miércoles, 8 de abril de 2009

LA TRAGEDIA: ORÍGENES; DESARROLLO; CIRCUNSTANCIAS



Esta entrada tiene por objeto presentar algunas de las cuestiones generales que afectan al género de la tragedia en Grecia: el problema de sus orígenes o la organización de los certámenes de tragedia en Atenas; asimismo propondré una síntesis de la evolución de la tragedia griega.

1. PRESENTACIÓN
2. ORÍGENES DE LA TRAGEDIA
3. LA TRAGEDIA, POESÍA DE LA PÓLIS: EL CERTAMEN TRÁGICO
4. LÍNEAS MAESTRAS EN LA EVOLUCIÓN DE LA TRAGEDIA: ANTES Y DESPUÉS DEL S. V.


1. PRESENTACIÓN

Antes de entrar propiamente en materia puede ser conveniente comentar algunas cuestiones terminológicas relacionadas con la tragedia. La tragedia antigua se compone de
  • un coro, presidido por un corifeo (12 miembros del coro en Esquilo, 15 en Sófocles y Eurípides; al coro le corresponden ante todo las partes líricas de la tragedia; se expresa en un dialecto pseudodórico)
  • y de unos actores (hypokritaí, palabra de díficil interpretación: ¿“intérprete” del coro, “contestador” del coro?).
Los actores dialogan entre sí (en ático) o con el coro: en principio sólo debió de haber un actor, pero luego su número se amplió y pasó a dos (Esquilo) y después a tres (Sófocles).
Es característico de Esquilo la aparición de un personaje mudo que sólo interviene en momentos de gran dramatismo (p. ej., Pílades en la Orestía): mira la entrada .
En la estructura de la tragedia se han de distinguir además las siguientes partes:
  • Prólogo: todo lo que acontece hasta la aparición del coro en escena.
  • Párodos: la entrada del coro en escena.
  • Episodios y Estásimos: los episodios son las partes recitadas por los actores; los estásimos son las partes cantadas por el coro; episodios y estásimos se suceden (episodio–estásimo–episodio...), habitualmente en número de cinco.
  • Éxodo: todo aquello que acontece después del último canto del coro.
En ocasiones, dos actores pueden alternarse, recitando un verso cada uno (esticomitía).

Es oportuno recordar que el teatro griego se desarrolla “de puertas afuera”: las escenas de interior sólo pueden ser visibles gracias al artificio del “enciclema” (p. ej., para hacer ver los cadáveres de Agamenón y Casandra en el Agamenón de Esquilo).

Otro artificio escénico importante (y del que hizo un uso muy frecuente Eurípides) es la machina que permite descolgar en escena a personajes (habitualmente dioses, de ahí la expresión deus ex machina).


2. ORÍGENES DE LA TRAGEDIA

La cuestión de los orígenes de la tragedia ha sido debatida infinidad de veces desde, al menos, la época de Aristóteles, quien trató del tema en su Poética. Es oportuno recordar además que nos hallamos ante un problema que no atañe sólo a la filología, pues las ramificaciones antropológicas o filosóficas del asunto son múltiples.

Por una parte es relativamente sencillo identificar los géneros que han dejado su impronta en la tragedia:
  • la épica y la lírica coral narrativa (p. ej., Estesícoro) le prestan sus temas míticos;
  • la lírica coral dórica desempeña un papel fundamental en relación con las partes confiadas al coro trágico;
  • el trímetro yámbico y el tetrámetro trocaico hacen también lo propio con los parlamentos y las partes recitadas.
Ahora bien, la identificación de estas fuentes literarias no equivale a una explicación del origen del género: es muy difícil definir cuáles fueron las circunstancias reales en que surgió la tragedia.

Una primera pregunta que cabe plantearse es la del propio significado de su nombre, pues “tragedia” es “canto del macho cabrío”, expresión que ha sido aclarada de formas diversas:
  • ¿se trata de un canto por el que se daba como premio un macho cabrío?
  • ¿se trata del canto de un coro de sátiros disfrazados de machos cabríos? (lo que esos sátiros entonarían sería un ditirambo: mira más adelante).
La segunda interpretación es la communis opinio, y sin embargo tropieza con la dificultad de que, en origen, los sátiros se representaban con forma equina, no caprina.
Sobre este asunto mira Burkert (1966).
De otro lado, es palmaria la relación de la tragedia con los rituales dedicados al dios Dioniso, en cuyas fiestas se celebraban los certámenes dramáticos (como se explicará en la sección siguiente de esta entrada).

Pero a la vez resulta llamativo que los argumentos dionisíacos sean mínimos (aquí se han de mencionar las Bacantes de Eurípides); de hecho se convirtió en expresión proverbial decir que la tragedia no tiene “nada que ver con Dioniso” (mira la entrada ).

Aristóteles decía que la tragedia se desarrolló a partir del ditirambo, danza coral celebrada en honor a Dioniso y entonada por los sátiros. Sin embargo no resulta evidente cómo se pudo desarrollar la tragedia a partir del ditirambo, pues este canto coral difícilmente puede dar cuenta de la parte recitada de la tragedia. Mira Vara Donado (1996, 15):
¿Cómo la parte recitada de la tragedia, de carácter serio y cuya temática es épico-heroica, puede derivar del ditirambo, entonces singularmente dionisíaco, condición siempre conservada por él en mayor o menor medida?
Para complicar aún más las cosas se ha de tener en cuenta que algunos datos fugaces apuntan a que la tragedia no nació en el Ática sino en el Peloponeso, hipótesis de la que también se hace eco Aristóteles.
(Ello podría explicar también el carácter “dórico” de las partes corales)
Una hipótesis de mínimos sobre el origen de la tragedia puede ser la que suponga que, en un momento determinado, un miembro del coro se separó de éste para dramatizar los hechos cantados en lugar de narrarlos; este primer actor, que dialogaba con el coro, se vio luego acompañado por un segundo actor, con lo que se avanzó en el proceso de dramatización.

En relación con la cuestión del origen de la tragedia se ha de tomar también en consideración lo dicho sobre el origen del drama satírico en .


3. LA TRAGEDIA, POESÍA DE LA PÓLIS: EL CERTAMEN TRÁGICO

Aunque no podamos precisar cómo surgió el género, lo cierto es que poseemos un corpus notable de tragedias que nos permiten formarnos una idea adecuada del tipo literario.

Una de las cuestiones preliminares que han de aclararse en relación con la tragedia de la Antigüedad es la de la propia organización de las representaciones dramáticas. Es decir: ¿dónde y cuándo se representaba teatro en Grecia?; ¿de qué manera se desarrollaban esas representaciones?

Para ilustrar el aspecto estrictamente físico del teatro antiguo conviene examinar este dibujo que representa la planta del teatro de Dioniso en Atenas.

Como se puede ver, el teatro se componía de un auditorio semicircular destinado al público.

En el caso del teatro de Dioniso en Atenas ese auditorio contenía ochenta filas de asientos, construidas en pendiente aprovechando la ladera de la Acrópolis.

No se trataba de un espacio cubierto, pues todos los interesados en la representación dramática (público, coro y actores) se hallaban al aire libre.

Para facilitar la colocación de los espectadores, el auditorio estaba cruzado por corredores radiales y transversales; los asientos donde se sentaban los asistentes a la representación no eran, ni de lejos, cómodos; en principio se trataba de asientos de madera, que después fueron sustituidos por otros de piedra.

A pesar de la incomodidad, el pueblo llano de Atenas acudía sin dudarlo al teatro, y las autoridades de la ciudad hicieron todo lo posible por facilitar el acceso a estas representaciones que se convirtieron en la fiesta principal de la democracia.

En un principio se cobraba una entrada mínima; en época de Pericles la política populista del momento eliminó incluso el precio de esa entrada.

Las condiciones acústicas del teatro antiguo eran muy buenas. En cambio, las condiciones visuales dejaban mucho que desear.
Piénsese que aquellos teatros tenían unas dimensiones inmensas, por lo que el espectador se hallaba muy alejado de los actores. Se ha calculado que un actor alto, de 1.80 m., sería visto por el público de primera fila como una figura de 9 cm.; los de la última fila sólo verían una miniatura de 2 cm. de altura.
En las plantas de los teatros se aprecia la existencia de un espacio autónomo entre el auditorio y la escena, la orquestra, palabra que en griego significa “lugar donde se baila”.

Efectivamente la orquestra era el lugar donde evolucionaba el coro y, en determinadas circunstancias, podía llegar a bailar.

Interesa indicar que en medio de la orquestra había un altar, lo cual nos recuerda el carácter religioso que poseían en la Antigüedad las representaciones dramáticas: las representaciones trágicas formaban parte del rito en honor al dios Dioniso, y por ello posee pleno sentido la presencia de su altar en medio del teatro.

De la orquestra pasamos a la escena. Si el auditorio era el espacio del público y la orquestra el del coro, la escena es, obviamente, el lugar propio de los actores.

Éstos, que eran siempre hombres, aparecían ante los espectadores ataviados con las máscaras trágicas, de rasgos muy marcados, al objeto de facilitar que el público reconociese de qué personaje se trataba en cada caso: no olvidemos que el público veía malamente a los actores.

El hecho de representar con la cara cubierta por la máscara permitía además que una misma persona desempeñase varios papeles.

Y es que debemos pensar que, a diferencia de lo que sucede hoy en día, en Atenas el número de actores por obra era muy reducido.
Como ya hemos dicho antes, primero era uno solo que dialogaba con el coro, después dos y, por fin, tres; en el Edipo Rey de Sófocles intervienen ocho personajes, y sin embargo tres actores bastan para la representación de la tragedia.
El hecho de que el drama formase parte del ritual de Dioniso tenía también implicaciones desde el punto de vista de los momentos óptimos para las representaciones, pues en la Antigüedad no eran sagrados por igual todos los tiempos.

Había representaciones dramáticas en las fiestas más importantes del dios Dioniso, que en Atenas eran las Leneas y las Grandes Dionisias; las primeras caían a finales de enero y estaban dedicadas fundamentalmente a la comedia; las segundas tenían lugar en la última semana de marzo y en ellas se celebraba el concurso trágico más importante.

En la Atenas democrática, la organización del festival trágico (atestiguado desde el 534 a. C.) era una empresa pública.

No obstante, para su realización se comisionaba a tres particulares adinerados (los coregos). Cada uno de ellos debía sufragar los gastos de representación de las obras de un autor, pues el número de los poetas que eran escogidos para participar en el concurso se reducía a tres.

En tres días sucesivos, cada uno de los trágicos presentaba ante el público ateniense las obras con las que competía: tres tragedias (más un drama satírico) por concursante.

Cuatro obras al día, tres días seguidos, puede parecernos demasiado para nuestra paciencia como espectadores; es cierto que los atenienses pasaban un buen número de horas en el teatro mientras duraba el festival, pero no tantas como nos podríamos imaginar: debe tenerse en cuenta que la extensión media de una tragedia griega es bastante inferior a la de las obras con las que nosotros estamos familiarizados.

Una vez concluidas las representaciones, los jueces del concurso emitían su fallo y otorgaban un premio al vencedor, de manera semejante a como se hacía en los certámenes atléticos; Sófocles, el trágico más galardonado, venció en las Grandes Dionisias en dieciocho ocasiones y no quedó nunca en tercer lugar.


4. LÍNEAS MAESTRAS EN LA EVOLUCIÓN DE LA TRAGEDIA: ANTES Y DESPUÉS DEL S. V.


Aunque todas las tragedias que conservamos datan del S. V a. C., poseemos datos en relación con la tragedia precedente y de época postclásica.

Por ejemplo sabemos que Tespis (S. VI) pasaba por ser el primer autor de tragedias; se le atribuye un Penteo, es decir, una obra de tema dionisíaco.

Algo posteriores a él debieron de ser Quérilo y Prátinas. El primero es sólo un un nombre; se supone que debió de competir con Esquilo muy a principios del S. V.

En cambio de Prátinas se debe comentar que, de las cincuenta obras que se le atribuyen, treinta y dos debieron de ser dramas satíricos (mira lo que se comenta en la entrada ).

Frínico, por su parte, debió de ser una generación mayor que Esquilo, con quien llegó a competir en el certamen. Ganó su primera victoria hacia el 510 a. C.). Fue autor de dos tragedias de tema histórico, La toma de Mileto y Las Fenicias.

Sucede que, en ocasiones, los temas de esta primera tragedia no estaban tomados de la leyenda sino de la historia; tal práctica, abandonada en el período de esplendor del género, resurgió en el S. IV a. C. (mira Torres 1998).

Se debe recordar también que, durante el S. V a. C., coexistieron con los tres tragediógrafos fundamentales (Esquilo, Sófocles, Eurípides) otros autores de los que sólo conservamos fragmentos (mira Del Rincón Sánchez 2007).

Posiblemente es muy de lamentar la pérdida de algunos de estos autores, como por ejemplo Agatón quien, según Aristóteles, compuso una tragedia de argumento ficticio.

Se ha de recordar además que, tras la muerte de Sófocles y Eurípides, el género continuó vivo en el S. IV. Aunque comenzarán a producirse reposiciones de las obras de los grandes autores (a partir del 386 a. C.), en ese período se siguieron escribiendo nuevas tragedias de las que, en principio, sólo conservamos fragmentos.

Ahora bien, no son pocos los críticos que se inclinan a suponer que el Reso euripídeo es, en realidad, una tragedia anónima del siglo cuarto (mira ).



ALGUNAS REFERENCIAS:

http://www.didaskalia.net/
http://www.temple.edu/classics/dramadir.html

* Trabajos de carácter general e introductorio:
ALSINA, J., “Tragedia. Características”, en J.A. López Férez (ed.), Historia de la Literatura Griega, Madrid, 1988, pp. 271-289.
BROWN, A., A New Companion to Greek Tragedy, Londres, 1983.
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EASTERLING, P.E., The Cambridge Companion to Greek Tragedy, Cambridge, 1997.
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WINKLER, J. (ed.), Nothing to do with Dionysos? Athenian Drama in its Social Context, Princeton, 1990.

* Sobre algunos aspectos específicos:
DUCHEMIN, J., L' agón dans la tragédie grecque, París, 1945.
GARCÍA NOVO, E., La entrada de los personajes y su anuncio en la tragedia griega, Madrid, 1981.
GARCÍA NOVO, E., y RODRÍGUEZ ALFAGEME, I. (eds.), Dramaturgia y puesta en escena en el teatro griego, Madrid, 1998.
GOWARD, B., Telling Tragedy: Narrative Techniques in Aeschylus, Sophocles and Euripides, Londres, 1999.
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* Sobre los orígenes y la evolución de la tragedia:
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BURKERT, W., “Greek Tragedy and Sacrificial Ritual”, GRBS 7 (1966), pp. 87-122.
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