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miércoles, 20 de septiembre de 2023

MÁS DE TRAGEDIA

 

La última versión de esta entrada presenta materiales que utilizaré la semana que viene (hoy es el 20 de septiembre de 2023) en clase, en una sesión de introducción a la tragedia griega. 

Desde luego, el blog contiene unas cuantas entradas sobre tragedia. Aun así, esta entrada posee un carácter distinto, básicamente didáctico, en función de la realidad de este curso.


Partimos, aunque sea para discutirlo, de lo que dice Aristóteles (Poética 1448b4-9) sobre la imitación, en su contexto también la dramática:

Parece que engendraron el arte poética, en términos generales, dos causas, y estas son naturales. Es que el imitar es connatural a los humanos desde niños y se diferencian de los otros seres vivos en esto, en que es muy proclive a la imitación y adquiere los primeros conocimientos a través de ella; y que todos disfrutan con las imitaciones.

Además, explica también (Poética 1448b24-27; 1449a2-6) como algo natural por qué existen dos formas dramáticas distintas, tragedia y comedia (y considera, además que el teatro es más elevado que otros tipos de poesía): 

La actividad poética se dividió según los caracteres propios. Es que la gente más digna imitaba las acciones bellas y las de los que eran tales, al tiempo que los más ruines imitaban las de los viles, componiendo primero cantos de escarnio, al igual que otros hacían himnos y encomios (…). Tras aparecer la tragedia y la comedia, los poetas, inclinándose por uno u otro tipo de poesía según la propia naturaleza, dejaron los unos los yambos para hacerse comediógrafos mientras los otros abandonaban el verso épico y se hacían autores de tragedia, pues estas formas son más elevadas y respetadas que aquellas.

Ahora bien, las cosas no son exactamente así, al menos en lo que se refiere a la imitación dramática, aunque lo diga Aristóteles. 

Para explicar que el teatro no es algo que podamos dar por supuesto en todas las culturas y épocas, leeremos un texto breve de Borges, sacado de La busca de Averroes. Los traductores árabes de la Poética se esforzaban en traspasar a categorías de su cultura las nociones de las que habla Aristóteles en esa obra, sin tener una idea cierta de qué era una 'tragedia'; o una 'comedia'.

Los muecines llamaban a la oración de la primera luz cuando Averroes volvió a entrar en la biblioteca. (…) Algo le había revelado el sentido de las dos palabras oscuras [tragedia y comedia]. Con firme y cuidadosa caligrafía agregó estas líneas al manuscrito: Aristú (Aristóteles) denomina tragedia a los panegíricos y comedias a las sátiras y anatemas. [Admirables tragedias y comedias abundan en las páginas del Corán y en las mohalacas del santuario.]


Después hay que presentar y explicar las características físicas del teatro antiguo. Ya hay una planta de un teatro en la entrada 17. La tragedia: orígenes; desarrollo; circunstancias. Aun así, añado aquí otra, más esquemática y, quizá, más práctica en el contexto de estas clases:



Después pienso utilizar el prólogo de Antígona. Para presentar esta obra e ilustrar con esos versos características del teatro de Sófocles. Ahora bien, este material no lo repito porque una entrada anterior ya recoge los versos 1-40 de la Antígona de Sófocles según una traducción mía.


La idea es establecer también un contraste con el tipo de prólogo que escribía Eurípides. Por eso comentaremos también los versos 1-45 de Medea. En este caso la traducción es de Marcela Coria (habla la nodriza):


¡Ah!, si la nave Argo no hubiera atravesado en vuelo

las sombrías Simplégades, hacia la tierra de los colcos,

ni en los valles del Pelión hubiera caído nunca

el pino cortado, para dotar de remos las manos

de los varones excelentes que el vellocino de oro                                                            5

para Pelias fueron a buscar. Pues mi señora

Medea no habría navegado hasta los muros del país de Yolco,

herida en el corazón por el amor a Jasón,

ni, luego de persuadir a las hijas de Pelias de matar

a su padre, habitaría esta tierra corintia                                                                               10

con su esposo y sus hijos, agradando en verdad

a los ciudadanos a cuya tierra había llegado exiliada,

coincidente en todo con Jasón.

Suprema salvación es ésta:

cuando la mujer no está en desacuerdo con el marido.                                                  15


Ahora, en cambio, todo es hostilidad, y los vínculos con los seres más queridos están enfermos.

Pues luego de haber traicionado a sus propios hijos y a mi señora,

Jasón se tiende en regio lecho

tras haber desposado a la hija de Creonte, que reina sobre esta tierra.

Y la infeliz Medea, deshonrada,                                                                                               20

proclama a gritos los juramentos, invoca la diestra,

suprema garantía, y pone a los dioses por testigos

de qué recompensa, a cambio, recibe de Jasón.

Yace sin alimento, abandonando su cuerpo a los dolores,

consumiéndose todo el tiempo entre lágrimas                                                                  25

desde que se enteró de que ha sufrido injusticia de parte de su marido,

y no alza la mirada ni aparta del suelo

su rostro. Como una roca o una marina

ola, así escucha a los seres queridos cuando intentan calmarla.

Si alguna vez vuelve su blanquísimo cuello,                                                                         30

llora para sí a su padre querido,

su tierra y su casa, a los que traicionó al marcharse

con un hombre que ahora la ha deshonrado.

Ha aprendido de su infortunio, la desdichada,

lo que significa no abandonar la tierra patria.                                                                    35

Odia a sus hijos y no se alegra al verlos.

Temo que planee algo inesperado,

[pues violento es su ánimo, y no tolerará

ser maltratada. Yo la conozco, y tengo miedo

de que se hunda un afilado cuchillo en el hígado,                                                             40

luego de entrar silenciosamente en la habitación donde está tendido su lecho,

o que mate al rey y al que se ha desposado,]

y se haga acreedora, después, de algún infortunio mayor.

Es temible, sin duda; no fácilmente, por cierto, quien entre

en enemistad con ella podrá cantar gloriosa victoria.                                                     45


Añado también, de la misma obra (versos 214-251) y por la misma traductora, este parlamento de la protagonista:


Mujeres corintias, he salido del palacio

para que nada me reprochéis; sé que muchos mortales                                                215

son altivos, unos, lejos de las miradas,

otros, entre la gente, y que los que buscan la tranquilidad

adquieren una mala reputación de indolencia.

Pues no existe la justicia en los ojos de los mortales,

quienes, antes de haber conocido con certeza la índole de un hombre,                 220

lo odian con sólo haberlo mirado, sin que hayan sido agraviados en ningún modo.

Es necesario que el extranjero esté en muy buenas relaciones con la ciudad;

no alabo al que, orgulloso,

se muestra áspero con los conciudadanos a causa de su necedad.

Pero a mí, en verdad, esta situación imprevista que me ha sobrevenido                225

me ha destruido la vida. Estoy perdida, y,

abandonada la alegría de la vida, deseo morir, amigas.

Porque él, mi esposo, que era todo para mí, lo sé bien,

se ha convertido en el peor de los hombres.

De todos los seres vivos y que tienen entendimiento                                                    230

las mujeres somos la criatura más desventurada.

En primer lugar, es preciso que con grandes riquezas

nos procuremos un esposo y consigamos un amo de nuestro cuerpo:

esta desdicha es más dolorosa aún que la otra.

Y el riesgo mayor consiste en esto: si se consigue un esposo malo                            235

o uno bueno, porque las separaciones no aportan buena reputación

a las mujeres, y no es posible rechazar al esposo.

Además, cuando una ha llegado a establecerse entre nuevas costumbres y leyes,

es necesario que sea adivina, sin haberlo aprendido en casa,

para saber con qué clase de compañero de lecho ella tendrá que tratar.                       240

Y si, en el caso de que tengamos éxito en esto,

nuestro esposo convive con nosotras sin conducir el yugo por la fuerza,

nuestra vida es envidiable. Pero si no, es preciso morir.

Un hombre, cuando se hastía de vivir con los de dentro,

se marcha afuera y libra su corazón del fastidio                                                                245

[luego de dirigirse a casa de un amigo o de alguien de su edad].

Para nosotras, en cambio, es forzoso dirigir la vista a una única persona.

Dicen que vivimos una vida carente de peligros,

en casa, mientras ellos luchan con la lanza.

Necios. Tres veces junto al escudo                                                                                         250

quisiera yo permanecer de pie, antes que dar a luz una sola vez.


José B. Torres Guerra



martes, 20 de junio de 2023

SÓFOCLES: ANTÍGONA. GUÍA DE LECTURA

El curso que viene toca hablar de héroes, de sabios y santos en una asignatura nueva: "Héroes, sabios, santos: figuras clave del Mundo Clásico. Empezamos con una heroína, Antígona, y con la tragedia homónima de Sófocles. 

Queda aún tiempo. Pero más vale ir preparando las guías de lectura, como esta que presento ahora. Ojalá no les sirva solo a mis alumnos del curso próximo.


Sófocles, Antígona (443/442 a. C.)

 


En la clase anterior a esta se habrán propuesto algunas cuestiones que ayudarán a los alumnos a situarse ante Antígona, buscando, si es preciso, información por su cuenta: 
  • ¿Qué sabemos de Sófocles, de su época histórica? (la aspiración de esta asignatura no es hacer ni historia ni filología; pero siempre se precisa un contexto mínimo).
  • ¿Qué sabemos de Antígona y su leyenda? ¿Y de sus padres, Edipo y Yocasta? ¿Nos suenan los nombres de Eteocles y Polinices?
  • Más en general: ¿qué nos parecen los mitos griegos y romanos?; ¿nos atraen o nos producen rechazo?
  • Hay otra cuestión general que se ha de tener en cuenta antes de leer Antígona: la tragedia griega presenta peculiaridades que la distinguen del teatro actual; en ella alternan las intervenciones de los personajes y del coro; contra lo que pudiera parecer, las partes del coro trágico no son superfluas: se han de leer con atención y reflexionar sobre ellas.


Antígona, la protagonista de la obra, es un personaje que no cobra vida propia en la literatura griega hasta la aparición de la tragedia. Desde ese momento figura en diversas creaciones, conservadas o no, de los tres grandes trágicos, Esquilo, Sófocles y Eurípides. Entre esas tragedias la más importante es la Antígona (443 o 442 a. C.) de Sófocles (497/496-406/405 a. C.). Esta obra, representada antes de los dos Edipos de este autor (Edipo rey, hacia 429 a. C.; Edipo en Colono, 406/405 a. C.), se refiere a acontecimientos posteriores de la leyenda: ya se ha descubierto la verdad sobre Edipo (que, sin saberlo, mató a su padre Layo y se casó con su madre Yocasta) y este está muerto; entre tanto, sus hijos varones, Eteocles y Polinices, disputan por la herencia paterna.

Los dos hermanos de Antígona se enfrentan por el trono de Tebas. Tras darse muerte mutua, su tío Creonte, hermano de Yocasta y cuñado de Edipo, es el nuevo gobernante de la polis. Este ordena tributar honras fúnebres a Eteocles y dejar sin sepultura a Polinices, el traidor que atacó su patria tras congregar en Argos una coalición de siete caudillos. Antígona se niega a obedecer la orden de su tío, el rey, e intenta honrar al hermano proscrito. 



La estructura y argumento de Antígona se puede sintetizar de la siguiente manera:

  • En el Prólogo (versos 1-99) dialogan las dos hijas de Edipo, Antígona e Ismene, hermanas a su vez de Eteocles y Polinices. Antígona refiere a Ismene la orden de Creonte (se le han de tributar honores a Eteocles, el difunto rey de Tebas; en cambio, se prohíbe que se entierre a Polinices por traidor). Entonces le cuenta su plan para dar sepultura a Polinices. Ismene rechaza colaborar por miedo a las consecuencias, respuesta ante la cual Antígona reacciona de manera áspera. Sin sentirse ofendida, Ismene alaba a su hermana cuando esta sale y ella se queda sola en escena.
  • Tras el prólogo, se presenta, en la parte de la tragedia llamada párodos (100-161), el coro de ancianos, que celebra la victoria tebana sobre los argivos.
  • En el primer episodio (162-331) aparece Creonte, quien pronuncia un monólogo (162-222) en el que exhibe su poder total sobre vivos y muertos y hace pública su prohibición de enterrar a Polinices. Después se produce un diálogo (vv. 223-326) entre Creonte y uno de los guardianes que custodiaban el cadáver de Polinices; a este guardián le ha tocado en suerte anunciar que alguien ha emprendido la tarea de enterrar a Polinices de modo simbólico, cubriéndolo con un poco de tierra. Ante las amenazantes palabras del rey, el guardián expresa en un monólogo (327-331) su determinación de no volver a presentarse ante Creonte (por cierto: ¿es este un týrannos?).
  • El coro canta el primer estásimo (332-375) en el que habla de la grandeza del hombre y su sumisión a Hades, dios de los muertos, y de la capacidad humana para obrar lo bueno y lo malo.
  • Los personajes del segundo episodio (376-581) son el guardián, Creonte, Antígona e Ismene. Interviene primero el guardián, que trae detenida a Antígona (376-440). Entre los versos 441-525 se produce un diálogo entre Creonte y Antígona, quien justifica su acción por respeto a las “leyes no escritas” (ἄγραπτα … νόμιμα, 454-455); su tío le reprocha no haber cumplido con sus propias leyes. El gobernante culpa también de lo ocurrido a Ismene, quien ha vuelto a escena; tras una breve intervención del coro, Ismene se acusa de haber colaborado con su hermana y pide compasión para esta en tanto que prometida de Hemón, el hijo de Creonte y Eurídice; Antígona se irrita por la actitud de Ismene y Creonte no se cree lo que esta ha contado (531-581).
  • En el segundo estásimo (582-625) el coro de ancianos reflexiona sobre las desgracias que los dioses hacen recaer sobre algunas familias, como aquella a la que pertenecen Edipo, sus antecesores y sus descendientes.
  • El tercer episodio (626-780) presenta, primero (626-765), un diálogo entre Creonte y su hijo Hemón; este habla de buenas maneras con Creonte, para conseguir la libertad de Antígona e impedir que su padre cometa una acción injusta; sin embargo, solo consigue que su padre se enoje enormemente. En el diálogo posterior (766-780) entre Creonte y el corifeo, portavoz del coro, el gobernante decide matar a Antígona, no a Ismene, encerrándola en una cueva con un mínimo de comida.
  •  El tercer estásimo (781-800) canta el poder del amor.
  • El cuarto episodio (801-943) comienza con un diálogo lírico (801-882) entre Antígona y el coro; Antígona lamenta su suerte, comparándola con la de la figura mítica de Níobe, y por un momento flaquea en su determinación. Sigue un diálogo (883-943) entre Antígona y su tío, quien la envía a la cueva en la que ha de morir (de un modo hipócrita se entiende que, al dejar que la joven muera de inanición, se diluye la culpa de Creonte); Antígona se justifica, en un tono más débil, por última vez.
  • El cuarto estásimo (944-987) propone diversos paralelos de figuras del mito que sufrieron un destino parecido al de Antígona.
  • En el quinto episodio (988-1114) aparece primero Tiresias, el adivino ciego, un clásico de la saga tebana (cf., p. ej., Edipo rey) que dialoga (988-1090) con Creonte; Tiresias anuncia que Polinices debe ser enterrado por voluntad de los dioses, pero Creonte, obcecado, se opone; el adivino se va tras lanzar contra Creonte un mal augurio: alguien de su familia morirá. Después (1091-1114), Creonte dialoga con el corifeo y el coro lo convence de que finalmente ceda.
  • El quinto estásimo (1115-1154) es un canto en honor al dios Dioniso, al que se le pide que acuda a Tebas.
  • La tragedia termina con el Éxodo (1155-1353). Un mensajero (1155-1182) anuncia al coro la muerte de Hemón. Al aparecer Eurídice en escena, le cuenta en detalle (1183-1243) cómo han muerto los dos jóvenes. El mensajero toma la palabra (1244-1256) tras marcharse la reina y habla con el coro sobre qué puede aún suceder. La tragedia concluye con un diálogo lírico del coro y Creonte (1257-1353), quien se lamenta por Hemón y, después, por Eurídice al enterarse de que esta también se ha suicidado; Creonte admite que su obstinación ha tenido la culpa de todo.

 

Algunas cuestiones a las que se puede atender al leer Antígona:


  • El título griego de Edipo rey se debería traducir más exactamente como Edipo tirano. La obra que se ha leído, ¿se podría titular Creonte tirano?
  • Por lo que dice Creonte en los versos 221-222 (“por vanas esperanzas / a los hombres perdió muchas veces la codicia”) parece que este personaje piensa que todos los hombres tienen un precio. ¿Se aprecia en otros lugares de la obra que tiene un mal concepto general de los hombres? ¿Y de las mujeres?
  • La relación Creonte-Antígona. ¿Se puede decir que en el enfrentamiento entre los dos se contraponen la ley del estado y la ley de la familia? ¿O se debate, más bien, quién debe tener prioridad, la ley positiva o la ley natural, “no escrita”? ¿Se puede decir que Antígona es un ejemplo de “objeción de conciencia”?
  • Lo que hace Antígona en su tragedia, ¿lo habría hecho por un desconocido? Obsérvese la relación de esta posibilidad con el hecho de que actúe pensando en la ley de la familia o en la ley natural.
  • ¿Qué entiende Antígona por “leyes no escritas”? ¿Crees que es correcto afirmar que existen esas leyes? ¿Por qué?
  • Muchas personas se han enamorado de un modo u otro de la figura de Antígona al ver o leer esta tragedia. ¿Es hasta tal punto atractivo su personaje? O, al contrario, ¿se aprecian en ella aspectos negativos que pueden pesar más que los positivos?
  • "Puestos a enamorarse, yo preferiría enamorarme de Ismene". ¿Qué os parece esta opinión?
  • ¿Cómo se puede caracterizar la relación Ismene-Antígona? ¿Y la relación Hemón-Antígona?
  • ¿Qué imagen de la mujer transmite Sófocles en la tragedia? Presta atención a las figuras femeninas, cómo se definen al interactuar entre ellas y en su relación con los varones.
  • ¿Es Antígona una heroína? ¿Por qué? ¿Cuáles son sus grandes aciertos y, si los hay, sus errores?
  • ¿Se podría considerar también como héroe a Creonte o nos produce rechazo esta idea?

 

José B. Torres Guerra


sábado, 1 de marzo de 2014

ISMENA Y SU HERMANA


Pues a Ismena seguro que no la conoce todo el mundo. Pero, si digo que su hermana es Antígona, la primera reacción será "¡Claro!" Y la segunda: "Entonces, ¿por qué no escribir Antígona y su hermana?" Pues por dos motivos.

Primero, por no decir lo de siempre, la verdad. Y segundo, porque tuve que trabajar mucho sobre la saga tebana en época arcaica. E Ismena parece haber sido la más importante de las dos en ese periodo, antes de que llegara la tragedia. Curioso. 

Ismena es la única de las dos jóvenes que representa el arte en los siglos anteriores al V a. C., y además en una actitud muy comprometida: ella se entendía con el joven Periclímeno cuando aparece Tideo con aviesas intenciones.


Dicho sea todo esto a manera de introducción. Sí, Ismena ha debido de tener una pre-vida muy curiosa en el arcaísmo. Pero, para nosotros, ella es la hermana sumisa y modosa de Antígona, tal y como la vemos en el prólogo de la tragedia de Sófocles, que es de lo que realmente va esta entrada. Aquí propongo mi traducción de esa escena; para que no haya más trabajos de Filología perdidos. Y por si a alguien le es de utilidad.

Antígona: Oh persona de Ismena, mi hermana consanguínea, ¿sabes qué males hay que Zeus, procedentes de Edipo, a nosotras dos no nos cumpla en vida? Pues nada, ni luctuoso ni sin infortunio, ni vergonzoso ni deshonroso hay que no haya visto yo entre tus males y los míos. Y ahora ¿qué es eso que dicen que a la ciudad en masa acaba de anunciar el general? ¿Lo sabes y lo has escuchado? ¿O es que ignoras que contra tus amigos marcha la inquina de los enemigos? 
Ismena: De nuestros seres queridos, Antígona, ningún dicho me llegó, ni dulce ni doloroso, desde que de nuestros dos hermanos nos vimos las dos privadas, tras morir en un solo día por culpa de un doble golpe; y una vez que en camino se puso el ejército de los argivos en esta noche pasada, nada más sé, ni más afortunada por ello, ni más apenada. 
Antígona: Bien lo sabía, y fuera de las puertas de palacio quería sacarte por esto, para que sola me oyeras. 
Ismena: ¿Qué sucede? Pues das muestras de que alguna razón te cambia de color. 
Antígona: ¿No es cierto que de la tumba a nuestros dos hermanos Creonte al uno lo ha honrado y al otro despojado? A Eteocles, según dicen, en justa aplicación de la justicia y la ley bajo tierra lo ha enterrado, ganándole así respeto entre los muertos de abajo; pero al cadáver de Polinices, que de forma lamentable murió, afirman que a los ciudadanos les ha pregonado que no lo cubran con la tumba y que no lo llore nadie, sino que lo dejen sin lamentos, sin tumba, cual dulce botín para las aves que otean en pos de la comida. Tales cosas afirman que el buen Creonte ha pregonado para ti y para mí (¡sí, también para mí!), y que aquí ha de regresar para anunciárselo a las claras a quienes no lo sepan: la cosa no la considera como de poca monta, sino que, a aquel que haga algo de esto, una muerte pública a pedradas le aguarda en la ciudad. Así está, Ismena, la situación, y presto mostrarás si tu natural es noble o si has nacido malvada de buenos padres. 


Ismena: Pero, desdichada, si las cosas están en este punto, ¿qué más aportaría yo, sea que suelte la soga o mi mano añada? 
Antígona: Mira si conmigo cooperarás y colaborarás. 
Ismena: ¿Arriesgándome a qué? ¿En qué estás pensando? 
Antígona: ¿Levantarás al muerto uniéndote a esta mano? 
Ismena: ¿Así que piensas enterrarlo, cosa prohibida a la ciudad? 
Antígona: Es que es mi hermano y el tuyo, aunque tú no quieras: en verdad que no me cogerán habiéndolo traicionado. 
Ismena: ¡Insensata! ¿Aunque Creonte se oponga? 
Antígona: Mas él no tiene parte en impedirme nada de lo que yo haga. 
Ismena: ¡Ay de mí! Piensa, hermana, nuestro padre de qué forma tan odiosa y ruin murió, tras golpearse por sus errores que él mismo descubrió sus dos ojos con mano de sí mismo vengadora; después, su madre y esposa, dos nombres en uno, con trenzadas sogas acabó con su vida; en tercer lugar nuestros dos hermanos, en un solo día, dándose muerte mutua, desdichados, una suerte común lograron uno a manos del otro. Y ahora mira que nosotras, las únicas que en efecto quedamos, con qué muerte tanto peor pereceremos si, violando la ley, el voto o las fuerzas de los tiranos transgredimos. Antes bien, es necesario pensar esto: que mujeres nacimos, predispuestas a no luchar con los varones; y luego que somos gobernadas por quienes tienen la fuerza para hacernos oír esto y otras cosas aún peores. Así que yo, por mi parte, suplicando a los que habitan bajo tierra que tengan compasión, pues me veo obligada a esto, obedeceré a los que en el mando caminan; en efecto, el hacer cosas extrañas no tiene ningún sentido. 

Antígona: Ni te lo pediría ni, si aún quisieras hacerlo, colaborarías conmigo sintiendo yo agrado. Venga, opina como te parezca, que yo a aquel lo enterraré. Me será hermoso morir haciendo esto. Amiga yaceré junto a él, junto al amigo, tras obrar un piadoso crimen: pues mayor es el tiempo en que debo agradar a los de abajo que a los de aquí. Sí, allí siempre yaceré; y, si a ti te lo parece, lo que los dioses honran ponlo en ninguna estima. 
Ismena: Yo no hago menosprecio de nada, pero soy incapaz de obrar violentando a los ciudadanos. 
Antígona: Tu excusa es eso; yo de cierto marcharé a echar tierra sobre el más amado de los hermanos. 
Ismena: ¡Ay de mí, cuánto temo por ti, desdichada! 
Antígona: No tiembles antes de tiempo por mí; cuídate de tu propia muerte. 
Ismena: En cualquier caso no le declares a nadie esta acción, mas mantenla oculta, que sin más ni más yo también lo haré. 
Antígona: ¡Ay de mí! ¡Habla!: mucho más odiosa serás callando, si a todos esto no anuncias. 
Ismena: Tienes la cabeza caliente y los pies fríos. 
Antígona: Pero sé que agrado a quienes más necesito agradar. 
Ismena: Si es que puedes; pero te afanas en cosas imposibles. 
Antígona: Así pues, cuando no tenga fuerzas, reposaré. 
Ismena: Por principio no conviene ir en pos de imposibles. 
Antígona: Si eso dices serás por mí odiada y odiosa yacerás para el muerto con justicia. Pero déjame a mí y a mi falta de juicio sufrir este horror, pues no padeceré tanto que no muera sin renombre. 
Ismena: Si así te parece, marcha; pero entérate de que, aun siendo una insensata, eres buena amiga de tus amigos.