domingo, 15 de mayo de 2011

LA COMEDIA: ORÍGENES; DESARROLLO Y CARACTERÍSTICAS DEL GÉNERO


Las estadísticas del blog dicen que esta es la entrada más visitada. Me sorprende y alegra. Me sorprende porque no pensaba que el tema al que le dedico este post pudiera ser popular. Me alegra porque, si tantas son las visitas, supongo que algún aliciente ha de tener.


Del estudio de la tragedia y el drama satírico paso a ocuparme, en esta entrada y la siguiente, de la comedia. Como indico al principio de  , me parece más oportuno tratar en ese lugar (en el contexto del Helenismo) el caso de la Comedia Nueva. 
En esta entrada se hablará de cuatro cuestiones:

1. Orígenes de la comedia.
2. Fases principales de la evolución del género.
3. Características fundamentales de la Comedia Antigua.
4. La Comedia Antigua: los precursores de Aristófanes.



1. ORÍGENES DE LA COMEDIA

De manera análoga a lo que se hizo en el caso de la tragedia (mira 17. La tragedia: orígenes; desarrollo y circunstancias), abrimos la entrada planteando qué podemos decir acerca de los orígenes de la comedia.

En este punto volvemos a recurrir al testimonio de Aristóteles e indicamos que, en el caso de la comedia, sus raíces son aún más inciertas que las de la tragedia; mira lo que dice el estagirita en Poética 5, 1449 a 37 – b 5:
Los cambios que experimentó la tragedia, y gracias a quiénes se produjeron, no son desconocidos; pero en el caso de la comedia sus inicios se perdieron en el olvido dado que no era considerada como algo importante en un principio: en efecto, el arconte tardó en conceder un coro de comediantes, siendo los primeros espontáneos. Se tiene memoria de los poetas citados de este género desde que tenía ya una figura definida. Pero se ignora quién introdujo las máscaras, los prólogos, el número de actores y todas las cosas de este tipo (trad. J. B. Torres).
Como indica el propio Estagirita en el pasaje citado, en el caso de esta forma dramática no tenemos certezas acerca de cuándo y cómo se introdujeron sus elementos constitutivos (mira lo que dice Brown 1987).

Por su parte el nombre komoidía deriva de kômos, la procesión festiva (mira Herter 1947); a la hipótesis alternativa de que komoidía derive de kóme, “aldea”, se refiere también Aristóteles en Poética 3, 1448 a 36-38.

Dos datos simples reflejarán la disparidad de nuestro conocimiento de los dos géneros teatrales griegos, tragedia y comedia:
  • Mientras que la primera tragedia conservada son los Persas (472 a. C.), la más antigua de las comedias preservadas es casi cincuenta años más moderna (Acarnienses, 425): es decir, la comedia se nos presenta ya como un género maduro y por ello no podemos estudiar la evolución del género en sus primeros estadios.
  • Mientras que a través de los códices se nos han transmitido treinta y dos tragedias, sólo han llegado hasta nosotros por esta vía las once comedias de Aristófanes (la obra de Menandro se ha recuperado poco a poco a través de los papiros).


2. FASES PRINCIPALES DE LA EVOLUCIÓN DEL GÉNERO

Ciertamente, cabe que sea anterior a la comedia ática la cultivada en Occidente, en Sicilia y Magna Grecia.
Hemos de dejar constancia de la existencia de este tipo e indicar que su representante más destacado fue Epicarmo (mira lo que dicen Cassio 1985, Kerkhof 2001, y la edición de los fragmentos en Rodríguez-Noriega 1996).

Ahora bien, es tan poco lo que sabemos de esa otra comedia que parece correcto esbozar las fases principales de la evolución del género centrándonos en Atenas y partiendo del año 486, fecha en que se atestigua la primera representación de este tipo dramático dentro de las Grandes Dionisias.
Con posterioridad (en torno al 440) se introdujeron también representaciones de comedia en las Leneas.

El género de la comedia pasó en Grecia por tres fases, diferenciadas ya por los alejandrinos:
  • Comedia Antigua,
  • Comedia Media y
  • Comedia Nueva.
De una parte interesa recordar que la evolución se produjo en el sentido de que el género se desvinculó progresivamente de la vida política, de tal manera que,
  • de la ridiculización de personajes públicos característica de la Antigua (p. ej., el demagogo Cleón, en varias obras de Aristófanes),
  • se pasó a la crítica de costumbres y situaciones genéricas en la Nueva.
Obviamente, tal evolución del tipo literario corre en paralelo con la evolución de la sociedad nueva y burguesa de época postclásica, cada vez más alejada (a diferencia de lo que ocurría en la Atenas de Pericles) de los centros de decisión políticos.

Por otro lado, conviene destacar las diferencias con respecto a la evolución experimentada por la tragedia:
  • mientras que este género consiguió a duras penas sobrevivir al siglo V a. C.,
  • la comedia fue capaz de adaptarse a los nuevos tiempos y continuar siendo un género vivo que producía frutos notables;
  • fue en época postclásica un género vivo que, más aún, logró saltar a Roma gracias al influjo que ejerció la comedia griega en autores como Plauto y Terencio.


3. CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES DE LA COMEDIA ANTIGUA

En este momento, y centrándonos ya en el caso de la Comedia Antigua, expondremos cuáles han de ser consideradas como sus características fundamentales.

Se ha de prestar una atención muy especial a la coexistencia dentro de la comedia de dos elementos distintos, el coro y el argumento cómico.

* El coro (mira Bierl 2001), integrado por un número mayor de coreutas que en la tragedia (veinticuatro), puede hallarse compuesto
  • por seres humanos (en los Acarnienses),
  • animales (Ranas)
  • o incluso entidades naturales personificadas (Nubes).
Su intervención más característica es la parábasis (mira Sifakis 1971), en el curso de la cual el coro rompe la “ilusión dramática” para encararse con el auditorio:
  • el coro (aves, nubes, etc...) se comporta como “aves” o “nubes” que visitan Atenas con ocasión del festival;
  • la parábasis posee un toque de frivolidad y suele incluir una autoalabanza del poeta más una denigración de los rivales del certamen.
* Por otro lado, el argumento cómico debió de ser introducido por Crates, si hemos de hacer caso a Aristóteles, Poética 5 (mira Bonanno 1972); ahora bien, se ha de contar con algún tipo de influencia ejercida en el relato cómico por Epicarmo y los “mimos” cultivados en Occidente.

El argumento cómico se diferencia del trágico por no situarse en el pasado remoto y manifestar, en cambio, un evidente arraigo en las circunstancias de su momento histórico.

Por cierto que ese arraigo en el presente es perfectamente compatible con el recurso a la fantasía y la utopía.

Como estructura ideal de la Comedia Antigua se puede proponer la siguiente:
A un prólogo en el que el héroe cómico presenta su plan para resolver un problema sigue la párodos del coro, el cual se enfrenta después al héroe en el agón epirremático; una vez que se ha alcanzado un relativo consenso se produce la parábasis, y a continuación el héroe intenta hacer realidad su plan; vienen luego una serie de escenas en las que diversos personajes toman postura ante el protagonista y sus planes, hasta que, finalmente, la comedia se cierra, entre fiestas, con el triunfo del héroe.


4. LA COMEDIA ANTIGUA: LOS PRECURSORES DE ARISTÓFANES

Al hilo de la exposición sobre Aristófanes (mira la entrada ) se podrán especificar otras peculiaridades de la Comedia Antigua.

Ahora convendrá cerrar la exposición sobre sus características básicas recordando que, con Aristófanes, la Comedia Antigua se nos presenta ya en toda su madurez, y que antes de él hubo otros comediógrafos relevantes (mira lo que dicen Handley 1982; Melero 1998; Harvey y Wilkins 2000). Así lo da a entender Horacio al proponer la tríada de comediógrafos:
Eupolis atque Cratinus Aristophanesque poetae, "los poetas Éupolis, Cratino y Aristófanes" (Serm. I 4, 1).
Recuerdo, en síntesis, que el conocimiento de estos otros autores se ha podido ampliar en el S. XX gracias a los hallazgos de papiros, muy especialmente en el caso de Éupolis, contemporáneo de Aristófanes (mira Storey 2003) .




ALGUNAS REFERENCIAS:

* Sobre características generales de la comedia:
BERTHIAUME, G., Les roles du mágeiros: étude sur la boucherie, la cuisine et le sacrifice dans la Grèce ancienne, Leiden, 1982.
BIERL, A., Der Chor in der alten Komödie: Ritual und Performativität, Múnich, 2001.
BONANNO, M.G., “Democracia ateniense y desarrollo del drama ático. II. La comedia”, en R. Bianchi Bandinelli (ed.), Historia y civilización de los griegos. III. Grecia en la época de Pericles, Barcelona, 1981, pp. 317-356 (Storia e Civilitá dei Greci, Milán, 1979).
CARRIERE, J.C., Le carnaval et la politique: una introduction à la comédie grecque, París, 1979.
GIL, L., “Comedia ática y sociedad ateniense”, EClás 18 (1974), pp. 61-82, 151-186; 19 (1975), pp. 59-88.
HALLIWELL, H., “Comic Satire and Freedom of Speech in Classical Athens”, JHS 111 (1991), pp. 48-70.
HOFMANN, H., Mythos und Komödie, Hildesheim, 1976.
LÓPEZ FÉREZ, J.A. (ed.), La comedia griega y su influencia en la literatura española, Madrid, 1998.
MELERO, A., “Comedia. La Comedia antigua”, en J.A. López Férez (ed.), Historia de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 431-474.
MELERO, A., “La formación de la poética cómica”, en D. Estefanía et alii (eds.), Cuadernos de Literatura Griega y Latina. II. Géneros literarios poéticos grecolatinos, Madrid-Santiago de Compostela, 1998, pp. 183-207.
RÖSSLER, W., y ZIMMERMANN, B., Carnevale e utopia nella Grecia antica, Bari, 1991.
SIFAKIS, G.M., Parabasis and Animal Choruses, Londres, 1971.
STARK, I., Die hämische Muse: Spott als soziale und mentale Kontrolle in der griechischen Komödie, Múnich, 2004.
WILKINS J., The Boastful Chef: The Discourse of Food in Ancient Greek Comedy, Oxford, 2000.
ZIMMERMANN, B., Die griechische Komödie, Darmstadt, 1998.

* Sobre los orígenes de la comedia:
HERTER, H., Vom dionysischen Tanz zum komischen Spiel, Iserlohn, 1947.
ROSEN, M.R., Old Comedy and the Iambographic Tradition, Atlanta, 1988.

* Sobre las fases principales en la evolución de la comedia:
BONANNO, M.G., Studi su Cratete comico, Padua, 1972.
CASSIO, A.C., “Two Studies on Epicharmus and his Influence”, HSCPh 89 (1985), pp. 37-51.
HANDLEY, E.W., “Aristophanes'Rivals”, PCA 79 (1982), pp. 23-25.
HARVEY, D., y WILKINS, J. (eds.), The Rivals of Aristophanes: Studies in Athenian Old Comedy, Londres, 2000.
KERKHOF, R., Dorische Posse, Epicharm und Attische Komödie, Múnich, 2001.
MELERO, A., “La comedia prearistofánica”, en Actas del IX Congreso Español de Estudios Clásicos, Madrid, 1998, tomo IV, pp. 3-25.
RODRÍGUEZ-NORIEGA GUILLÉN, L. (ed.), Epicarmo de Siracusa: testimonios y fragmentos, Oviedo, 1996.
STOREY, I.C., Eupolis, Poet of Old Comedy, Oxford, 2003.



sábado, 7 de mayo de 2011

ΕΝ ΚΑΙ ΔΕΚΑ (DIEZ MAS UNO)


Hace unas semanas, al publicar el post que titulé Diez de diez, prometí elaborar una entrada similar para el caso de la literatura griega, tema propio de este blog.

Como en la entrada anterior, mi pretensión en ésta es proponer una lista que recoja las obras que yo considero como básicas (representativas, esenciales...) de la literatura griega de la Antigüedad. Quería haberme limitado (por pura economía) al límite de diez referencias pero me he excedido, de ahí el título de la entrada.

hèn kaì déka no es la forma normal de decir en griego "once" (héndeka) y equivale, de hecho, a "diez más uno". Claro, el resultado es el mismo; pero la expresión indica que uno de los elementos está desplazado, en posición incierta. 
Uno, ¿o dos?

Antes de seguir con las explicaciones puede ser más agradecido que veamos directamente cuáles son los títulos que propongo:


Homero, Ilíada

Homero, Odisea

Safo, Poesía
Píndaro, Olímpicas

Sófocles, Edipo Rey

Eurípides, Medea

Aristófanes, Las aves

Menandro, El díscolo

Teócrito, Idilios

Plutarco, Alejandro. César

Longo, Dafnis y Cloe


Paso ahora a las apostillas, que intentaré sean breves. Espero que en los comentarios haya ocasión de discutir más cuestiones:
  • Me imagino que habrá cierto acuerdo a la hora de entender que el intruso del listado es El díscolo de Menandro. ¿Por qué este autor y por qué esta obra? Incluyo a Menandro porque, a diferencia de lo que ocurre con Aristófanes, de él procede toda la comedia occidental, pasando por Plauto hasta llegar a la comedia cinematográfica del S. XXI. ¿Y por qué El díscolo, que seguro que no era su mejor obra? Por una razón evidente: es la única comedia de Menandro que conservamos íntegra.  
  • La cuestión de la "obra íntegra" nos invita a fijar la atención en la poesía de Safo, que también se singulariza dentro del listado como única obra fragmentaria. Aunque mi intención era incluir solo textos que hubieran llegado completos hasta nosotros, pienso que estaba justificado hacer una excepción en el caso de quien aparece aquí como representante de la poesía lírica griega.
    • En el canon de novelas que propuse en Diez de diez, algún lector descubría ciertas redundancias. Y, de forma semejante, puede que alguien juzgue que también es reiterativo acoger en esta lista las dos epopeyas homéricas. Ruego que se me permita una excusatio non petita. La Ilíada es una epopeya trágica cuyos acontecimientos escapan al control de sus personajes; la Odisea, en cambio, inaugura el final feliz en la literatura de Occidente. El lector interesado podrá encontrar algo más sobre ello en este libro.
    • Quiero explicar (y termino) una incongruencia. En Diez de diez escogí la obra de Heliodoro como una de las diez novelas básicas de la historia. ¿Que por qué no la incluyo ahora y pongo en su lugar el Dafnis y Cloe? Porque me parece que también era bueno darle una oportunidad a Longo
    Sólo recomiendo, de verdad, que nadie se lo lea pensando que es un libro para señoritas.




    martes, 3 de mayo de 2011

    LOS HISTORIADORES GRIEGOS DE ÉPOCA IMPERIAL; PAUSANIAS


    Creé la primera versión de esta entrada en diciembre de 2008. He decidido rehacerla porque el Grupo Graecapta de la Universidad de Navarra estudia ahora la alteridad lingüística y cultural del Imperio centrándose precisamente en un corpus de historiadores, griegos y latinos, paganos y cristianos. A la ocasión la pintaban calva, puestos a remozar este post.

    Ojalá sea de utilidad para quienes se interesan por los historiadores y la historia de esos siglos tan convulsos.
     


    1. PLANTEAMIENTO

    Hacia el año 100 d. C. se aprecia un nuevo resurgir de la historiografía. En este período será habitual la tendencia a las exposiciones de conjunto, como atestiguan los títulos de las obras de Apiano o Dión Casio:
    • Apiano (S. II; Historia romana);
    • Dión Casio (SS. II / III; Historia romana).
    El público de este tipo de obras no parece haberse sentido ya satisfecho con las grandes síntesis de finales del Helenismo, como
    Muchas de las obras escritas al socaire de este nuevo empeño historiográfico se han perdido. Piénsese p. ej. en Flegón de Tales (liberto de Adriano, Olimpiadas: poseían carácter de crónica) o en Claudio Cárax (senador del círculo de Marco Aurelio, Historias).

    De las obras que se han conservado trataremos primeramente las de los historiadores de Roma: Apiano, Dión Casio, Herodiano, Zósimo.

    Después hablaremos de Arriano, quien escogió como tema de su obra historiográfica un asunto griego, la Expedición de Alejandro.

    Por último trataremos el caso del periegeta por excelencia de Grecia, Pausanias, que pertenece a este mismo segmento histórico.
    • A Flavio Josefo se le puede incluir, obviamente, en este tema. Pero he preferido referirme a él en la entrada sobre literatura hebrea en lengua griega para poder estudiarlo así en su contexto cultural.
    • Por el mismo motivo (situarlos en su contexto cultural) tampoco incluyo aquí el caso de los historiadores cristianos: piénsese p. ej. en la obra historiográfica de Eusebio de Cesarea.

    2. APIANO, HISTORIA ROMANA

    Apiano (en torno a 95 – 165) procedía de Alejandría y llegó a Roma en el 130 para trabajar como abogado, causidicus. Aunque el proemio a su obra anuncia que existe una Autobiografía de Apiano, lo cierto es que no tenemos ningún testimonio ni cita de ella.

    En Roma, Frontón tomó bajo su protección a Apiano y le consiguió el rango de procurador con posterioridad al 161: la obtención de este cargo implicaba contar con la ciudadanía romana y pertenecer a la clase de los equites.

    En este sentido, Apiano es un ejemplo perfecto de cómo las capas altas de Oriente supieron integrarse y alcanzar puestos importantes en la administración del Imperio.

    Su obra historiográfica es la Historia romana en 24 libros, compuesta en torno a 165: de la obra original se conserva aproximadamente la mitad de los libros, y entre éstos destacan de manera especial los 5 dedicados a las guerras civiles de los romanos.
    • Lo que se conserva es el proemio, los libros 6 – 8, partes de 9, los libros 11 – 17, más resúmenes de otros libros y fragmentos.
    • Cfr. la traducción en Gredos de Sancho Royo (1980 y 1985, 3 tomos).
    Es interesante el hecho de que el criterio básico a partir del cual se desarrolla la historia de Apiano no es el cronológico sino el geográfico o etnográfico, según comenta y explica él mismo en el proemio. En este punto parece seguir, con las debidas diferencias, el modelo de Heródoto.

    Con todo, este patrón plantea bastantes problemas. Por ello Apiano, para que sus lectores no pierdan la visión general de los acontecimientos (que a veces tienen implicaciones para escenarios distintos), debe recurrir con frecuencia a referencias cruzadas y recapitulaciones.


    Dedica un libro de su Historia a cada uno de los pueblos con los que va entrando en contacto Roma. En el libro correspondiente narra la historia del contacto de ese pueblo con Roma, hasta llegar al momento de su integración en el Imperio.
    • Así la obra incluye p. ej. un libro sobre Libia, otro sobre Iberia etc…
    • En España se ha concedido, lógicamente, bastante atención al libro sobre Iberia: cfr. p. ej. Sancho Royo 1973 (Numancia).
    • Hay además libros en los que se habla de los grandes rivales de Roma, como Haníbal o Mitrídates. Cfr. además lo dicho antes sobre los 5 libros de las Guerras civiles, con entidad propia.
    En el libro V de las Guerras civiles se interrumpe el relato conservado, que llega hasta el 35 a. C., o lo que es lo mismo: no llegamos a leer nada sobre la anexión de Egipto.

    Sin embargo sabemos por el Proemio que Apiano le concedía un valor especial (simbólico) a la anexión de Egipto, su patria: a partir de ese momento, debía de decir, se había instaurado un régimen de paz y justicia.
    Es decir: Apiano no concibe la historia de Roma como simple historia de esta ciudad sino, a fin de cuentas, como una historia mundial, una historia de sus prouinciae, como una historia de unidad universal propiciada por el poder de la urbs.
    Esta actitud mental es característica del S. II, momento en el que se intensifica la unidad interior dentro del Imperio. Apiano concede a esa aspiración a la unidad profundidad histórica al renunciar además, a antiguas celotipias y clichés sobre la relación entre griegos, romanos, cartagineses, etc…
    • Hay en la obra una admiración evidente por los Césares, que el egipcio Apiano considera como sucesores de los Ptolomeos.
    • Esa admiración es la nota personal que pone Apiano en su obra, una obra de la que durante mucho tiempo no se apreció su elaboración literaria: en cambio, quizá se atendió en exceso a la cuestión relativa a las fuentes del autor (cfr. Sancho Royo 1980, 13-16; Hose 1994, 142-355) y el crédito que merecían sus informaciones históricas.
    En relación con ello diremos tan sólo que sabemos que leyó autores latinos para documentarse. Aunque no era muy dado a citar, se refiere por su nombre a
    • Paulo Claudio (por sus Anales);
    • Julio César (por La guerra de las Galias);
    • Augusto (por sus Memorias);
    • Asinio Polión (por sus Historias).
    Además, debió de manejar otros autores romanos a los que no cita por el nombre.


    3. DIÓN CASIO, HISTORIA ROMANA

    Dión Casio Cocceianus (hacia el 155 – hacia el 235) pertenecía a una familia oriunda de Bitinia y asentada en Roma. Posiblemente (pero no es seguro) Dión Casio nació en la propia Bitinia, en Nicea.

    Su padre fue senador (como tantos otros ciudadanos importantes de Oriente) y cónsul. Él también ocupó distintos puestos públicos de importancia (senador, pretor, procónsul…) y fue cónsul en dos ocasiones:
    • durante el mandato de Septimio Severo fue consul suffectus;
    • en el 229 fue consul ordinarius junto con el emperador Alejandro Severo.
    Dión Casio pasa por ser el historiador griego más importante de época imperial.

    Entre los años 194 y 216 compuso una Historia romana en 80 libros, que debía tratar desde los orígenes de la ciudad hasta el 229 (año de su segundo consulado).

    Otras obras atribuidas a él y perdidas son una Biografía de Arriano y dos escritos de propaganda, compuestos con ocasión del ascenso al trono de Septimio Severo, “el nuevo Augusto”.
    • De la obra (Historia romana) conservamos íntegros los libros 36 – 60 (que tratan de los años 68 a. C. – 47 d. C.).
    • Conservamos además partes de los libros 79 – 80 a través de resúmenes bizantinos, del epítome de Xifilino y de la Historia Universal de Zonaras.
    Cfr. la traducción en Gredos: libros I-XXXV (D. Plácido 2004); libros XXXVI-XLV (Candau Morón y Puertas Castaños 2004).
    Para parte de los acontecimientos narrados en los libros 36 – 60, Dión Casio puede ponerse además en relación y confrontarse con los Anales de Tácito, pues uno y otro historiador emplearon fuentes distintas. Por supuesto, como en el caso de Apiano, una de las cuestiones más debatida en torno a Dión Casio ha sido la de sus fuentes históricas, sobre las que él se expresa de manera poco precisa.
    Sabemos, p. ej., que debió de utilizar los Anales, y de hecho su obra tiene cierto aspecto analístico, aunque sería exagerado decir con algún crítico que su obra no es una historia sino unos anales.
    El tono y el método pretenden ser objetivos, un tanto en la línea de Tucídides: pero como historiador, y pese a haber sido tan apreciado en Bizancio, se halla muy por debajo de su modelo; por ejemplo, no contrasta fuentes ni las analiza de forma rigurosa.

    También suele decirse que en realidad es un error historiográfico su renuncia expresa a exponer lo que considera como detalles: es evidente que, en muchas ocasiones, en esos detalles puede estar precisamente lo significativo.

    El punto de vista de Dión Casio es el de un senador que se decanta por la monarquía. Así lo muestra la escena representada en el libro 52:

    Al concluir las guerras civiles, Augusto delibera con sus consejeros Agripa y Mecenas sobre la forma política que debe adoptar Roma de ahí en adelante.
    • Agripa se declara a favor de la república.
    • Mecenas, en cambio, aboga por una monarquía que respete al senado.
    En esta apelación al respeto hacia el senado late la experiencia de una clase senatorial que se ha visto amenazada muchas veces por césares despóticos.

    Dión Casio se halla convencido de la necesidad del Imperio. Pero, si se lo compara con Apiano, se nota que él, pese a haber desempeñado cargos tan importantes, ya no posee la confianza total de su antecesor en la grandeza de Roma. En el tiempo transcurrido desde la época en que escribió Apiano habían aflorado demasiadas contradicciones en el Imperio.


    4. HERODIANO

    La situación cambia aún más a partir del S. III. En estos tiempos convulsos, se muestra un interés creciente por la historia más próxima, según se ejemplifica bien en la obra de Herodiano (hacia el 180 – después del 238).

    Herodiano procede de Siria, como tantos otros escritores de la época. Debió de ocupar puestos en la administración, pero posiblemente de rango inferior: debía de ser un liberto de la casa imperial. Es autor de una Historia del Imperio Romano después de Marco Aurelio: hay traducción en Gredos (Torres Esbarranch 1985).

    En 8 libros, la obra trata del tiempo transcurrido entre la muerte de Marco Aurelio (180) y el año 238 (ascenso al poder de Gordiano III). El conjunto parece una colección de biografías de Césares yuxtapuestas.

    La obra presenta la serie de Césares como una cadena en progresiva degeneración. La incompetencia de los gobernantes sucesivos resalta tanto más por comparación con el modelo de Marco Aurelio, presentado en el libro I.

    Nótese que el período del que habla Herodiano fue realmente convulso para la institución imperial:
    • hubo a la vez varios individuos que se proclamaban césares;
    • el imperio de bastantes de ellos duró sólo días;
    • se recurrió a medios como el veneno o el soborno para acceder al trono;
    • y los militares pusieron y depusieron gobernantes.
    Como historiador, Herodiano sale mal parado cuando se le compara con Dión Casio, según se ha hecho muchas veces: sin ser éste tampoco un segundo Tucídides, lo cierto es que Herodiano sale peor parado como analista de los acontecimientos.

    Pero, por otro lado, han de reconocerse en él ciertos méritos literarios, como p. ej. su habilidad para componer episodios de efectividad dramática. P. ej., Herodiano nos transmite la imagen
    • de Cómodo peleando como gladiador (I 15);
    • de Caracalla provocando un baño de sangre con los seguidores de su hermano Geta (IV 6);
    • o de las locuras de Heliogábalo (V 5, 8).
    Para terminar con Herodiano puede recordarse que, pese a todas sus limitaciones, el patriarca Focio apreciaba en él su estilo y sus méritos como historiador.


    5. HISTORIADORES MENORES. ZÓSIMO

    La obra de Herodiano se puede poner además en relación con la de ciertos historiadores menores cuyas obras se han perdido.
    Se trataba de obras centradas en segmentos cronológicos breves (al menos por comparación con las grandes obras historiográficas de los primeros siglos del Imperio); es interesante el hecho de que, partiendo de Herodiano, sus obras se van concatenando:
    El ateniense Dexipo (hacia 210 - 275, FGrH 100) desarrolló una intensa labor política, militar e historiográfica.

    Como historiador escribió cuatro libros de Historia de los Diádocos (obra en la que quizá quería continuar el trabajo de Arriano, mira más abajo) y una Crónica (Chronikè historía), una especie de Historia Universal en al menos 12 libros que
    • comenzaba por los tiempos primitivos y
    • llegaba hasta Claudio “el Gótico” (famoso, ante todo, porque pasa por ser quien martirizó a San Valentín).
    Sobre la organización de la obra, se ha supuesto (Blockley) que sería una pura crónica, una especie de tabla de los arcontados. Pero este punto de vista ya había sido rebatido por Jacoby.

    Escribió además tres libros de Escíticas, sobre las incursiones de pueblos bárbaros contra el Imperio, parece que desde el año 238 hasta la época de Aureliano (274).
    • Eunapio (345 – hacia 420), autor por otro lado de un escrito sobre las Vidas de los sofistas, escribió una obra historiográfica (Hypomnémata historiká) que continuaba la obra de Dexipo (la Crónica) desde el 270 hasta el 404.En Eunapio se aprecia ya, por cierto, una orientación anticristiana.
    • Olimpiodoro de Tebas (la de Egipto) vivió entre los SS. IV y V (ca. 370 – post 425). Continuó la obra de Eunapio tratando del tiempo entre el 407 y el 425.Su obra constaba de 22 libros y, según reconocía él mismo, no era tanto una obra de historia como una recopilación de materiales, basados muchas veces en sus propios recuerdos.
    • Prisco de Panión, Tracia, (S. V) prosiguió a su vez la obra de Olimpiodoro en su propia Historia bizantina (8 libros); posiblemente la obra comenzaba en 433 / 434 (Atila) y llegaba hasta el 471.
    • Malco de Filadelfia, Siria, vivió hacia el año 500; continuó la obra de Prisco en una obra titulada Byzantiaká, que trataba fundamentalmente de acontecimientos del Imperio de Oriente (entre los años 473 y 491).
    • Tanto en el caso de Prisco como de Malco se trata de personas educadas y experimentadas, lo cual hace tanto más lamentable que no sepamos más sobre ellos.
    (Sobre todos estos historiadores, cfr. Blockley 1981 y 1983).
    Entre los siglos IV y V escribieron otros historiadores de Roma cuyas obras sí hemos conservado: Amiano Marcelino, un sirio que escribe en latín (por cierto, el primer autor del Oriente griego que abandona el cultivo del griego por el latín), y Zósimo.

    Zósimo, sirio o palestino, vivió entre 425 – 518. Pagano, aduocatus fisci, escribió una Nueva Historia en seis libros que debió de publicarse después de la muerte del autor y sin recibir la última mano; por ello, p. ej., el libro 6 termina, sin motivo aparente, en el 410.
    Hay traducción en Gredos: Candau Morón 1992.
    En la Nueva Historia, Zósimo culpaba del hundimiento de Roma al Cristianismo y al consiguiente abandono de las tradiciones antiguas.

    En su obra en 6 libros ocupaba un lugar central la figura de Juliano, llamado “el apóstata”, el emperador que intentó sin éxito resucitar el antiguo paganismo.

    En total, la obra se extendía desde Augusto hasta el 410. Pero en los 20 primeros capítulos del libro I ya había llegado al año 250. Luego, el libro III se hallaba dedicado íntegramente a Juliano.

    Desde el punto de vista de las fuentes, parece haberse apoyado en la serie de autores (de Dexipo a Malco) de los que hemos hablado antes; Lendle entiende que sus fuentes principales fueron Eunapio y Olimpiodoro.

    En cambio, metodológicamente, la deuda de Zósimo se establece con Polibio, según indica él expresamente (I 57, 1):
    • Si Polibio narró el ascenso de Roma
    • Zósimo quiere ser quien, por contraste, narre su hundimiento y los motivos del mismo.
    La obra de Zósimo es el único relato griego conservado sobre la Antigüedad Tardía, vista desde una perspectiva pagana.

    Éste es el momento de que abandonemos la serie de los historiadores de Roma y nos volvamos hacia la figura discordante de Arriano.


    6. ARRIANO, VIAJE DE ALEJANDRO

    Arriano nació entre el 85-90 y murió hacia el 170. Era de Nicomedia (Bitinia, en la actual Turquía). Su padre ya debió de tener la ciudadanía romana.

    Fue discípulo de Epicteto, a quien escuchó en Nicópolis. (Epiro). Luego se trasladó a Roma, en época de Hadriano, filohelénico.

    Al amparo del emperador obtuvo puestos en la administración imperial. En ese sentido su carrera fue muy similar a la de Dión Casio (también oriundo de Bitinia):
    • en el año 130 era consul suffectus;
    • entre el 131/132 y el 137 administró la provincia de Capadocia como legatus Augusti pro praetore.
    Con posterioridad, Arriano se retiró de la administración, obtuvo la ciudadanía ateniense y desempeñó diversos cargos en la administración de la ciudad (arconte epónimo en 147/148).

    En su época, Arriano fue más reconocido como filósofo (como transmisor de las doctrinas de su maestro Epicteto) que como historiador.
    No sabemos en qué medida las Diatribas de éste (95 conferencias cortas o sermones) son las ipsissima uerba de Epicteto o hasta qué punto ha podido añadir Arriano cosas de su cosecha, aunque tal extremo lo niegue éste en la introducción al escrito.
    Por otra parte, las obras filosóficas originales de Arriano se han perdido (o se conservan fragmentariamente).

    Durante el desempeñó de sus tareas en la administración, Arriano también escribió otras obras:
    • Periplous Ponti Euxini: Arriano escribió su obra en griego, pero a partir de los informes oficiales escritos por él mismo en latín la publicó en el 130/131 en forma de carta dirigida al emperador.
    • Un tratado de táctica (un “arte de la táctica”), publicado en 136, a partir de sus propias experiencias militares.
    Cuando se estableció en Atenas, Arriano se dedicó a la historiografía: se considera a sí mismo como “el nuevo Jenofonte”, y por ello
    • escribe Vidas perdidas, a imitación del modelo de Jenofonte (escribió p. ej. un Agesilao);
    • también escribe un Cinegético, a imitación del compuesto por su modelo;
    • y escribe, sobre todo, su Anábasis de Alejandro Magno (cfr. trad. en Guzmán Guerra 1982) que, como la de Jenofonte, consta de siete libros: imita el estilo de su modelo.
    Arriano destaca, entre la mayoría de los historiadores de Alejandro, porque se esfuerza en escribir un relato que no sea fantasioso (como los habituales en su propia época) y se atenga a los hechos.

    Por ello emplea como fuentes, ante todo, a Ptolomeo y Aristobulo, contemporáneos de Alejandro y testigos de lo que narran.

    Arriano contrapone lo que dice Ptolomeo a las informaciones de “la Vulgata” (tà legómena).

    Ptolomeo se interesaba en su obra, sobre todo, por lo militar y político, y mucho menos por lo geográfico y etnográfico. E igualmente, por lo que se refiere al personaje de Alejandro, Arriano prefiere centrarse en la narración de los hechos militares y dedica menor atención a los aspectos políticos del personaje.

    De otro lado, la preferencia por lo militar guarda relación obvia con el propio carácter de la vida de Arriano: sus experiencias militares debieron de permitirle apreciar fuentes como los textos de Ptolomeo en una medida que se les debía de escapar a otros escritores.

    En cualquier caso, Arriano es el escritor a quien le debemos la imagen más realista de la figura de Alejandro, distinta del héroe de novela que encontramos en otros textos.
    • En adición a la Anábasis de Alejandro escribió también un libro de carácter periegético sobre la India: se suele incluir, como una especie de apéndice, en las traducciones de la obra principal (cfr. trad. de Guzmán Guerra).
    • Por lo demás, Arriano escribió también un ejemplo de “historia local”, un tipo de historia habitual en su época: una historia sobre Bitinia, en 8 libros, perdida como todos los ejemplos de estas “historias locales”.


    7. PAUSANIAS, PERIÉGESIS

    Como dijimos al comienzo de esta exposición, cerraremos este tema hablando de Pausanias (hacia el 115 – 180).

    Es autor de una obra en diez libros, una Descripción de Grecia. Libro a libro se van describiendo territorios de Grecia, con sus lugares más destacados y los monumentos que se conservan en ellos.

    (Comienza por el Ática y luego sigue por la Grecia mediterránea y el Peloponeso).

    La descripción propiamente dicha alterna con los excursos en los que se habla de
    • historia
    • tradiciones locales
    • ritos
    • versiones locales de los mitos panhelénicos.
    Ocasionalmente cita y así es a veces la única fuente para la transmisión de algunos textos.

    Por otro lado, es interesante fijarse en cómo selecciona Pausanias aquello que es digno de ser visto y descrito (cfr. Kreilinger 1997): p. ej., Pausanias se centra en los recuerdos de época arcaica y clásica, no se fija en los de épocas helenística e imperial; esto es, presenta Grecia desde una perspectiva idealizada e idealizante, con la que debía de identificarse su público.



    ALGUNAS REFERENCIAS:

    * Sobre la historiografía del Imperio en general:
    DÍAZ TEJERA, A., “La historiografía de época imperial”, en A. López Férez (ed.), Historia de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 1065-1108.
    HOSE, M., Erneuerung der Vergangenheit. Die Historiker im Imperium Romanum von Florus bis Cassius Dio, Stuttgart-Leipzig, 1994.
    KOLB, F., Literarische Beziehungen zwischen Casius Dio, Herodian und Historia Augusta, Bonn, 1972.
    REBENICH, ST., “Historical Prose”, en St. E. Porter (ed.), Handbook of Classical Rhetoric in the Hellenistic Period 330 B.C. – A.D. 400, Leiden, 1997, pp. 265-337.

    * Sobre Apiano:
    BRODERSEN, K., “Appian und sein Werk”, ANRW II 34.1 (1993), pp. 339-363.
    GOLDMANN, B., Einheitlichkeit und Eigenständigkeit der Historia Romana des Appian, Hildesheim, 1988.
    KOBER, M., Die politischen Anfänge Octavians in der Darstellung des Velleius und dessen Verhältnis zur historiographischen Tradition: ein philologischer Quellenvergleich: Nikolaus von Damaskus, Appianos von Alexandria, Velleius Paterculus, Würzburg, 2000.
    SANCHO ROYO, A., “En torno al Bellum Numantinum de Apiano”, Habis 4 (1973), pp. 23-40.
    SANCHO ROYO, A., “Introducción general”, en Apiano. Historia romana, Madrid, 1980, pp. 7-42.

    * Sobre Dión Casio:
    FREYBURGER-GALLAND, M.L., Aspects du vocabulaire politique et institutionnel de Dion Cassius, París, 1997.
    MANUWALD, B., Cassius Dio und Augustus, Wiesbaden, 1979.
    MARTINELLI, G., L'ultimo secolo di studi su Cassio Dione, Génova, 1999.
    MILLAR, F., A Study of Cassius Dio, Oxford, 1964.
    SWAN, P.M., The Augustan Succession: an historical Commentary on Cassius Dio's Roman History, Books 55-56 (9 B.C.-A.D. 14), Oxford, 2004.

    * Sobre Herodiano, Dexipo y otros historiadores menores:
    BLOCKLEY, R.C., The Fragmentary Classicising Historians of the Later Roman Empire, Liverpool, 1981 y 1983.
    HOHL, E., Kaiser Pertinax und die Thronbesteigung seines Nachfolgers im Lichte der Herodiankritik, Berlín, 1956.
    LUCARINI, M. (ed.), Herodianus. Regnum post Marcum, Múnich, 2005.
    MILLAR, F., “P. Herennius Dexippus: The Greek World and the Third Century Invasions”, JRS 59 (1969), pp. 12-29.
    TORRES ESBARRANCH, J. J., “Introducción”, en Herodiano. Historia del Imperio Romano después de Marco Aurelio, Madrid, 1985, pp. 7-84.

    * Sobre Arriano:
    BOSWORTH, A.B., “Arrian's Literary Development”, CQ 22 (1972), pp. 163-185.
    BRAVO GARCÍA, A., “Introducción”, en A. Guzmán Guerra (trad.), Arriano. Anábasis de Alejandro Magno, Madrid, Gredos, 1982, tomo I, pp. 7-108.
    STADTER, P.A., Arrian of Nicomedia, Chapel Hill, 1980.
    VIDAL-NAQUET, P., Ensayos de historiografía: la historiografía griega bajo el Imperio Romano: Flavio Arriano y Flavio Josefo, Madrid, 1990.

    * Sobre Pausanias:
    HABICHT, CHR., Pausanias und seine „Beschreibung Griechenlands“, Múnich, 1985.
    HEER, J., La personalité de Pausanias, París, 1979.
    HERRERO INGELMO, M.ª C., “Introducción”, en Pausanias. Descripción de Grecia, Madrid, 1994, pp. 7-77.
    KREILINGER, U., “Tà axiologótata toû Pausaníou. Die Kunstauswahlkriterien des Pausanias”, Hermes 125 (1997), pp. 470-491.
    MUSTI, D. y TORELLI, M. (eds.), Pausania. Guida della Grecia, Roma-Milán, Fondazione Lorenzo Valla, 1982-.
    MUSTI, D. (ed.), Pausanias historien, Ginebra, 1996.