sábado, 24 de octubre de 2026

Uno es ninguno - εἷς ἀνὴρ οὐδεὶς ἀνήρ

 

"Un hombre es ninguno". Así traducíamos en clase aquella frase que saqué del método de griego de C. A. P.. Ruck, Ancient Greek: A New Approach:

εἷς ἀνὴρ οὐδεὶς ἀνήρ

La clase solía quejarse porque decían que aquello no tenía sentido. Algunos, sobre todo los de algún grado, pensaban que era una paradoja, una contradictio in terminis, un oxímoron...

Yo les hablaba del sentido radical de unidad que expresa εἷς, "uno solo". Y decía que "un solo hombre es ninguno" hablaba de la soledad e impotencia del hombre aislado. Como los hoplitas que reciben su invencibilidad de la formación cerrada en la que combaten, Cada soldado protege con su escudo el cuerpo de su compañero y es protegido a su vez por el del hoplita que tiene del otro lado.

Hice por mi cuenta esa asociación. Aunque εἷς ἀνὴρ οὐδεὶς ἀνήρ es, ante todo, un refrán griego, atestiguado en colecciones de paremiógrafos como Diogeniano, Zósimo, algún fragmento de comedia, Dión Crisóstomo y, sobre todo, Eustacio. Supongo que tenía razón aquel profesor que nos dijo que Eusebio de Tesalónica hablaba "de la mar y los peces".

Pero este también es uno de esos casos, según se cuenta en Tres textos griegos, en los que una frase que hacíamos en clase ha quedado vinculada para siempre al nombre de un alumno. En este caso a Irineo, aquel mexicano que entró a trabajar de botones en un hotel de la costa, estudió derecho mientras tanto y se convirtió en miembro del gabinete jurídico de su empresa. Claro que después hizo otra carrera, por eso lo conocí, y, después de estudiar la licenciatura en Teología Bíblica, se ordenó sacerdote.

Gracias a Irineo supimos que al menos en México, y creo que en alguna otra parte, se dice que uno no es ninguno, dos es la mitad de uno, tres apenas es uno... Aunque este refrán reformado no va de hombres sino de tragos. Mejor de tequila.

José B. Torres Guerra




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