: Sobre el buen humor, Sobre los planetas, Sobre los colores, Fundamentos de los sonidos, Sobre líneas irracionales y sólidos, Sobre poesía, Sobre la pintura...
De ahí que en la Antigüedad se le comparase con un atleta del pentatlón.
Por sus fechas es contemporáneo de Platón y Jenofonte. Y, como ellos, es representante de una cultura puramente libresca, punto en el cual se manifiesta una diferencia clara con los filósofos previos.
Nótese, por cierto, que Demócrito ya no escribe un libro (como era el caso de los περὶ φύσεως, como debió de ser el caso de su maestro Leucipo): Demócrito es autor de muchos libros.
Tanto él como su maestro Leucipo son continuadores de la tesis de Parménides según la cual nada surge de la nada.

Ahora bien, para escapar a las aporías a las que podía llevar la tesis (negación del movimiento), asumieron la existencias de una multiplicidad de elementos a los que llamaron átomos. El átomo implica, por su propio nombre, que no se trata de elementos indivisibles ad infinitum, lo cual habría llevado a aporías de tipo distinto.

En la concepción de los atomistas, todo (todos) nos componemos de átomos, también nuestras almas y los dioses. Tal concepto fue heredado por Epicuro, quien hereda también conceptos atomistas en el campo de la ética.



ALGUNAS REFERENCIAS:

* Trabajos de carácter general e introductorio:
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* Sobre los fisiólogos jonios:
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* Sobre Jenófanes, Heráclito, Parménides, Anaxágoras y Empédocles:
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