miércoles, 8 de diciembre de 2010

ALEJANDRO MAGNO: HOMBRE, REY, HÉROE (I)


A finales de noviembre de este año pasé dos días en la UNED de Tudela hablando de héroes en el marco de esta actividad
Por ello quiero dedicar cuatro entradas del blog al último héroe del que hablé, Alejandro Magno, uno de mis mitos de la infancia gracias a la biografía del personaje que había escrito un ficticio Joseph Lacier para la extinta editorial Bruguera.
Hago observar que de lo que hablé en la Ribera no fue de historia sino de la recreación de Alejandro en las literaturas de la Antigüedad y de Oriente: de su conversión en carne y alma de leyenda.


DE HÉROES Y HOMBRES

Oímos hablar de héroes y pensamos en Aquiles, Ulises, Heracles, Edipo, Teseo... quizá hasta en Asclepio y Orfeo. Pero aquí la cosa va por otros derroteros porque ahora vamos a hablar, en tanto que héroe, de un personaje histórico del S. IV a. C., no de un semidiós, no de un hombre que vivió en la época de los semidioses...

Vamos a hablar de Alejandro Magno, rey de Macedonia.

Debo empezar recordando que la heroización de figuras reales e históricas es un fenómeno que se venía produciendo entre los griegos desde mucho antes.
De hecho, “hombres reales” es la última categoría de héroes identificadas en la clasificación analítica de L. R. Farnell, Greek Hero Cults and Ideas of Inmortality, Oxford, 1921.
  • Entre los “hombres reales” heroizados se contaban entonces, como hoy, los atletas: no había futbolistas (aunque mira esto!!!) pero sí boxeadores, y entre éstos fue heroizado, p. ej., Eutimo de Locros, vencedor en el pugilato en Olimpia en tres Olimpiadas.
  • Recibió un culto heroico en vida, según estudia Bruno Currie en un artículo de 2002: “Euthymos of Locri: A Case Study in Heroization in the Classical Period”.
  • Pausanias (6.6.5) transmite la leyenda de que era hijo del dios-río Cecino: la adscripción de una genealogía divina es un procedimiento típico de heroización.
  • Según Pausanias Eutimo también realizó acciones auténticamente heroicas y se enfrentó en Temesa a un fantasma monstruoso (el Herón, “el héroe”) para salvar a una doncella que le iba a ser entregada a éste como tributo, cfr. Paus. 6.6.7-10:
Cuando regresó a Italia [Eutimo] luchó contra el Héroe. Su historia es así: (…). Eutimo, que había llegado a Temesa cuando se cumplían los rituales del espíritu, se enteró de lo que sucedía y sintió deseos de entrar en el templo y ver a la muchacha. Cuando la vio, al principio sintió compasión, después amor por ella. La muchacha le juró que se casaría con él si la salvaba, y Eutimo se armó y esperó el ataque del dios. Venció en la lucha y el Héroe fue expulsado del país y desapareció sumergiéndose en el mar. Eutimo tuvo una gloriosa boda y los hombres de allí se vieron libres para siempre del espíritu.
  • Según el mismo autor (6.6.10), Eutimo vivió además hasta una edad propia de un patriarca del Antiguo Testamento.
  • Y Eutimo no fue un ejemplo aislado: es análogo el caso de Teógenes de Tasos, otro boxeador, de mediados del S. V a. C.
Alejandro fue, obviamente, un personaje histórico, y sin embargo lo cierto es que en torno a su figura se debieron de forjar leyendas en época muy temprana, quizá incluso en su propia vida, por lo insólito de su empresa:
Recuérdese que Alejandro trasciende el margen político de la pólis para crear un imperio universal de base griega. Vale la pena recordar algunos datos sobre su vida:
  • Alejandro, rey de Macedonia, llamado Alejandro Magno, debió de vivir entre el 356 y el 323 a. C.;
  • era hijo de Filipo II de Macedonia y de Olimpíade;
  • a partir de las victorias conseguidas por su padre Filipo II pudo someter a su poder a todas las ciudades griegas;
  • emprendió después la guerra contra el imperio persa, al que derrotó;
  • llegó, en su afán de conquistas, hasta el Océano Índico y la India;
  • ahora bien, unas fiebres lo hicieron morir en Babilonia a una edad muy temprana (¿treinta y tres años?), lo cual favoreció, por supuesto, la creación del “mito” en torno a su persona.
En el Diccionario de mitos de García Gual figura por ello Alejandro como un “mito” más.

En las cuatro entradas que dedicaré a Alejandro comenzaré por referirme a
  • las fuentes griegas antiguas sobre Alejandro, más históricas unas, más legendarias otras;
  • además, prestaré atención especial a Pseudo-Calístenes y la tradición que converge en él: quiero presentar así la base antigua sobre la que se desarrollará posteriormente toda la leyenda de Alejandro;
  • por ello, hablaré bastante menos de autores literariamente más importantes, como Plutarco o Arriano.
Recuerdo, con todo, que la figura de Alejandro también interesó a los autores latinos. Es muy interesante, por ejemplo, la obra de Quinto Curcio Rufo: Historia de Alejandro Magno, según la traducción de Gredos (1986): su lectura no defrauda.
  • El autor es un misterio: no sabemos quién es y resulta muy complejo situarlo cronológicamente.
  • La obra se conserva de manera fragmentaria: tenemos cinco libros casi completos; llegan hasta la muerte de Alejandro pero carecemos del relato sobre sus primeros años.
  • Curcio testimonia la admiración por la figura grandiosa de Alejandro (valiente, generoso, magnánimo), aunque también destaca sus defectos: la ira, la tendencia a la embriaguez, la vanidad que le lleva a dejarse seducir por Oriente…: los defectos van in crescendo, como las disputas intestinas entre los macedonios (a muchos de los cuales eliminará Alejandro).


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