sábado, 24 de enero de 2009

PLATÓN COMO AUTOR LITERARIO


Esta entrada tiene por objeto hablar de Platón en tanto que autor literario, sobre todo en su vertiente de autor de diálogos. Los puntos que trataremos son éstos:

1. ORÍGENES DEL DIÁLOGO.
2. CARACTERÍSTICAS DEL DIÁLOGO PLATÓNICO.
3. SIGNIFICADO DEL DIÁLOGO PLATÓNICO.


1. ORÍGENES DEL DIÁLOGO.

Una primera cuestión que se ha de aclarar es la de si el género del diálogo es un invento platónico: parece que no es así. Sobre las raíces del diálogo de Platón podemos decir lo siguiente:
  • Evidentemente, su precedente más próximo es la actividad histórica de Sócrates, con independencia de la mayor o menor fidelidad de los diálogos al Sócrates histórico.
  • Las raíces que hemos de rastrear son las literarias, las raíces que llevaron a la constitución del diálogo como género.
Por lo que se refiere a esas raíces literarias, el diálogo platónico presenta un componente dramático obvio y parte de sus raíces se hallan en el drama. Sabemos que Platón compuso en su juventud tragedias.
Pero, dentro del drama, los orígenes del diálogo literario están más bien en la comedia de Sicilia, no en la tragedia.
En Sicilia se le concedió carácter literario a la conversación a través de la forma dramática del mimo, cuyos máximos representantes fueron Epicarmo y Sofrón. Según testimonios antiguos, los mimos de Sofrón (cfr. Hordern 2004) serían una de las inspiraciones de Platón.
La forma dialógica fue desarrollada además en Atenas por la Sofística:
  • Parece, p. ej., que Hipias escribió el Troyano en forma de diálogo.
  • Es posible que Pródico hiciese algo similar con su Heracles.
  • Existe incluso una tradición según la cual Protágoras habría sido el creador del diálogo socrático; no obstante, esto parece una tradición poco verosímil.
  • Aunque ello no sea verosímil, la forma dialógica que presentaban las Antinomias de Protágoras (con la contraposición de discursos sobre un mismo tema) debió de suponer un avance en el desarrollo de la dialéctica.
El diálogo en cuanto conversación oral fue la única forma escogida por Sócrates para expresar su pensamiento: Platón reproduce (o finge reproducir) esas conversaciones en sus obras; pero ¿fue él el primer discípulo de Sócrates que concibió esta idea?
Parece suficientemente acreditada la existencia de un diálogo socrático preplatónico. En este sentido, la tradición antigua nos habla de las aportaciones de una serie de autores que fueron desarrollando el género:
  • Alaxámenes de Teos (según Ateneo XI 505 c, quien da como fuente a Aristóteles): es una noticia oscura.
  • Simón (según Diógenes Laercio II 123).
  • Además, debieron de circular supuestos diálogos de Simias, Cebes, Critón, espurios.
Según parece, los precursores más importantes de Platón son dos:
  1. Antístenes (en torno a 455-360): muchos datos de Jenofonte sobre Sócrates deben de proceder de Antístenes. Pero se supone que Antístenes debió de actuar con gran libertad, mezclando lo socrático con lo sofístico y lo retórico.
  2. Esquines de Esfeto (figura distinta del orador Esquines): ¿era él el discípulo más allegado a Sócrates? Se conocen siete títulos de diálogos de Esquines, seguramente auténticos: pero sólo se conservan fragmentos. A partir de esta evidencia se observa la importancia que le concedía Esquines a ciertos rasgos de Sócrates:
  • el interés por la conversación;
  • la tendencia a la “ironía” (de la que se habla más adelante);
  • la afirmación de la propia ignorancia;
  • la preocupación por el tema del amor.
El diálogo socrático preplatónico debió de caracterizarse según Gigon (Sokrates, 182 s.) por
  • la mayor importancia concedida al elemento escénico;
  • la fijación de tipos humanos, a la manera de la comedia (el crápula Alcibíades por contraste con el ascético Sócrates);
  • el mayor papel del componente parenético, esto es, el mayor papel de la exhortación a la virtud, de la “moraleja”: lo cual contrasta con el carácter abierto, problemático, de muchos diálogos platónicos).
Pese a la existencia de antecedentes, los diálogos de Platón, los únicos que conservamos, debían de poseer un carácter peculiar.
El problema es que, dado el estado parcial de nuestro conocimiento de los diálogos socráticos preplatónicos, nos resulta difícil apreciar por contraste la originalidad del diálogo de Platón.


2. CARACTERÍSTICAS DEL DIÁLOGO PLATÓNICO.

El diálogo platónico es siempre una conversación: obviamente, requiere la presencia de al menos dos personajes. Esos personajes dialogan entre sí, intercambiando preguntas y respuestas.
El protagonista del diálogo nunca es Platón: es más, Platón nunca es personaje de los diálogos (al principio del Fedón se niega explícitamente su presencia en la muerte de Sócrates): por ello se ha hablado de la anonimia de Platón en los diálogos.
El protagonista del diálogo (habitualmente Sócrates) dirige la discusión a través de sus preguntas, llevando a su interlocutor a que por sí mismo rechace o acepte diversos puntos de vista:
  • en principio se evitan los grandes discursos del protagonista, el tono monológico;
  • ahora bien, Platón tiene por norma general evitar la monotonía: y como una serie continuada de preguntas con respuesta afirmativa (o negativa) puede llegar a ser monótona, en ocasiones intercala exposiciones continuadas: p. ej., en Ión, Sócrates rebate que la actividad de este rapsoda sea una téchne: a continuación expone la teoría de la actividad poética como enthousiasmós a través del símil del imán y los anillos de hierro (533 d ss.).
Platón manejó diversas posibilidades a la hora de presentar las conversaciones de los diálogos:

1. Lo más simple es que adquieran la forma de un drama conversado: así sucede, p. ej., en diálogos de primera época como el citado Ión o el Critón, y en los diálogos posteriores al Teeteto.

2. En otros casos, la conversación es referida por un narrador: lo más habitual es que ese narrador sea el propio Sócrates. La narración del diálogo puede introducirse de dos formas distintas:
  • de manera directa (es el caso de la República, con Sócrates de narrador);
  • dentro de un diálogo introductorio (así sucede en el Fedón: Equécrates de Fliunte interroga a Fedón sobre las circunstancias de la muerte de Sócrates: esta conversación se convierte en ocasión de que Fedón narre el último día del filósofo).
Este último recurso se desecha explícitamente en el Teeteto: ningún diálogo escrito en esta forma debe de ser posterior.

3. Hay un par de diálogos en los que el procedimiento reviste mayor complejidad:
  • Banquete: el Banquete es un diálogo en segundo grado; Apolodoro conversa con un amigo que le pregunta por la conversación que mantuvieron acerca del amor Sócrates, Agatón y otros; Apolodoro refiere lo que le contó Aristodemo.
Diálogo 1 (Apolodoro-Amigo) → Narrador 1 (Apolodoro) → Narrador 2 (Aristodemo) → Diálogo 2 (Sócrates-Agatón-Alcibíades etc ...).
  • Parménides: es un diálogo en tercer grado; Céfalo relata lo que le contó Antifonte que le había dicho Pitodoro sobre una conversación mantenida por Parménides, Zenón y Sócrates en Atenas.
Narrador 1 (Céfalo) → Narrador 2 (Antifonte) → Narrador 3 (Pitodoro) → Diálogo (Parménides, Zenón, Sócrates).
Es difícil precisar el móvil de estas elaboraciones: podría suceder que no hubiese ningún motivo específico, sólo un interés de Platón por explorar estas técnicas de presentación.
Pero también podría suceder que la forma literaria de estos diálogos fuese significativa. En el caso del Parménides el móvil de Platón pudo ser el deseo de relativizar los contenidos de la conversación, en la que se critica la Teoría de las Ideas. Esa crítica
  • ¿se hace en serio?
  • ¿está llena de falacias conscientes, para que los académicos se ejerciten descubriéndolas?
  • en último término: ¿cuál es la intención de este diálogo, dónde se esconde el verdadero pensamiento de Platón?: existe un desacuerdo insoluble entre la crítica.
En algunos diálogos, la narración y la pintura del escenario del diálogo posee gran protagonismo: en esos casos, el diálogo prefigura la novela (no en vano Bajtín consideró al diálogo socrático como precursor de lo que él llamaba “novela dialógica”).
Un ejemplo posible de la imaginación visual de Platón se halla en el Protágoras:

En un diálogo con un amigo, Sócrates le narra que acaba de estar y conversar con aquel sofista; fue a visitarlo urgido por Hipócrates, quien acudió a despertarlo muy de mañana para que le acompañase a casa de Calias, donde se alojaba Protágoras junto con otros sofistas. Platón se recrea en describir el ambiente que se encuentran los dos visitantes en aquella casa (314 e ss.); a manera de muestra presentamos una sección de esa parte del diálogo (en escena, Protágoras y su cortejo de oyentes):
Una vez que entramos [habla Sócrates] encontramos a Protágoras paseando en el pórtico. A su vera le acompañaban en el paseo, a un lado, Calias, hijo de Hipónico, y su hermano de madre Páralo, hijo de Pericles, y Cármides, hijo de Glaucón; al otro lado, el otro hijo de Pericles, Jantipo, y Filípides, hijo de Filomeno, y Antimero de Mende, el cual es considerado como el mejor discípulo de Protágoras y está ejercitando el arte para ser sofista. De los que detrás les daban séquito, escuchando la conversación, la mayoría parecían extranjeros de los que Protágoras recluta de todas las ciudades por las que pasa, atrayéndolos con su voz como Orfeo; y ellos, atraídos por su voz, le siguen. También había algunos de aquí en el coro. Sentí un gran placer al contemplar este coro y ver con qué primor procuraban no cortar jamás el paso a Protágoras, sino que, tan pronto como éste daba media vuelta junto con sus más inmediatos seguidores, al punto los oyentes de detrás se dividían en perfecto orden y, desplazándose hacia derecha e izquierda en círculo, se colocaban siempre detrás con toda destreza (trad. de Julián Velarde Lombraña).
El Protágoras es uno de los diálogos más cuidados literariamente. Recuérdese que la elaboración literaria es una característica de Platón, reconocida de manera general desde la Antigüedad.
Por ejemplo, el autor del Tratado sobre lo sublime considera que Platón, a pesar de faltas ocasionales, posee la sublimidad que él explora: esta cualidad es lo que caracteriza a los genios como Homero o el mismo Platón.

Así pues, Platón fue alabado por su estilo, que representa una conversación culta, natural, carente de tecnicismos.
Este carácter abierto de su lenguaje plantea problemas a los intérpretes de su pensamiento y marca una diferencia notable con la forma de escribir de Aristóteles.
Algunos de los recursos más utilizados por Platón son los siguientes:

– El símil y el ejemplo.
Ya nos hemos referido al símil del imán y los anillos en el Ión. Otro ejemplo posible: la perplejidad que produce Sócrates en sus oyentes se compara con el efecto del pez torpedo en Menón 80 a (habla Menón):
Había oído yo, aun antes de encontrarme contigo, que no haces tú otra cosa que problematizarte y problematizar a los demás. Y ahora, según me parece, me estás hechizando, embrujando y hasta encantando por completo al punto que me has reducido a una madeja de confusiones. Y si se me permite hacer una pequeña broma, diría que eres parecidísimo, por tu figura como por lo demás, a ese chato pez marino, el torpedo. También él, en efecto, entorpece al que se le acerca y lo toca, y me parece que tú ahora has producido en mí un resultado semejante. Pues, en verdad, estoy entorpecido de alma y de boca, y no sé qué responderte (trad. de F. J. Olivieri).
Una comparación de mayor trascendencia y especialmente famosa es la que se encuentra en Fedro 253 c - 254 e: el alma humana es comparada con un carro conducido por un auriga que debe encontrar un equilibrio entre sus dos caballos.

– La ironía.
En griego, eironeía designa la “falsa modestia”, el hacerse de menos.
Ésta es una actitud habitual en Sócrates, quien suele iniciar los diálogos afirmando su ignorancia y alabando la sabiduría o la virtud del interlocutor: a lo largo del diálogo se verá que la sabiduría, la virtud, están realmente en el lado contrario. En este sentido, los diálogos de Platón son constantemente irónicos.
Pero también lo son a veces en el sentido que nosotros damos a la palabra: ironía es decir en serio algo que no se cree realmente
La presencia de este tipo de ironía puede ser ilustrada con el ejemplo del Menéxeno:
  • En este diálogo Sócrates pronuncia un discurso fúnebre en honor de los muertos en la guerra: pese a su aspecto serio, el discurso en cuestión es una parodia de la oratoria fúnebre: entre otros motivos de contenido, porque la ficción supone que Sócrates lo pronuncia en el 386, cuando llevaba trece años muerto.
  • Y, sin embargo, los atenienses de la posteridad tomaron en serio esta pieza oratoria, pues todos los años era recitada en Atenas (así lo dice Cicerón en Orator 151).
Los atenienses no captan la ironía de Platón en este caso concreto: los intérpretes de Platón también han pasado por alto en ocasiones que ciertos tratamientos de un tema son irónicos: una vez más, se impone la cautela al intentar extraer el pensamiento de Platón.

– El mito.
Vamos a referirnos también con brevedad a la utilización del mito en los diálogos, aunque el mito en Platón es mucho más que un recurso literario o un elemento estructural de los diálogos.
De hecho (mira la entrada ), el empleo del mito en lugares-clave es uno de los motivos para dudar de que en Platón culmine el tránsito de la imagen al concepto, como afirma Havelock.
La bibliografía sobre el mito en Platón es abundante, también en castellano. Cf.:

J. Pieper, Sobre los mitos platónicos, Barcelona, Herder, 1984.
E. Ruiz Yamuza,
El mito como estructura formal en Platón, Sevilla, 1986.
G. Droz, Los mitos platónicos, Barcelona, Labor, 1993.

El libro de Ruiz Yamuza es un análisis formal (en principio, no interpretativo) de los mitos platónicos; concluye que, en Platón,
el mito es una estructura narrativa muy formalizada, que suele excluir el diálogo hablante textual / oyente textual, que se separa de sus contextos con advertencias formulares y que suele ir seguida de una sección que transporta esos contenidos al plano existencial. Y esta sección se caracteriza por poseer un mayor tono impresivo, en el que se incluyen referencias expresas al oyente textual (p. 171).
A lo largo de su análisis, Ruiz Yamuza identifica todos los mitos de la obra platónica y sus características:
  • Los temas: en los mitos platónicos hay temáticas escatológicas / cosmográficas / eróticas / políticas / otras (p. ej., el mito de Theuth y Thamus en el Fedro). Los temas más recurrentes (de los primeros diálogos a los últimos) son el político y el escatológico.
  • Las posiciones que ocupan los mitos en los diálogos: también son significativas y guardan relación con el tema de los mismos; p. ej., los mitos escatológicos tienden a aparecer en la posición final del diálogo.
  • La estructura de los mitos: distingue mitos con estructura simple y mitos con estructura compleja, separando entre éstos los de “crecimiento orgánico” y “crecimiento por aglomeración”.
  • Una cuestión a la que también concede atención el trabajo es a la distinción entre mitos propios de Platón y mitos heredados; según la autora, se observa una “tendencia a reutilizar el acervo mítico común” (p. 175).
Es importante observar la actitud de distanciamiento hacia ese mito tradicional reutilizado: el narrador del mito no se compromete con los contenidos del mismo.

En la exposición anterior de las características del diálogo hemos prescindido del factor cronológico: tomándolo en cuenta se observa una evolución clara en los diálogos: de los diálogos de juventud a los diálogos de vejez (Timeo, Critias, Sofista, Político, Filebo, Leyes) se reduce el elemento dramático y, en cambio, se intensifica el elemento filosófico:
  • Por ello, en los diálogos de vejez la forma del diálogo se convierte en un mero artificio (¿tratados revestidos de diálogo?): p. ej., en las Leyes la forma general es de diálogo, pero el intercambio de preguntas y respuestas (dialogismo) es sustituido por largas tiradas de un personaje (monologismo): el libro quinto lo ocupa íntegro un discurso del ateniense, el personaje principal.
  • En los diálogos de vejez desaparecen además las referencias cuidadas al marco escénico.
  • Y, paralelamente, desaparece la naturalidad del estilo: en este sentido, Pseudo-Longino cita en cuatro ocasiones las Leyes para censurar vicios de estilo; p. ej., en XXXII 7 critica las metáforas violentas y exageradas:
Que el uso de los tropos, al igual que todas las otras bellezas de estilo, lleva siempre a lo desproporcionado, es algo evidente, aunque yo no hable de ello. Se critica especialmente por esto a Platón, que se ve arrastrado muchas veces como por un ímpetu báquico literario a metáforas violentas y exageradas y a una pomposidad alegórica. "No es fácil de comprender", dice, "que una ciudad [tenga que] ser algo mezclado como una cratera, en donde un vino furioso, una vez vertido, hierva, pero que se convierte, castigado por otro dios sobrio, que le hace partícipe de su hermosa compañía, en una bebida buena y moderada". Pues llamar dios sobrio al agua, dicen, y a la mezcla castigo es propio de un poeta que en realidad no tiene nada de sobrio (trad. de José García López).

La evolución, además de afectar a los rasgos de composición y estilo, afectó también a los personajes del diálogo. Sócrates, que había sido el gran protagonista de los diálogos, cede el papel principal a otros personajes en los últimos:
  • Timeo (en el Timeo);
  • el extranjero de Elea (en el Sofista y el Político);
  • el ateniense (en las Leyes).
Pero en todos estos diálogos, menos en las Leyes, Sócrates se halla presente: éste es uno de los motivos por los que se ha dudado de la autenticidad de las Leyes.
La evolución es también una evolución interna de la figura de Sócrates. En principio, debemos pensar que Platón, como sus precursores, quiso retratar con fidelidad la forma de ser de su maestro. Del Sócrates histórico Platón debió de tomar
  • la negación del propio conocimiento;
  • la crítica destructiva de las opiniones ajenas;
  • la argumentación por analogía;
  • el valor supremo concedido a la bondad moral, considerada como conocimiento.
Estas características están presentes especialmente en los primeros diálogos, llamados “aporéticos” porque llevan el problema discutido a una situación de aporía sin proponer soluciones.
Pero el Sócrates de Platón parece convertirse paulatinamente en una máscara del autor: es menos crítico, más constructivo, y junto a las preocupaciones centrales del socratismo empieza a exponer teorías que nunca debió de compartir el Sócrates real.
En este sentido marca un punto de inflexión la Teoría de las Ideas, esbozada en el Menón y expuesta en el Fedón y la República.
Ahora bien, también sería un error asignar sistemáticamente todas las afirmaciones de Sócrates a Platón: en el mismo caso de la Teoría de las Ideas, no faltan las contradicciones que nos hacen suponer que Platón veía dificultades en la doctrina.
El problema con el que aquí nos encontramos, y al que ya hemos hecho alusiones, es el de la anonimia de Platón:
  • ¿dónde está Platón en los diálogos?
  • ¿cuáles son sus verdaderas opiniones?
Como hemos observado acerca de la ironía, la anonimia de Platón fuerza a la cautela interpretativa y a la consideración de todas las afirmaciones de los diálogos dentro de su contexto:
no proposition is to be rightly understood, except in its own place, and with the combinations and limitations which Plato has assigned to it (Schleiermacher, 1836, trad. de G. A. Press).


3. SIGNIFICADO DEL DIÁLOGO PLATÓNICO.

La última cuestión que debemos plantearnos es: ¿qué pretendía Platón al escribir estos diálogos si no era expresar una doctrina, o si la velaba hasta tal punto que no tenemos certeza de cuál era su verdadero pensamiento?
Para contestar esta pregunta debemos hacer algo tan obvio (y a veces tan descuidado) como contextualizar el diálogo platónico.
Es decir, hay que buscar el significado que Platón esperaba que tuviesen los diálogos para sus receptores en el S. IV a. C.; en palabras de Q. Skinner (“Meaning and Understanding in the History of Ideas”, H&Th 8 (1969), pp. 48-49):
The essential question which we therefore confront, in studying any given text, is what its author, in writing at the time he did write for the audience he intended to address, could in practice have been intending to communicate by the utterance of this given utterance.
En mi opinión (y la de buena parte de la crítica), los diálogos poseen siempre una función protréptica, es decir, son “escritos de invitación”. Por ello
  • no buscan la exhaustividad (como un tratado): les basta con sugerir;
  • no se comprometen ni comprometen a Platón con los puntos de vista expuestos: esto da razón de ser de su anonimia, su ironía ...;
  • reproducen el método de trabajo habitual en la Academia: la investigación filosófica se desarrolla a través de la dialéctica, destruyendo (conduciendo a la aporía) para después construir.
Si los diálogos son “escritos de invitación” cumplen una función propedéutica: entendemos que existen en función de las enseñanzas positivas que exponía Platón en la Academia.
A esas enseñanzas positivas ya hemos aludido en la entrada anterior de este blog (): son las “doctrinas no escritas”, enseñanzas orales que, según declara Platon en la Carta VII,
  • no se deben escribir
  • no se pueden expresar en palabras.
Volvemos con ello a hablar, una vez más, del tránsito de la oralidad a la literariedad, de sus implicaciones para el desarrollo de la filosofía en Grecia: en ya indicamos que Platón hizo las veces de puente:
  • con los llamados presocráticos se inició una crítica a la sabiduría tradicional y una búsqueda de un nuevo lenguaje que pudiera expresar nuevos saberes;
  • pero ese proceso de cambio cultural (con el permiso de Havelock) no culmina en Platón, pues éste no lleva a sus últimas consecuencias el ataque al modelo cultural oral y prefilosófico.
En este sentido debe recordarse que Platón pretende mantener el papel básico de la oralidad en la comunicación de saberes (de ahí sus críticas a la escritura, punto no tomado en consideración por Havelock)
Pero
  • al tiempo quiere renovar la relación entre el emisor y el receptor del mensaje oral (para ello desarrolla la dialéctica);
  • prescinde del antiguo mensaje del canal oral (y critica, por tanto, a los poetas en tanto que educadores);
  • utiliza subsidiariamente el nuevo canal de comunicación.
Por ello (según entiendo) compone diálogos: diálogos que no pretenden exponer las últimas verdades pues éstas no se deben escribir, y además sólo se dejan expresar por la conversación oral; diálogos que se aproximan a las cuestiones sin dejarlas definitivamente zanjadas, incitando a la reflexión más que exponiendo de una vez por todas un sistema total y cerrado.




ALGUNAS REFERENCIAS:

* Sobre Platón y la literatura:
LASSO DE LA VEGA, J.S., “El diálogo y la filosofía platónica del arte”, EClás 12 (1968), pp. 311-374.
VICAIRE, P., Platon Critique Littéraire, París, 1960.
* Sobre Platón en cuanto autor literario:
DE HOZ, J., “Platón como escritor”, en G. Morocho (ed.), Estudios de prosa griega, León, 1985, pp. 11-36.
FRITZ, K. VON, Philosophie und sprachlicher Ausdruck bei Demokrit, Plato und Aristoteles, Nueva York, 1938.
HORDERN, J.H. (ed.), Sophron’s Mimes: Text, Translation, and Commentary, Oxford, 2004.
NIGHTINGALE, A.W., Genres in Dialogue. Plato and the Construct of Philosophy, Cambridge, 1995.
RUTHERFORD, R.B., The Art of Plato. Ten Essays in Platonic Interpretation, Londres, 1995.
* Sobre el diálogo platónico:
BÁDENAS, P., “Indicaciones para un análisis de la estructura literaria del Protágoras”, Habis 5 (1974), pp. 37-44.
BÁDENAS, P., Estructura del diálogo platónico, Madrid, 1984.
CASERTANO, G. (ed.), La struttura del dialogo platónico, Nápoles, 2000.
ERLER, M., Der Sinn der Aporien in den Dialogen Platons, Berlín-Nueva York, 1987.
PRESS, G.A. (ed.), Plato's Dialogues. New Studies and Interpretations, Lanham (Maryland), 1993.
* Sobre el mito en Platón:
DROZ, G., Los mitos platónicos, Barcelona, 1993.
PIEPER, J., Sobre los mitos platónicos, Barcelona, 1984.
RUIZ YAMUZA, E., El mito como estructura formal en Platón, Sevilla, 1986.