martes, 24 de febrero de 2009

HERÓDOTO



En recuerdo de 
Ryszard Kapuscinski

Tras lo dicho sobre Hecateo y los demás logógrafos en la entrada , pasaremos a tratar de Heródoto de Halicarnaso, a quien Cicerón llamaba “padre de la historia”.
Mira en general los trabajos introductorios de Adrados (1961 y 1977) o Schrader (1988). El libro de Myres (1953: Herodotus, Father of History) o el de Waters (1985: Herodotus the Historian). Más reciente el Companion de Brill (Bakker, De Jong y Wees, 2002).
En esta entrada nos referiremos a los asuntos siguientes:

1. LA BIOGRAFÍA Y FORMACIÓN CULTURAL DE HERÓDOTO
2. ELEMENTOS QUE CONVERGEN EN LA OBRA DE HERÓDOTO; SU MÉTODO HISTORIOGRÁFICO
3. LA ESTRUCTURA GENERAL DE LA HISTORIA
4. LA CONCEPCIÓN HERODOTEA DE LA HISTORIA


1. LA BIOGRAFÍA Y FORMACIÓN CULTURAL DE HERÓDOTO

Heródoto (hacia el 484 – hacia el 425 a. C.) nació en Halicarnaso (Caria).
Nuestras noticias sobre su vida son a veces poco precisas, pero parece que al menos se puede decir lo siguiente:

Heródoto era hijo de Lixes y sobrino del poeta Paniasis: son nombres carios (bárbaros) y ello nos recuerda que Heródoto tenía sangre caria. Sin embargo, él se sentía griego, no cario.
El gobernante de Halicarnaso en la época era el tirano Lígdamis, súbdito de Persia.
Heródoto participó en un intento de derribarlo que provocó la muerte de su tío Paniasis: y el exilio en Samos de Heródoto (sólo regresó a Halicarnaso a la caída del tirano).
En Samos, Heródoto debió de descubrir su vocación literaria en contacto con la tradición de prosa jónica; decide escribir y abandona la patria (también su dialecto dórico) para viajar y recoger materiales.

Heródoto viaja por las colonias griegas de Oriente (especialmente por Jonia). De ellas pasa a los países del interior, bajo dominio persa.
De estos viajes (y antes de la llegada a Atenas), hay dos que son fundamentales para Heródoto, los viajes que le llevan a
  • Egipto; de allí pasa a Fenicia y Babilonia.
  • Escitia (Crimea y el Este de los Balcanes).
Estos dos viajes dejan una huella clara en la Historia. Nótese que la finalidad de estos viajes consistía, empleando dos términos centrales en la obra de Heródoto, en
- la “contemplación” (theoríe)
- y la “investigación” (historíe).
Pero el viaje realmente definitivo en la vida de Heródoto fue el que le llevó hasta ATENAS: en Atenas debió de ser donde Heródoto adquirió conciencia de la superioridad moral de los griegos sobre los bárbaros. Por ello, Heródoto alteró en Atenas el plan de su obra:
  • si en un principio debía de ser una historia abigarrada de Persia (mezcla de etnografía, geografía, historia, en la línea de Hecateo),
  • su obra pasó a ser una historia del enfrentamiento Grecia-Persia en la segunda guerra médica: como hemos de ver, para Heródoto, esa guerra representa la victoria de la libertad sobre la esclavitud.
Importa señalar que Heródoto fue bien acogido en Atenas:
  • La lectura pública de su obra le hizo merecedor de un premio en 445/4.
  • El dato es interesante por lo que puede informarnos sobre la manera en que se producía la recepción de la Historia: era una obra concebida para la ejecución pública ante un auditorio: Heródoto se hallaba aún muy próximo a sus receptores, cuyas expectativas debía satisfacer.
  • En este punto, el contraste con Tucídides es evidente (cfr. el texto de I 22 en la entrada ): Tucídides representa un paso más en el proceso de tránsito de la oralidad a la literariedad.
  • Por lo que se refiere a los ambientes en los que se movió en Atenas, se le ha supuesto relacionado con Sófocles, del que es básicamente contemporáneo; pero nótese el contraste: Sófocles representa la forma más clásica de la tragedia griega, mientras que la obra de Heródoto presenta aún muchos rasgos arcaicos.
  • Se supone que debió de moverse en los círculos tradicionales: con ellos comparte un concepto central en su obra, la idea de que el castigo divino recae en el hombre pecador: es un concepto característico de la cultura de la culpa que se halla especialmente presente en la tragedia de Esquilo.
  • En cambio, no debió de atraerle la Sofística ni la Ilustración; se advierte incluso en su estilo, radicalmente distinto del de los sofistas: él representa la espontaneidad, los sofistas el artificio.
  • Aunque Heródoto era, como veremos, partidario de la democracia, tampoco debió de sentirse a gusto con Pericles, ni con el imperialismo ateniense: debía de ver en ese imperialismo un pecado de hýbris, igual que en la actitud persa en las guerras médicas.
De Atenas Heródoto marchó a Turios: participó en la fundación de esa colonia panhelénica (en el 444/3) y tuvo como compañeros de esa empresa al arquitecto Hipódamo y al sofista Protágoras.
No sabemos con seguridad si murió en Turios (aunque así lo indican algunas fuentes antiguas): parece más probable que regresase a Atenas.
Vivió todavía en los primeros años de la Guerra del Peloponeso (431 – 404), pues se refiere a acontecimientos de esa guerra, pero sólo hasta el año 426.
Por ello se entiende que Heródoto debió de morir hacia el 425 a. C.


2. ELEMENTOS QUE CONVERGEN EN LA OBRA DE HERÓDOTO; SU MÉTODO HISTORIOGRÁFICO

Las fuentes de la obra de Heródoto no son únicamente las fuentes comentadas en la entrada 24. La historiografía griega: orígenes y rasgos generales, cuando hablábamos de los orígenes de la historiografía, o sea:
  • los logógrafos
  • y los autores de periegéseis.
Estas fuentes tienen importancia para Heródoto: pero en su obra convergen elementos de origen distinto, que lo conectan con dos géneros poéticos, épica y tragedia.

I. Empezamos refiriéndonos a la deuda de Heródoto con respecto a la prosa jónica (logógrafos y autores de periegéseis).
Por supuesto, Heródoto tiene como una de sus fuentes a Hecateo; también se le nota muy influido por los autores de descripciones de viajes, e incluso toma de ellos un esquema expositivo típico:
  • Hace una descripción geográfica.
  • Expone las costumbres de los pueblos.
  • Y relata sus cosas notables (thomásia).
Este esquema lo sigue Heródoto, p. ej., en la descripción de Escitia (IV) o Libia.
Por otro lado, es característico de la escasa prosa jónica conservada la reducción de la historia a anécdota personal.
Lo cierto es que en Heródoto también figuran anécdotas personales del mismo tipo, y por ello éste debe de ser un elemento recibido por él de la prosa jónica anterior.

II. Pero, como dijimos, con el influjo de la incipiente prosa jónica coexiste en Heródoto el influjo de los géneros poéticos, en especial de la épica.
De la épica recibe influjos lingüísticos: por ello su griego es más poético que el de Hecateo.
También la Historia se asemeja a las grandes epopeyas por el hecho de ser una narración extensa, de coherencia relativa y no carente de incongruencias de detalle.
El influjo de la épica en la Historia es, ante todo, influjo de la Ilíada. Entre ésta y la Historia se pueden encontrar paralelismos en al menos estos tres aspectos:

1) Composición y procedimientos narrativos.
La acción central avanza, como en la Ilíada, a través de retrocesos y retardaciones.
Aunque, según pasa en la Ilíada, conforme nos acercamos al núcleo de la acción, la narración gana en unidad y disminuyen las digresiones.
En otros niveles narrativos, es característico el que Heródoto utilice, como la épica, procedimientos como
  • La composición en anillo.
  • Los catálogos o listas.
  • Los discursos en estilo directo: Heródoto presenta las deliberaciones previas de sus personajes para iluminar la acción subsiguiente: p. ej., lo hace así en el caso de Solón y Creso (libro I).
2) La idea de lucha panhelénica contra el bárbaro (empresa colectiva).
Era muy fácil encontrar en la saga troyana el primer precedente de la constante histórica que quiere narrar Heródoto, la lucha de Grecia contra Asia.
Sabemos que así se leyó la Ilíada en época clásica.
Heródoto refleja esta concepción (por lo menos paralela a la de la Ilíada, si no influida por ella) al principio de su obra, cuando habla de los precedentes míticos del enfrentamiento Europa-Asia (I 1-5): raptos de Ío, Europa, Medea, Helena... la guerra de Troya.

3) En lo que se refiere a la finalidad de la obra, la épica también parece un referente para Heródoto.
Pues, según indica éste en el prólogo, la finalidad de la Historia es librar del olvido las acciones de los hombres, concebidas además como acciones de guerra:
Ésta es la exposición de la investigación de Heródoto de Halicarnaso, compuesta a fin de que lo ocurrido por la acción de los hombres no caiga en el olvido con el tiempo, ni las obras grandes y admirables, realizadas unas por los griegos y otras por los bárbaros, queden sin gloria, especialmente por qué causa hicieron la guerra los unos contra los otros.
Aquí hay, por cierto, una coincidencia con la pretensión de la epopeya, que quiere cantar los kléa andrôn.
Obsérvese, además, que lo que Heródoto quiere librar del olvido son las acciones de los hombres individuales: en la Historia lo individual no se halla absorbido por lo colectivo.
Y por ello, después de cada hecho de guerra, Heródoto se entretiene en contar quién se distinguió más: el paralelo con las aristeîai de la Ilíada salta a la vista.

III. El influjo de la poesía en Heródoto no se limita a la épica: también pueden establecerse nexos entre Heródoto, la lírica y la tragedia: con estos dos géneros comparte la idea de la “cultura de la culpa”. Esa idea de la culpa funciona de la manera siguiente:
- el hombre tiene unos límites que le están determinados y son su medida (métron);- al traspasar esos límites, el hombre comete un exceso o pecado de soberbia (hýbris) que atrae sobre él la envidia (phthónos) de los dioses;
- éstos le castigan enviándole el extravío (áte), que le hace cometer acciones calamitosas.
Este pensamiento está formulado de manera paradigmática en Esquilo, Persas 821-2:
Pues la soberbia, al florecer, dio como fruto la espiga del extravío: de ella se siega una cosecha lastimera.
Al trasladar estas ideas de lo individual a lo colectivo, Heródoto esboza una Filosofía de la Historia que interpreta las guerras médicas como castigo divino a la hýbris de los persas.

IV. Con todo, sería exagerado decir sin más que la Historia de Heródoto sea una tragedia o una epopeya en prosa; se ha de observar que
  1. Su materia no es ya la de la poesía: no trata de la leyenda.
  2. Antes bien, en sus contenidos Heródoto continúa las tradiciones de la prosa jónica, aunque las supere, en buena forma gracias al concurso de los géneros poéticos.
  3. Nótese, en tercer lugar, que Heródoto distingue el ámbito de la leyenda del de la historia: él quiere narrar éste, no aquél.
  4. Por eso prescinde de las intervenciones divinas, habituales en el ámbito de la leyenda o la épica: y, cuando tiene que narrar una supuesta intervención divina en la historia, se distancia con un légetai ("se dice"), o bien da una explicación racionalista.
Todas estas deudas de Heródoto convergen en su obra historiográfica, concebida por el autor, ante todo, como “investigación” (historíe).
Para desarrollar esta investigación, el autor sigue un método al que se refiere en diversos lugares. Comprende los siguientes momentos:
  • Dado que Heródoto parte de las experiencias adquiridas en sus viajes (sus propias observaciones), se entiende que el primer paso había de ser, para él, la contemplación (theoríe) de los lugares y monumentos (ópsis).
  • Allí a donde no llegaban sus observaciones había que prestar atención a los informadores (lógioi), indígenas o griegos: éste es el momento de la akoé.
Por cierto que la dependencia de Heródoto respecto de sus informadores (de fiabilidad no suficientemente contrastada a veces), le atrajo fama de “parcialidad”.
La acusación más famosa contra Heródoto por parcialidad es la que formula Plutarco.
Según este autor (De malignitate Herodoti), Heródoto era un escritor parcial, contrario a Tebas (patria de Plutarco) y vendido a Atenas.
Ahora bien, en este caso la postura de Heródoto ha de explicarse a la luz de lo sucedido en la segunda Guerra Médica (en la que la actitud heroica de Atenas contrastó con la actitud vergonzante de Tebas).
  • El paso siguiente consiste en hacer intervenir el juicio crítico del autor, su gnóme.
Muy especialmente ha de acudir Heródoto al concurso de la gnóme cuando el testimonio de varios de los lógioi no concuerda o no se ajusta a la opinión de Heródoto.
A la misma crítica racional somete Heródoto también el mito, llegando a veces a conclusiones ingenuas: p. ej. en II 55-56, donde dice que las palomas negras que fundaron el oráculo de Dodona eran en realidad mujeres egipcias.
Otras veces la racionalización da con la verdad (IV 31: las “plumas blancas” que caen al norte de Escitia son en realidad nieve).
  • El momento último del método de investigación de Heródoto consiste en la consulta a las fuentes griegas: en un momento de tradición historiográfica tan magra, la fuente griega fundamental de Heródoto es Hecateo.
Puestos a valorar en su conjunto el método de investigación de Heródoto ha de decirse que es evidente que Heródoto se equivoca en bastantes ocasiones, por motivos diversos. Con todo, más importante que esas equivocaciones es el afán por verificar su investigación a través de un método de trabajo definido.


3. LA ESTRUCTURA GENERAL DE LA HISTORIA

La obra de Heródoto, su Historia, es la primera gran narración en prosa de la literatura griega (y europea).
Presenta una estructura externa en nueve libros, denominados en la tradición según los nombres de las Musas.
La obra se estructura a grandes rasgos en tres partes, precedidas de la introducción:
  1. Introducción.
  2. Relaciones de Creso (Lidia) con los griegos y los persas: historia de Creso y derrota ante los persas.
  3. Historia de Persia y de los pueblos que va dominando (Egipto – Escitia – Tracia).
  4. Enfrentamiento Persia-Grecia: las Guerras Médicas.
La obra, que debió de ser escrita a lo largo de muchos años, produce una impresión arcaica.
Antes de censurarla por ello, ha de tenerse muy en cuenta la novedad de la empresa: nunca antes de la Historia se había puesto por escrito en prosa una obra griega compuesta con tal cúmulo de materiales.
Es también posible que esa impresión arcaica sea resultado de la superposición de dos planes distintos para la obra:
  • El plan original del trabajo debía de ser muy similar al de la obra de Hecateo: es decir, debía de ser una mezcla de geografía, etnografía e historia de Persia, abigarrada y sin demasiada unidad.
  • En la obra conservada quedan huellas de ese plan original, pero sobre él se superpone el plan diseñado cuando se afirma en Heródoto la convicción de la superioridad moral de los griegos sobre los bárbaros.
  • En ese momento debió de decidir Heródoto no escribir sin más una Historia de Persia (y de los pueblos sometidos) sino escribir una Historia de las Guerras Médicas, que para Heródoto tienen ahora un sentido trascendente: Heródoto ha pasado a concebir la victoria de Grecia sobre Persia como la victoria de la libertad sobre el despotismo.
Pese a la existencia de este tema central, es característico de la obra de Heródoto la abundancia de las digresiones, de las incongruencias y de los elementos en relación laxa con el núcleo:
  • Sucede que Heródoto persigue, en general, el dato pintoresco y que se aparte de lo común.
  • P. ej., le gusta hablar del Nilo (que no tiene nada en común con los ríos griegos: mira II 19-27), de los animales exóticos, de quién fue el inventor (prôtos heuretés) de algo, etc...
  • Este aspecto anecdótico convierte su obra en una lectura entretenida.
  • Pero esta acumulación de materiales se hace con independencia de que tengan o no importancia para el desarrollo de la historia.
  • A veces tienen muy poca importancia, otras veces sí se les ha de reconocer.
Todos estos elementos “sueltos”, que no fueron suprimidos en la redacción final, son una característica del estilo de Heródoto.

De hecho se ha supuesto algunas veces que Heródoto debió de empezar escribiendo tratados sueltos sobre diversos pueblos (lógoi) y que luego los reunió dándoles unidad.
El motivo fundamental para defender esta hipótesis es el hecho de que algunos libros son efectivamente autónomos: p. ej., el libro II, sobre Egipto (lógos Aigýptios), o el libro IV, sobre Escitia.
Lo que sí es cierto (y éste es el motivo por el que surgió realmente la hipótesis) es que en la obra de Heródoto la narración va saltando de unos pueblos a otros: no sigue una línea cronológica, como esperaríamos nosotros en una obra historiográfica.
El principio que parece seguir Heródoto al disponer su narración es el del orden en que los distintos pueblos fueron cayendo bajo el dominio persa:
  • En el libro primero se empieza hablando de los lidios, porque con ellos se produjo el primer contacto Grecia-Oriente (personificado en el contacto Solón-Creso).
  • Luego, los lidios fueron sometidos por los persas, y la narración salta a éstos por un principio asociativo, principio básico en el progreso de la Historia.
  • Enfrentándose primero a unos pueblos y luego a otros (Lidia – Egipto – Escitia – Tracia), los persas acabarán tropezando con los griegos.
  • La obra termina después de la victoria griega en la segunda Guerra Médica.
En tiempos se opinó que la Historia podría estar incompleta, pero hoy hay acuerdo en que no es así: el último episodio (IX 122), que motivó la disputa, es un epílogo puesto en esa posición adrede:
  • Como la lección de la Historia es que los excesos (de un particular / de un pueblo) atraen el castigo de los dioses, Heródoto cuenta al final (en IX 122) una moraleja:
  • Tiempo antes de la derrota de Jerjes, Ciro el Grande había aconsejado a los persas simplicidad de vida y ausencia de ambición en lugar de imperialismo y lujo.
  • Al no hacer caso de ese consejo (entendemos nosotros, aunque Heródoto no lo diga explícitamente), los persas han cometido un pecado de hýbris que explica su derrota frente a los griegos.


4. LA CONCEPCIÓN HERODOTEA DE LA HISTORIA

El punto final de la exposición ha de ser el comentario de LA CONCEPCIÓN HERODOTEA DE LA HISTORIA.
Indicaremos que Heródoto combina dos ideas fundamentales en su concepción de la Historia:
  • la concepción personalista de la Historia, en función de la cual considera que lo que ha de inmortalizar son los hechos de los individuos.
  • la creencia en la existencia de un orden divino, en función del cual la hýbris de los persas, como otros ejemplos históricos de adikíe, ha de ser castigada.
LA HISTORIA DE HERÓDOTO ES PERSONALISTA.
En Heródoto no se toman en consideración aspectos sociales, políticos o económicos que el historiador moderno puede echar en falta en su obra.
  • P. ej., en la Historia no encontraremos una exposición de la evolución política de Atenas.
  • En su lugar encontraremos anécdotas acerca de Solón, los Pisistrátidas, los Alcmeónidas, Clístenes...
Los sucesos históricos no son explicados en Heródoto por factores colectivos (sociales, políticos, económicos) sino por factores individuales:
  • p. ej., la sublevación de las ciudades jónicas no es resultado de su deseo de independencia frente a los persas: la provocaron las maniobras egoístas de dos individuos (Histieo y Aristágoras);
  • y, sobre todo, las guerras médicas son efecto de la hýbris de Jerjes.

HERÓDOTO HACE UNA LECTURA RELIGIOSA DE LA HISTORIA.
La concepción de la culpa que maneja Heródoto ya ha sido comentada: también se ha dicho que es herencia de la tradición anterior.
Nótese que la idea de que la transgresión (adikíe) siempre es castigada implica un optimismo moral: “ningún hombre que peca deja de sufrir el castigo” (V 56).
Pero al tiempo, la idea de que el hombre no debe traspasar el límite conlleva cierto pesimismo: ¿hasta dónde se puede llegar sin ofender a los dioses?
Sobre la dimensión religiosa de la obra de Heródoto, cfr. ahora Harrison (2002) y Mikalson (2003).
En un plano más humano, forma también parte necesaria del pensamiento de Heródoto la idea de que la democracia es una forma de gobierno superior a la tiranía. Heródoto cree que el régimen de la isonomíe es superior al tiránico:
  • lo ejemplifica a pequeña escala en el caso de Atenas: la ciudad fue más próspera con la democracia que con la tiranía;
  • lo ejemplifica a gran escala en toda su obra: la democracia, representada por Grecia, obtiene la victoria sobre la tiranía, representada por Asia.
La razón para el rechazo de Heródoto a la tiranía es, entre otras cosas, una razón biográfica: recuérdese lo comentado sobre sus experiencias en Halicarnaso con el tirano Lígdamis.

Con todo, Heródoto simplifica un tanto las cosas, por cuanto equipara en la Historia todo tipo de formas de gobierno personal: identifica, por tanto, las monarquías despóticas, tradicionales en Asia con los tiranos griegos.

Pese a lo dicho, sería erróneo pensar que Heródoto tiene una actitud doctrinaria en relación con su concepto de la Historia:
  • ciertamente, en su obra hay ideas a priori que informan el conjunto;
  • pero Heródoto es, por encima de la visión global de la Historia que pueda tener, un narrador variado, testigo de un mundo polifacético.
Por ello, su obra es
un verdadero testimonio vivo sobre el mundo multiforme y rico de la época griega arcaica no sólo en su historia, sino también en su manera de sentir y de pensar (SEEC, Heródoto. Antología de Historia Griega, p. 30).



ALGUNAS REFERENCIAS:

* Trabajos de carácter general e introductorio:
ADRADOS, F.R., “Introducción a Heródoto”, EClás 6 (1961), pp. 7-31.
ADRADOS, F.R., “Introducción”, en Heródoto. Historia. Libros I-II, Madrid, 1977, pp. 7-67.
BAKKER, E.J.; DE JONG, I.J.F., y WEES, H. VAN (eds.), Brill's Companion to Herodotus, Leiden, 2002.
HOW, W.W., y WELLS, J. (eds.), A Commentary on Herodotus, Oxford, 1975 [1912].
MOMIGLIANO, A.D., “The Place of Herodotus in the History of Historiography”, en Studies in Historiography, Londres, 1966, pp. 127-142.
MYRES, J.L., Herodotus, Father of History, Oxford, 1953.
SCHRADER, C., “Heródoto”, en J.A. López Férez (ed.), Historia de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 503-536.
WATERS, K.H., Herodotus the Historian. His Problems, Methods and Originality, Londres, 1985.
* Estudios específicos:
FEHLING, D., Die Quellenangaben bei Herodot. Studien zur Erzählkunst Herodots, Berlín, 1971.
FORNARA, C.W., “Evidence for the Date of Herodotus' Publication”, JHS 91 (1971), pp. 25-34.
HARRISON, TH., Divinity and History: The Religion of Herodotus, Oxford, 2002.
IMMERWAHR, H.R., Form and Thought in Herodotus, Cleveland, 1966.
LANG, M.L., Herodotean Narrative and Discourse, Cambridge-Londres, 1984.
LATEINER, D., The Historical Method of Herodotus, Toronto, 1989.
MIKALSON, J.D., Herodotus and Religion in the Persian Wars, Chapel Hill, 2003.
OERTEL, F., Herodots Ägyptischer Logos und die Glaubwürdigkeit Herodots, Bonn, 1970.
SHIMRON, B., Politics and Belief in Herodotus, Stuttgart, 1989.





1 comentario:

María Ángeles dijo...

He de decir que la dedicatoria a esta entrada está plenamente justificada. Para mí, que soy una ignorante en la Literatura Griega, Viajes con Heródoto del autor polaco supuso un descubrimiento y una invitación para acercarme a Heródoto, a su modo de ver el mundo y a su forma de escribir.
Enhorabuena, Jose